Quipus: Las voces del pasado de los incas

Estudiante de Harvard ayuda a descifrar el misterio del código Inca contenido en los quipus.

Manny Medrano muestra un modelo de nudos de un Khipu, un sistema de información que los Incas usaron para registrar datos. Jon Chase/Harvard Staff Photographer

Durante siglos, Diego no pudo ser escuchado. Un campesino que había vivido en un pueblo remoto en el Imperio Inca, existía solo como un número anónimo registrado en un khipu, un sistema de cuerdas anudadas que se guardaba para el conteo del censo y la contabilidad.

Se conoce y hay evidencia de todos los logros del Imperio Inca, incluyendo un sistema de carreteras masivos, métodos de cultivo sofisticados, sistemas de riego de ingeniería hidraulica avanzada y una arquitectura asombrosa. Y hasta donde se conocía, fue el único estado precolombino que no inventó un sistema de escritura.

Pero un descubrimiento de Manny Medrano, un estudiante universitario de Harvard que vive en Eliot House, Estados Unidos, ha comenzado a revelar los secretos de Diego, el poblador de la época inca, detalles no solo sobre identidad del hombre y de la clase a la que pertenecia en su aldea, sino también su forma de vida.

Los incas, cuya civilización se originó en Perú y creció hasta incluir pueblos y culturas a lo largo de la costa oeste de Sudamérica desde 1400 hasta 1532, dependieron de cuerdas anudadas para codificar información, un sistema tan complejo que los eruditos todavía luchan para darles sentido.

“Les está dando a los incas su propia voz”, dijo Gary Urton , presidente del Departamento de Antropología y profesor de Estudios Precolombinos de Dumbarton Oaks, quien guió a Medrano en su investigación. “Nunca pude entender los significados ocultos en estos dispositivos. Manny los descubrió, centrándose en su color y en su construcción de anverso o reverso (derecho e izquierdo). Este fue el único caso que hemos descubierto hasta ahora en el que coinciden uno o más (en este caso, seis) khipus y un registro del censo”.

Los hallazgos, realizados durante las vacaciones de primavera del primer año de Medrano, lo llevaron a él y a Urton a publicar su investigación en Ethnohistory , una revista antropológica e histórica. En un logro extraordinario para un estudiante universitario, Medrano es el autor principal del artículo, que saldrá a la venta en enero.

“Esto constituye la primera instancia de la ‘lectura’ de información de los nudos del khipu”, afirma el documento, titulado en idioma ingles “Toward the Decipherment of a Set of Mid-Colonial Khipus from the Santa Valley, Coastal Peru.”.

“Es como tener un documento escrito para pasar a la historia, de la misma manera que lo haria un libro, y que podríamos revisar por pares, es algo realmente emocionante”, dijo Medrano, ahora de 21 años.

Urton explicó que el descubrimiento fue “un paso importante” en la comprensión de la vida Inca. Conocida durante mucho tiempo como la única civilización de la Edad de Bronce sin un lenguaje escrito, los incas usaban khipus, que estaban teñidos en una variedad de colores y colgados de un cordón horizontal, como depósitos de información numérica y narrativa. Durante su primer año, Medrano tomó un curso introductorio de Urton, que compiló una base de datos de cientos de khipus de museos de todo el mundo.

“La única historia que tenemos del Imperio Inca es la que escribieron los españoles después de que conquistaron a los Incas”, dijo Urton. “Y estas narraciones tienen todo tipo de problemas con los españoles que escriben desde su propio punto de vista y con sus propios prejuicios. Me pareció que los khipus representaban la propia historia de los incas”, recalco el investigador.

Posteriormente, el profesor contrató a Medrano para ayudarle a organizar citas en su libro recientemente publicado en idioma ingles, “Inka History in Knots: Reading Khipus as Primary Sources.” (Historia inka en nudos: Lectura de khipus como fuentes primarias). Durante un dia de clases, Urton mencionó seis khipus recientemente redescubiertos en un museo en Lima, Perú. Estas cuerdas eran únicas porque su existencia afirmaba un censo escrito que los españoles habían registrado en 1670 acerca de 132 tributarios indios Recuay, y Urton esperaba encontrar ayuda para investigarlos.

Manny Medrano ’19, ala derecha, explica el significado de los Quipus. Jon Chase/Harvard Staff Photographer

“He estado estudiando unas 600 khipus en Norteamérica y Europa, no solo por su color, sino también por la forma en que las cuerdas giran hacia la izquierda o hacia la derecha, y otras características similares. Hay mucha variación estructural “, dijo Urton. “Sabía que tendríamos la mayor posibilidad de descifrar estos en un reto con la colaboración de uno o dos estudiantes, apoyados con un documento en español que registraba la misma información”.

Entonces su discipulo Medrano le dijo: “Tengo vacaciones de primavera y sin nada planificado que hacer”. Medrano se puso a trabajar. Aunque estaba más interesado en estudiar matemáticas y economía, también tenía un gran interés en la arqueología. Estudió los khipus, con la hipótesis de que los nudos anchos o dorsales contenían información significativa sobre la división del pueblo de Recuay en mitades o mitades. Estas mitades no solo dividieron el pueblo geográficamente, sino que también reflejaron el estado social.

“Ahora sabemos no solo que había seis clanes en el valle, sino también qué estatus social tenía cada clan y cada aldeano en la sociedad de Recuay”, dijo Medrano, quien aprovechó su concentración en matemática aplicada y fluidez en español para conectar los khipus con los nombres del censo. “Me encantó la idea de que podría haber números o palabras codificadas en estas cuerdas anudadas”.

“Pensamos en el lenguaje como hablado o escrito”, dice Medrano. “Pero el khipu realmente toma eso y rompe ese límite y hace del lenguaje algo que se puede sentir, algo que se puede tocar y algo que se puede manejar”.

Hizo gráficos y comparó los nudos en el khipu con un antiguo documento del censo español de la región cuando algo hizo clic. “Algo se veía fuera de lo normal en ese momento”, dijo Medrano. “Parecía que había una coincidencia que era demasiado fuerte para ser aleatorio”.

Se dio cuenta de que, como una especie de ábaco textil, el número de colores únicos en las cuerdas casi coincidía con el número de nombres en el censo español.

Por ejemplo, si había ocho “Felipes”, todos estaban indicados por un color, mientras que “Joses” estaba indicado por otro color.

“Había tantas combinaciones diferentes de colores, ya sea colores sólidos o dos colores girados juntos”, dijo Medrano. “Parecía que había suficiente diversidad aquí para codificar un idioma”.

Los khipus eran similares y provenían de un sitio de enterramiento en un valle fluvial en la costa norte de Perú, era la sociedad de Recuay. Urton había descubierto previamente que el documento español hacía referencia a 132 contribuyentes en una aldea.

En total, los seis khipus tenían 132 grupos de seis cuerdas.

Medrano planea continuar su investigación. Ha decidido especializarse en matemáticas aplicadas y especialización en arqueología.

“Hay cientos de khipus que podrían codificar historias y también cientos, si no miles, de documentos españoles del período que también contienen historias transcritas”, dijo Medrano. “Pero, necesitamos un enlace [para conectarlos]”.

El objetivo aquí es “ser capaz de mirar el pasado no solo como Indiana Jones o tratar de descubrir un ídolo dorado en una cueva”, dijo Medrano, “sino para ayudar al proceso de hacer que se cuente la historia desde la perspectiva de las personas que han sido conquistadas”.

Los incas usaban khipus, los coloridos y tridimensionales sistemas de cuerdas, como dispositivos de registro para contar datos de censos, recursos de inventario y las narraciones de historias reales, mitos y canciones.

Medrano, cuya familia es mexicano-estadounidense y que ha agregado un grado en arqueología a sus estudios como resultado de esta investigación, dijo que siente una conexión personal con el trabajo.

“Cuando hablo con mis amigos sobre el trabajo que hago, tienden a tener nociones aisladas de cómo se puede contar la historia, ya sea por escrito o en imágenes. Esta investigación colapsa y combina las nociones de lo que pensamos que es la grabación del pasado. Lo que tomamos de las fuentes españolas es una lectura colonial de la historia. Es importante alejarse de lo que dice la historia europea sobre estas personas y de lo que realmente dicen los indígenas sobre sí mismos “, dijo.

“Cuando mis abuelos vinieron aquí hace un par de generaciones, no pensaron que alguien en su familia escribiría algo que pasaría a la historia. Creo que es importante atraer a gente a estos espacios de investigación”.

 

Fuente: Harvard Gazzete




quipus-inca-en-Huaycan-6

Hallazgo singular de un grupo de quipus Inca en Huaycán de Cieneguilla, Costa Central de Perú

La presente es el documento de una charla que tuvo como objetivo informar los avances de investigación acerca del hallazgo de un grupo de quipus inca en la Zona Arqueológica Huaycán de Cieneguilla, recuperados mediante excavación en un contexto de tumba parcialmente saqueada, la cual fue intervenida como parte del PIA-2011 por el Proyecto Integral Huaycán de Cieneguilla, en el marco del Proyecto Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura.

Autor: Lic. Mario A. Ramos Vargas
Responsable del Componente de Investigación Proyecto Integral Huaycán de Cieneguilla
Proyecto Qhapaq Ñan
Sede Nacional Ministerio de Cultura

Huaycán de Cieneguilla como zona arqueológica es muy bien conocida en la literatura por ser un asentamiento de ocupación tardía, correspondiendo sus dos grandes ocupaciones a dos períodos distintos, primero al Intermedio Tardío (1000-1470 d.C.) como uno de principales centros urbanos establecidos por el Señorío Ychsma en el valle de Lurín, que además fue sede del curacazgo de Huaycán, uno de los cuatro existentes en el valle medio de este río (Cornejo 2000: 162) y luego al Horizonte Tardío (1470-1533 d.C.) durante la arremetida Inca en la Costa Central, siendo incorporado al Tawantinsuyo como parte de la Provincia Inca de Pachacamac, adquiriendo la categoría de centro administrativo local,integrado claro está al Qhapaq Ñan por medio de un camino transversal hacia la costa,que hoy se conoce como Tramo Xauxa-Pachacamac, que en buena parte de su recorrido ocupa la cuenca del río Lurín.

Así Huaycán de Cieneguilla como Zona Arqueológica, se ubica en la parte superior del vallebajo del río Lurín, a una altitud de 449 msnm, punto que vendría a ser el inicio de la chaupiyunga, una zona ecológica de transición entre la costa y la sierra que se encuentra entre los 500 y 2000 msnm (Feltham 2009), un espacio geográfico codiciado en tiempos prehispánicos por ser zona apta para el cultivo de la coca (Rostworowski 1973; Marcus ySilva 1988). El asentamiento se encuentra emplazado al pie de la quebrada Huaycán,ocupando ambas márgenes de la terraza aluvial, lo mismo que vino a suceder con el establecimiento moderno de dos poblaciones: Huaycán de Cieneguilla en su margenderecha y Las Terrazas en su margen izquierda, pertenecientes políticamente al distrito de Cieneguilla, en la provincia y departamento de Lima.

La Zona Arqueológica Huaycán de Cieneguilla presenta seis sectores diferenciados, cinco de los cuales (sectores I, II, III, IV y V) corresponden a su parte tardía, inicialmente identificada como PV48-57 (Patterson 1966; Feltham 1983; Guerrero 2001) y la otra sexta(Sector VI) definida originalmente como un sitio distinto (PV48-56) por ser de ocupación temprana (Patterson 1966; Feltham 1983 y Guerrero 2001).

El dominio inca en Huaycán de Cieneguilla se materializa claramente en la traza de dos delos doce conjuntos arquitectónicos identificados en el Sector II de su Área Nuclear:Conjunto G (Ventanas) y Conjunto H (Hornacinas)1, donde el primero de ellos contiene claros indicios del sello imperial en su arquitectura (vanos de forma trapezoidal), a diferencia del otro que no los presenta. Sin embargo, ambos parecen incluir el patrón dediseño urbano inca, caracterizándoseles como residencias de élite o palacios (Negro 1977; Eeckhout 1999), además de que su diseño y ejecución para cada uno se habría realizado como un solo proyecto constructivo (Negro 1977; Ruales y Las Casas 2008), levantados sobre arquitectura previa (Negro 1977; Ruales 2004; Ruales et al. 2014) y ubicados de manera prominente, sobre una zona elevada con una vista privilegiada. En ellos además,se hace distinguible un cambio en el sistema constructivo de los muros, reflejado en su aspecto ciclópeo, además de la introducción de nuevos elementos y materiales constructivos como por ejemplo el poyo escalonado y el adobe rectangular, respectivamente. Sin embargo, sólo el Conjunto G presenta la forma trapezoidal en algunas puertas y ventanas, aunque es del Conjunto H de donde procede el grupo de quipus.
———-
1 Los conjuntos mencionados consideran un espacio público-ceremonial principal de distinta tipología sobre el cual gira el resto de estructuras del edificio. Se tratan de recintos sobre elevados que configuran plataformas asociadas a un patio, donde un elemento característico define su tipo, la rampa acceso para el Conjunto G y el friso mural para el Conjunto H.

———-
Enfocándonos en el Conjunto H, la composición de este edificio muestra una delimitación clara, con un acceso único desde el exterior, cuyo desarrollo posterior nos conduce casi inmediatamente (indirecto) a un patio central con banquetas, flanqueado por dos plataformas elevadas (Este y Sur) y un muro con el friso de los “doce círculos lunares” (Negro 1977; Bueno 1993). Este patio es el espacio público por excelencia del conjunto y viene a articular a los demás recintos del conjunto.

Aquí el patio es el último espacio público, en ese sentido las plataformas que comparten una misma escalera, dan paso a recintos restringidos, controlándose el ingreso y la circulación. De estas dos, la plataforma Sur es la más significativa, ya que nos conduce a espacios habitacionales caracterizados así por el equipamiento que presentan (banquetas y poyos), que finalmente luego de atravesarlas llega al ‘recinto necrológico’, mientras que la plataforma Este nos comunica al ‘gran patio’ (Ruales y Las Casas 2008), el mayor del conjunto.

El ‘recinto necrológico’ (Negro 1977) se trata de un recinto amplio de forma trapezoidalque contiene tres cámaras funerarias contiguas -lamentablemente todas saqueadas-(tumbas H1-23A, H1-23B y H1-23C) y un pequeño espacio cercado con muros bajos y vano orientado a las tumbas, el cual se considera como una remodelación posterior al espacio original que fue un patio. El techo de las tumbas configura un segundo nivel asociado a dos frisos escalonados y serie de tres nichos, igual número de nichos también presente en el primer nivel del muro frontal de las tumbas.

Se intervino una de las tumbas, la H1-23A, por ser la que evidenciaba superficialmente la mayor cantidad de material cultural recuperable, a pesar de haber sido su arquitectura funeraria la más afectada por el vandalismo, presentando un forado hacia el frontis queda al patio.

La excavación de esta tumba implicó todo su interior hasta dar con el piso de la cámara funeraria. Se logró definir tres niveles de deposición de donde se recuperó los restos de un diverso contenido cultural que correspondería al fardo y parte del ajuar funerario.

El material óseo humano recuperado correspondería al parecer a tres individuos: dos adultos y un niño, cuyos sexos todavía no se han determinado al encontrase en estos momentos en pleno proceso de análisis. Asimismo, también fueron hallados ciertos materiales enteros a pesar del atentado que sufriera esta tumba, resaltando entre ellos los siguientes objetos: un pequeño quero inca hecho de madera y decorado con diseños geométricos incisos, un ejemplar completo de spondylus, tres mates con su interior rellenos de algodón, un conjunto de husos de madera, una diminuta espada de tejedor enmadera, y una pequeña olla de cerámica con diseños de serpiente en alto relieve conteniendo semillas en su interior.

Finalmente, por debajo de todos los materiales y en contacto con el piso se ubicó lo que parecía era la base del fardo (Bardales 2014: 47) y que luego durante su intervención fue definido como un fragmento o resto de fardo (Landa2013).

Durante el inventario de los materiales recuperados en las excavaciones de la temporada 2011, nos percatamos que la envoltura textil del fragmento de fardo al encontrarse roto exponía parte de su contenido, un conjunto de cuerdas con nudos de un probable ejemplar de quipu.

El trabajo posterior de desenfardelamiento a cargo de la conservadora de textiles Patricia Landa (2013), dejaría en evidencia que el contenido de este paquete funerario se encontraba aun intacto.

Todo el paquete consideró el registro de 24 elementos, entre ellos elementos de cobertura (amarre y envoltura) y relleno, además del propio contenido, que por su disposición parecen haber sido colocados siguiendo un orden. Dentro de la serie de objetos destacan un costurero con todos sus implementos, una valva de spondylus, bolsitas con contenido vegetal, restos de honda en fibra vegetal, y lo más sorprendente, un conjunto de quipus, donde cada uno se encontraba enrollado o envuelto, manera que era como se los guardaba (Arellano 1999: 230). El conjunto de estos últimos fueron encontrados en el fondo del paquete, habiendo sido colocados primeros, mientras que, a diferencia del cesto de costurero y el spondylus al ubicarse encima, son los que se colocaron al final.

Como ‘grupo o conjunto de quipus’ recuperados a partir del desenfardelamiento, se identificó de manera inicial nueve elementos de quipus (Landa 2013). Sin embargo, un registro preliminar especializado de estos quipus que se manejó de manera paralela al desenfardelamiento, determinó un total de 22 cordones principales, identificando siete piezas asociadas y/o articuladas a las nueve contabilizadas en principio, además de que uno de los especímenes se compone de siete piezas articuladas (Rojas et al. 2013).

El análisis preliminar de la colección de quipus de Huaycán de Cieneguilla contenida en el ‘fragmento de fardo’, permitió señalar que estos presentan atributos propios de la manufactura inca y el contenido son convenciones canónicas propias de esta época y sociedad (Rojas et al. 2013). Sin embargo, este se muestra singular al haber estado contenido en un paquete textil junto a otros materiales que podrían considerarse como ofrendas 2.

Esto mismo habría sucedido con dos de los tres individuos (dos adultos y un niño) depositados en esta tumba, que no necesariamente debieron ser colocados en un solo momento, sino que pudo ser progresivo en el tiempo (Bardales 2014: 48), y que de poder determinarse el personaje principal, que en este caso se trataría de un funcionario de élite, esto por el tipo de objetos asociados y por haber estado albergado en aquel lugar, en una zona de carácter privilegiado al interior del palacio.

Siendo así, el personaje principal que albergara esta tumba se habría desempeñado como un funcionario estatal o curaca al servicio del Tawantinsuyo, inclinándonos por la segunda opción, pese a que no hayamos encontrado los restos de ciertos artículos (orejeras,ornamentos de oro y el banquillo de madera llamado tiyana)3 que puedan indicar su relación directa con la nobleza hereditaria provincial (Frame 2004) pero sí por la presencia de una pieza diplomática de prestigio, lo cual constituye el kero , que lo habría recibido en vida y que en otros casos en contextos funerarios, al acompañar a los muertos indica el rango y la posición que había tenido en vida (Ziółkowski 1979), porque como es sabido, al igual que muchos señores nativos de la era toledana, en la revisita de 1588 practicada en Sisicaya, en el valle de Lurín, el curaca del lugar, don Diego Chauca Guamán aparece también interpretando los datos contenidos en los quipus para que sean vertidos en el registro alfabético de los escribanos españoles (Salomon y Grosboll 2009), por tanto es muy posible que el personaje principal aludido se haya tratado más bien de un curaca que habría usado quipus, esto según conforme con la lista de otras personas (astrólogos, curacas 4, enviados del Inca, gobernadores, jueces, administradores de tambos y otra serie de contadores locales que tenían que ver con la economía y producción del lugar(ganadería y agricultura) que las habrían usado (Arellano 1999).

—————–
2 Algo similar sucedía con el contexto de quipu de Pachacamac, donde a manera de ofrenda (Ministerio de Cultura 2012: 21), se encontró durante la apertura y extracción de los quipus, en el fondo del paquete, un fragmento de liso (palito) y muestras de dos tipos de molusco: spondylus y caracol marino (Bueno 1990:100).
3 Cabe mencionar, aunque no se haya recuperado algún ejemplar de orejera, el fragmento de vasija escultórica con el personaje antropomorfo que lleva una honda sobre la cabeza a manera de tocado, el cual aparece asociado al contexto funerario, también porta orejeras. Como es bien sabido la clase alta del estado cusqueño era llamada incas u “orejones del Cusco” (Pärssinen 2003: 157), esto último por las llamativas orejeras portantes
—————–

Pero esta última apreciación no niega del todo la inexistencia de un quipucamayoc en el asentamiento de Huaycán de cieneguilla, como veremos a continuación. Como es sabido el quipu era el principal y eficaz instrumento utilizado en el mantenimiento de registros en el Tawantinsuyo, y los quipucamayos los especialistas en su manejo para la fijación de la información. Como funcionarios estaban organizados en varios niveles, por lo tanto había una jerarquía entre ellos (Guaman Poma 1980 [1615]; Urton 2011b), de acuerdo posiblemente a la jerarquía administrativa inca (Arellano 1999: 255). Como lo sugirió Gary Urton (2011b: 132-133), los funcionarios eran enviados desde los centros administrativos estatales con la misión de recolectar información sobre la población de cada comunidad.

Esta información era tomada de los quipus de los registradores locales, la que a su vez era ingresada en la contabilidad oficial de los quipus de funcionarios administrativos de rango superior en centros administrativos estatales. La totalidad de esta información finalmente llegaba a la capital inca en Cusco. En ese sentido los quipus encontrados en Huaycán de Cieneguilla representarían documentos de recolecta local, al contener posiblemente sólo información en torno a su área de influencia. En ese sentido, Huaycán de Cieneguilla debió contar con sus propios quipucamayocs dentro de la estructura social bipartita en la organización espacial inca del núcleo del asentamiento, un alto (Hanan) Huaycán representado por el Conjunto G y un bajo (Hurin) Huaycán representado por el Conjunto H.Lo singular de este contexto funerario lo representa el costurero con todos sus implementos, evidencia que podría dar respuesta a preguntas anteriormente planteadas,de si el mismo quipucamayoc (especialista en quipu) se fabricaba su propio instrumento que le serviría para el registro (Arellano 1999: 257).

Si bien el contexto funerario de Huaycán de Cieneguilla, corresponde a tres individuos (dos adultos y un niño) -esperando poder determinar el sexo de estos a partir del análisis bioarqueológico que en estos momentos se realiza- sin haber podido determinar el personaje principal, a pesar que lo estamos interpretando como un curaca, la existencia del otro individuo adulto podría corresponder al supuesto quipucamayoc o tratarse de un asistente en la confección de los cordones para los quipus. De ser el primer caso, el curaca habría sido enterrado con propio quipucamayoc.

———————
4 Se sabe que existían depósitos de quipus en las casas de los curacas o nobles indígenas a partir de la Visita hecha a la provincia de Chucuito (Arellano 1999: 230).
———————

Finalmente quedan muchas preguntas por responder, las que serán aclaradas de algún modo a partir de los resultados de los análisis bioarqueológicos y textiles (costurero) que se vienen realizando en estos momentos. Sin embargo, el sólo hecho del descubrimiento de este conjunto de quipus en Huaycán de Cieneguilla confirma el rol privilegiado que los incas le dieron a este asentamiento preexistente. La marcada extensión y complejidad interna frente a otros asentamientos del valle de Lurín resaltan a primera vista. La importancia de este asentamiento en la región parece haber estado presente en las dos épocas en que fue ocupada, así lo parece evidenciar su Área Nuclear, con la presencia de conjuntos arquitectónicos que incluyen espacios públicos-ceremoniales de variada tipología jerarquizados espacialmente. Sin embargo, la ubicación estratégica de su emplazamiento sería advertido por los incas, al controlar posibles rutas de comunicación (Ruales et al. 2013), cualidad que primaría en su elección como centro administrativo local, el cual debió ejercer hegemonía sobre asentamientos próximos de menor jerarquía como Molle, Panquilma y Rio Seco, pero a su vez supeditado supeditado a Pachacamac, capital provincial Inca.

* Paper presented at the 55 th Annual Meeting of the Institute of Andean Studies, Berkeley.
10 de enero del 2015




contador_amauta_tesorero_inca

LOS AMAUTAS DEL IMPERIO INCA Los sabios anónimos

Estudio. Esta es una de las ilustraciones de Guaman Poma de Ayala que es estudiada por el investigador inglés.

William Burns Glynn ensaya un homenaje a los amautas y a los quipucamayocs, los encargados de transmitir conocimiento, los primeros, y de leer e interpretar el mensaje guardado en los quipus, los segundos. Él es uno de los propulsores de la teoría de que este sistema fue más que una forma de contabilidad, era un mecanismo que transmitía conocimiento.

Experto. William Burns es uno de los pocos investigadores especializados en el estudio de los quipus precolombinos.

WILLIAM Burns se queda pensativo cuando se le pregunta cómo se imaginaba que eran los amautas quipucamayocs; luego con una sonrisa afirma: “Los imagino como un grupo de personas de inteligencia superior que busca soluciones para satisfacer las necesidades de su pueblo”.

Burns acababa de culminar su conferencia El mundo de los amautas, en el Museo de la Nación. En su charla hizo una recopilación de sus investigaciones en torno a los quipus, partiendo de la conclusión de que éstos contenían mensajes. En su discurso resalta que el Estado Inca fue extraordinariamente organizado y que, de acuerdo con su teoría, contaba no solo con un método de escritura y de contabilidad a través de los quipus y las yupanas– sino también con una sofisticada manera de transmitir las ideas, y en este punto el aporte de los amautas y los quipucamayoc fue importante.

“Es en el seno de esas civilizaciones prehispánicas que esclarecidos sabios llamados amautas, con sus saberes y experiencias en diversos campos del conocimiento humano, contribuyeron a la organización histórica del antiguo Perú”, afirma Burns sin perder la sonrisa, mientras es felicitado por el público.

Hace una pausa y retoma la conversación para comparar la importancia de estos maestros en la vida del imperio con la que ejercieron en su tiempo los siete sabios de la antigua Grecia: Cleóbulo de Lindos, Solón de Atenas, Quilón de Esparta, Bías de Priene, Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene y Misón de Quene.

En el caso de los amautas, eran personas dedicadas a la educación formal de los hijos de los nobles y del Inca. Instruían a los futuros gobernantes normas morales, religiosas, históricas y formas de gobierno en el Imperio. También enseñaban matemáticas y conocimientos sobre la tierra y el universo (cosmovisión andina). El investigador inglés airma que los amautas transmitían por vía oral valiosa información que consideraban debían conocer los nobles.

Uncu. O poncho inca, contiene diseños geométricos o tocapus.

El quipucamayoc era el especialista en elaborar, “leer” y archivar los quipus. Estaba dotado de una memoria prodigiosa. Apoyaba a los administradores de collcas, a los agrimensores para distribuir la tierra, a los cobradores de impuestos, para el control de los contribuyentes y los ingresos fiscales; a los astrólogos para predecir la época de la siembra y de la cosecha.

Informaba al Inca sobre: los impuestos obtenidos, nacimientos, matrimonios y defunciones; cifras de producción y cosechas; hombres en capacidad de formar parte del ejército, entre otros. Los detalles, presentados en quipus, se enviaban a la capital imperial para que el Inca, en posesión de estos valiosos datos, determinase su política general.

Fue tan sofisticado el sistema de interpretación de los quipus que los incas formaron escuelas donde enseñaban a leerlos. Los amautas fueron los responsables de esta labor, que estaba dedicada exclusivamente a los jóvenes nobles, de sangre ilustre, que formaban parte del entorno familiar del Inca.

Burns sitúa a estos personajes por encima de otras clases sociales y cree que el secreto de su conocimiento está en los quipus y en los más de 40 años de trabajo ha logrado identificar un alfabeto de diez consonantes. Para veriicar su hipótesis redujo las 16 consonantes quechuas en sus sonidos. Encuentra que aunque hay 16 de ellas, pueden reducirse a diez sonidos sin perder el signiicado del mensaje.

Con la ayuda de algunos dibujos elaborados a mano, precisa que la clave para traducir una letra en un número está en uno de los sonidos predominantes de cada numeral: Juk es igual a 1 (“uno” se dice “Juk” en quechua) en que la letra J representa 1; iskay igual a 2 (“dos” se dice “Iskay” en quechua) en que la semivocal “ay” está para 2; kimsa es igual a 3, en que “m” representa 3. El resultado final de esta conversión es: 1=j; 2=w (y); 3=m; 4=t; 5=r; 6=s; 7=q (k); 8=p; 9=n; 10=ch. (21).

Basa su trabajo en el estudio de la Nueva Coronica y Buen Gobierno del cronista indio Felipe Guaman Poma de Ayala. En los dibujos sobre los emperadores incas, identifica los símbolos que guardan los nombres de los gobernantes, estos se ubican en los tucapos de sus uncus.

En estos uncus aparecen algunas cintas verticales u horizontales llamadas tucapo. Los mismos símbolos del uncus aparecen también en antiguos jarrones y vestidos. Los tucapos fueron prohibidos por el virrey Toledo, temía que en ellos se llevaran mensajes.

Burns Glynn determinó que la clave para descifrar los caracteres está en leer los signos que se usan en los tucapos de todos los emperadores Incas. Esto es posible desde que los dibujos están acompañados por nombres que son a menudo muy cortos. Precisa que este tipo de escritura se hizo de la derecha a la izquierda y viceversa, de la cima al fondo y al revés. Una palabra también podía escribirse en zigzag u otras formas interrumpidas.

El estudioso inglés va más allá y ensaya hipótesis de cómo el quechua se usó como una clase de idioma matemático. Esta vez utiliza como sustento el dibujo de Guaman Poma sobre el quipucamayoc. Allí vemos al contador inca que sostiene un quipu entre los brazos extendidos. Debajo, en la esquina derecha, aparece una yupana (yupai significa “contar”) –el ábaco inca– con una configuración numérica.

Burns no cree ser merecedor de los homenajes recibidos. “Soy admirador de la cultura inca. Ellos fueron los verdaderos sabios”, remarca. En síntesis, el investigador cree que el Inca fue un imperio eficiente que administró sabiamente un vasto territorio y para ello utilizó un sistema de lenguaje tridimensional, que no solo transmitía palabras, sino conceptos, ideas. En resumen, una forma de conceptualizar la vida. Su cosmovisión.

 

Fuente: Variedades – El Peruano