¿Quienes fueron los Paracas?

Paracas en la prehistoria y en la geografía de la costa del Perú

La población de la sociedad Paracas residía en diversos valles de la costa sur del Perú, desde Cañete, Topará, Chincha y Pisco por el norte, hasta Ica y Nazca por el sur. La mayoría vivía en campamentos estacionales consistentes en cuartos aglutinados, formando casas o grupos de casas construidas con muros de piedras asentados con algas y rellenos con basuras y conchuelas. En tiempos más tardíos establecieron poblados más grandes en torno a templos construidos con montículos de adobes.

Se ignora cómo estaban organizados, pero es evidente que los paracas tuvieron algún tipo de estratificación social. Así lo sugieren las diferencias en el ajuar de las tumbas, donde unos pocos individuos, sepultados en fardos y con ricas ofrendas, parecen haber sido jefes, altos dignatarios o miembros de la élite de la sociedad.

Los paracas vivieron del maíz, el camote, los frijoles, la yuca y otros cultivos similares, pero también subsistieron pescando, cazando mamíferos marinos y recolectando mariscos, algas y otros productos del mar. Combinando el algodón producido en los valles costeros con la lana de camélido proveniente de intercambios con la sierra, las tejedoras elaboraron los afamados textiles que se encuentran en las tumbas, cuya belleza y refinada factura no han sido igualadas por ninguna otra sociedad precolombina.

Se acostumbra dividir el desarrollo de Paracas en dos fases: Cavernas y Necrópolis. Durante Paracas Cavernas, las influencias de Chavín —el primer gran horizonte de la historia cultural de los Andes— son patentes en los motivos de los tejidos. Si bien los textiles no alcanzan aún su máxima expresión, destacan las telas pintadas, así como las cintas, las fajas y los pequeños ponchos. La cerámica de esta fase muestra igualmente una gran afinidad con Chavín, especialmente por medio de la incisión fina como técnica decorativa, la representación estilizada del felino y la botella de asa-puente y doble gollete, una forma de vasija que será replicada muchas veces y en distintos contextos culturales durante casi todo el primer milenio de nuestra era.

La iconografía Paracas Necrópolis resalta aspectos de ser humano con características de ave y felino

Aunque los bordados no estuvieron ausentes en Cavernas, es posteriormente, con la fase Paracas Necrópolis, cuando alcanzan la perfección. A esta fase pertenecen todos los tejidos y las ofrendas mortuorias de esta exposición. La policromía de sus textiles y su rica iconografía dejaron un fuerte legado en el sur del Perú, herencia que alcanzaría su máxima expresión en la vecina y algo más tardía cultura Nasca. Las escudillas y las botellas de asa-puente monocromas de la época Paracas Necrópolis, en cambio, provenían de los valles del norte. De ahí el nombre de Topará dado a este estilo cerámico, en atención al valle donde primero fue identificado.

La policromía de los textiles que acompañan al muerto contrasta con la monocromía de las vasijas Topará, una tradición cerámica que floreció en los valles de Topará, Chincha y Pisco a partir de rasgos formales heredados de la previa fase Paracas Cavernas. Son típicas las escudillas y las botellas de doble gollete con asa-puente, cuyas formas imitan animales y vegetales. Las vasijas eran colocadas como ofrendas junto al fardo funerario, en cambio, las vasijas en miniatura eran puestas entre los tejidos que envolvían al difunto.

Las fechas radiocarbónicas muestran que los cementerios de Paracas Necrópolis y de Topará se utilizaron aproximadamente entre 100 a. C. y 200 d. C., o sea, un poco más tarde que aquellos de la tradición Paracas Cavernas, pero virtualmente contemporáneos con la fase Nasca Temprano.

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