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Pictografías en la Quebrada del Higuerón Valle Chicama, Perú

Resumen

Las Pictografías en la Quebrada del Higuerón son las primeras que se reportan para el valle Chicama, las imágenes manifiestan la dualidad de personajes así como ideografías cargadas de concepciones que fueron plasmadas en color rojo y negro. Su ubicación en las primeras estribaciones andinas y la costa, reviste de importancia para comprender concepciones que dejan entrever aspectos de origen simbólico y mitológico; probablemente manifiesta deidades masculinas o ancestros divinizados, así como una simbología ampliamente difundida en la parte norte de Perú.

Daniel S. Castillo Benites

INTRODUCCIÓN

La diversidad de sitios con Arte Rupestre en la cuenca del Chicama son abundantes, de tal manera que la existencia de geoglifos, promontorios y abrigos rocosos, conteniendo evidencias pictográficas constituyen parte de las evidencias arqueológicas aún desconocidas en nuestro medio.

El periodista Gustavo Alvarez Sánchez (1974), pregonaba la necesidad de tomar conciencia y la importancia de inventariar o tener un mapa de Arte Rupestre para La Libertad, entendiéndose que el de cristalizarse constituiría un importante aporte para ubicar con exactitud la existencia de pictografías, petroglifos y geoglifos, los que ubicarían a La Libertad en el primer lugar en el norte del País (Alvarez 1974: 64).

El Dr. Jorge Zevallos (1990), teniendo en cuenta esta situación hizo una deferencia en lo significativo de esta formidable documentación prehistórica que alberga nuestra región; reconocía que era sumamente desconocida y apenas estaba iniciada. Sin embargo como investigador de trayectoria, preveía, que esta representaba por sí ya una necesidad imperante de estudio, básico en extremo para la problemática de la arqueología Nor Peruana (Zevallos 1990: 7).

A inicios de 1990 se recoge la primera información verbal de campesinos, referencias que fueron verificadas en zonas como: Cafetal, Playa Cuculí, en la Jurisdicción de Pampas de Jagüey, y otros lugares en Shimba, Colón, correspondientes para San Benito, lugares con petroglifos que fueron reportados preliminarmente en el Boletín de Lima (Castillo 1994: 27-31).

La presente investigación forma parte de la importancia de poder contar con un registro y documentación para la cuenca del Chicama; es parte de programa de registro fotográfico que fuera gestionado con el expediente 306-93 INCLL/21 abril de 1993. Lográndose la identificación de diversos sitios rupestres, muchos de ellos cargados con un universo de representaciones significativas para la comprensión de las antiguas culturas en esta parte norte del Perú. No se coloca la ubicación UTM, a fin de preservar estos lugares, y asegurar la conservación del sitio para futuros estudios, sin embargo ponemos a vuestro alcance los dibujos y fotografías como el resultado de esta labor pionera que a durado algo más de diez años, tiempo en que se ha venido verificando las referencias recogidas de pastores, docentes y campesinos, e incluso de cazadores de venados siendo estos últimos los que condujeran al lugar (Diario El comercio 1999 y La Industria 2000). Sin embargo a lo largo de la vertiente y colectores del río Chicama, se han compilado diversos lugares con vestigios rupestre sea petroglifos (Castillo 1997: 97), pictografías, geoglifos para la cuenca, publicación que aún se encuentra en prensa.

Figura Nº 1. Mapa del Valle Chicama y los sitios reportados para Quebrada del Higuerón.

El Sitio Arqueológico Se ubica en dirección Noreste del centro poblado de Mocan, entre los limites geográficos de la parte baja del valle Chicama y las primeras estribaciones andinas, perteneciendo a la Provincia de Ascope. Limitando por el Norte con la parte alta de la Quebrada de Cupisnique, por el Oeste con playa de Mocan, por el Sur y Este con los Cerros San Juan (Ver Figura Nº 1).

En los alrededores del lugar se evidencia huellas de una fuerte escorrentía de agua, lo cual ha dejado un terreno fuertemente marcado y árido, en la formación de caja de río e ingresando en la Quebrada del Higuerón; existen afloramientos de grandes bloques líticos, así como también denota la presencia de un drenaje interno de agua cuyo cause se pierde a unos 60 m. de la unión de los principales colectores. El lugar tiene una vegetación arbustiva que sobrepasa el 1.50 m. de altura observándose también la proliferación de sapotes (Capparis sp.), destacando la presencia de “Higuerones” (Ficus urbaniana), cuyas raíces cuelgan en uno de los principales acantilados.

La geomorfología del lugar esta compuesta a través de un conjunto de cerros poco accesibles encerrando una conformación de caja de río, en la cual destaca comparativamente una elevación central de menores proporciones en cuyas laderas opuestas se hallan las evidencias rupestres; la primera en un promontorio y la segunda en un abrigo rocoso.

Promontorio Rocoso Figura Nº 2. Personajes antropomorfos, contrastan en la dualidad de posición sus brazos como en la expresión de sus colores.

El promontorio rocoso se encuentra ubicado en un pie de monte cuyo flanco de orientación Norte se va estrechando de su parte alta (en donde da origen a la naciente de unas quebradas en ambos lados), en la cual sobresale un bloque lítico de forma triangular que fuera parte de un desprendimiento geológico, la roca alcanza los 4 m. de altura y 6 m. de ancho, en su parte central presenta un desprendimiento en la cual los grabados se encuentran sobre la superficie de la parte desprendida (la hendidura ha permitido la protección de los diseños). Las imágenes fueron elaboradas con pigmentos de color rojo carmín, y color negro, de una aparente consistencia ligeramente pastosa, contrastan con las rocas de origen granodioritas de color ciena natural. La temática de las evidencias rupestres muestran a dos personajes antropomorfos; ocupan la parte central de la mencionada hendidura a la vez circundada por dos grietas naturales, la presencia de caracoles de tierra (Sculatus sculatus) se hallan distribuidos en los rincones de la roca; afectando en algunas partes a las pinturas bicromas. Las representaciones antropomorfas muestran una plástica desplegada en la que se ha conjugando la combinación de colores y en la que sus autores consideraron de trascendental importancia hacer resaltar los contrastes, de esta manera la bicromía esta reflejada como detalle tanto en la conformación lineal de los personajes, donde el color que delimita la imagen es diferente en cada uno de ellos, contrastando con el relleno de sus cuerpos (Ver Figura Nº 2).

En el primer personaje antropomorfo, prevalecen detalles como son la distribución de círculos concéntricos, probablemente como rezagos a una de las características zoomorfas y decorativas que evocan al felino que fue ampliamente difundido durante el Período Formativo (1200 a.C.-100 d.C.). Los círculos concéntricos fueron delineados en color negro y se encuentran distribuidos en la parte superior del cuerpo del personaje. Presenta los brazos flexionados en actitud litúrgica que le dan singularidad relacionándola con otras representaciones ampliamente difundidas en los andes. El motivo antropomorfo alcanza los 75 cm de altura y tiene un probable tocado de 5 puntas, así como algunos detalles alrededor de los ojos y nariz, presentando rezagos de líneas que tienen perdida en color negro. En la parte inferior de la cara, es notoria la ausencia de color dejando adrede aparentemente para darle mas vistosidad a la fisonomía, en la que se ha variado a través de líneas cortas de color rojo que no llegan a unirse a la boca de rectangular.

Respecto al segundo personaje, tiene menor proporción con relación al primero, usaron el color rojo para la delineación de la imagen, entre tanto que el empleo del color negro se utilizo para el relleno del cuerpo, existiendo rastros de perdida de este último color, sumándose también rezagos en uno de las partes de la cabeza. Otro detalle peculiar es la representación abstracta situada a la altura del pecho del personaje ostenta motivos geométricos, entre ellos una línea recta, un espiral en forma de “3” invertida y unida en su parte inferior con un espiral invertido a modo de “S”, el motivo tiene cierta similitud con un petroglifo observado en Playa Cuculí. Si embargo en el extremo opuesto, evoca un diseño frontal de apariencia zoomorfa, al cual coronan su parte superior cinco triángulos. A ello cabe mencionar la posición de los brazos; en lo que seria la palma de la mano uno de ellos delinea un diseño cuadrado unido en su centro, observada también en las dos manos del personaje principal. Finalmente la observación en superficie adyacente al lugar y no muy distante, fue notoria la presencia de dos ambientes pequeños cuadrados presentes en la pendiente vecina, dos de estos ambientes en mejores condiciones anteceden el ascenso hacia las pictografías, en cuya ladera se suman una considerable cantidad de pequeños tiestos de cerámica y fragmentos identificables a cuellos cortos expandidos también se observo algunos que tendrían una referencia cultural de influencia serrana (pequeños fragmentos de caolín, pintado de rojo oscuro en una parte de la superficie externa de grano fino muestra una mala cocción, además otros fragmentos en color marrón de grano un poco mas grueso) presentes en el Período Formativo (Ver Figuras Nº 10 y 12).

Abrigo Rocoso Fue ubicado con orientación Noreste a unos 900 m. donde se unen los riachuelos, el abrigo se encuentra situado en la ladera norte, en uno de los colectores que conforman la caja de río. En el área sobresale una enorme roca de granodiorita, en cuya parte baja se plasmaron pictografías, el abrigo se encuentra limitando en su parte Sur con un acantilado que alcanza los 10 metros de altura. En lo que respecta al espacio interno con relación al techo del abrigo alcanza una altura de 2.80 m. y el piso actual exhibe 1.60 m. la extensión de la ladera original, debido a que fue cortada verticalmente por un afluente actualmente seco, allí el acantilado tiene un desvío ligeramente con dirección Sur, se observó que a unos escasos 100 metros en el recorrido afloraba agua que va a unirse con el otro colector. En el interior del abrigo rocoso las presencia de pictografías se encuentran plasmadas en el techo como en el panel principal, el mismo que se encuentra dividido por algunas grietas naturales de la roca. Una descripción de derecha a izquierda de estas representaciones serian: 1. Parte derecha: cuatro formas romboidales en color rojo, una gran “S” invertida de líneas dobles anchas, se suman la asociación de puntos aparentemente ordenados, así también un par de círculos concéntricos de igual color, es observable una cara antropomorfa donde se ha combinado con el color negro en los ojos, boca y parte superior de la cabeza; bajo esta una conformación de línea doble delgada no muy apreciable en su forma total, debido a que la roca a sufrido excoriaciones (Ver Figuras Nº 3 y 4).

Figura Nº3. Rombos en color rojo

Figura Nº 4. Motivos presentes también en petroglifos

2. Parte centro: fue apreciable el diseño de cuatro círculos dobles concéntricos distribuidos ordenadamente de arriba, abajo y los costados, los mismos que están unidos por líneas dobles elaborados en color rojo oscuro, es notorio que hubo superposición de dibujos, debido a que se cuenta la presencia casi triangular y a manera de media luna, sumándose otras formas a maneras de círculos en color negro (Ver Figura Nº 5).

Figura Nº 5. Representación geométrica de círculos dobles concéntricos unidos bajo ello diseños triangulares en color negro sumándose motivos de círculos concéntricos en el mismo color.

3. Avanzando hacia la izquierda: se cuenta con la presencia de un motivo zoomorfo de una serpiente en perfil plasmada en color rojo (aparentemente similares a los de la cultura Moche), en el extremo final del panel se cuenta con formas de círculos concéntricos. Además se ha alternando el color negro para delinear un círculo concéntrico y el relleno en color rojo, otra presenta una coloración inversa siendo esta en forma de “U” teniendo el delineado en color rojo y relleno de la imagen en color negro (Ver Figura Nº 6).

Figura Nº 6. Serpiente en perfil, similar a las representadas en la cerámica moche.

4. En la parte baja del panel principal, a unos escasos 40 cm. respecto a lo que sería el piso natural (sobre una saliente de la misma roca), se plasmo la combinación de pinturas cuyo trazo tienen una modalidad geométrica a manera líneas quebradas o “zigzagueantes”, las que fueron distribuidas paralelamente en su elaboración alternado los colores rojo y negro.

Se notó que en la superficie del piso del abrigo rocoso, la existencia de algunos rasgos de ceniza y carbones (Ver Figura Nº 7).

Figura Nº 7. Motivos semejantes a los encontrados en el desierto de Cupisnique.

5. Finalmente en lo que respecta a la parte superior del techo del abrigo rocoso, se cuenta con las representaciones geométricas de círculos concéntricos elaborados básicamente en color rojo, existen también otros diseños de una aparente conformación lineal que probablemente evoquen alguna representación zoomorfa elaborada en color negro (Ver Figura Nº 8).

Figura Nº 8. Motivos plasmados en la parte del techo del abrigo rocoso.

Cabe destacar que en la parte externa como a unos 20 metros más abajo del abrigo, siguiendo un pequeño sendero se llega a un terreno de suave inclinación, cuya superficie rocosa y adyacente a la vegetación se observó que persistía la presencia de cuellos cortos expandidos semejantes al primer lugar (Ver Fig. Nº 13). El lugar presenta una superficie de concentración cuyos tiestos de cerámica por su tamaño, algunos fragmentos fueron identificados a la cultura Salinar, Moche y Chimú (Ver Fig. Nº 9 y 14).

Interpretación Las pictografías de quebrada el Higuerón, son las primeras que se reportan para la parte baja del valle Chicama, muestran una plástica desplegada en la que se han conjugando la bicromía de colores en algunos casos. Sin embargo las evidencias pictográficas por encontrarse estratégicamente ubicadas dentro de una conformación de una caja de río y estar exteriormente rodeada en su ingreso por una densa ocupación de sitios Paijanense (10,000 a.C.), es probable que este reducto fuese sagrado en el Período Formativo y estuviera relacionado con el culto al afloramiento de las fuentes de agua (Del Carpio et.al 2001: 95).

La ocupación de los primeros emigrantes que llegaran al Chicama y su modalidad ocupacional probablemente fue muy similar a las que ocurrieran en otras latitudes del territorio, donde la actividad de subsistencia de los cazadores-recolectores fue sumamente dura, cuya economía les obligaba a tener continuos desplazamientos para la adquisición de los recursos inmediatos que la madre naturaleza les otorgaba, el reconocimiento y su amplio radio de movilización entre montes, bosques de algarrobos, zapotes, espinos, así como los recursos que les brindaban la vegetación de lomas y su diversidad en alimento de origen animal; consideraron de suma importancia la trayectoria de los ríos, arroyos y fuentes que bajaban de las estribaciones andinas; gestando inconscientemente la asociación ideológica muy estrecha entre la relación del cerro y la planicie del valle, de allí que su mundo cosmogónico perpetuaría la organización de diversos espacios sagrados. Adoptaron las impresiones captadas de su medio, siendo la observación uno de los elementos innatos que les permitió asimilar contrastes de la naturaleza e incorporarlos sustancialmente en la trayectoria de su vida. Rick (1983), precisa que en el proceso ocupacional del Precerámico costeño existen evidencias de una fauna propia y de un hábitat mucho más húmedo que el desierto actual, dejando abierta la posibilidad de que hubiera existido permanentes riachuelos; validándose en la cita de Lemon y Churcher, quienes consideraban que se había dado un proceso de sequía progresiva e indicando textualmente que: “Es probable que debido al efecto de la corriente de Humboltdt, los llanos costeros fueron básicamente secos, pero la región interior gozaba de un clima más húmedo que hoy, abasteciendo con más agua a los riachuelos que iban hacia el oeste (1961: 420)” (Rick 1983:54).

Los contrastes de la madre naturaleza, entre ellas eclipses, movimientos telúricos así como las consecuencias hidroclimáticas, otorgaron conceptos que fueron incorporados sustancialmente en el inconsciente colectivo, siendo el inicio de una producción de símbolos y formas, singularidades gestadas dentro de la expresión, concepción y cosmovisión, formando parte del conjunto de elementos integradores de las antiguas sociedades, trayendo consigo concepciones utilitarias que agrandaron el espíritu de sus hombres, consolidando su reverencial sentido por la vida y naturaleza.

Por su parte Núñez plantea que las pictografías son una de las manifestaciones relevantes de los primitivos cazadores-recolectores, aunque por tradición se encuentra también entre las sociedades agrícolas (Núñez 1986:8).

Rick sugiere que el arte rupestre no fue realizado en el contexto de la vida cotidiana, sino mas bien en lugares alejados y que solo estaba restringido a ciertos miembros del grupo (Rick 2000:16).

De las investigaciones de Chauchat en parte alta de la quebrada de Cupisnique se reporta la presencia de un abrigo rocoso, conteniendo pinturas esquemáticas de color rojo y negro, los cuales tienen cierta semejanza zigzagueante, pero debido a la ausencia de tiestos de cerámica en el piso consideraron la posibilidad que se trate de pinturas Paijanense (Chauchat et.tal 1988: 81, citado por Guffroy 1999: 64).

Si bien es cierto no se puede reconstruir los aspectos ideológicos de las sociedades tempranas y poder ordenar las concepciones que la condujeron a plasmarla, sea en forma particular o dentro de la complejidad y multilaridad ideológica. Se tiene conocimiento que para el Arcaico Tardío (2200–1800 a.C.) en Huaca Prieta se produjo tejidos elaborados y otros artefactos portátiles adornados con lo que podrían ser figuras míticas o deidades, las cuales incluyen los tres elementos básicos de la naturaleza, entre ellos seres pertenecientes al elemento agua (peces, cangrejos); elemento aire (cóndores, loros y otras aves); y al elemento tierra (humanos, felinos y serpientes), los cuales evidencian una probable actividad ritual para esa época (Pozorski 1994:48).

Las representaciones antropomorfas de quebrada el Higuerón, evocan a una simbología pertenecientes al Período Formativo dejan entrever aspectos de origen simbólico y mitológico, los cuales probablemente dieran origen a deidades masculinas o ancestros divinizados que se difundieran en la parte norte de Perú, relacionadas a las nacientes y fuentes de aguas. Las pictografías de personajes antropomorfos, fueron plasmados con colores opuestos tanto en el cuerpo como para delinear la silueta, obedeciendo probablemente a una concepción diferencial que se ve reflejada en la posición de los brazos y la simbología incorporada en sus cuerpo.

Burger sostiene que el “dualismo dinámico” o “oposición complementaria” formó parte del “ceremonial Andino” considera que sus raíces alcanzan al ceremonial de Chavín, en donde la noción de oposición dual no solo influyo en la forma en que ellos pensaron acerca de sus deidades y de su manera de obrar en el universo, sino también en sus acciones para adorarlos, destaca la posición de la deidad plasmada en el lanzón de Chavín, donde el brazo derecho esta levantado, mientras que el brazo izquierdo cuelga hacia abajo (Burger 1994:98). Finalmente la presencia de algunas estructuras temporales presentes en el lugar con recurrencia de cerámica que datan del mismo Período, permite inferir que existía un cierto control que antecedía al culto, de la misma manera ocurre como antesala con el abrigo rocoso, donde unos metros mas abajo y mucho antes en un claro de roca a modo de planicie, se concentran tiestos de cerámica identificadas tanto para el Período Formativo como para el Período de Desarrollos Regionales (100 –800 d.C.), estos tiestos permiten mantener la hipótesis de trabajo que estarían relacionados a la representación de una serpiente en perfil, semejantes a las representadas en la iconografía en la cultura Moche. La presencia de fragmentos identificados a la fase Chimú Temprano, observadas en la lomas cercanas a la unión de los colectores versan la importancia del lugar dentro de la cosmovisión de los pueblos asentados en esta parte del territorio y su larga trayectoria del culto al agua.

AGRADECIMIENTOS

Deseo expresar mi gratitud a los señores Pedro Alva, José Durán, Marco Miyahara, Gonzalo Lozada y Guillermo Muñoz, con quienes iniciáramos una larga caminata a través de las pampas áridas de Mocán en 1999, haciendo realidad la verificación del dato que había venido siguiendo por más de cinco años.

ANEXOS

Figura Nº 9. Vista panorámica del Abrigo Rocoso y a unos 20 metros antes una planicie como antesala al lugar en donde se ubicaron tiestos ceramográficos.

Figura Nº 10. Cuellos cortos y expandidos sin decoración, ubicados en la ladera del ascenso al promontorio rocoso (pictografías de personajes antropomorfos), asociados a pequeños ambientes de forma casi cuadrada.
Figura Nº 11. Cuellos cortos ubicados en la parte baja al promontorio rocoso. Figura Nº 12. Base plana ubicada un poco mas distante a los pequeños ambientes de forma casi cuadrada. Presenta orificios laterales.
Figura Nº 13. Cuellos hallado en la planicie a unos 20 metros antes del abrigo rocoso. Figura Nº 14. Cuello identificado con coloración amarillenta en la parte externa e interna del cuello pertenecientes a la cultura Salinar.

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Nuevas Investigaciones Y Descubrimientos En Estudios De Arte Rupestre Peruano

NUEVAS INVESTIGACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN ESTUDIOS DE ARTE RUPESTRE PERUANO
Estudios de Arte Rupestre
Noticias del mundo 2
Editado por
Paul G. Bahn y Angelo Fossati
2003
Dr.Jean Guffroy

Investigaciones en el pasado Diseños Geometricos
Con la excepción de algunos sitios famosos (Toquepala, Toro Muerto…), los cuáles son frecuentemente mencionados en libros sobre arqueología Sudamericana, el arte rupestre que existe en el Perú permanece pobremente conocido para los poco especialistas. Y todavía ambos: el número de sitios ya descubiertos (varios centenares), y su distribución en las tres grandes zonas ecológicas (La costa, Andes, bosque tropical) y sobre una línea de tiempo (probablemente más de 6000 años) indica su importancia en el contexto cultural andino.

La tradición más temprana conocida al presente, donde el estilo es figurativo, solo han sido identificados en los departamentos del sur del país (Moquegua, Tacna, Puno y Arequipa). En el sitio de Toquepala (Muelle 1969, Ravines 1986), el mejor estudiado hasta ahora, estas imágenes en la roca parecen estar asociadas con ocupaciones que datan entre 4500 a.C. y 3500 A.C. Las pinturas, generalmente hechas con pigmentos de rojo oscuro, representan escenas de cacería con camélidos en movimiento, los animales están reclinados o heridos por proyectiles, y diseños antropomorfos cogiendo armas en sus manos. El estilo de estas pinturas y el tema descrito los asocia claramente a una tradición andina cuya distribución cubre los territorios actuales de Bolivia y Argentina tan lejos como La Patagonia. Una de las principales peculiaridades de las tradiciones y manifestaciones norteñas es la ausencia de manos pintadas en negativo que son muy abundantes en el sur.

El vínculo que existe entre las pinturas de Perú sureño y los de Patagonia, apartados por centenares de kilómetros, es confirmado por la similitud de las evoluciones que tuvieron lugar en las dos regiones, posiblemente durante el 4º milenio A.C. La mayoría de las escenas pintadas representan animales estáticos, a menudo preñados, algunas veces acompañado por seres antropomorfos pequeños. Los sitios contienen figuras de este estilo extendido en el centro del Perú. Donde uno encuentra los sitios más representativos conocidos al presente (Cuchimachay, Chuquichaca…). La naturaleza exacta de las relaciones mencionadas, sobre un período de varios milenios, por los grupos de cazadores recolectores que se establecieron en diferentes partes de los Andes sureños, permanece en una de las fundamentales preguntas por resolverse.

En el mismo Período, en una región vecina de los Andes centrales (departamentos de Huanuco, Pasco y Junín), desarrollo una tradición algo diferente, con más descripciones esquemáticas (estilo semi naturalista). El tema de cacería permanece predominante (con la apariencia de diseños de cérvidos), pero la frecuencia de signos y figuras geométricas es claramente superior en las tradiciones precedentes. Las figuras continuaron pintándose, dentro de refugios o en paredes, durante los siguientes períodos prehispánicos y hasta la conquista española. Las pinturas ahora representan seres sobrenaturales; diseños antropomorfos llevando a cabo diversas actividades, así como también una gran variedad de animales y signos geométricos. Estos temas están próximos a esos dibujados en el período de las piedras grabadas, pero también algunas veces sobre otras superficies (pinturas al fresco, cerámica, textiles.), La distribución de las dos formas de representación en el arte rupestre parece corresponder a tradiciones culturales específicas que se expresó en un predominio de grabados en la zona costera y una presencia más notable de pinturas en los altos Andinos y en el lado amazónico.

Ciertas figuras grabadas, como los petroglifos en el sitio de Jaqui Withy en el valle de Salcedo (Puno), estudiado por Bustinza Chipana (ninguna fecha) pudieron haber sido hechas durante el pre ceramico (¿alrededor de 5000 A.C.?). Sin embargo, estas figuras, las cuáles son comparables en algunos aspectos a las pinturas de los Andes sureños. Permanecen aislados, en nuestro estado presente de conocimiento. La tradición más antigua identificada claramente, la cual esta presenta en varias docenas de sitios, aparece algunos milenios más tarde, en otra región: Los valles de costa de norte de Perú. Estos petroglifos están actualmente atribuidos para el período Formativo (2 º milenio A.C.), Las figuras de este grupo A, frecuentemente de gran tamaño, son encontradas en un sector relativamente restringido de la costa norte que es propia del área cultural Cupisnique. Una primera difusión de las tradiciones hacia el norte (al menos hasta la provincia Ecuatoriana de Loja) y hacia el sur (Costa central peruana), posiblemente ocurrió al final del período Formativo (Siglo 3 y 2 A.C.). Esta difusión debió de ser acompañada por un cambio en el estatus, expresado, entre otras formas, por la aparición de algunos grandes sitios conteniendo varios centenares de piedras grabadas. Las figuras de este período (grupo B) (siglo 2 a.C.). En particular, uno ve una mayor diversidad de animales representados (insectos, peces, aves, serpientes, arañas, mamíferos, pequeños…) así como también símbolos y motivos geométricos. Las figuras, frecuentemente de tamaño pequeño, son a menudo asociadas cada uno con otro por medio de líneas grabadas con motivos complejos que son difíciles de descifrar. En los sitios más grandes, que están constituidos por templos al aire libre (Gruffoy 1980-1981), las piedras grabadas parecen ser distribuidas por el tema y son a menudo asociadas con rocas presentando grandes superficies planas cubiertas con cúpulas y surcos pulidos, los cuales pudieron haber sido usados en prácticas de sacrificio y adivinamiento. La distribución de los sitios más grandes, en su mayoría localizados en la zona ecológica de Chaupi Yunga (4000 – 1500 m.s.n.m.), sugiere una asociación cercana con rutas de comunicaciones, corrientes de agua y zonas de cultivos de coca (Gruffroy 1999). Estos sitios de arte rupestre están presentes en casi todos los valles costeros del norte y el centro del país, algunas veces en forma de algunas aisladas rocas grabadas, pero más a menudo acompañadas por un sitio predominante por sitios más pequeños en relativa proximidad.

La última fase de desarrollo de arte grabado pre colombino concierne a las regiones del sur del Perú, indudablemente después del 7º siglo D.C. Los sitios ahora comprenden generalmente un número relativamente grande de rocas grabadas, y pueden ser realmente gigantescos, como en Toro Muerto con sus más de 5000 bloques grabados y hasta 150 dibujos en la misma superficie. Las figuras de este estilo en su mayor parte representando animales (camélidos, serpientes de felinos, aves), signos y humanos en diversas posturas. El esquema, en la yuxtaposición y las superimposiciones, les da un aspecto pictográfico peculiar. Sin embargo los temas bosquejados todavía exhiben algunas similitudes principales con el de los estilos anteriores. Los sitios de este período son a menudo utilizados – al menos parcialmente – como cementerios. Aunque la conquista fue la responsable de la virtual desaparición de tradiciones culturales locales, ambos la frecuentación conocida de ciertos sitios y la presencia de glifos en fachadas de las iglesias presencian una supervivencia de estas prácticas – quizá con objetivos particulares – durante el Período colonial.

Estas imágenes en la roca han sido el tema, desde el siglo 16, de referencias y númerosas menciones , entre los cuales las más notables de estas hechas por viajeros y científicos del último siglo como P. Desjardins, T. Huchinnson, E. Middenforff, A. Raimondi, G. Squier o C. Wiener. En el siglo 20, más de cincuenta artículos fueron asignados al tema. Entre el más reciente y el más notable, se puede mencionar el trabajo de Bonavia en Cuchimachay (1968,1972 en cooperación con Ravines); De Bueno en las pinturas y tallas del río Chinchipe (1982, en colaboraciones con Lozano); De Cardich (1962, 1964) en la zona de Lauricocha; De Linares Malaga (1960, 1973, 1978) en Toro Muerto; De Pimentel (1986) en los petroglifos del río Jequetepeque; Ravines en Las Pinturas de Toquepala, Caru y Diablomachay (1986 en cooperación con Muelle) (1967) (1969);Así como también mi trabajo de los petroglifos del sitio de Checta (Gruffoy 1979, 1987).

Sin embargo, la mayor parte de esta investigación ha sido limitada más o menos por las descripciones detalladas de un sitio o la colección de sitios, sin consideración de más preguntas generales que el del significado y función de estas descripciones. Las contribuciones más interesantes, de este punto de vista, son los de Cardich (1964), Muelle (1969) y Ravines (1967,1969) de lo que concierne a pinturas. Y los de Krickeberg (1949), Linares Malaga (1966) y yo (1980-81, 1987) en sitios de petroglifos. Una mención muy especial debe estar hecha del considerable trabajo ejecutado por Núñez Jiménez (1986) que hizo una visita detallada de más de setenta sitios de petroglifos distribuidos sobre todo el territorio entero, y registrado miles de petroglifos a través del esbozo y la fotografía. A través de la abundancia y la calidad de sus ilustraciones, este estudio es una fuente indispensable para cualquier investigador interesado en el tema. Recientemente (1999), y con base en una recopilación de anteriores trabajos, he publicado el primer libro que trata de establecer una síntesis de todo el arte rupestre presente en el actual territorio Peruano.

Nuevas investigaciones y descubrimientos
La información presentada aquí compromete a algunos de los recientes descubrimientos casuales, y algunos programas de investigación de temas y sitios específicos, o algunos ejemplos de valorizaciones y publicación. Estos datos tienen una distribución muy irregular, en términos de geografía (el predominio de investigación en la costa del norte), y cronología (ningún nuevo dato concerniente al arte primario de pintura del sur del país). Sin embargo, porque actualmente no vivo en Perú, es posible que algunos descubrimientos recientes, los cuáles no están a menudo ampliamente difundidos, no sean conocidos por mí, las disculpas pertinentes anticipadas para los lectores y los investigadores.

La Costa Norte
Es en esta región, y mejor dicho en los valles de los ríos Chicama y Moche, ya rico arte rupestre, que han sido anunciados el máximo número de recientes descubrimientos (Fig. 1).

La Quebrada “El Higueron” Diseños Geometricos
Uno de los conjuntos de grabados y pintura rupestre más importantes registrado en los últimos cinco años, fueron descubiertas por un grupo de cazadores en un lugar llamado la Quebrada “El Higuerón”, ubicado en el valle del río Chicama, a 15 Km. del pueblo de Pampas de Mocan (provincia de Ascope). Este sitio es actualmente estudiado por Daniel Castillo Benites (Universidad Nacional de Trujillo) quien ha publicado una breve descripción del sitio (2000). Mientras la presencia de petroglifos no es sorprendente en esta región, donde ya varios sitios se han registrado (La Laguna, San Bartolo, Chuquillanqui, Pampas de Jaguay), la existencia de pinturas rupestres, con una iconografía muy peculiar, constituye algunos nuevos datos de gran interés.

De acuerdo con la descripción dada por Castillo Benites (Ibíd.), las pinturas están distribuidas en áreas rocosas que están relativamente distantes una de cada otra. La densa vegetación es de tipo estepario espinoso. En un promontorio hay dibujos de dos seres antropomorfos con atributos sobrenaturales, de diferentes tamaños, con un contorno muy peculiar: La cabeza cuadrangular con rasgos aparentemente felinicos coronado por una cresta, brazos levantados, abdomen distendido, pene y testículos colgando, rodilla abultadas en las articulaciones, pies dibujados de perfil (Fig.2) Sus contornos son muy similares, pero no obstante los dos personajes son realmente diferentes en el tratamiento del dibujo. En uno de los personajes antropomorfos, aquel de 75 cm. de altura, los contornos así como también algunos elementos de la cara están pintados en negro mientras que el cuerpo esta cubierto en rojo oscuro. Su torso está cubierto en círculos punteados que parecen bosquejar un felino. Estos mismos motivos, pero más pequeños, acentuado sus hombros y el contorno de su extremidad superior asimétrica, que parece el tentáculo de un pulpo. El contorno y las características de la cara del segundo personaje, mas pequeño están pintados en rojo claro, mientras que el interior del cuerpo no parece haber sido pintado. Diversos signos, los cuáles son indescifrables en la foto publicada (Ibíd.), fueron pintados en rojo sobre el torso.

El segundo sitio es un gran abrigo rocoso en el cual los motivos geométrico estan pintados en negro y rojo, arriba en el cielo raso. De acuerdo con la descripción de Castillo Benites (Ibíd.). El panel principal esta hecho por cuatro círculos concéntricos enlazados por una doble línea tangencial. Hay también otros motivos como líneas en zig zag pintadas en negro y rojo. Así como también algunos rastros de ocupación cercana que datan de varias fases del Período Formativo (primer milenio A.C.) Han sido también descubiertos. Según Castillo Benites, algunos de estos vestigios proporcionan evidencia de la llegada de tradiciones culturales de los alto Andinas.

En mi opinión, ambos la iconografía y el contexto de estas pinturas los vincula muy claramente al arte rupestre del sitio de Monte Calvario, localizados en el valle alto del río Zaña, uno de los sitios que hasta ahora había constituido el único ejemplo claramente identificado de arte rupestre del Período Formativo (Gruffroy 199:55-58). En las paredes de este sitio esta bosquejado un conjunto de personajes con estilo del Chavin Clásico, asociado con personajes zoomorfos (Felinos y probables batracios) en un estilo cercano al tardío de la Cultura Recuay (Mejia Xesspe 1972). Algunos petroglifos de estilo Chavín, así como también un importante centro ceremonial ocupado para una larga parte del período Formativo, han sido también descubiertos cercanamente. Aunque los personajes bosquejados en los dos sitios son algo diferentes, en ambos casos nos encontramos con bosquejos policromados de personajes sobrenaturales con características felinicas. Las figuras de la quebrada El Higuerón que, de acuerdo con la cronología relativa, podría ser más reciente, se muestra muy lejano respecto a los cánones clásicos del estilo Chavin, especialmente en el tratamiento del contorno, pero los rasgos faciales y el dibujo de los pies permanecen comparables. También pienso que es significante los motivos de ocelotes que aparecen sobre el torso del personaje principal, en el valle de Chicama son similares a aquellos dibujados sobre los pequeños felinos del Valle de Zaña. Estos dos sitios están localizados en sectores que, durante parte del Período Formativo, pertenecieron a la misma zona de influencia cultural Cupisnique, y experimentaron una similar historia de desarrollo. Sin embargo, sus peculiares características iconográficas parecen dar soporte a la atribución que estas pinturas para la fase final de este Período fue marcado por la transición de la cultura del Horizonte Temprano (Siglo 5-3 a.C.). Este comienzo, del Intermedio Temprano (Siglo 3 – 1 a.C.). Esta atribución, que nos sugiere Monte Calvario por la yuxtaposición de pinturas de los dos estilos (Cupisnique/Chavín y Recuay), parece justificada, en el valle de Chicama, por la naturaleza compuesta en las figuras antropomorfas. Este período (Siglo 3- 2 A.C.) corresponde a todo lo largo del territorio para el momento de rompimiento y evolución, asociado con principales movimientos de personas. Fue en este mismo contexto cultural que el arte grabado en las rocas -el cual se levanta el área cultural Cupisnique-experimento su principal difusión, fuera de la Costa Norte. Teniendo en consideración la cronología de las ocupaciones humanas en el valle Chicama, estas pinturas podrían ser conectadas específicamente con la llegada de los portadores de la tradición cerámica Salinar, la cual reemplaza la tradición tardía Cupisnique, al conservar algunos temas iconográficos. Las relaciones de esta región con los Andes en el departamento vecino de Cajamarca (Tradición Layson) son importantes en este Período.

Quebrada de Cupisnique
Un descubrimiento ligeramente anterior (Chauchat et.al 1998), hecho en la parte baja del valle de Chicama, podría posiblemente formar parte de la misma tradición. Es un refugio rocoso considerablemente grande (10 m x 6m x 3.5 m), localizado en la parte alta de la quebrada de Cupisnique, cerca del lugar llamado Quebrada Honda (PV22 – 164). Las pinturas en rojo y gris/negro representan motivos geométricos, y especialmente paralelos, líneas en zig zag y ondulantes. La presencia de algunas piezas líticas sobre el piso del refugio y pequeñas muescas de molino, así como también la ausencia de material cerámico, permitió a los autores (Ibíd.:159) asociar- hipotéticamente- estas pinturas a la cultura del Paijanense Pre ceramico. Este conjunto, sobre un estudio inicial, me parece (Guffroy 1999:64) muy cerca a los estilos de pinturas y grabados tardíos, los cuales son particulares en los de Andes de Cajamarca (Algodonal, Callapuma, Cumbemayo). El parecido de estas figuras con el motivo geométrico de La Quebrada de El Higueron, así como también su relativa proximidad geográfica, sugiere aún más algunas filiaciones culturales precisas, y parecen posiblemente de origen andino, datando para el primer comienzo del Intermedio Temprano.

Quebrada de Alto de las Guitarras Kaulique, Fernández-Davila Lopez, McKay Fulle y Santa Cruz Gamarra (2000) recientemente han anunciado el comienzo de algunas investigaciones muy interesante en el sitio de petroglifos de Alto de las Guitarras, ubicado en la misma región como los sitios precedentes, entre el valle de los ríos Moche y Virú. La metodología de trabajo que ellos propone para aplicar, basado en los conceptos de “arqueología del paisaje”, parece suficientemente exhaustiva y rigurosa para proveer provechosa información acerca de este sitio, el cual es uno de los sitios mas importantes de petroglifos en el Perú. En particular, uno podría esperanzarse en tener un mejor entendimiento de la utilización del sitio, y el destacamento del agrupamiento temático. Este acercamiento, comparable para el que utilizamos en el sitio de Checta, debería poder especificar las características de los “templos al aire libre”.

Uno de los puntos centrales de interés en el sitio de “Alto de Las Guitarras” consistió en la aparente longevidad de su utilización, el único ejemplo correctamente documentado de este tipo. Además que estas figuras que representan el Período Formativo, ejecutadas durante el primer milenio AC, uno puede reconocer petrología de un posterior Período: Moche, Chimú y aún quizás Inca – Chimú. Este es también el más antiguo de los grandes sitios de petroglifos (más de 100 piedras grabadas) registrados en Perú, y su estudio adecuado puede traer nueva información acerca de los usos y funciones de tales sitios. Otro punto interesante es su ubicación geográfica y ecológica, la proximidad de algunas antiguas rutas de comunicación, y la existencia de otros sitios de petroglifos en relativa proximidad.

El Norte – La Región Amazónica
La región de Jaén
Los sitios de Arte Rupestre existentes en las cuestas orientales de los Andes permanecen generalmente muy pobremente conocidos. Posturas y problemas específicos de interpretación. La existencia de conjuntos principales de arte rupestre en la provincia de San Ignacio (Dep. de Cajamarca), y particularmente más en la cuenca del río Chinchipe, ya han sido señalados por numerosos autores. Un nuevo descubrimiento parece haber sido hecho por Wilmer Mondragon (Universidad Nacional de Trujillo), cerca del pueblo de Jaén, en la rivera del río Marañon. A pesar de la ubicación imprecisa que se me ha sido reportada, las fotos que he visto muestran la existencia de varios paneles de pinturas hasta ahora desconocidas. Las figuras, pintadas en varias sombras de rojo, representan contornos humanos que generalmente tienen sus piernas y brazos extendidos; seres antropomorfos con características sobrenaturales; algunos animales, así como también signos geométricos. Este conjunto parece estilísticamente ser copiado en la región (Quebrada Gramalote, El Faical, Shipal) pero con algunas notables peculiaridades iconográficas (Bueno Mendoza y Lozano 1982), particularmente en el diseño de seres sobrenaturales (Fig.3)

La Región Central
El valle del río Lurín
En el transcurso de su investigación en el valle del río Lurín, Eeckhout (1997) reportó la presencia en dos sitios de piedras grabadas cubiertas con marcas de tacitas, ya conocido por el nombre de Antapucro (Núñez Jimenez 1986:2, 17-22), las piedras con cúpulas ocupan una posición ligeramente fuera del centro en relación a los petroglifos y son asociadas con algunas plataformas pequeñas. Algunos restos de cerámica, fechados para el Período Intermedio Temprano, están presentes sobre las piedras grabadas. Algunas rocas inscritas con tacitas han sido encontradas en la morada del sitio de Chaymayaca, ubicada en la margen opuesta. Este extenso asentamiento parece haber sido ocupado desde el Horizonte Medio hasta el Período Inca.

Estos petroglifos recuerdan aquellos grabados en el valle del río Chillón, en el sitio de Checta (Guffroy 1999:126-128), y probablemente perteneciendo al mismo conjunto estilístico (Grupo B).Uno de los elementos importantes reportados por Feckhout (Ibíd.:549) es la presencia, en el sitio de Chaymayaca, de plataformas que parecen haber estado dedicadas para la quema de hojas de coca, utilizadas como ofrendas para el dios Pariacaca. El también nos recuerda la existencia de un camino conectando los valles de los ríos Lurín y Rimac pasando por el sitio de Cocacharca (literalmente: campo de coca). En lo referente al texto de Francisco de Avila, el supone que la ofrenda de hojas de coca recientemente maduras proveídas en algunas ocasiones por personas de diferentes valles para encontrarse en Chaymarca, donde ceremonias importantes tomaban lugar. Aquí encontramos tres de los factores que son frecuentemente más asociados con los petroglifos de la región de la costa peruana: La proximidad (a) a un rio, (b) de una ruta de comunicacion, y (c) zonas de cultivo de coca. Estos datos también confirman la importancia de rocas con marcas de tacitas en prácticas rituales asociadas con el uso de estos sitios. También debemos mencionar la reciente publicación de un artículo por Rick (2000) acerca del arte rupestre de los Andes Peruanos, en el cual, entre otras cosas, él nos recuerda acerca de dos proposiciones concernientes a la ubicación de pinturas que parecen ser significantes en relación a su uso; la ubicación de una gran cantidad de sitios a una altitud cerca a los 4000 m. así como también su asidua asociación con refugios pocos profundos; la presencia de pinturas en cuevas profundas permanece muy raras.

La región sureña
La región de Arequipa

CIARQ (El Centro de Investigaciones Arqueológicas de Arequipa) ha anunciado el lanzamiento de un programa de investigación en la relación entre petroglifos y los antiguos caminos pre hispánicos. Esta asociación parece significante en ciertos sitios de la región, como Cullebrillas, La Caldera y Mollebaya. Este programa de investigación puede ser consultado en la Internet (http://angelfire.com/peCIARQ).

Para concluir este rápido panorama, nos gustaría expresar la esperanza que estos recientes descubrimientos y estos programas de investigación dirigidos a un tema o sitios específicos, anuncien un desarrollo absolutamente necesario y un renacimiento del campo de estudios concernientes al Arte Rupestre Peruano.

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Traducción : Víctor Corcuera C.




poro_poro

Pinturas Rupestres de Poro Poro – Udima

Sitios Sacros
PINTURAS RUPESTRES DE PORO PORO – UDIMA

Pinturas de Poro Poro

Los testimonios rupestres conocidos como “El Calvario”, se ubican no muy distante del poblado de Poro Poro, jurisdicción del caserío de Udima en el distrito de Catache, provincia de Santa Cruz, en el Departamento de Cajamarca. Esta parte occidental de la provincia se encuentra ubicada sobre las cuencas de los ríos Chancay y Zaña.

El acceso es un paso obligado que transita por la vía que une Lambayeque y Cajamarca (Santa Cruz), siguiendo la carretera asfaltada que articula a Chiclayo – Chongoyape; se continua por una vía carrozable hasta llegar a puente Cumbil, prosiguiendo en seguida por el desvío que va en dirección derecha y la cual conduce al distrito de Catache (1,355 m.s.m), en la cual se pernocta para seguir al día siguiente hacia la localidad de Poro Poro (2,820 m.s.m), distando solamente una hora y media de recorrido en movilidad.

En la trayectoria que une las localidades de Poro Poro y la capital de distrito Catache (no muy distante del este ultimo), por referencias verbales de nuestro guía (Prof. Luis Antonio Calderón Vera) y antiguas notas periodísticas, se conoce la existencia de un cementerio prehispánico denominado “Palo Blanco” cuya conformación geomorfológica esta compuesta por una cima de ligera inclinación, teniendo mayor connotación en las faldas del cerro, según nos refirió nuestro guía el sitio estuvo expuesto a un acelerado proceso de destrucción por partes de huaqueros provenientes de Cayalti.

Petroglifos de Poro Poro

Por la fragmentería expuesta y observada en la ciudad, se denota un aspecto muy interesante, no solo se trataba de una intensiva ocupación humana durante la época formativa sino que la modalidad en su cerámica; coloración y otros atributos de rasgos característicos se le denomina como tradición formativa Catache.

Por su ubicación sobre las cuencas de los ríos Chancay y Zaña, ha permitido que desde el pasado, haya sido un corredor natural que conectaba con Lambayeque, ofrece todo una perspectiva para la investigación arqueológica y multidisciplinaria.

Antecedentes

Los reportes iniciales que versan sobre el lugar es que este fue “descubierto en 1958 por el entonces hacendado de Udima, Boris de la Piedra, que en compañía del estudioso Jorge Rondón Salas realizó algunas investigaciones que lamentablemente no se publicaron. En 1964, tanto las pinturas como los petroglifos de la zona fueron calcados por el investigador Asbjorn Pedersen y presentados en 1967 en el II Simposio Internacional Americano de Arte Rupestre, llevado a cabo en la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco. Un año más tarde, Toribio Mejía Xesspe publicó dichos calcos en su artículo “Pintura chavinoíde en los Andes del arte rupestre”, sin embargo, no fue hasta 1978 cuando la arqueología se volvió a interesar por el sitio; entre noviembre y diciembre de ese año, el arqueólogo Walter Alva realizó algunas excavaciones limitadas, publicando sus resultados en 1988” (Del Carpio et al 2001:96).

TÉCNICAS EN PINTURAS RUPESTRES:
Se ha observado pocas pictografías, las cuales presentan un solo color, entre ellos denominadas como monócromas los cuales son de líneas gruesas aparentemente en un solo color, por ejemplo, en color rojo, amarillo y negro, siendo estas la de menor cantidad. En lo que respecta a esta modalidad o característica se ha advertido el empleo descrito por los anteriores investigadores del empleo del color amarillo, blanco, rojo, marrón, verde y color negro presentes en Calvario de Poro Poro, conocida como modalidad policroma.

Petroglifos de Poro Poro

Estado de conservación:
Se observo que los petroglifos denotaban haber sido trazados con tiza en cada uno de sus diseños en su superficie, siendo esto lamentable debido, a que estos alteran el fechado del cual podría haberse hecho en el futuro. Las pinturas muestran una cubierta por estar expuestos a la lluvia, sólo siendo apenas visibles, existiendo gran cantidad de carbonatos y líquenes en la superficie de la roca. Existen evidencias de tiestos de cerámica en la parte baja de las pinturas entre ellas pertenecientes al periodo Formativo como también algunas a la filiación cultural Cajamarca, ofreciendo toda una perspectiva para la investigación arqueológica.

Cabe recalcar que la noción de llegar a proteger estos testimonios rupestres debe ser un compromiso real e inexcusable, que no solamente debe llegar a las personas interesadas o identificadas con el patrimonio arqueológico, se requiere de la participación conjunta tanto de autoridades, investigadores, estudiantes y profesionales en Arqueología, a fin de asumir una postura colectiva como única vía saludable para la toma de conciencia y desarrollar proyectos que tengan el objetivo de encaminar un proselitismo vehemente sobre la valoración de estas evidencias rupestres; permitiendo en forma pedagógica demostrar su trascendencia a los educandos así como a la población en general sobre los aportes que se podrían lograr a través de la preservación y de la ejecución de programas de puesta en valor de sitios con arte Rupestre. De esta manera proyectarnos a crear conciencia en la importancia de su valor histórico dentro de las comunidades que se ubican cercana a restos con arte rupestre. Permitiría traer cambios en la importancia y valoración de esta densa riqueza arqueológica, a fin de despertar la responsabilidad en los pobladores y autoridades locales, para su preservación, debido al abandono en que actualmente se encuentran por parte del Estado.

APRECIACION
La visita permitió aseverar que había existido un organizado culto, donde la distribución de los espacios consagrados están situados sobre un nivel más alto del cerro y exprofesamente escogidos, estas cumplían determinadas actividades, donde las representaciones también formaban parte del mundo sagrado y ceremonial, interrelacionando a través de su simbología un viejo culto, el cual permitía la movilidad de grupos humanos en cada cierta época. Considerando las conformaciones estructurales de concepción e ideológicas presentes en el Período Formativo, parecen indicar que en esta época existía una orientación consecutiva; según lo manifiesta Cane (1985), en la cual númerosos templos de esta filiación cultural tienen su perspectiva de orientaciones dirigidas hacia la fuente de agua, donde el río parece ser permanente, pero cuando estos no son permanentes parecería que la orientación de los templos relacionados con el culto al agua están orientados hacia las quebradas de donde provienen o hacia la misma fuente del río (Cane, 1985:38).

Templo Ceremonial de Poro Poro

CONCLUSIONES
Por su ubicación estratégica y su alta visibilidad, le permitió tener una cobertura de suma importancia, proporcionándole una connotación netamente de ser un espacio sacro. Su funcionabilidad era enteramente ceremonial, debido a que el lugar estaba vinculado periódicamente a cumplir un rol sagrado de culto y continuidad. Los antiguos pobladores que ascendían al sitio entendían que el lugar estaba poseído de espíritus de sus antepasados, los se encargaban de la protección, sustento y así como de desencadenar las fuerzas de la naturaleza en beneficio de la población de los valles.

Las necesidades de una agricultura extensiva en los valles interandinos y valles aluviales de la costa exigió un control y manejo más preciso de las tierras y de las estaciones agrícolas. Al parecer, la responsabilidad de dirigir y controlar la economía estuvo a cargo de un estamento de “sacerdotes” (fuerte base religiosa de esas sociedades) que conocían la manera de prever los ciclos agrícolas y así dirigir las labores. Es muy posible que con observaciones del cielo, el movimiento de las estrellas y en particular las pleyades y las fases de los astros, pudieran anunciar los momentos importantes del ciclo agrícola: sembrio, germinación, irrigación y cosecha.

La experiencia nos ha mostrado la necesidad de fundamentar estos distintivos visuales de pinturas y petroglifos, a fin de correlacionar referencias y analogías necesarias para establecer vínculos que permitan articular asociaciones de actividades religiosas o rituales del antiguo Perú.

Cronicas de Viaje: D.C.B. 2006




picto4

Cerro Ochipitur – Cuenca del Rio Moche

Arte Rupestre
CERRO OCHIPITUR
CUENCA DEL RIO MOCHE

Pictografias de cerro Ochipitur En lo que respecta al valle de Moche; no se había reportado anteriormente ninguna información, sobre este tipo de evidencias rupestres, especialmente al tratarse de pictografías, siendo desconocidas para esta parte de la faja Nor costera. Los reportes versan mayormente sobre diversos yacimientos de petroglifos (Núñez 1986:329).

El abrigo rocoso que alberga las evidencias pictográficas, se encuentra ocupando una posición estratégica en cerro Ochipitur (distando aproximadamente 10 Km. de Trujillo), en un sector protegido de los vientos; cuya conformación en la falda media del flanco Sureste es de una terraza natural. Limitando por el Norte; con la misma conformación rocosa del Ochipitur, por el Sur; con una formación eólica fosilizada, por el Este; con Cerro La Mina y por el Oeste; con la zona denominada como el Alto Salaverry. El lugar esta cubierto por una vegetación propia de lomas, alcanza una altitud de 820 m.s.n.m. ubicandose entre las intersecciones de la Longitud Oeste de 78º 58′ 50″, y una Latitud Sur de 8º 10′ 45″.

Abrigo de Ochipitur Como antecedentes se tiene los reportes que hiciera Lucia Medina (1989), sobre la ocupación Paijanense en Cerro Ochipitur, identifico este lugar como el PV 24/69, manifestando que el sitio comprende; 6 abrigos rocosos y algunas construcciones de piedras, teniendo una tentativa cronología de ocupación Formativa (Medina 1989:11).

Aunque Medina, no hace mención de las pictografías, por referencia verbal (Enrique Vergara, Director del Museo de la UNT), sabemos que Alfredo Narváez, que por aquel entonces apoyara a Medina en la prospección de estos lugares; hizo calcos y tomas fotográficas de las pinturas, presentándolo para una publicación en un boletín de arqueología sin que este llegara a editarse.

Las manifestaciones rupestres, fueron plasmadas bajo el techo del abrigo rocoso, el cual tiene una conformación de una prominente roca que debido a su caída sobre otras, dejo una cobertura de 4 mts de ancho y aproximadamente una altura de 2.35 mts; que fue aprovechada por el hombre. Las imágenes presentes allí fueron elaboradas con criterio semi naturista, destacando entre ellos un personaje antropomorfo, de piernas ligeramente abiertas y los brazos flexionados hacia arriba, terminando en puntas lo que vendría hacer las manos; esta figura alcanza los 19 cmts. de altura por 12 cmts. de ancho. Se suman otros motivos de líneas curvas probablemente conformaron círculos concéntricos dobles, y finalmente una imagen que denota una mancha no muy nítida, probable que se trate de una figura zoomorfa, todos ellos de una misma coloración de color rojo (hematita o ocre rojo).

Textos: Daniel Castillo Benitez




picto3

Cerro Tantamishki – Cuenca del Rio Chicama

Arte Rupestre
CERRO TANTAMISHKI
CUENCA DEL RIO CHICAMA

Pictografia Se encuentra en la cima de Cerro Tantamishki, jurisdicción de Coina. Limitando por el Sur Oeste; del caserío de Huacamochal, por el Este; con el caserío Pampa del Valle, por el Norte; con Cerro Carmelo y la zona denominada como el Alto de la Zarza, desviándose (referencialmente de la vivienda de don Salvador Luna), por un estrecho camino que conduce a algunas chacras y finalmente al lugar.

Las pinturas se encuentran a unos 150 mts. aproximadamente antes de llegar a la cima del Cerro Tantamiski o también denominado actualmente como Cerro Judío. La evidencia se haya formando parte de una falla tectónica, que desciende marcadamente por la ladera Este del cerro, dentro de esta conformación geológica es notoria, una parte de la falla rocosa tiene una mancha color blanquecina, sobre la cual se ubica la evidencia pictórica.

La pictografía, presenta la silueta frontal de un personaje, que tiene los brazos extendidos, el cual mide aproximadamente 1.50 mts. de ancho, teniendo una la disposición expresiva en las manos, en la que sobresalen solamente 4 dedos, destaca también el probable adorno cefálico sobre la cabeza. La figura elaborada en perfil de la imagen de un camélido, ubicada en el lado derecho de la imagen del principal personaje. Se suma la presencia de un círculo, en la parte superior de las figuras antes mencionadas y finalmente tras la imagen de camélido, otro circulo de menor proporción la cual no muy nítido, denotando casi en una mancha. Estas imágenes forman parte de una escena la misma que muestra una misma conformación, en lo que se refiere al uso del color empleado y cuya coloración es de un ocre casi anaranjado.

El actual estado de conservación de las pictografias, es optima o buena debido a que la falla geológica en el lugar tiene una inclinación natural de 25º a 30º grados, la misma que a permitido su protección y debido también que no es accesible llegar a las pictografías debido a la inclinación geológica.

Se observó que por una ligera llovizna repentina, algunas piedras se deslizaron por la laderas del cerro aún cuando esta se encuentra cubierta por herbáceas y vegetación propia de la zona, siendo dificultoso el descenso. El lugar muestra evidencias de construcciones de muros prehispánicos, sumándose en la cima una ocupación de una arquitectura habitacional existiendo la presencia de batanes y terrazas.

Textos: Daniel Castillo Benitez




picto2

Alto Chepate – Cuenca del Rio Chicama

Arte Rupestre
ALTO CHEPATE
CUENCA DEL RIO CHICAMA

Personajes tomados de las manos

Se encuentra en la provincia Gran Chimú, jurisdicción de Cascas (a unos 8 kmts.) en el poblado de Pampas de Chepate Alto, teniendo una altitud 1200 m.s.n.m. Distando unos 200 mts. Aproximadamente del centro educativo, desde donde es apreciable la abertura del abrigo que tiene una formación geológico natural, y que fue aprovechado por el hombre, el cual tiene una orientación con dirección hacia el río Chepino o Ochape.

El abrigo rocoso, presenta en su parte baja un desnivel que alcanza los 3 mts. de altura, con relación a la boca de ingreso o entrada, su conformación geológica da origen a la naciente de una quebrada pendiente que se va acentuando en su descenso, por la inclinación y formación del terreno. En abrigo rocoso tienen una formación natural, la misma que fue aprovechada por el hombre, tal es así que en el vestíbulo unos 10 metros de profundidad por 8 metros de altura, en su panel principal se observan grietas por la cual hubo actividad de discurrimiento debido a filtraciones de agua, notándose en el piso el recorrido de esta actividad, así mismo se nota excoriaciones que ha sufrido la roca graniodoriticas.

Las pictografías dentro del abrigo rocoso se encuentran en su mayoría sobre la parte superior de las grietas naturales de la roca, que dividen el panel principal, presentando un conjunto de pequeños personajes tomados de las manos, sus imágenes fueron elaboradas en línea horizontal, formando tres grupos y niveles, en lo que respecta a su dimensión estos oscilan entre los 20 cmts. y 10 cmts. sumándose a estas pictografías un conjunto de líneas, distribuidas una de ellas esta en forma horizontal y varias líneas unidas en forma perpendicular, elaboradas en su totalidad en color rojo, que se encuentran al lado izquierdo de los anteriores diseños.

Textos: Daniel Castillo Benitez




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Quebrada El Higueron – Cuenca del Rio Chicama

Arte Rupestre
QUEBRADA EL HIGUERON
CUENCA DEL RIO CHICAMA

Diseños Geometricos

El sitio conocido como “El Higuerón” se encuentra en dirección noreste con referencia al centro poblado de Mocan; hallándose dentro de los limites de la parte baja del valle Chicama y las primeras estribaciones andinas, geográficamente pertenece a la provincia de Ascope. Limita por el Norte, con la parte alta de la quebrada de Cupisnique, por el Suroeste con playa de Mocan, por el Este con los Cerros San Juan.

En los alrededores del lugar presenta huellas de cause de escorrentías lo cual ha dejado un terreno fuertemente marcado, existiendo la presencia de afloramientos de grandes bloques líticos, así también se denota la presencia de un drenaje interno de agua cuyo cause se pierde a unos 60 mts. de la unión de los principales afluentes. Se suma a ello la presencia de una vegetación arbustiva y herbáceos que sobre pasa el 1.50 mts. de altura observándose también la proliferación de sapotes, entre otros destaca la presencia de “Higuerones” (Ficus urbaniana), cuyas raíces cuelgan en uno de los acantilados.

La geomorfología del lugar; a través de un conjunto de cerros poco accesibles encierra una conformación de caja de río, en la que destaca comparativamente una elevación central de menores proporciones, en cuyas laderas opuestas se hallan las evidencias rupestres, una para cada vertiente; la primera en un promontorio y la segunda en un abrigo rocoso.

Una de las pictografías se encuentran plasmadas en la hendidura del mencionado roca de forma piramidal cuyas medidas son aproximadamente de 4 mts. de altura por unos 6 mts. de ancho, presentando en su base (frontis) algunos adosamientos de piedras ligeramente labradas. Las imágenes rupestres, fueron elaborado con pigmentos de color bicromos entre ellos el rojo carmín, y color negro, de una probable consistencia ligeramente pastosa, contrastanto con la roca que presenta un color ciena natural y propias de las rocas de origen graniodioritas. Las evidencias muestran a dos personajes antropomorfos; los mismos que ocupan la parte central de la mencionada abertura y esta a la vez circundada por dos grietas naturales de rocas, sumándose la presencia de caracoles de tierra (Sculatus sculatus) distribuidos en los rincones de la hendidura; la cual han afectado en algunas partes a las pinturas bicromas.

Pictografías del Higuerón Otro conjunto de pictografias se encuentran en el interior de un abrigo rocoso, e incluyen su presencia también en el techo, así como en el panel principal, entre las representaciones destacan el diseño de cuatro círculos dobles concéntricos, distribuidos ordenadamente; arriba, abajo y los costados los mismos que están unidos por líneas dobles, todos ellos en color rojo oscuro, es probable que hubo superposición de dibujos, con los de color negro, elaborados a manera de media luna y de formas triangulares, sumándose otras formas a maneras de círculos.

Avanzando hacia la izquierda, existe la presencia de un motivo de una serpiente plasmada en perfil, hecha en color rojo, En la parte final hay formas de círculos concéntricos, en cual se han conjugado, el color negro, para delinear (el circulo y el punto) y el color rojo (relleno de la figura), con las mismas características, hay otras en forma de “U” de coloración inversa (delineado de color rojo y el relleno en color negro).

Finalmente en la parte baja del panel principal, a unos 40 cmts. de altura cerca al piso, sobre una saliente de la roca; existen pinturas bicromas como líneas quebradas, en las cuales se han alternado el color rojo y el color negro.

Textos: Daniel Castillo Benitez




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Alto de la Guitarra – Cuenca del Rio Moche

Arte Rupestre
ALTO DE LA GUITARRA
CUENCA DEL RIO MOCHE

El “Alto de la Guitarra” se encuentra ubicado en la margen izquierda de la cuenca del río Moche, al fondo de una amplia y árida quebrada fósil del mismo nombre, dista unas 4 horas de camino desde Cerro Blanco, comprensión de Quirihuac (aproximadamente a 30 km de la ciudad de Trujillo, Región La Libertad, Perú, Sudamérica).

En la conjunción de las faldas de dos cerros, a manera de una explanada, distribuidas al azar, se encuentran numerosas piedras de gran tamaño, de superficie más o menos lisa, en las cuales se encuentran esculpidas o grabadas diversas figuras como: reptiles, aves, mamíferos, antropomorfos, figuras geometricas. Se encuentran agrupadas por grupos de representación esquematica, naturales y complejas, huellas que perennizaron la actividad humana de la cultura Cuspisnique (fecha antes de Cristo 1800 a.C.), tambien los hay culturas posteriores que florecieron en esta parte de la costa norperuana y ocuparon los valle Moche y Virú, ambas cuencas unidas por gran camino que aùn existe en la actualidad.

Representacion aves

Existen representaciones antropomorfas, personajes de perfil, así como guerreros ataviados sosteniendo cabezas trofeos, el reconocido ojo Chavín también esta presente; la asociación de estructuras arquitectónicas las cuales condujeron a varios autores sostener que estas tenían la función ceremonial y que probablemente se realizaban allí ritos; de ser así las futuras investigaciones permitirán reconstruir la relación contemporaneidad y presencia de grupos del Formativo asentados en el valle Moche, así como las constantes representaciones que estos dejaron teniéndose en cuenta los motivos; hombre, felino y ave representaciones de estructura simbólica en la base religiosa.

Rocas de Gran tamaño

Las enigmáticas representaciones de huellas de pies grabados como quien asciende una enorme roca, nos versan de una vieja tradición representada con algunas variantes en diversos lugares del Perú; una de ellas es la piedra de San Bartolo de Ascope en el Valle de Chicama. Probablemente hubo narraciones, leyendas de héroes, deidades que reforzaron la superestructura social, permitiendo modelar la conducta de un pueblo hacia el dominio de la agreste naturaleza.

Representación antropomorfa

Otro petroglifo que llama la atención al visitante es la representación de un personaje con cabeza felinica y cola de pez el cual tiene en la mano derecha sujeta un pez, a sido relacionado a la filiación chavín, la peculiaridad de estos grabados ha permitido que varios autores lo traten en sus comparaciones, así mismo los guerreros y/o danzantes de estas manera el sitio es importante en la arqueología peruana ya que existen fecundos e innovadores diseños que dejara el antiguo indígena también existen gran variedad de círculos concéntricos, círculos radiados a manera de rueda, diversas figuras geométricas, así como la cadena trófica; nos revela la presencia de pequeños roedores especies hoy desaparecidas, comparable con otros lugares de nuestra región, la confección de un registro de los diversos sitios permitirá conocer las formas coincidentes e imitativas de yacimientos importantes así como aquellos lugares con escasas evidencias pero con similitud de diseños.

Los restos arqueológicos de esta cultura se encuentran esparcidos en una superficie considerable del camino de la parte alta, expuestos a las inclemencias meteorológicas, especialmente del sol, viento y lluvias; poniendo en peligro los grabados por la constantes erosiones naturales y humanas. El medio ambiente reinante es sumamente árido durante el año; las quebradas, laderas y terrenos ondulantes, están cubiertas de herbazales y flora xerofítica, secuencia de las tórridas lluvias del reciente fenómeno de El Niño.

Representación personaje

Estos testimonios, grabados en piedras visuales se constituyen un genero especifico dentro de la arqueología; un verdadero registro histórico, sus posibilidades de información van mas allá de los restos materiales.

Indicamos algunos antecedentes del lugar: don Manuel Acosta Gutierres, extinto campesino de origen huamachuquino que vivió en el lugar de cerro Blanco, fue guía para muchos visitantes, proporcionó las primeras informaciones verbales, las cuales fueron expuestas al mundo científico destacando entre ellos Hans Horkheimer, Luis Torres Alva, entonces Inspector del Instituto Nacional de Cultura de La Libertad, quien expuso en el “II Congreso del Hombre y la Cultura Andina” (1974). En 1985, el Sr. Torres condujo al Alto de La Guitarra al Embajador Cubano Antonio Nuñez Jiménez, quien incluye calcos de los grabados pétreos en su libro “Petroglifos del Perú”.

Según versiones del trujillano Alvaro Trelles (comunicación verbal de mayo de 1997), el renombrado periodista y fotógrafo Gustavo Álvarez Sánchez, en la década del 70, entre otros aspectos de interés arqueológico, publicó en el diario La Industria de Trujillo varios artículos relacionados con el arte rupestre del departamento de La Libertad, incluyendo los grabados del Alto de la Guitarra.

Representación antropomorfa

Para entender las culturas que ocuparon el Alto de la Guitarra es necesario comprenderlas dentro de un desarrollo propio y autogenerado de lo que fue la matriz para alcanzar la alta cultura; indudablemente, esto va mas allá de ser simples representaciones simbólicas, decorativas o artísticas; los aspectos temáticos nos conducen a penetrar en la nebulosa que cubrió el pensamiento social de aquel entonces, lo cual es muy difícil de descifrar.

La variedad de seres representados en las piedras y los misterios que los grabados encierran, constituyen un “lugar sagrado” de petroglifos con testimonios de los seres a quienes rendian culto o adoraban. Las representaciones lineales de diversos figuras zoomorfas y antropomorfas supera los restos materiales, puesto que tras ella está el pensamiento del hombre, su vida espiritual, su visión general del entorno, la relación con la vida, la muerte, sus deidades, y otros grados de simbolización ideológica.

Representación antropomorfa

Las evidencias en el Alto de la Guitarra se hallan asociados a caminos, estructuras arquitectónicas acentuando su procedimiento y elaboración: en su mayoría estos petrograbados están tallados con la técnica superficial, otros están realizados con la técnica del raspado superficial, hay un mínimo que presenta otra modalidad de elaboración. Actualmente las rocas tienen una pátina de color rojo intenso que de alguna forma está deteriorando las lineas talladas.

El acceso al lugar es difícil, tanto por la topografía accidentada del terreno como por lo lejos del centro poblado “Cerro Blanco”; sin embargo, por la plástica de sus diseños consideramos que constituye un poderoso atractivo turístico de carácter especializado y una fuente de investigación arqueológica que ayude a desentrañar los mensajes y misterios Cupisniques, así como para aumentar el bagaje de conocimientos de la culturas de la costa norte del Perú.
Textos: Daniel Castillo Benitez




Quirihuac – Cuenca del Rio Moche

Arte Rupestre
QUIRIHUAC
CUENCA DEL RIO MOCHE

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Estos Petroglifos ubicados en la parte media de la cuenca del río Moche toman la denominación del poblado de Quirihuac. Estos en su mayoría ubicados en las faldas de los cerros y en campos de cultivos, algunos asociados a canales y otros dispersos.

Despierta la atención la presencia de estos grabados ubicados en las margenes del valle existiendo un antiguo camino que unia el verdor del valle con las quebradas del Sur que conducen al yacimiento del Alto de las Guitarras. .

Aunque los petroglifos ubicados en Quirihuac, presentan una conformación de dibujos abstractos en la que se puede distinguir aves, elaboradas por el procedimiento del raspando simple no se han conformado estudios para determinar su antiguedad o su filiación cultural, o su relación con el camino que condujera antiguamente a otro centro ceremonial, muchas de estas evidencias esperan ser registradas y comparadas con otros lugares tanto en técnicas como elaboración y procedimiento.

Textos: Daniel Castillo Benitez




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Chuquillanqui – Cuenca del Rio Chicama

Arte Rupestre
CHUQUILLANQUI
CUENCA DEL RIO CHICAMA

Uno de los lugares poco estudiados es la parte alta de la cuenca del río Chicama; la cual alberga una gran cantidad de evidencias arqueológicas entre ellas; una múltitud de grabados que aún permanecen ignorados, sin conocerse siendo aún escasos los reportes y estudios que versan la trascendencia de la cuenca.
Hoy en día es imperiosa necesidad de documentarlo e ir profundizando su importancia para futuros estudios.

Estos restos abandonados ante los sofocantes rayos del sol; las fuerzas destructoras de los liquenes que cotidianamente van carmomiendo las caras líticas de la misma manera la meteorización y agentes naturales hacen que estas unidades sean menos notorias con transcurso del tiempo.
Uno de estos lugares existentes según los describe el Historiador Luis Rodriguez López, es Chuquillanqui el cual es de gran importancia ya que se encuentra en la confluencia de dos ríos.

Diseños Geometricos

Pero estos restos y otras zonas estan ubicadas a lo largo de todo la cuenca del río Chicama con cierta trayectoria del camino algunos, son tan amplios yacimientos otros encontrandose en diversas altitudes los hay; en expladanas, en la parte alta de los cerros, quebradas, cerca a construcciones y asociados a canales y aún en las partes más estrechas de la de la vertiente del Chicama, los cuales nos afirmarían; que estos lares fueron importante paso del intercambio de grupos etnicos entre la costa sierra y selva.
Sus variedades de estilos y técnicas así lo manifiestan y son los fragmentos de céramica los cuales nos permiten observar en superficie y sostener que hubo diversas ocupaciones y variados momentos ocupacionales: como Chimú, Cajamarca, Inca y otras aún otras por identificar.

Textos: Daniel Castillo Benitez