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Machu Picchu: Mausoleo o tumba real

El enorme bloque de piedra inclinado que soporta el templo del sol en su porción inferior, deja una gruta que está decorada y acondicionada con excepcional maestra, para luego ser utilizada como mausoleo. Fue además lugar de adoración y ofrenda a las momias de las principales autoridades; presenta en su punto de acceso una representación del signo escalonado de la diosa tierra.

Guillermo Lumbreras indica que Machu Picchu tuvo tres funciones: fue una ciudad, un santuario y el mausoleo real del Inca Pachacútec.

El cuerpo embalsamado del Inca habría estado en la zona que ahora se conoce como Tumba Real, debajo del torreón principal, que entonces se conoció como Patallaqta (al borde del abismo). “Ese debió ser el nombre que le otorgó Pachacútec –sostiene Lumbreras– y así debería llamarse y no Machu Picchu, que significa cerro viejo y que no tiene mucho sentido”. El cuerpo del Inca estaba ubicado de tal manera que durante el solsticio de invierno, del 21 al 24 de junio, los rayos del sol llegaban por las ventanas y se tomaban como anuncio de un nuevo ciclo agrícola. Además del cuerpo del Inca, hubo otras momias más en lo que ahora se conoce como Cripta del Cóndor.

Según la concepción andina, la muerte es el paso a otra existencia, de allí que el cuerpo haya sido tan cuidadosamente embalsamado. “No se podría hablar de entierros –sostiene Lumbreras– sino más bien de conservación de los cuerpos. De hecho, había de 300 o 400 personas que residían en la ciudadela y que tenían por función vigilar el culto al Inca muerto”, sentencia. La tesis de que Machu Picchu habría sido un mausoleo real se remonta desde 1970, a las investigaciones del arqueólogo Manuel Chávez Ballón. Pero Luis Guillermo Lumbreras también se basó en la crónica de Juan de Betanzos, Suma y narración de los Incas. “Juan de Betanzos era un soldado español que se casó con doña Angelina, de la dinastía de Pachacútec, así ella le habría dado los datos”, explica. El cuerpo embalsamado de Pachacútec habría estado ubicado en la parte hanan de Machu Picchu, junto a los templos, adoratorios y palacios. Mientras que en la parte hurin, la parte inferior, se hallaban los edificios, viviendas, senderos y las largas escalinatas que caracterizan a Machu Picchu.

EL CUERPO DEL CONQUISTADOR
Luis Guillermo Lumbreras asegura que el cuerpo embalsamado de los Incas, aun después de la llegada de los españoles, eran objeto de adoración. “De modo que los españoles emprendieron una búsqueda agresiva de las momias de los Incas -explica Lumbreras–. Polo de Ondegardo, quien también fue cronista, halló, a pedido del Virrey de Cañete, los cuerpos de Pachacútec, Huayna Cápac y de la esposa de este , Mama Ocllo en una casa del Cusco. Los cuerpos fueron enterrados, según dictamina la doctrina católica, en un hospital de Lima, San Andrés, que se hallaba en Barrios Altos. Durante el siglo XIX, José de la Riva Agüero y Toribio Polo desenterraron los cuerpos y hallaron un montón de huesos que probablemente pertenezcan a los Incas”.

Promperu/Agencias




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Machu Picchu: Las plazas

Son cuatro plazas en diferentes niveles que se caracterizan por presentar formas rectangulares de estilo clásico inca, intercomunicadas por escalones empotrados en los parámetros de los andenes. La que tiene mayores dimensiones es la plaza central, la cual cumplió funciones religiosas y sociales.




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Machu Picchu: WAYNA PICHU

El guardián eterno del Santuario, el Wayna Picchu (“Montaa Joven” en Quechua) se yergue imponente dominando la ciudadela Inca. Subir hasta la cumbre es otra experiencia inolvidable. En el trayecto y en la cima se aprecian recintos sagrados y admirables terrazas construidas sobre el precipicio.
El ascenso se realiza desde la plaza principal de Machu Picchu por un camino, construido por los propios Incas, que se encuentra sealizado y en buen estado. La vista es impresionante: Machu Picchu en todo su esplendor, el can del Vilcanota y las montañas circundantes.
La caminata dura entre dos y tres horas.

Huayna Picchu en español significa “montaña joven” y es la montaña que se localiza al norte de la ciudadela Inca de Machu Picchu. La montaña, aparece detrás de la ciudad perdida y es una parte importante de este gran monumento histórico que conocemos como Machu Picchu y la podemos apreciar en la mayoría de los gráficos y fotografías de Machu Picchu. Su punto más alto es 2700 metros y nos permite tener vistas espléndidas de Machu Picchu y otras montañas cercanas.

Aunque la subida es un poco peligrosa y realmente agotadora, es posible llegar a esas ruinas en menos de una hora. Esta montaña nos ofrece algunas maravillosas ruinas incas y usted se asombrará de las habilidades de determinación e ingeniería de diseño que tuvieron los Incas cuando vea las cuestas que tenían que superar para completar esta construcción. Esta caminata debe ser hecha por cualquier persona que se encuentre en buen estado físico.

Huayna Picchu fué usado por los Incas para construir varios complejos, como el impresionante Templo de la Luna que se encuentra en la parte trasera de la montaña. Los Incas también hicieron en la cima del Huayna Picchu una serie de pequeñas terrazas y algunos edificios. Estos edificios podrían formar parte de un observatorio astronómico pero también habrían servido como un punto de guardianía de la ciudadela porque desde este punto usted podrá ver todo Machu Picchu, Inti Punku y los caminos que llevan a la ciudadela.




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Machu Picchu 100 años

La ciudadela de Machu Picchu es el mas importante de los atractivos tursticos del Cusco. Descubierta en 1911 por el explorador norteamericano Hiram Bingham, esta ciudadela es considerada una de las más extraordinarias muestras de arquitectura paisajstica del mundo.

Machu Picchu (en quechua, ‘montaña vieja’) está situada sobre una montaña de estructura de granito. Utilizando ingeniosas técnicas, los Incas lograron transportar pesados bloques de piedra así como tallarlos y pulirlos con pulcritud sorprendente.
Clima: Lluvioso durante todos los meses de verano (de diciembre a marzo). Soleado entre mayo y setiembre, aunque no son raros los chubascos. Las temperaturas máximas alcanzan los 27º C, mientras que las mínimas raramente descienden de 11º C.Acceso: Se ubica a 4 horas de viaje desde la ciudad (2 horas en bus hasta Ollantaytambo y 2 horas en tren de Ollantaytambo a Machu Picchu Pueblo), aunque también se puede llegar a pie (4 días por el Camino Inca).
Machu Picchu. Cien años de maravilla
Una expedición encabezada por el explorador estadounidense Hiram Bingham llegó en julio de 1911 a la ciudadela de Machu Picchu, entonces cubierta bajo una espesa vegetación acumulada en siglos de abandono. Poco después, el hallazgo fue anunciado a nivel internacional en una edición especial de la revista National Geographic, empezando a concitar el interés de viajeros, aventureros y académicos de diferentes países. Para celebrar el centenario, desde este mes de agosto comienzan las actividades que cubrirán todo el calendario hasta julio del próximo año.

En 1548, solo dieciséis años después de la llegada de los conquistadores españoles al Tawantinsuyo, el cronista Pedro Cieza de León viajaba con el ejército de Sebastián Benalcázar por el camino inca desde Colombia hacia el Cusco para enfrentarse a las tropas de Gonzalo Pizarro. Al atravesar pueblos y templos, Cieza se sorprendía de encontrarlos totalmente abandonados y destruidos. El cronista dejó testimonio de su asombro al escribir: “Donde quiera que ha pasado cristiano conquistando y descubriendo, otra cosa no parece sino que con fuego se va todo gastando…los templos antiguos, que generalmente llaman huacas, todos están ya derribados y profanados”.

Ese proceso de destrucción, iniciado tan prontamente por los primeros conquistadores, se agudizaría con el establecimiento de las reducciones, la caída demográfica entre los nativos por las enfermedades traídas de Europa y las campañas de extirpación de idolatrías. Entonces, muchas huacas y ciudades fueron abandonadas, perdiéndose en la memoria de los lugareños. Sin embargo, por algunos documentos coloniales se ha podido reconstruir la historia de diferentes monumentos arqueológicos incas, como los que iban de Ollantaytambo a Chaullay (camino a Quillabamba, todo dentro del departamento del Cusco). Se sabe que este territorio fue conquistado en la primera mitad del siglo XV por el inca Pachacútec, quien ordenó construir Pisac y Ollantaytambo para recordar sus hazañas militares, y los convirtió, junto con otros lugares de la zona, en su hacienda real. Al pie de una montaña a orillas del Urubamba, particularmente, levantó una ciudadela de hermosos edificios y andenes. Sí, Machu Picchu.

Atajo histórico
Cuenta la historia que años después Pachacútec conquistó Vitcos (Vilcabamba), base que le podía servir para atacar a los chancas si es que estos amenazaban nuevamente su reino. Partiendo de Vitcos, Pachacútec podía seguir la misma ruta que luego, alrededor de 1540, utilizaría Manco Inca para atacar a los españoles entre Andahuaylas y Ayacucho. Para abrirse camino hasta Vitcos, el Inca siguió río abajo penetrando por la quebrada de Machu Picchu y conquistó el valle de Amaybamba, hoy llamado Lucumayo.

Ya dominada toda la zona, Pachacútec abrió una nueva ruta más directa para llegar a Vitcos desde Ollantaytambo: subía por el abra de Pantiacalla para bajar al valle de Amaybamba cerca de Chaullay, donde los incas construyeron un puente llamado Chuquichaca. Así, con el tiempo la ruta que atravesaba Machu Picchu fue dejada de lado por ser más difícil y despoblada. A los españoles este camino no les llamó la atención, ya que estaban interesados en asuntos militares y para ir del Cusco a Vitcos más rápido se llegaba por el abra de Pantiacalla. Esa fue la ruta que se utilizó durante el virreinato e incluso hasta fines del siglo XIX.

¿Qué fue entonces de Machu Picchu? Según un documento de 1568 que se encuentra en el archivo departamental del Cusco –perteneciente a los papeles del Convento de los Agustinos–, allí se cultivaba coca seguramente para pagar el tributo exigido por los españoles. Se menciona también al español Gabriel Suárez, que compró las tierras de Quinte Marca a Gonzalo Cursirimachi, curaca de Ollantaytambo.

Este español era famoso por viajar y negociar entre los indios que vivían tierra adentro de Ollantaytambo y fue quizás el primer extranjero que conoció la ciudadela que hoy llamamos Machu Picchu (y que entonces se conocía solo como Picchu). En otro documento de la misma época, donde se menciona la tasa impuesta por el virrey Toledo al repartimiento de Calca, se dice que a los indios de Picchu les correspondía reunir 105 cestos de coca cada año, los mismos que debían ser puestos en Ollantaytambo por el valor nominal de 210 pesos. Sin embargo, en la década de 1570 los españoles tomaron el bastión de los últimos incas rebeldes en Vilcabamba, despoblándose la zona y abandonándose pueblos y comarcas.

A lo largo del siglo XVIII fue surgiendo un mito sobre Vilcabamba (o Vitcos). Se decía que allí los incas habían enterrado riquísimos tesoros para que no cayeran en manos españolas. Así, diferentes viajeros y aventureros empezaron la búsqueda de esta ciudad perdida. Pero no todos los exploradores de esta región estuvieron movidos por la codicia. Está el caso de Pedro Nolasco, quien llegó a Choquequirao en la segunda mitad del siglo XVIII y diferenció por primera vez la arquitectura inca religiosa de la civil; ese estudio lo publicaría posteriormente en el Mercurio Peruano.

Exploradores, huaqueros y viajeros, tanto peruanos como extranjeros, recorrieron este territorio durante el siglo XIX: el Conde de Castellar, Marcoy, Gibbon, Squier, Raimondi, Wiener, Markham y el peruano Palacios, entre otros. A comienzos del siglo XX, exploradores y agricultores del Cusco peinaban a la zona en busca de andenes donde cultivar. Se sabe que Gabino Sánchez, Enrique Palma y Agustín Lizárraga llegaron a Machu Picchu, y en el caso de Lizárraga que incluso arrendaría los andenes a los propietarios de la hacienda donde se encontraba oculta la maravilla. Pero su interés solo estaba centrado en la andenería, no en los restos arqueológicos. Entró en la ciudadela a huaquear y de esta manera juntó una pequeña colección de objetos, pero nada más. Es que en el Perú de ese entonces el desinterés por los restos prehispánicos era notorio. Baste decir que recién en 1905, José Toribio Polo le dio por primera vez la categoría de objeto artístico a una pieza prehispánica: la Estela de Raimondi.

Bingham en Machu Picchu
En 1908 el explorador Hiram Bingham (nacido en 1875 en Hawaii) llegó a Santiago de Chile como presidente de la delegación estadounidense para el primer Congreso Científico Panamericano que se realizó en esa ciudad. En febrero del año siguiente decidió recorrer a caballo la antigua ruta colonial que iba de Buenos Aires a Lima, pero partiendo del Cusco. Llegado a la capital de los incas junto a su amigo Clarence L. Hay, tomó contacto con el prefecto Núñez, quien lo animó a unirse a una expedición que partiría a Choquequirao en busca de tesoros enterrados. Al llegar a este lugar, Bingham concluyó que no se trataba de Vitcos o Vilcabamba, como se creía, y decidió organizar una expedición para encontrar el último refugio de los incas rebeldes tras la ocupación española.

Al volver a Estados Unidos, Bingham hizo grandes esfuerzos para conseguir el apoyo económico que necesitaba para organizar una expedición científica integrada por diferentes especialistas que viajará al Perú en busca de la ciudad perdida de los incas. Después de muchas negociaciones, esta quedó conformada finalmente por el geólogo Isaías Bowman, el botánico H.W. Foote, el cirujano W. G. Erving, el topógrafo Kai Hendriksen, el ingeniero H. L Tucker y P.B Lanius como secretario auxiliar. La expedición llegó al Cusco en junio de 1911 y contó con la colaboración del doctor Albert Giesecke, rector de la Universidad San Antonio de Abad, y del vecino cusqueño César Lomellini. Después de recorrer durante dos semanas el cañón del Urubamba, llegaron por indicación de Giesecke al puente de Mandor.

Desde ese punto fueron guiados por el guardián del lugar, Melchor Arteaga, para subir el 24 de julio de 1911 a Machu Picchu, la fabulosa ciudadela cubierta de vegetación. Inmediatamente se les encomendó al ingeniero Tucker y al auxiliar Lanius que, en la medida de lo posible, limpiaran las ruinas para poder hacer un mapa topográfico. Esta labor duró varias semanas y fue revelando la gran extensión y belleza del sitio, llamando la atención de los expedicionarios los edificios de granito blanco. Bingham entonces regresó a Estados Unidos, pero solo para organizar una nueva expedición científica que estudiara con mayor amplitud esta maravillosa ciudadela inca y la diera a conocer al mundo entero.

Para todo el mundo
Efectivamente, en 1912 Bingham organizó desde Estados Unidos una expedición mayor para estudiar Machu Picchu y sus contornos. Contó con el apoyo de la Universidad de Yale (especialmente de un acaudalado miembro de su junta de directores), de la National Geographic Society de Washington y de su propia esposa, Alfreda Mitchell, una millonaria norteamericana que era propietaria, nada menos, de la joyería Tiffany de Nueva York. Aún así, debido a los altos costos, varios de los expedicionarios partieron al Perú sin recibir un sueldo, cubriéndose solamente sus gastos de viaje.

El grupo de trabajo, conformado por profesionales de alto nivel, salió del puerto de Nueva York en mayo de 1912 y permaneció un año entero en Machu Picchu. Estuvo conformado por el geólogo Herbert Gregory, el osteólogo George Eaton, el topógrafo Albert H. Bumstead, el arqueólogo e ingeniero Ellwood C. Erdis, el cirujano Luther Nelson, el ingeniero topógrafo Kenneth Heald, el topógrafo auxiliar Robert Stephenson, el auxiliar y secretario Paul Bestor y los auxiliares Osgood Hardy y Joseph Little. Varios sufrieron diferentes enfermedades y accidentes durante su estancia en Machu Picchu (levantaron su campamento sobre los andenes del lugar), pero con gran esfuerzo y la valiosa colaboración de los campesinos del lugar se llegó a limpiar y fotografiar el sitio. También se realizaron los primeros trabajos de geología, fauna y flora en el lugar, se descubrieron muchas tumbas y se estudiaron y clasificaron los restos allí encontrados.

En 1913 la revista National Geographic –ya toda una institución científica internacional– cumplía veinticinco años de fundada. A insistencia de Alexander Graham Bell (el inventor del teléfono), en ese entonces director de la National Geographic Society y fundador de la revista, toda la edición de aniversario fue dedicada a Machu Picchu y así el mundo entero pudo conocer esta ciudadela inca que hoy es una de las 7 maravillas modernas. Lo que se mostró en las páginas de ese número especial fueron los estudios y las fotografías realizadas por la expedición encabezada por Bingham el año anterior en el Cusco.

Turismo masivo
A partir de su difusión en National Geographic, la comunidad científica internacional puso los ojos en Machu Picchu. Ese mismo año de 1913 se empezó a construir el ferrocarril que cubría la ruta Cusco-Quillabamba, pero como fue hecho por etapas, recién en 1928 llegó a la estación de Machu Picchu, permitiendo desde entonces el inicio del turismo hacia este lugar. Sin embargo, hasta 1939 solo una o dos veces al mes pequeños grupos ascendían lentamente a pie o en mula hacia la ciudadela.

Ese año llegó a Machu Picchu otra expedición científica, esta vez financiada por Axel Werner Gren, dueño entre otras industrias de Electrolux y considerado uno de los hombres más ricos de Suecia. Esta expedición fue dirigida por Paul Fejos, médico de profesión y director de cine húngaro-estadounidense que contó con la colaboración ejecutiva de Alberto Giesecke Mattos (hijo del rector de la Universidad San Antonio de Abad que dos décadas atrás ayudara a Bingham; actualmente, a sus 96 años, vive en Lima). Esta expedición –compuesta por etnólogos, fitólogos y lingüistas–, recorrió, estudió y limpió el camino inca que décadas después se convirtió en una de las formas más populares de acceder a Machu Picchu.

Cada vez más visitantes frecuentaban la zona y en 1948 se abrió la carretera que va de Aguas Calientes a la ciudadela y que fue inaugurada por el propio Bingham en la que fue su quinta y última visita al Cusco (antes había llegado en 1909, 1911, 1912 y 1915). Con el desarrollo de la industria de la aviación después de la Segunda Guerra Mundial se incrementó el turismo. En las décadas de los sesenta y setenta empezó a hacerse habitual en la capital de los incas un nuevo tipo de turista, generalmente joven, atraído por un sentimiento místico hacia el llamado “ombligo del mundo”.

Luego de la grave crisis social y económica que atravesó el Perú en la década del ochenta, que afectó profundamente al turismo, en los noventa este sector se revitalizó y empezó la transformación del Cusco. En julio del 2007 Machu Picchu fue elegido como una de las 7 maravillas del mundo moderno y se convirtió, definitivamente, en un ícono mundial. Hoy, Cusco es sin duda la ciudad más cosmopolita del Perú, cuenta con todo tipo de servicios y los adelantos tecnológicos más avanzados, y Machu Picchu se prepara para celebrar el centenario de su descubrimiento. La ciudad sagrada de los incas, otra vez, en el centro de la atención mundial.

Promperu/El Comercio




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Machu Picchu: Intiwatana

Roca madre intrusiva, punto ceremonial que se puede traducir como Inti = sol y wata = año, que fue un lugar de estudio del año solar donde se pudieron determinar los solsticios y equinoccios. Muchos estudiosos afirman que los Intiwatana servían como hitos direccionales en cuyos ángulos se puede encontrar el norte magnético. En todo caso, se trató de un eje ritual de gran significacin religiosa.

El Intihuatana se localiza sobre una pirámide construida en la parte más alta del sector urbano de Machu Picchu. El Intihuatana del Machu Picchu tenía un papel importante en la creencia de los Incas, se usaba en rituales que tenían que asegurar la presencia del sol durante el día más corto del año (el solsticio invernal).

Durante muchos años el intihutana fue considerado un reloj de sol, ya que se tenía la creencia de que los Incas lo usaban para medir el tiempo. Sin embargo, esto parece ser incorrecto ya que en él no se podía medir horas, pero si se podía indicar la posición del sol en sus solsticios extremos y es más brindaba información muy útil para la agricultura con respeto al tiempo en el que se debía plantar y cosechar. Esta información era vital en una sociedad agrícola. Dentro de la cosmología andina, el clima podría ser bueno para ellos si uno rendía culto a los dioses apropiadamente. Si no lo hacían serían castigados con sequias y diluvios, entonces tenían que hacer sacrificios animales o humanos para calmar las furias divinas.

La observación astrológica estaba avanzada en los tiempos Incas, se sabe que eran capaces de anticiparse a los eclipses; conocían las fases de la luna, además de conocer la posición de las estrellas, y creían en sus propias constelaciones.




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Machu Picchu: Las Puertas

Presentan variadas características de textura, tamaño y estilo arquitectónico que las diferencia unas de otras, aunque todas coinciden en su tradicional forma trapezoidal.

Puerta de acceso a la ciudad

Esta puerta imponente tiene a ambos lados y a una altura mediana curiosos orificios que habrían servido de sostén a un tronco horizontal para cerrar esta puerta.

De la misma manera en el suelo se encuentra un círculo de piedra que hace pensar que un tronco vertical habría también  contribuido a asegurar la cerradura del acceso principal




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Machu Picchu: Templo Principal

Se ubica al norte de la plaza sagrada, muy cerca de las Tres Ventanas, construido a manera de wayrana, es decir, rectangular pero sólo con tres paredes; tiene 11 m. Largo por 8 m. de ancho y sus murallas un espesor de 0.90 m. Una piedra esculpida servía de altar al pie del muro principal.

Al frente de la casa del Sacerdote,  tiene buen estilo arquitectónico. Posee tres paredes, dejando el lado que da a la plaza abierto. Los bloques de piedra usados en el edificio son grandes como aquéllos usados en el Templo de las Tres Ventanas y también tienen un fino acabado, tanto en el ensamblaje de las piedras como en el pulido. En la pared posterior hay un altar especial de piedra y las tres paredes poseen nichos trapezoidales de un acabado muy bueno.




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Machu Picchu: Templo de las Tres Ventanas

Se ubica al oriente de la plaza principal, tiene una gran planta rectangular y el nombre se debe a que en la parte matriz existen tres hermosas ventanas más dos vanos ciegos. El tipo arquitectónico desarrollado en este recinto juntamente con el templo principal es el más impresionante de todo Machu Picchu: son enormes poliedros finamente esculpidos y unidos con milimétrica precisión.

El Templo de las Tres ventanas, es un edificio imponente por los grandes bloques de piedra que se usaron para su construcción, los cuales se pulieron y encajaron fina y perfectamente uno con el otro. El edificio es de forma rectangular y sólo posee tres ventanas, se dejó abierto el lado que da a la plaza dónde se agrupan una serie de bloques, los cuáles parecen haber servido como una columna.

Se dice que es una representación simbólica del Tamputocco, o cerro con tres ventanas de donde, según el mito de los hermanos Ayar, salieron los Incas el día de la creación.




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Machu Picchu: Roca Sagrada

Presenta una pieza monolítica labrada de 3 m de altura y 7 m de base que se asemeja a un felino. De otro ángulo se observa como el perfil de una montaña circundante a Machu Picchu. Por las caractersticas que presenta este grupo, más las dos “huayranas” habitaciones de tres muros, cumplieron posiblemente funciones rituales.

En uno de los más notables evidencias de la estrecha relación simbólica y religiosa del conjunto urbano inca y su entorno paisajístico. La mole rocosa de 7 m de largo por 3 de alto cuya cara plana da a la plaza imita el perfil de la montaña del frente, el Apu Yanantin. Un caso parecido puede encontrarse en el sector de las fuentes en Ollantaytambo.




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Machu Picchu: El Templo del Sol

Es una construcción semi-circular edificada sobre una roca maciza, bloque de granito existente adaptado a la curvatura natural cuyo permetro es de 10.50 m. En este edificio se hallan dos ventanas trapezoidales con protuberancias en cada esquina, en el lado norte se observa una puerta finamente labrada con horadaciones en sus jambas, muy similares al del Templo del Qoricancha en el Cusco.

Cuando Bingham encontró este grandioso edificio muy finamente construido en forma de torre semi-redonda, pensó inmediatamente que era similar al Templo del Sol (El Koricancha) en Cusco, y este templo en Machu Picchu también era un templo dedicado al sol. Y parece que él no estaba equivocado al pensar que las dos ventanas estaban alineadas a los puntos dónde el sol sale por las mañanas del verano y solsticios del invierno, el día más largo y más corto del año, respectivamente.

Aparte de la identificación de los solsticios los astrólogos incas podían también tomar las decisiones acerca de los meses o tiempos en los cuales plantar y cosechar, además podían saber a cerca de los cambios en las estaciones, y cuándo plantar ciertos productos. La observación del sol se complementó con la observación del cielo por las noches, estudiando las constelaciones cuyas apariciones y desapariciones también ofrecían una información útil para la agricultura.

El Templo del Sol se construyó encima de una gran piedra que se pulió finamente y los Incas levantaron las paredes siguiendo los contornos de la piedra original. Debajo del templo existen cavernas dónde se encontraron tumbas, estas fueron nombradas como las Tumbas Reales.