Aproximación a los queros incaicos de la Colonia

Figura 7. Pictografía de Inkapintay. Ollantaytambo, Cuzco. Foto: Valentí Zapater.

Como se dijo, las representaciones de flores del tercer campo decorativo son de dos tipos, la primera de las cuales es de mayor tamaño y ocupa toda la extensión del ancho de la banda. Sus tres unidades casi se entrelazan, pues sus pétalos y estambres se introducen a las hojas de la flor precedente. Es muy parecida al tipo de flor que porta la mujer Inca y que ha sido identificada como kantuta (Cantua buxifolia), sin embargo, una observación más detenida nos indica que se trata de la que ha sido identificada como Chiwanway (Zephyranthes flammea) (Vargas 2001: 91). Su tamaño la colocaría en una posición jerárquica superior al segundo tipo de flor que es notablemente más pequeña; ésta, hace de “rellenadora” de los espacios dejados por el Chiwanway y dirige sus pétalos y estambres hacia la derecha y ha sido identificada como el Ñucchu (Salvia oppositiflora) (Vargas 2001: 93). En otro contexto, esta vez como decoración de la lliklla de una Coya en una pintura del Museo Inka del Cuzco, cumple la misma función, al rellenar los amplios espacios de la mantilla.

Consideraciones más amplias de la figura del dragón

Figura 8. Nótese el escudo y el casco guerrero incas encima de la cabeza del uturunku. Colección Poli, Lima. Foto: Wilfredo Loayza.

El quero MO-10395 ha sido objeto de interés de diversos investigadores que lo han interpretado como la representación de una Coya y la serpiente Amaru, disfrazada por el icono dragón, también llamado “basilisco”, importado de Europa (Cummnis 2004; Flores et al. 1998; Gisbert 2008; Liebscher 1986a). Un análisis más detenido nos demuestra los matices que asume esta singular representación europea. Revisemos algunas evidencias disponibles.
La representación de un dragón de estilo pre-renacentista ha sido documentada en la Huaca Tres Palos del Complejo Maranga en el marco de trabajos del Instituto Riva Agüero (Cárdenas 1970). Se trata de restos de naipes tempranamente introducidos por los conquistadores que “fueron impresos en la técnica de la entalladura en madera, en líneas muy finas sobre papel blanco tipo cartulina.” (Estabridis 2002: 84, lámina 13). En el fragmento de naipe ilustrado se puede apreciar la parte posterior del cuerpo de un dragón de ala membranosa con bandas transversales que delimitan espacios cuadrangulares con puntos y pequeños círculos inscritos. Su estilo data entre el siglo XV y XVI, con reminiscencias medievales (Estabridis 2002: 85). Esta representación tiene un correlato en España en el dragón representado en el “Libro de juegos de todas las suertes” impreso por Juan Joffre en Valencia en 1518 (Estabridis 2002: lámina 14).

Por otra parte, en la Nueva Corónica de Guamán Poma este animal mitológico aparece representado tres veces. Dos de ellas en contextos que indican su íntima relación con lo hispano; en primer lugar, cuando el dragón se mimetiza con el roleo que sirve de cenefa que decora el inicio de la sección “Primera Conquista de este Reino”, es decir, la conquista española de los incas (Guamán Poma 1993: 279 [1615]). La segunda aparición es cuando se identifica con la figura del “corregidor” en la ilustración “Pobre de los indios…”, que muestra los males que agobiaban a los nativos (Guamán Poma 1993: 565 [1615]) y, la tercera representación se ubica en el territorio al este del Tawantinsuyu, la selva o Antisuyo, en la ilustración “Mapamundi del reino de las indias…”, en donde aparece con un unicornio y otros animales (Guamán Poma 1993: 812,813 [1615]).

Figura 9. Mural en el interior de la Iglesia de San Cristóbal de Rapaz. Nótese el personaje “dragonado” verde sobre el cual está parado el arcángel. Oyón, Lima. Foto: Victor Falcón.

Finalmente, un tercer tipo de contexto iconográfico en donde aparece la figura del dragón son las representaciones católicas coloniales. Como, por ejemplo, atributo de la “Virgen Apocalíptica” y en la “Inmaculada Concepción” a los pies de María (Leonardini y Borda 1996: 256). Asimismo, personajes “dragonados”, vale decir con algunas de las características del dragón, como son: la cola o las alas membranosas, representando el mal o al demonio están presentes en la escena del Arcángel Miguel derrotando al dragón (Leonardini y Borda 1996: 119), repujados de plata o en la pintura mural del interior de la iglesia de Rapaz, en Oyon, Lima (Figura 9).

De manera que tenemos diversos contextos en donde el dragón expresa diferentes conceptos, matizando sus significados durante la Colonia. El dragón como símbolo en naipes que trajeron los primeros españoles para su distracción, vale decir, en un artefacto lúdico en donde este animal fabuloso estaría más vinculado a sus antiguos significados europeos “paganos”. El dragón abriendo la era española en la historia andina, representando al abusivo “corregidor” o habitante del confín del mundo andino (Guamán Poma). Adicionalmente, el dragón como contraparte o pareja complementaria de una mujer de la nobleza nativa, posiblemente, alter ego del Inca y asociado al felino, el arco iris y a flores que se abren luego de las primeras lluvias, lo cual podría interpretarse como una escena relacionada al poder, la juventud y la renovación (quero inca-colonial MO-10395) (Mulvani 2004: 418).

Así pues, la figura del dragón ofrece un cuadro matizado de significados estratificados, y también traslapados, pues llega a ser adoptado por la élite nativa incaica de la Colonia para, probablemente, representar un antiguo concepto (el Amaru) que, conviene aquí recordar, era también uno de sus significados primigenios (serpiente) en el Viejo Mundo. Constatamos así nuevas posibilidades de coincidencia que a veces no tomamos en cuenta al proponer interpretaciones de la “guerra de las imágenes” sostenida entre europeos y andinos a partir del siglo XVI. En nuevas condiciones, los incas constituyeron sólo un segmento de la sociedad colonial, en un contexto socio-económico de opresión que, sin embargo, no le impidió solventar la producción de queros que usó como símbolos de distinción de españoles, pero también de otros indígenas igualmente subyugados. Lo que configura un escenario de selección, rememoración, exhibición y re-invindicación de imágenes complejo y dinámico.

image_pdfimage_print

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *