Trabajos de conservación y mantenimiento en el Santuario Arqueológico de Pachacamac

El equipo de conservación estuvo conformado por Victoria Aranguren, Carolina Jiménez, Gianella Pacheco y Leslye ValenzuelaEl Santuario Arqueológico de Pachacamac cubre una superficie total de 492 hectáreas. El área monumental alberga más de cincuenta estructuras arquitectónicas, construidas la mayoría de ellas a base de piedras canteadas, adobes de diversos tamaños e incluso tapiales.

Dada la monumentalidad del santuario, la problemática de conservación es compleja, extensa y difiere en cada edificio.

Uno de los primeros problemas observados se refiere a la fábrica de los adobes. Se calcula en millones la producción de estos adobes, la mayoría de ellos de buena fábrica, sin embargo, se han registrado los que fueron hechos con más arena que arcilla y el resultado de ello es que hay muros que se encuentran literalmente desintegrándose.

Por otra parte, sucede algo similar pero en menor medida con las piedras canteadas que sirven de cimiento para los muros.

Además, se ha registrado que algunos muros no guardan una buena relación entre el ancho de la base y la cúspide. Esto hace que no soporten los embates de las cargas laterales estructurales y los movimientos sísmicos.

Asimismo, se presentan muros altos con poco o ningún grado de inclinación. Por otra parte se han registrado muros que incluyen bases de piedra, cuerpo de adobes y remate de tapia.

Incesante trabajo del equipo de conservación.Esta combinación resulta perjudicial porque los adobes se desplazan más que las tapias durante movimientos sísmicos, generando en estas últimas fracturas y fisuras.

Otro de los factores de deterioro es el producido por los movimientos sísmicos, como el ocurrido en agosto de 2007, que, en pocos segundos, puede resultar más dañino que el conjunto de otros agentes de deterioro.

Otra causa que ha dejado secuela irreparable es el vandalismo, el turismo irresponsable y el tránsito de buses turísticos dentro del santuario, que genera vibraciones y sobrecargas a las evidencias subyacentes.

Finalmente, y no menos preocupante, son los efectos nocivos generados por el arrastre de arena y sales por parte del viento, las fluctuaciones de temperatura y humedad y las precipitaciones pluviales que, en un proceso diario y estacional logran, a largo plazo, restar cohesión a los edificios de barro facilitando su erosión y afectando especialmente a los enlucidos policromos.

Conservación de la autenticidad

Todo patrimonio cultural debe mantener su condición de testigo histórico inalterable. Conservar su naturaleza documental de una o varias épocas en que fue concebida y/o remodelada es la labor principal de la conservación.

En ese sentido, la conservación moderna tiende a minimizar toda intervención a través de la aplicación de técnicas científicas que eviten alterar el diseño y significado originales.

En este sentido, uno de los principios es el de la autenticidad, ya que ésta puede verse distorsionada por la destrucción de estratos históricos, el reemplazo de elementos originales o el agregado de nuevos elementos.

Cualquier aplicación moderna debe asegurar que los efectos sean reversibles, de ahí que cualquier conservación definitiva deba tener clara la compatibilidad del material original y moderno y los efectos físicos mecánicos a largo plazo.

Así también cualquier agregado debe diferenciarse del elemento original, ya que con ello se testimonia la intervención actual y se evita que el material nuevo mimetice con el original, evitando un falso histórico.

Primeras acciones

Una de las primeras actividades en el santuario fue la ejecución del Primer Proyecto de Conservación de Emergencia, interviniéndose en veinte muros en 16 edificios diferentes con serios problemas estructurales que hacían inminente su colapso.

El proyecto fue llevado a cabo como medida urgente para reducir el riesgo de que siga perdiéndose la evidencia arquitectónica. El santuario presenta varios muros con igual inestabilidad por la presencia de forados, huaqueo o antiguos derrumbes.

Se priorizó el uso de recursos hacia la conservación de esos muros y se seleccionó los de mayor gravedad.

Los trabajos de conservación en Pachacamac hacen que el patrimonio cultural mantenga su condición de testigo histórico inalterable.Como parte de las acciones de emergencia, se fabricaron adobes marcados con el año de fabricación para que puedan ser fácilmente identificados a futuro, con medidas acorde a los adobes prehispánicos.

Estos adobes se usaron como relleno ya que se han reutilizado los adobes derrumbados y en buenas condiciones para los paramentos, de tal forma que las secciones conservadas no difieran en textura, sino en el plano exterior ya que las áreas conservadas son más profundas que los planos de paramento originales.

Por otra parte, en la aplicación del mortero de asiento se tuvo cuidado de no exceder la humedad para evitar mayores daños a los adobes erosionados. Otro aspecto importante es enfatizar la naturaleza del proyecto, es decir que todas las intervenciones son de emergencia, puntuales y no tienden a devolver volumen a la extensión total del muro sino sólo a consolidar aquellas secciones criticas que, de no ser conservadas, generarían el colapso general de la estructura.

Por ello se han respetado las sinuosidades de las cabeceras erosionadas ya que por lo general los problemas se encuentran en las bases de los muros.

De esta forma, esta intervención no excede los límites de la propuesta inicial y es ajena al tema de unidad estética que implicaría un proyecto de puesta en valor general. Las intervenciones realizadas están en concordancia con los principios generales de conservación y cumplen el objetivo principal de preservar las evidencias arquitectónicas del santuario.

Recupera ció n del Tem plo Pi ntado Otro de los proyectos iniciados en 2008 es la conservación integral de las pinturas del denominado templo pintado, también conocido como el Templo de Pachacamac. Este edificio albergaba en la plataforma superior al famoso ídolo de madera. En el frontis norte presenta hasta nueve escalones los cuales tenían los paramentos mejor decorados con diversas capas policromas que incluían diseños de aves, peces, plantas y hombres; y a pesar de su deterioro representa actualmente la mejor evidencia de pintura mural en el santuario.

Debido a la importancia y necesidad de realizar intervenciones de conservación destinadas a recuperar las pinturas del templo se propuso un programa de conservación que se ejecutaría en varias etapas. Consistirían en el registro integral de la arquitectura y las policromías murales con el fin de tener el corpus de información digitalizado para su estudio, así como también los análisis químicos de muestras para determinar los elementos componentes.

El siguiente paso es lograr la cobertura general del frontis norte para, de esta forma, aislarlo de los agentes climáticos que en esta zona tienen mayor incidencia por la cercanía al mar. Esta es una empresa costosa y difícil de llevar a cabo pero resulta indispensable y vital para su preservación debido a que sin esta protección no se podrá readherir y consolidar las capas pictóricas.

Actualmente se viene desarrollando el registro general del edificio que consiste en el levantamiento planimétrico, el registro gráfico de los murales, la elaboración de fichas de conservación y arquitectura y la recopilación de toda la información disponible acerca del edificio.

Se han ejecutado además varias actividades de mantenimiento y conservación preventiva, tales como la limpieza de paramentos, estanques y canales, y el retiro de toda vegetación exterior que había crecido cerca a los muros del perímetro en el Acllawasi; restitución del mortero, consolidación de adobes desfasados, así como limpieza general de las plataformas en la pirámide con rampa Nº 1.

Otros edificios que reciben este trato son el complejo de adobes, con intervenciones de limpieza y mantenimiento; la tercera muralla con la portada de la costa, que se encuentra fuera del área cercada y que por ello es usado como botadero de residuos sólidos y desmonte, además de las pintas que se realizan sobre los muros. Por último, la supervisión permanente de los sitios, en especial el templo del Sol, que recibe la intensa afluencia de visitantes en sus plataformas superiores.

Todas las acciones descritas están orientadas a minimizar gradualmente el alto riesgo en que se encuentran las estructuras afectadas, ejecutando una política de mantenimiento y monitoreo permanentes.

Dada la monumentalidad del complejo arqueológico aun queda mucho trabajo por realizar, sin embargo el INC y el Museo de Sitio de Pachacamac tienen como uno de sus proyectos principales dentro del santuario la conservación del mismo en favor de su preservación a futuro.

Aníbal Chávez

image_pdfimage_print

Deja un comentario