Toqto: Combate en las alturas

Miro el GPS. Marca exactamente 4.648 metros sobre el nivel del mar. A esa altitud la puna muestra su paisaje habitual: frío, agreste y desolado. Los primeros guerreros llegan a las once de la mañana armados con ‘warakas’ (hondas) y ‘liwis’ (sogas con un pedazo de metal atado al extremo). Se reúnen en grupos, uniformados con sombreros y casacas que llevan bordados mensajes intimidantes como “sangre y muerte” o “furia de leones”. Esa es toda su protección contra la lluvia, el granizo y las piedras que caerán a lo largo de la jornada. Es 20 de febrero, Día de Compadres en Cusco.

Mientras en varios pueblos las personas hacen los festejos previos al carnaval, en el cerro Toqto, en el límite entre las provincias de Canas y Chumbivilcas, la gente se prepara para el combate. Los bandos se juntan en las cumbres de dos colinas separadas por una extensa hondonada cubierta de ichu y agua. Ahí se librará la batalla. Pero el enfrentamiento tarda en producirse. Primero los hombres beben y lanzan insultos con gritos que atraviesan toda la pampa.

Mientras dura la calma, algunos practican con la ‘waraka’. Elisbán, de 18 años, me dice que el secreto es llevar siempre la honda cargada en una mano y una piedra en la otra. Perder segundos en buscar municiones puede ser fatal. A pesar de su juventud, es un veterano de batallas rituales. Ha participado del Chiaraje –un combate similar entre caneños que se realiza cada 20 de enero– desde los ocho años. Al Toqto asiste hace dos. Nunca ha visto un muerto, pero sí varios heridos de gravedad.

Jorge Puño (40) es otro experimentado combatiente. Al igual que Elisbán, es de Quehue y pelea por el bando caneño. Él sí ha visto gente perder la vida. “Recuerdo un año, la sangre corría como agua por el suelo. Me asusté y tuve que retirarme”, cuenta dibujando un surco en la tierra con su dedo. La última vez que alguien falleció a causa del Toqto fue en 2011. Un hombre fue golpeado por una piedra en la cabeza. Murió de camino al hospital más cercano, situado en Yanaoca, a unas dos horas. Lo peor que le pasó a Jorge fue recibir un impacto en la rodilla que lo dejó tres meses sin poder caminar. “Desde entonces voy siempre en la retaguardia. De joven es distinto, te gusta estar en primera línea y corretear chumbivilcanos”.

Estilo prehispánico

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