Textiles del Perú, artesanía de bandera

Alguna vez el chef español Ferrán Adriá comentó que Gastón Acurio personificó la gastronomía peruana para luego promocionar sus valores democráticamente. ¿Podría hacerse algo así con la artesanía? En palabras de Madeleine Burns, directora nacional de Artesanía del Mincetur, no es el caso, sino que más bien “se necesita definir una línea de bandera, la cual podría centrarse en la difusión, primero, de nuestros textiles”.

Cada región del Perú tiene una larga tradición de textiles, y este arte es probablemente el más conocido de nuestro país. Y se hace inevitable recordar los mantos, fardos y vestidos prehispánicos, afamados en el mundo entero, presentes en los mejores museos. Pero, ¿es solo un arte del pasado?

Burns nos responde que no, que se mantiene vivo, dinámico. “El textil peruano está vigente. Aproximadamente el 54% de ventas de artesanía peruana son textiles”, afirma Burns. Tenemos muchos creadores en esta rama que diseñan piezas únicas. Y también hay gran cantidad de diseñadores de moda que trabajan con la estética de los textiles peruanos”, afirma la directora.

La promoción de nuestros textiles formará parte de un Plan Nacional de Artesanía, coordinado por el Mincetur junto a otras instituciones públicas como el Ministerio de Cultura (Mincul), así como instituciones privadas.

HACIA UNA MIRADA MÁS PROFUNDA

El antropólogo César Ramos concuerda en el valor de nuestros textiles y en lo adecuado de tomarlos como línea de bandera para nuestra artesanía. “Desde hace 10 mil años tenemos un arte textil importante, que se manifestó primero en cabellos humanos y luego con plantas. Desde entonces hasta hoy es una forma de comunicar”, dice Ramos.

Para el antropólogo es imprescindible profundizar en el conocimiento de los textiles para preservar técnicas y conocimientos. “Se han perdido muchas variedades de algodón de color, puesto que se privilegió durante siglos el cultivo del algodón blanco o pyma, y, por ejemplo, hemos olvidado algunas técnicas de hilado de hebras muy inas”, airma.

Sin embargo, su preocupación mayor es el enfoque que se le da a nuestra artesanía. “Hay poca difusión de lo que signiica. En el caso del textil, por ejemplo, los bordados kené shipibos son un diseño complejo, una forma de escritura. La etnia shipibo no tenía una comprensión lineal de la vida, por eso su iconografía es abstracta, es una síntesis del tiempo”, señala.

Ramos pide, asimismo, que se le dé mayor valor a nuestros productos. “Las comunidades productoras, como el caso de Sarhua y sus tablas, deben ser socios estratégicos del Estado, como ocurre en Japón o Corea, y sus productos deben ser valorados dentro del canon artístico”, explica Ramos.“La gastronomía peruana apuntó a ser alta cocina y no comida rápida. Lo mismo debe pasar con la artesanía”, apunta el antropólogo, quien señala que existe un mercado internacional para eso.

DE VALOR ARTÍSTICO

La historiadora del arte y curadora Gabriela Germaná concuerda en la necesidad de estudiar con mayor profundidad la artesanía. Propone realizar investigaciones multidisciplinarias sobre productos artesanales, desde la crítica de arte, la antropología y el marketing.

“Preguntemos a los mismos creadores qué piensan de lo que producen sobre sus técnicas, sus innovaciones, si se sienten artistas”, dice Germaná. Esto, añade, ayudaría a lanzar los productos con estudios de fondo, lo que mejoraría su imagen y difusión.

A su vez, apunta que la primera labor para difundir la artesanía es revalorarla al nivel del arte. “Se ha creado un mercado artesanal tan fuerte que los mismos artesanos no se reconocen ni se desarrollan como artistas.

”Explica, además, que la producción artesanal ha cambiado dramáticamente en las últimas décadas. “Muchos se sienten artistas y lo son, pues trabajan piezas únicas y renuevan estéticas y técnicas rápidamente, sin desdeñar su tradición. La artesanía peruana no se ha quedado en el pasado. Para destacar eso es necesario explicar todo el proceso de creación de las piezas”, puntualiza.

LA GRAN FERIA DE ARTESANOS

¿Qué pasa en el mercado interno? ¿Es posible soñar con un evento de artesanía tan grande como Mistura? La directora airma que le encantaría una feria de esas dimensiones. Y quizá valga la pena soñar, viendo las múltiples ferias artesanales, como el Ruraq Maki del Ministerio de Cultura, así como otras privadas alrededor del país.

Pero no es tan sencillo. “La artesanía no es un producto de primera necesidad como es la comida”, dice la directora. Además, “los peruanos consumimos artesanía, pero no en todos los sectores, es un poco más elitista”, añade.

Por el momento, el Mincetur organizará en noviembre la feria Nuestras Manos, con participación de numerosos creadores, en la cual se realizará un desile de modas con diseñadores. A su vez, el ministerio aspira a presentar un área de artesanía en el próximo Mistura, “donde podamos presentar objetos como las magníficas ollas tradicionales”, afirma la directora.

GALARDONES A LOS MAESTROS

El Mincetur otorga tres premios que reconocen el talento de nuestros creadores, todos a escala nacional. El primer semestre de cada año entrega los premios Amauta de la Artesanía, que destacan la preservación de un arte tradicional. En la edición de este año se reconoció a la ceramista awajún Toetseg Chigkin Juwau, al imaginero cusqueño Antonio Olave Palomino y al tejedor puneño Francisco Huatta.

A su vez, junto al Congreso de la República, brindan la medalla Joaquín López Antay que reconoce la trayectoria de los artesanos. Y a partir de este año, cada noviembre entregarán el Premio Nacional de Artesanía a creadores que destaquen por su innovación tecnológica y el uso de técnicas tradicionales. Asimismo, coordinan con la Unesco el premio Excelencia a la Artesanía, con los estándares de esta institución internacional.

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