Pucllana ya tiene asegurada inversión para nuevo museo de sitio

Huaca mejor conservada del perú. Hace 33 años, este sitio arqueológico era un cerro lleno de basura e invadido por gente de mal vivir en Miraflores. Hoy ofrece datos sobre la historia prehispánica de Lima. Plan Copesco elabora expediente técnico.

Carlos Contreras Chipana.
Una de las huacas mejor conservadas del Perú se encuentra rodeada por decenas de edificios que crecen en dirección al percudido cielo de la ciudad. Desde el nivel más alto de su pirámide principal, de 15 metros de altura, sería imposible que hoy el sacerdote de la cultura Lima pueda rendir culto a la divinidad del tiburón. El mar oculto está, y eso ya es inevitable.
La arqueóloga Isabel Flores Espinoza es una fiel testigo del inminente encierro en el que sobrevive este espacio milenario situado en Miraflores. Las sensaciones que la invaden por tal situación se perciben en su rostro, pero prefiere contenerse. A veces nomás suelta frases, pero siempre es cautelosa. En los últimos 33 años, la huaca Pucllana se ha convertido en el hogar que siempre soñaba de joven. Sin sentirlo, por la vorágine que ha vivido entre hallazgos, ha pasado los 60 años y es responsable de hurgar entre los restos de una civilización que floreció entre los 200 y 700 de nuestra era. Su trabajo es de hormiga.
Cuando termine nuestra visita, la doctora Flores nos pedirá que volvamos a la huaca Pucllana. “Regresen cuando gusten”, nos dirá, pero –tres horas antes– a las 11 y 30 de la mañana del jueves, ella nos recibe en su oficina de triplay. El espacio destaca por el curioso contraste con la monumental construcción de barro que nos hace sombra. “Estamos en el primer nivel de los 7 que se han rescatado de este patrimonio que llegó a tener una altura de 25 metros”, explica la arqueóloga tacneña. La huaca Pucllana es como su hija: la vio renacer y relucir como una joven con 16 siglos encima. En los 33 años de investigación, se han recuperado 6 hectáreas de las 18 que formaban este sitio ceremonial y administrativo de los primeros habitantes de Lima. También se han hallado momias e innumerables piezas y telares.
Un nuevo museo de sitio
Isabel Flores sonríe cuando escucha que “su huaca” es el origen de Miraflores. En otro momento, infla el pecho: aclara que Pucllana es una de las mejor conservadas del país junto a las huacas de la Luna y del Dragón (en La Libertad). El alcalde del distrito, Jorge Muñoz, quien nos acompaña en el recorrido, anuncia que el Plan Copesco (del Mincetur) va a financiar el 100% de la construcción del nuevo museo de sitio y espera que a fin de año acaben el expediente técnico. La arqueóloga, en otra oficina, abre cajas y nos muestra telares originales, con figuras wari, que lucen escondidos. “El museo será de un piso, pero tendrá todo lo que ve. ¿Qué tal?”, dice, y ríe.

Antes de que llegaran los españoles –incluso los incas– a lo que hoy es Lima, existía hace 1.800 años una población pacífica que se dedicaba a la pesca y agricultura. Estas actividades eran productivas por su cercanía al mar y a los valles de Chillón, Rímac y Lurín. Algunas familias vivían cerca de la huaca Pucllana y mantenían una estrecha relación con los habitantes de las huacas cercanas como Maranga, Pachacamac y Cajamarquilla.
En el año 700 después de la era actual, la cultura Lima fue sometida por el imperio Wari y la huaca Pucllana se convirtió en un cementerio en el que enterraban a las autoridades dominantes que iban de Ayacucho a Lambayeque. Los ychsma después, entre 900 y 1470, fueron los primeros ‘huaqueadores’.
La doctora Flores llegó por primera vez a Pucllana cuando corría el año 1981. Sus colegas sentían pena por ella. La huaca estaba invadida por prostitutas y drogadictos. Era un cerro que se hundía por enormes montículos de basura. A Flores le habían encomendado hacerse cargo de la recuperación de aquel sitio arqueológico que guardaría una valiosa historia prehispánica de Lima.
El entonces alcalde de Miraflores, Jorge Rodríguez Larraín, había logrado firmar un convenio de cooperación con el Instituto Nacional de Cultura. Debía conseguir fondos para esa labor y cumplió. Desde ese año hasta hoy se continúa con este modelo de gestión que asegura las labores de investigación y conservación del lugar que en los cuarenta fue lotizado y que Julio C. Tello, en esos años congresista, declaró intangible.

El nombre de Pucllana encierra una anécdota. La historiadora María Rostworowski, quien accedió a documentos del siglo XVI, afirma que el último curaca de Lima, Pedro Chumbi Charnan, decía que una de sus tierras terminaba en un lugar llamado Pugliana. Ya con los años se fijó la palabra Pucllana, que en quechua quiere decir “lugar de juego”, en relación a las ceremonias religiosas que se realizaban en el sitio. A la doctora Flores le gustan ambos nombres, pero prefiere el último. Igual, los extranjeros llaman de manera distinta a la huaca, con su español masticado: ellos no se hacen problemas.

La clave

Desde el 2006, la huaca Pucllana cuenta con ingresos propios. Genera el 70% de su presupuesto actual, que viene de varias fuentes: alquiler del lugar que usa el restaurante que se ha habilitado y también por la renta de espacios para eventos, así como las entradas (90 mil visitantes al año).

  • Sociedad

Ver en Web

image_pdfimage_print