Proyecto Arqueológico Sipán – Resultados

Walter AlvaDirector del Museo
Tumbas Reales de Sipán
Resumen de publicación, Octubre 1994

Los trabajos arqueológicos en Sipán proporcionan importante información sobre la sociedad Moche o Mochica, algunos replanteamientos y nuevas perspectivas para su interpretación.  El monumento y sus componentes pueden estimarse como uno de los más importantes centros ceremoniales y de poder de la época.

Pocos monumentos o yacimientos brindan la excepcional oportunidad de documentar un conjunto de contextos funerarios del más alto rango contenidos en una misma estructura sacra. Considerando que gran parte de estos testimonios de la prehistoria nacional están irremediablemente perdidos, Sipán constituye hoy en día la primera oportunidad  para conocer y reconstruir el mundo de los Mochicas.

La información plantea un primer ordenamiento horizontal concéntrico referido a la jerarquía de los personajes sepultados, que van desde el  “Señor” con una triple autoridad, hasta jefes guerreros y entierros ofrendatorios, pasando por la casta sacerdotal que habría ocupado una segunda posición. El ordenamiento vertical evidentemente se refiere a la sucesión temporal de los mismos con sus razonables variantes contextuales.Esta plataforma puede así estimarse como una especie de “mausoleo real” destinado por algunas generaciones a la realeza Mochica del valle y su entorno, Ningún entierro excavado arqueológicamente con anterioridad resultaba tan rico, complejo y revelador.  De otro lado, las diversas fases, fechan dichos eventos funerarios que culminan con la  “Tumba del Señor de Sipán”, emplazada al centro de la última disposición arquitectónica. Las características y contenido de este suntuoso entierro resumen el nivel de desarrollo regional.  El personaje en vida habría ocupado la cúspide de la sociedad Mochica local, probablemente organizada como un reino o “Señorío”.

La similitud de sus ornamentos, emblemas y atuendos de rango y mando, con las representaciones conocidas del arte Mochica, permitieron en primer término comprobar definitivamente la existencia de estos personajes, hasta entonces considerados mitológicos.  Se reconoció así su especial investidura semi-divina y autoridad político-religiosa, planteando asimismo una probable estructuración semejante para todo el ámbito territorial Mochica.

Los señoríos debieron basarse en unidades agrarias. La existencia de varios centros ceremoniales y/o de poder en cada uno de los valles puede indicar su propia dinámica local relacionada entre sí, pero no necesariamente sometida a una entidad estatal macro-regional o a fenómenos de expansión territorial como usualmente se ha teorizado.En este marco, es comprensible la existencia de jerarquías administrativas locales y grupos altamente especializados en actividades artesanales que impulsaron su sofisticación hasta el más alto nivel de desarrollo y una amplia red de relaciones de intercambio comercial y cultural. En el primer caso fueron inventadas casi todas las técnicas y procedimientos metalúrgicos y orfebres, potencializados por las culturas posteriores. En el segundo, quedaron definitivamente establecidas las fuentes y rutas a productos exóticos o de prestigio de cercano acceso: metales, plumas, oro, cinabrio, semillas; o distante alcance por medio de transacciones sucesivas, piedras semipreciosas y conchas, que llegaron probablemente hasta Chile, Bolivia y Ecuador.

En Sipán se encuentra por primera vez la sorprendente correlación entre el discurso iconográfico y los bienes de rango y mando usados en vida, para su reconocimiento como signos de autoridad, por los hombres que regían la sociedad Mochica. Dicha correlación brinda una clave definitiva para identificar el nivel jerárquico de cada uno de los personajes en su correspondiente contexto temporal y reconocer en los cambios formales las innovaciones en la organización, pensamiento religioso y estilo. La etapa culminante de esta sucesión dinástica y creciente jerarquización está representada en el probable orden siguiente:

– El Señor o “Siec” en la cúspide del poder local con una triple autoridad: militar, religiosa y civil,  representado por  los símbolos  «radiantes» o «solares», numéricamente asociados al factor decimal.- El Sacerdote con rango y funciones estrictamente religiosas vinculadas al culto lunar.

– Jefes militares y/o caballeros”, reconocibles por atuendos, armas y emblemática.

– Dignatarios civiles, asistentes religiosos y “soldados” o “Guardias” adscritos a las específicas funciones anteriores.

– Artesanos y especialistas, probablemente pertenecientes a grupos familiares o castas.

– El pueblo común ocupados en actividades productivas diversas.

– “Yanas” o servidumbre asignada a los anteriores estamentos.

Considerando poco probables grandes conquistas territoriales, estos grupos de guerreros o soldados temporales, debieron formar una fuerza coercitiva para mantener el orden local y equilibrio de poder entre los señoríos. La variedad y rica parafernalia ritual, ornamentos y emblemas de rango identificados en cada una de las tumbas de los Señores de Sipán, pese a su diferencia temporal y cambios descritos, mantiene una esencial continuidad simbólica.  Algunos icono-tipos de alta valoración podrían identificar la dinastía local.

Estamos frente al reflejo de la estructura del pensamiento Mochica y su concepción del universo basada en una sucesión de planos y, fundamentalmente, en el dualismo y complementariedad, un concepto de unidad en contraposiciones, inherente a la más antigua y persistente tradición andina, expuesta aquí en un claro lenguaje de símbolos y emblemas de rango y mando asociados a la función de los gobernantes, quienes, encarnando el poder sobrenatural en la tierra, estaban obligados a preservar este equilibrio e interacción cosmogónica. La cámara funeraria en su forma y orientación refleja el orden del universo, con sus cuatro secciones cuadrangulares y diversos niveles donde se disponen acompañantes, ofrendas, emblemas y el complejo ajuar, teniendo como eje central el cuerpo del Señor. Como ha sido descrito anteriormente, cada elemento obedece a esta armónica organización que incluye simbolismos vinculados al carácter divino y autoridad múltiple del personaje, como en el caso de insignias, armas reales o figuradas  y cántaros escultóricos que parecen aludir a la transferencia de súbditos o hazañas en un coherente guión funerario.

En una sociedad agrícola las imágenes, símbolos y metáforas transmiten su constante preocupación por la fertilidad y su relación a la vida.Una apreciación preliminar de las deidades representadas en los diversos ajuares funerarios sugiere jerarquías míticas y cambios progresivos que pueden implicar reveladores ciclos de vigencia, reflejados también en la arquitectura de Sipán y la mayor parte de los monumentos del ámbito Mochica.  Esta observación permite plantear la hipótesis de remodelaciones debidas no tanto a necesidades funcionales o cambios formales del ritual, sino probablemente a grandes ciclos míticos de renovación del tiempo, regidos  por dichas deidades que imponían cubrir y reestructurar la arquitectura sagrada. De los tres grandes momentos de la plataforma funeraria de Sipán, el primero se asociaría a las versiones tempranas del «Ai-Apaec» (con diadema de volutas), «Serpiente pez bicéfala», «helicoidales», «serpiente ave» y búhos, donde los templos estuvieron pintados de amarillo. Esto en el arte alfarero se relaciona parcialmente al Moche Temprano. El segundo momento de Sipán no refleja cambios significativos y el tercero se aplicaría a un segundo gran ciclo general donde las deidades resultan limitadas y adquieren una mayor figuración realista, con evidentes implicancias de mayor estructuración política. Se asocian a murales polícromos y fachadas de color rojo, estilísticamente relacionados a la fase Mochica Medio de Sipán. Un tercer ciclo estaría representado por el último edificio, cuyas características y probables entierros asociados, pertenecientes a otra sucesión dinástica, aún desconocemos (fases tardías).Todos los rasgos y características de los múltiples y complejos testimonios recuperados e identificados en Sipán y su correlación con el área lambayecana, plantean una unidad diferenciada de la tradición sureña y los valles cercanos, advertida para diversas épocas por otros investigadores desde Kroeber (1925), principalmente Kosok (1959,1965), Schaedel (1951), Shimada (1994). Esta diferenciación territorial, que puede tener razonable sustento en las características geomorfológicas de los valles y sus normales fronteras ecológicas, sería también el reflejo de grandes grupos étnicos con diversos dialectos yungas referidos por las crónicas (Calancha  1638): la lengua “Muchic” desde Motupe a Jequetepeque y la “Quingnam” al Sur.

Una evaluación  de  estas  evidencias  y opiniones con nuestra información de los últimos años sobre ambas áreas, permite formular cuatro regiones de desarrollo paralelo:

Central Norte.- Valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y La Leche.

Central Sur.- Valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña.

Norte.- Valle Piura y adyacentes.

Sur.- Valle de Casma, Culebras y Huarmey.

El antecedente de estas diferenciaciones viene desde el Formativo, proyectándose después hacia las dos grandes unidades post Mochica: Lambayeque y Chimú.Sipán, con su valiosa información abre un mayor panorama para la reinterpretación de los Mochicas, mostrando nuevas facetas de su alto nivel de organización, desarrollo y arte. Renovados temas de discusión y reflexiones deberán abordarse cuando la investigación provea de concretos y variados datos de campo, corpus iconográficos integrales y otros indicadores complementarios.

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