Patrimonio en tiempos de paz

No solo guerras y desastres naturales destruyen o ponen en riesgo el patrimonio de un pueblo, sino las obras públicas, según la Declaración de la UNESCO relativa a la destrucción intencional del patrimonio cultural, que en el punto IV, Protección del patrimonio cultural en las actividades realizadas en tiempos de paz, dice: “Al llevar a cabo actividades en tiempos de paz, los Estados deberían adoptar todas las medidas oportunas para hacerlo de manera que quede protegido el patrimonio cultural y, en particular, de manera acorde con los principios y objetivos enunciados en la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de 1972, la Recomendación que define los principios internacionales que deberán aplicarse a las excavaciones arqueológicas de 1956, la Recomendación sobre la conservación de los bienes culturales que la ejecución de obras públicas o privadas pueda poner en peligro de 1968, la Recomendación para la protección, en el ámbito nacional, del patrimonio cultural y natural de 1972 y la Recomendación relativa a la salvaguardia de los conjuntos históricos y su función en la vida contemporánea de 1976.”

Recordamos esto por el riesgo que corre nuestro patrimonio con el proyecto Majes-Siguas II, y con la pretendida imposición del monorriel. A ambas, la Dirección Desconcentrada de Cultura, a través de su directora Julia Barreda Bustinza, ha negado aprobación que ha sido ratificada por la propia ministra de Cultura, Diana Álvarez Calderón Gallo, lo que garantizaría que no se afecte en el primer caso restos arqueológicos de mil 300 años y, en el segundo, nuestro Centro Histórico.

El hallazgo de petroglifos de Gross Munsa de la cultura Wari en lugar conocido como Cancha de los Incas en los terrenos que se irrigarán, no permitirá se otorgue el Certificado de Inexistencia de Restos Arqueológicos (CIRA) y paralizaría el proyecto, lo que se podría superar delimitando para su conservación la zona de petroglifos hasta ahora descubiertos, pero temiendo nuevos descubrimientos. Sin embargo, en lo que respecta al cruce del monorriel por el Centro Histórico, no solo ese es el obstáculo para su implementación, sino, como lo ha señalado Cultura, la falta de expediente conocido.

La propuesta del monorriel presentada solo con el trazo de su recorrido y señalando su elevado costo, ha provocado la oposición técnica del Colegio de Arquitectos, aparte de asociaciones civiles y profesionales, que no piden modificaciones sino que afirman su incompatibilidad con nuestra ciudad y su inoperancia ante el problema del transporte (ver Un monorriel llamado capricho en revista La Ciudad Nº 34), alejando su ejecución, pues las objeciones no se superan con modificaciones, sino que la niegan definitivamente. Se avizora una mayor oposición.

 

(La República)

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