Paiján: deslumbra con sus emblemáticas huacas

Paiján es una localidad peruana ubicada en el distrito de Paiján en la provincia de Ascope del departamento La Libertad. Se encuentra a unos 63 km. al norte de la ciudad de Trujillo.

Esta bella ciudad nos deslumbra con sus emblemáticas huacas que hacen honor a la calurosa tierra liberteña. Acá se puede hurgar en el pasado, sentir la calidez de la gente –expresada con un buen pepián de gallina– y deleitarse con una marinera y el grácil andar del caballo de paso peruano.

Una sucesión de pirámides que en algún momento habrían sido un cementerio moche evidencia la riqueza arqueológica que alberga la provincia liberteña de Ascope, un patrimonio con el que esperan consolidar una ruta turística atractiva. ¿Ayudarán la tradición y la extraordinaria sazón de sus mujeres?

Mi mente se abstrae por un momento. Haydée dijo: “Huele a brujo… la huaca huele a brujo”. Y mientras los demás siguen la charla, yo olfateo el ambiente en busca del aroma a hierbas, a mejunjes, a pócimas mágicas y a brujos. Observo la huaca e imagino ritos nocturnos, de luna llena, con chamanes realizando hechizos, amarres y conjuros.

La huaca se llama Licapa I. Se encuentra a tan solo 15 minutos de la plaza de Armas de Paiján y está en medio del fundo de doña Haydée Medina, quien junto a su esposo cultiva maíz. Cuenta Haydée que vienen escolares con sus profesores y que ella les permite ingresar en su terreno, como nos lo permitió a nosotros; pero dice que quisiera tener un distintivo del municipio.

“Yo los boto, pero los huaqueros son malos; ‘Tú qué te metes’, me dicen. ‘Este no es tu terreno, esta es un área intangible’”. Ella quiere cuidar la huaca de brujos y huaqueros, pero siente que hay indiferencia y eso se nota en la conservación de sus huacas.

Paiján, su nombre deriva del vocablo paycaem, que, según lengua yunga, signiica ‘paraje de aguas y árboles’. La cúster que tomamos en Trujillo nos deja en el terminal terrestre. A unas cuadras ubicamos la plaza de Armas, donde nos espera Carmen Soriano, responsable del área de Desarrollo Económico y Promoción Turística de la municipalidad de Paiján, y el profesor Roñal Bardales.

Ellos nos guiarán por una interesante ruta turística poco conocida y que requiere de
urgente difusión. Si Licapa I fue todo un descubrimiento, Licapa II, ubicada a diez minutos
más de recorrido en camioneta, nos sorprendió gratamente. La huaca Licapa II es más grande. Se trata de varias pirámides que alguna vez fueron un cementerio moche.

Vigilancia y recursos
Roñal encuentra un enorme jarrón roto, lo levanta, se indigna y nos cuenta que cuando los españoles llegaron en 1530, encontraron en este valle tres comunidades de indios: Licapa, Nunja y Yalpa.

“Por eso este asentamiento es importante; aquí se encontraron unos frisos, pero se han tenido que tapar porque no existe presupuesto para estudiarlos”.

Pan de Azúcar
Nuestra ruta continúa hacia Rumimarca, un asentamiento Moche y Cupisnique, que se extiende en las faldas del cerro Pan de Azúcar, cuando unos plantones de ciruelo a la vera del camino nos detienen. No es un sembrío, crecen de forma silvestre, ahí están los frutos rojitos pidiendo ser cosechados.

A los pocos minutos detenemos la camioneta nuevamente: secándose al sol están los maíces de la señora Emérita Briceño. Ella es de Chachapoyas, el amor la trajo a Paiján en 1973 y aquí se quedó; la tierra le ha permitido sacar a sus hijos profesionales. Uno de ellos, el ingeniero, es quien ha cosechado el maíz mejorado como parte de un experimento.

Regresamos a Paiján para almorzar. El menú pinta bien, la marinera de fondo y el clarito acompañan el banquete. Nos recomiendan que no dejemos de probar las patitas en fiambre, que son patitas de cerdo sancochadas en chicha de jora, aderezadas en ají panca, ají amarillo y palillo, acompañadas de zarza criolla y yucas. Y como plato de fondo, pepián de gallina.

Caballo campeón
Durante el almuerzo, nuestros amigos nos cuentan del ‘Sol de Paiján’, aquel caballo peruano de paso galardonado como el más completo que haya existido, campeón de campeones, raíz y tallo para todo criadero. Carmen, al ver nuestro interés, llama por teléfono y coordina la visita al criadero de la familia Vásquez Nacarino.

“¿Por qué no se quedan hasta el  in de semana? Tendremos la  iesta del Señor de los Milagros”, sugiere Carmen. El Señor de los Milagros de Paiján es diferente al de Lima; se le celebra en febrero y no en octubre y este vino por mar y en baúl para bendecir a la población liberteña con mucha pesca. Pero esa historia será parte de una próxima aventura.

 

Texto y fotos:
Luis Yupanqui M.
Fuente:
Revista Lo Nuestro

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