Nuevos descubrimientos en Machu Picchu: Inkaraqay, sorprendentes construcciones al pie del abismo

Las edificaciones fueron dedicadas a la agricultura y al culto a la luna. Se construyeron respetando el trazo de la montaña. Las serpientes venenosas y rocas escarpadas caracterizan el lugar.

Las crónicas coloniales no mencionan a Inkaraqay. Los especialistas del Ministerio de Cultura de Cusco (antes Instituto Nacional de Cultura) no encuentran referencias escritas sobre este sitio inca, que hasta hace muy poco yacía oculto en el lado desconocido de la montaña Huayna Picchu.

Para llegar a la nueva zona descubierta hay que abordar el tren que sale de Aguas Calientes hacia Hidroeléctrica de Machu Picchu. En pleno camino hay que pedirle al maquinista que pare en el kilómetro 117 de esta vía férrea, a solo 20 minutos de la partida. Luego hay que cruzar el río Vilcanota sobre un precario puente de madera y afinar la vista en dirección a las laderas empinadas.

Inkaraqay se presenta como una fortaleza colgante, pues sus muros y terrazas bordean los abismales farallones que se alzan desde la base del valle. Es un emplazamiento inca, de 4.500 metros cuadrados, dedicado a la agricultura y al culto a la luna*.

El sitio lo integran cinco niveles de terrazas agrícolas, una plataforma para rituales, un observatorio con perspectiva a la cima de la montaña Yananti y un muro inca que se extiende hasta el Templo de la Luna, a medio camino de la cima de Huayna Picchu.

“La arquitectura de andenes es superior aquí que en el mismo Machu Picchu”, dice Piedad Champi, arqueóloga residente. Lo dice por los canales de agua que aparecen y desaparecen entre las terrazas. También por las escalinatas con peldaños que sobresalen hasta 70 centímetros de los muros.

“Este era uno de los sectores de donde proveían de alimentos que se consumían en Machu Picchu. Está conectado con ese centro a través de escalinatas que van al Templo de la Luna y luego van por Huayna Picchu”, sostiene Champi y con esto rebate una de las hipótesis entorno a Machu Picchu: que era la hacienda aislada de Pachacútec.

EL CAMINO

Seguir la ruta que propone Champi requiere olvidarse del vértigo para vencer una escalera infinita y escarpada por siete horas. En ciertos tramos el camino se suspende y hay que seguir a través de sogas sujetas a rocas y de escaleras de madera. Un guía, un machete y antiofídicos (tratamiento contra mordeduras de serpientes) son necesarios, aunque los últimos escasean entre quienes ahora realizan los trabajos de limpieza y restauración. “A mi abuelo le ha picado la jergona varias veces. A mí no me pican; ya me conocen”, dice Hebert, uno de los colaboradores, con una sonrisa que deja al descubierto residuos de haber chacchado coca.

Su abuelo, don Germán Echegaray, vive desde hace 70 años en las tierras donde se asienta Inkaraqay. Allí cultivó paltas, café y frutas que vendía en Cusco. Él cuenta que en la década del 40 limpió la maleza que cubría el sitio. “Solo quería aprovechar los andenes para mis cultivos. Además, yo no descubrí nada, porque antes ya habían pasado por acá los madereros”, dice.

Pedro, el único hijo varón de Germán, apoyó hace 30 años la primera iniciativa del entonces Instituto Nacional de Cultura por promover el sitio arqueológico. El proyecto quedó en nada y Pedro volvió a la agricultura, pero la inquietud renació en su sobrino Hebert. Ahora, a sus 26 años, Hebert se ha unido a las filas de los restauradores del ministerio. Es el que más conoce la zona, junto a sus perros Chocolate y Piraña. “Hay 16 tipos de culebras, pero solo la jergona es mortal. También hay gallitos de las rocas, sihuayros y osos de anteojos. Y al menos diez tipos de orquídeas endémicas”, ilustra. La información es corroborada por el biólogo del ministerio, Julio Ochoa.

Inkaraqay, junto al sitio denominado Andenes Orientales (en el lado este de la montaña Machu Picchu) serán integrados al circuito turístico del Parque Arqueológico. Así lo informó el jefe del parque, Fernando Astete. “Andenes será parte del circuito el próximo año. En el caso de Inkaraqay tomará más tiempo”, agregó.

PRECISIONES

El santuario y el parque

1. El Santuario Histórico de Machu Picchu tiene 32 mil hectáreas y fue creado para proteger áreas naturales de gran importancia para el ecosistema, así como varios sitios arqueológicos.

2. El Parque Arqueológico de Machu Picchu, en tanto, ocupa 11 hectáreas. Allí se ubican la ciudadela y sus anexos.

3. El historiador Julio C. Tello no llegó a conocer el sitio de Inkaraqay. Él llegó hasta la zona conocida como Wiñay Wayna. Ese sitio arqueológico está ubicado en el Camino Inca que lleva hasta la ciudadela.

REACCIONES

“Es necesario un plan de manejo”

“Es indispensable que se hagan más investigaciones arqueológicas, pero estas deben contar con un plan de manejo que debe considerar desde estudios hasta la recepción de los visitantes.

Este proyecto es importante para descargar la afluencia turística que tiene Machu Picchu.

Se debe hacer un esfuerzo para que los turistas tengan una buena guía en el lugar, no solo por su bienestar sino del patrimonio. El Ministerio de Cultura tiene la tarea de construir y diseñar estos trabajos en todo el país. Mariana Mould de Pease.

Arqueólogos trabajan en adecuar a turismo zona de ruinas cerca a Machu Picchu

Arqueólogos peruanos trabajan en el acondicionamiento de una nueva zona de restos incas en las inmediaciones de la ciudadela de Machu Picchu, con el objetivo de que los turistas accedan a ella, informó el diario local El Comercio.

Bautizado como Inkaraqay y situado en la ladera opuesta del Huayna Picchu, la montaña que se eleva sobre Machu Picchu, el sitio arqueológico es una fortaleza colgante de 4.500 metros cuadrados que servía, según los estudios, como despensa de la ciudadela inca.

Compuesto por cinco niveles de terrazas agrícolas, una plataforma para rituales, un observatorio y un gran muro inca, Inkaraqay vive actualmente un proceso de limpieza de maleza, restauración que aún tardará unos cuatro años para ponerse al servicio del turismo.

“Este era uno de los sectores de donde proveían de alimentos que se consumían en Machu Picchu. Está conectado con ese centro a través de escalinatas que van al Templo de la Luna y luego van por Huayna Picchu”, explicó la arqueóloga residente Piedad Champi.

Champi agregó que “la arquitectura de andenes es superior aquí que en el mismo Machu Picchu”, en referencia a la gran red de canales de agua que aparecen y desaparecen entre las terrazas que se levantan en la ladera.

En la actualidad, para llegar hasta la nueva zona arqueológica es necesario tomar el tren que parte de Aguas Calientes, el pueblo desde donde se accede en autobús a Machu Picchu, hacia la central hidroeléctrica cercana.

Tras 20 minutos de viaje en dicho tren, es necesario descender del mismo y cruzar el río Vilcanota a través de un puente de madera, tras lo que sólo resta una caminata de 20 minutos por una complicada senda en la que, según aseguran los lugareños, abunda fauna como los osos de anteojos y 16 tipos de culebras.

“A mi abuelo le ha picado la (culebra) jergona varias veces. A mí no me pican; ya me conocen”, dijo a El Comercio Herbert Echegaray, uno de los colaboradores en el proceso de limpieza del sitio arqueológico.

Según contó Echagaray, su abuelo ya trató hace 40 años de limpiar la misma zona, aunque su objetivo era aprovechar los andenes para sus cultivos. Según el ministerio de Cultura de Perú, Inkaraqay será integrado junto a la también cercana zona conocida como “Andenes Orientales” al circuito turístico del Parque Arqueológico de Machu Picchu.

“Andenes será parte del circuito el próximo año. En el caso de Inkaraqay tomará más tiempo”, señaló el director del parque Fernando Astete.

El Comercio/EFE

image_pdfimage_print

Deja un comentario