Milenaria aldea Pampas de Gramalote extraía productos del cerro Campana de Trujillo

Los pobladores de la milenaria aldea Pampas de Gramalote extraían del cerro Campana el principal producto que utilizaban para encender los fogones en los que cocinaban sus alimentos, sostuvo el arqueólogo Gabriel Prieto, director del proyecto de investigación en esta zona descubierta décadas atrás frente a las playas del distrito trujillano de Huanchaco.

De dicha loma, ubicada a varios kilómetros del asentamiento poblacional ocupado hace más de 3,500 años, extraían las achupallas o tillandsias, plantas que crecen, principalmente, en los desiertos, bosques y montañas de Centroamérica y Sudamérica, explicó.

Lo importante de esto es que la población explotaba responsablemente los recursos de la loma, pues los tallos que se hallaron tenían diámetros constantes y los ejemplares cortados eran sólo de adultos, indicó.

Con respecto a los hábitos alimenticios de esta población, descartó que únicamente se basara en la pesca al hallar, durante las excavaciones, restos de pallares, maní, zapallos, ajíes, tubérculos, paltas, lúcumas y pacaes.

“Si bien estos productos pudieron haber sido obtenidos en intercambio con otros pobladores que residían en aldeas contemporáneas en el valle medio de Moche o con los residentes del centro ceremonial contemporáneo de Caballo Muerto, es posible que los pobladores de Pampas Gramalote hayan sembrado sus propios alimentos”, afirmó.

Para ello, sostuvo, habrían aprovechado las aguas subterráneas que hoy siguen utilizando los pescadores para la siembra de totora, tomates, calabazas, zapallos y otros.

“Este modelo nos está permitiendo ver un panorama más amplio y más dinámico, en el cual los pescadores no eran especialistas enfocados sólo en el mar, sino también que se diversificaron en varias actividades de subsistencia para tener acceso a una buena dieta y a un mejor nivel de vida, tomando ventaja de los recursos que los rodeaban”, expresó.

Señaló a la Agencia Andina que las investigaciones también permitieron determinar que algunas tradiciones que existieron hace más de tres milenios aún se conservan.

Ejemplo de ello son las botellas hechas con calabaza llamadas masqueros, que los pescadores de hoy emplean para llevar chicha o infusiones para la faena en alta mar, lo cual fue probado al encontrar algunos restos de artefactos similares en las zonas de excavación.

Este complejo habitacional estaría formado por no más de 30 viviendas de forma circular, construidas a base de piedra de playa. La altura de cada predio no superaba el metro y medio y los techos habrían sido estructurados de palos y esteras.

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