Martin Jerónimo Chambi Jiménez

chambi AutorretratoMartín Chambi Jiménez (n. Puno, Perú 5 de noviembre de 1891- † m. Cusco, 13 de septiembre de 1973) fue un fotógrafo indígena nacido en Coaza, Provincia de Carabaya, al norte del Lago Titicaca, en Perú, .Es considerado una de las grandes figuras de la fotografía. Reconocido por sus fotos de profundo testimonio biologico y étnico, ha retratado profundamente a la población peruana, tanto a los indígenas como a la población en general.

Martín Chambi nace en una familia de campesinos quechuahablantes a finales del siglo XIX. En su condición de indio y desheredado, la pobreza y la muerte del cabeza de familia hace emigrar al joven Martín Chambi, con sólo catorce años, a buscar trabajo en las multinacionales que explotan las minas de oro de Carabaya en la selva a orillas del río Inambari.

La fortuna hace que sea allí donde traba su primer contacto con la fotografía, aprendiendo sus rudimentos de los fotógrafos ingleses que trabajan para la Santo Domingo Mining Co. Ese encuentro fortuito con la nueva técnica prende en él la chispa que le decide a buscarse el sustento como fotógrafo. Para ello emigra en 1908 a la ciudad de Arequipa, donde la fotografía está muy desarrollada y donde descollan figuras de fotógrafos notables que venían tiempo marcando un estilo propio y manejando una técnica impecable.

El contexto social y cultural en que se desarrolló fue el óptimo, pues una ola creciente de interés turístico e histórico y de investigaciones arqueológicas (la ciudadela de Machu Picchu fue descubierta oficialmente en 1911), así como la llegada al sur de los beneficios modernos de la tecnología (motocicletas, automóviles, vuelos aéreos, nuevas carreteras), fueron, indudablemente los acicates visuales de su inquieto espíritu observador. Chambi fue uno de los protagonistas de la denominada Escuela de Fotografía Cusqueña. Expuso en vida por lo menos diez veces, tanto en el Perú como fuera de él.

Martín Chambi, es el primer fotógrafo indígena de América Latina, que retrata a su pueblo con altivez y dignidad tal como lo expresa la fotógrafa argentina Sara Facio, “es el primero que mira a su gente con ojos no colonizados”. Sus rostros que cuentan historias de montañas, de luchas y tradiciones, nos invitan a entrar y compartir con ellos ese lugar detenido en el tiempo. Impregnándonos de una cultura que otrora se levantaba imponente sobre los Andes, dominando el mundo precolombino; el mítico universo Inca, que luego de la implacable devastación colonizadora, encuentra un nuevo eco en el lente del artista.

Martín Jerónimo Chambi Jiménez (1891-1973) nace en Coaza distrito de Carabaya, cerca al lago Titicaca. Por tradición, su familia estuvo siempre ligada a la labor agrícola, hasta la época del gran desarrollo minero de la región, en la que ingresa a trabajar en la Compañía Minera de Santo Domingo. Este hecho da un rumbo inesperado a la vida de Chambi, quien siendo aun pequeño, desarrolla un interés especial por el trabajo que realiza el tomógrafo de la compañía, reconociendo así la directriz de su vida, en un Perú dominado, donde la idea de un fotógrafo indígena era, como es obvio, un despropósito.

A los 16 años inicia en Arequipa, su formación con la ayuda del fotógrafo Max T. Vargas, con quien conoce la obra de Rembrandt que le inspira la utilización del contraste y del claroscuro, lo cual haría que mas adelante Chamba, fuera considerado “poeta de la luz”.

Durante un periodo de 9 años como aprendiz, practica en el taller del Portal de Flores, logrando, con el apoyo de su maestro, exponer por primera vez en el Centro Artístico el 12 de octubre de 1917. Con esta experiencia viaja a Siacuani, en donde instala su primer estudio y taller, consolidándose profesionalmente.

En 1920 se instala en Cuzco, atraído por su esplendor e historia, y es aquí donde realiza lo más deslumbrante de su obra. Sus fotografías poseen una expresiva distribución de grados de luz y sombra, logrando una generosa oferta de texturas, que acentúa, moldea y pasea gracilmente dentro de una gama de grises esparcidos entre el blanco y el negro como lo propusiera el fotógrafo norteamericano Ansel Adams al explicarnos los componentes de una excelente fotografía.

Martín Chambi, realizó miles de fotografías en estudio, en donde se acostumbraba a retratar a las familias y los diferentes personajes del devenir social; llamado también el “Nadar del Cuzco”, por sus retratos al más alto nivel de identidad con sus personajes, se adentro de la misma manera en lo más profundo de las costumbres populares, de las fiestas y tradiciones, llevando su lente a espacios reales, descubriendo ante su propio pueblo, una identidad hasta entonces oculta tras vanas prevenciones.

Estas imágenes, documentos de escenas rurales y cotidianas, constituyen un valioso aporte sobre el devenir histórico de una cultura, al capturar con ojo sensible la topografía de los monumentos de sus ancestros, convirtiéndose en el primero en hacer un registro fotográfico del hallazgo arqueológico que conmocionó la sociedad de la primera mitad del siglo XX, la ciudadela de Machu Picchu, que había sido encontrada en 1915 por Hiram Bingham.

Sus fotografías logran recordar, con opuesto sentimiento las de August Sander, quien trabajando en su Alemania natal, durante el mismo período, inmortaliza los crudos rostros del naciente movimiento nazi. En tanto que Chambi se preocupa, por definir para su gente un lugar dentro del esquema social, Sander se empeña en retratar los rostros que aunque austeros, pretenden enfatizar la “superioridad” de la raza aria.

De igual manera realizó extraordinarios reportajes gráficos en los diarios El sol, La Crónica y Variedades del Perú en 1918 y 1930 cuando se instaló el ferrocarril entre Cuzco y Buenos Aires, publicó de manera permanente en La Nación y La Prensa de Buenos Aires.

Su inquieta personalidad lo llevó a convertirse en mecenas del movimiento cultural en el Perú, siendo miembro fundador de la Academia de Artes Plásticas del Cuzco, del Instituto Americano de Arte, e igualmente en compañía de sus hijos creó clubes de cine y fotografía.

Expone en diversas salas de Lima y Arequipa, también en la Paz, Bolivia en 1925 y en Santiago de Chile en 1936. Pero es en 1948 que su obra empieza a ser conocida fuera de Suramérica, cuando Irving Penn, alquila su estudio, al conocer la obra del artista, la proyecta en otras latitudes. Dos años más tarde en 1950, la obra fotográfica de Chambi concluye. A raíz de un trágico terremoto que devasta la ciudad de Cuzco, dejando un saldo de 35.000 víctimas. La magnitud de la tragedia, lo sume en un fuerte estado de dolor, ya que le es arrebatada su fuente de inspiración, lo que se traduce en un repentino desarraigo por aquellos que había sido el motor de su vida, la fotografía.

En 1977, cuatro años después de su muerte se inicia la gran difusión del legado Chambi, cuando el antropólogo y fotógrafo norteamericano Edward Ranney, junto con Víctor Chambi, interesan a un grupo de cooperantes de la Fundación Earthwatch Expedition de los Estados Unidos, logrando una comisión que vino al Perú y durante dos meses revisó y clasificó alrededor de 6 mil de las 14 mil placas de vidrio. Esta investigación concluyó en una gran muestra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1979, constituyéndose en uno de los pocos artistas latinoamericanos invitado a exponer en tan importante centro cultural internacional. Otras capitales del mundo rendirían posteriormente homenaje de reconocimiento a la obra de Chambi: París, Londres, Zurich y Buenos Aires.

Un impresionante archivo fotográfico, que contiene cerca de 30.000 negativos, entre placas de vidrio, las cuales tiene diversos formatos y películas flexibles, rollos de 120 y 35 mm se encuentra desde agosto de 1999 en la Avenida de la Cultura, frente a la Universidad de San Antonio Abad del Cuzco, guardando para el mundo su secreto más íntimo.

La trascendencia social e histórica del trabajo realizado por Martín Chambi, ha sido, es y será objeto de análisis e investigación por parte de propios y extraños, con ese singular encanto de su técnica y su propuesta inconfundible, que le permitió apropiarse e inmortalizar cada espacio y cada personaje de su cultura, logró consolidarse como “uno de los más coherentes y profundos creadores que haya dado la fotografía”, como lo expresa su compatriota el escritor Mario Vargas Llosa, quien con esta acertada frase logra definir la realidad de un artista a quien la historia le tenia reservado un importante lugar y lo coloca como un verdadero aporte a la fotografía universal del siglo XX.

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