Los lienzos perdidos de Coporaque

pan de oro solitario coporaqueSi bien aún no forma parte de un circuito turístico formalmente integrado, el poblado de Coporaque, 269 kilómetros al sur del Cusco, en plena provincia de Espinar, bien podría, más bien, ser incluido en un hipotético listado de lo real maravilloso —de existir algo tan raro como eso— o en uno de curiosidades que se titule Prodigios de la Colonia dejados de lado por la modernidad, si por esta se entiende una carretera de dos vías, una red de energía eléctrica o un servicio de alcantarillado que sea de fi ar, todas cuestiones de las que este distrito aún carece parcialmente.

Cuentan que a fi nes del siglo XVIII, el próspero —y engreidísimo— cacique de Coporaque, Eugenio Sinanyuca, fue de los pocos en darse el lujo de ningunear los pregones libertarios de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, antes, por cierto, de que el cacique de Tungasuca iniciara su revolución . Orgullos y altiveces que le han permitido a este singular poblado, absolutamente colonial y bizarro, mantenerse apeado al corazón del barroco más mestizo y ancestral, desdeñando, al menos en sus aspectos evidentes, el paquete de promesas de la vida republicana, dixit Basadre.

Sin embargo, pese a tales desdenes por lo moderno, hay en Coporaque un edifi cio tan sofi sticado en su construcción y surrealista en su contexto, que podría poner en tela de juicio la existencia misma del urbanismo, dejando como un principiante al propio Dalí. Que sirvan las fotos mejor que las palabras para mostrarnos esta especie de piscina de emirato, cuya presencia en la puna barroca ha puesto en aprietos nuestra sensatez.

Pero Coporaque esconde una maravilla mayor a sí misma: el templo de San Juan Bautista, que junto a su capilla y su torre exenta compone un conjunto arquitectónico que ya ha merecido el califi cativo de Monumento Histórico Artístico por parte del INC, cuya fi lial del Cusco ha destinado la cifra de un millón ciento veinte mil soles para su recuperación, que se espera sea en el 2011. La importancia del rescate de este portento del churrigueresco es indudable, máxime el estado de abandono en que estuvo por décadas. Casi en la cornisa del mundo, los indómitos 3.900 metros de altitud de Coporaque revelarían otra dura confesión: muchos de los lienzos de San Juan Bautista, todos de la Escuela Cusqueña, y que desde hacía siglos irradiaban la nave con inusual esplendor, habrían desaparecido, se dice, hace no menos de diez años. De acuerdo a los lugareños, incluida la guardiana del templo, las telas fueron cortadas con navajas a la altura de los bordes colindantes a los marcos, en base a tajos secos, paralelos al fi lo del pan de oro, ahora sucio, inútil y solitario, y que, como vemos en las fotos, permanece como tímido recordatorio de que el patrimonio cultural del país está en problemas. Ceremonia cruel la de este robo, cuya sola suposición nos obliga a convocar algunas pinturas del templo, aunque, confesión de parte, no hemos logrado determinar cuáles serían las que cayeron en manos de los abigeos culturales: Virgen de la Natividad, San Pedro, San Vicente, Fátima, Dolorosa, Concebida, escenas del Niño Jesús, Inmaculada, entre otros, todas encuadradas en riquísimos marcos de pan de oro y madera de la más fi na. (Enrique Hulerig).

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