11:44 am - Jueves agosto 21, 2014

LA MAGIA DE PARACAS, nuevos hallazgos

paracas_aspecto_hallazgo_peru_2013_mujerUniverso mágico, Una gran cantidad de material de la cultura Paracas es exhibido, por primera vez, en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. Visitantes disfrutan más de cerca del grandioso pasado de los tejedores del desierto.

Todo su cuerpo está teñido de rojo. Sus cabellos recién peinados sucumben ante una peluca, mientras los llautos o cintas sujetan la piel de un zorro colocada en forma de tocado sobre su cabeza. Las orejeras de oro resaltan como dos luceros y enriquecen el majestuoso ornato. Su pecho, cubierto por esclavines –especie de camisa tradicional de la cultura Paracas–, es adornado con un pomposo abanico de plumas anaranjadas.  La wara o taparrabo, bordada con motivos naturalistas, completa la vestimenta del hombre que acaba de morir.

Sobre su cuerpo, los deudos han pintado pequeñas figuras de seres mitológicos. En tinta azul, los tatuajes de sus brazos, piernas y rostro guardan relación con la iconografía de los mantos que cubren el cuerpo, poco antes de partir hacia la eternidad. Ovillos de hilo y pequeños paquetes con ropa en miniatura  son colocados cerca de su cabeza y alrededor de sus pies. Largos  paños de fino algodón –algunos tienen hasta quince metros– sirven para envolver la totalidad del cadáver.

paracas_modificaciones_corporales_deformaciones_craneanasEl primer bulto está terminado, pero el ritual aún no culmina. Prendas de vestir multicolores, embellecidas con personajes sobrenaturales, contribuyen al volumen del cuerpo. Tocados y penachos   vistosos hacen lo propio en la parte superior. El algodón reanuda su trabajo de cobertura y lo haría por última vez si el difunto fuera un simple pescador o un agricultor. Pero tratándose de un miembro de la élite Paracas tiene derecho a descansar en un fardo funerario con hasta tres capas más de valiosas ofrendas.

LA INEVITABLE DESPEDIDA

La mujer prepara los recipientes con alimentos que acompañarán al ser amado en su viaje de retorno a la tierra. Vasijas ovoides, platos, ollas globulares y botellas de doble gollete son colocados junto al fardo, como parte de la última ofrenda .

Ella lleva el rostro pintado de amarillo. Delgadas líneas rosas con bordes azules se dibujan alrededor de sus ojos, siguiendo un trayecto circular. Tiene el cabello corto, arreglado con varias trenzas que se desprenden de uno y otro lado de su cabeza. Sobre el pelo descansa una hermosa mantilla con motivos de flores y aves tridimensionales.

El varón, en cambio, tiene la cara pintada de azul. En sus labios se intercalan tintes rojos y cremas que le dan un aspecto severo. Su larga cabellera cuenta otra historia: para demostrar su masculinidad y jerarquía, esta se sujeta en un moño que desaparecerá dentro de finos turbantes atados con llautos en forma de serpiente. Él es el encargado del acto final.

Cubre con arena la tumba subterránea. Busca la vara hecha de caña, de cuya  punta parecen brotar plumas multicolores, y la hunde con firmeza en el centro del lugar donde yace ahora el fardo con los restos de quien, quizá, fue su padre, hermano o hijo.

Este exclusivo tratamiento al difunto, dicen los expertos, evidencia el respeto que los deudos de la sociedad Paracas profesaban al fallecido y a la muerte. “Un muerto tratado de esta manera era, a su vez, concebido como una ofrenda a la madre tierra, en cuyo seno el muerto renacería.” Luis Enrique Tord, antropólogo e historiador peruano, considera a los numerosos tejidos encontrados en 429 fardos funerarios, como los “verdaderos documentos iconográficos del universo mágico del hombre de Paracas”. Universo plasmado en sus tumbas y sus muertos, que más de dos mil años después continúan hablándonos.

Una tarea pendiente

En las primeras décadas del siglo XX, tejidos antiguos de asombrosa calidad eran exhibidos en los mercados de antigüedades de Lima. El arqueólogo Julio C. Tello observó por sí mismo, en 1913, la majestuosidad de los colores y detalles que se desprendían de aquellos misteriosos mantos.

Su intuición nata lo obligó a seguir las pistas que lo llevarían hasta el lugar de origen de esos tejidos. Allí encontró, además, los cementerios que le abrieron la puerta hacia
un nuevo mundo hasta entonces desconocido: la cultura Paracas.

Sociedad anterior a Nasca, los paracas, por medio de su tratamiento a la muerte, dejaron evidencia de cómo fue su vida. Son las tumbas, los fardos funerarios y las ofrendas
encontradas en su interior lo que ha permitido a los investigadores formular teorías sobre el universo Paracas. Sin embargo, no es suficiente, tal como confirma Miguel Vidal
Trujillo, museógrafo y jefe del Área de Museografía del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú: “En Paracas, hay mucho por descubrir y trabajar; existen numerosas interrogantes y suposiciones. Faltan investigaciones que profundicen más, sobre todo en el material óseo.”

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Publicado en: Noticias

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