La defensa civil en el antiguo Perú

La profunda observación, la inteligencia y la lucidez; conocer lo visible, intentar comprender los mecanismos internos, entender que la naturaleza es la energía, la fuerza, la vida en su integral acepción, la tarea de adaptarse, para acompañarla, para acompasarse con ella y las eficientes decisiones, intentan resumir la cosmovisión y la plenitud de una filosofía de vida admirable: la de los ANDINOS.

Los engranajes que lograron mover la rueda de su historia, de nuestra historia, tuvieron un eje el APRENDER y APLICAR el conocimiento adquirido, es un mecanismo de la inteligencia humana que permite administrar, desarrollar y progresar con los recursos que nos han otorgado sumados a los que la naturaleza nos ha prodigado.

Todos los que nacemos en este territorio somos andinos, los que nacimos en la costa, sierra y Amazonía, seamos de la costa, de las cumbres o de la montaña y los llanos; y, de ahí el por que de nuestra memoria colectiva: corre el mismo hilo aunque con sus variantes y viene con el devenir de la historia; y, antes –las culturas del Antiguo Perú- como hasta ahora: somos Andinos.

La Cosmovisión Andina, la forma de los andinos de ver el mundo comprendía la dualidad (arriba – abajo, día – noche, varón – mujer), la tripartición (mundo de las divinidades, mundo del presente, mundo de los ancestros) y la cuatripartición (cuatro puntos cardinales y otros); sustentándose en los Principios Andinos de Reciprocidad (solidaridad), Intercambio (de productos de diversos pisos ecológicos), Redistribución (tributación guardada en depósitos y luego repartida en momentos de crisis) y su eje transversal la RACIONALIDAD (priorizar el Bien Común sobre el interés personal), el trabajo de la Mita (trabajo colectivo para obras comunales, templos, caminos, u otros en beneficio del Estado), la Minka (trabajo colectivo para la comunidad o recíproco, canales de regadío, tierras de cultivo para fines sociales) y el Ayni (reciprocidad familiar). Todo un sistema que les llevó a vivir, sino en tranquilidad en armonía con lo divino, el universo, los seres vivos y los ancestros.

A quien conoce la Cosmovisión y los Principios Andinos NO le queda la menor duda que la “Defensa Civil” estuvo inherente en nuestro ancestral mundo andino. Palabras como PREVENCIÓN, EMERGENCIA, MITIGACIÓN, CONSTRUCCIÓN PARA EL DESARROLLO desconozco si las usaron, pero si estoy segura por las evidencias y los restos dejados, que si las aplicaron y pudieron menguar los momentos de crisis ambientales, fundamentalmente los Eventos del Niño, cuya periodicidad fue más larga en el pasado pero que la conocieron muy bien y legaron a generaciones siguientes el conocimiento, manejo y los principios rectores que lograron disminuir los efectos catastróficos.

Esas evidencias las podemos observar en la ubicación estratégica de sus templos (Huacas), ciudades, de sus cementerios, de sus sistemas hidráulicos, los reservorios –como Mampuesto en Trujillo, La Pichona en Ascope-, del manejo de sus valles ampliando la frontera agrícola y manteniendo un equilibrio ecológico con el cuidado ribereño, el sistema dual de sembrío, los ciclos agrícolas, y los grandes y numerosos depósitos para albergar granos, textiles, y otros –como en el caso de Chan Chan-, para poder dar alimentos y ropa necesaria para momentos de crisis; o, tener siempre tambos cada trecho almacenando alimentos, ropas y sandalias.

El observar a los nobles guerreros Moche, quienes en tiempo de crisis hacían sus luchas duales rituales para dar lo mejor de sí: la vida misma, (nobleza que exigía a no realizar asesinatos rituales de mujeres o niños o personas que no fueran guerreros); ellos se ofrendaban a sus divinidades, porque entendían el verdadero significado del sacrificio: dar lo mejor de sí mismo y eso es la vida en tiempos de crisis; es un encuentro de emociones cuando uno ve los calcos de la disposición final de los cuerpos genuflexos de estos nobles guerreros, los que sólo se pueden ver de lo alto.

Es también notoria la exigencia de la EFICIENCIA de sus profesionales -cuyas obras son tangibles- hubo especialización en el trabajo; y, por supuesto si se está dedicado constantemente a una sola disciplina entonces los aciertos (eficiencia) es mayor y las equivocaciones las menos; en ese pasado hasta hace poco más de 500 años, si algún profesional cometiese negligencia las SANCIONES los esperaban con SEVERIDAD por haber causado la muerte o el sufrimiento a otra u otras personas. Por ejemplo si un Oquetupluc (médico) por cometer negligencia moría su paciente, era atado al cadáver quien yacía bajo tierra y el médico sobre él, totalmente desnudo y expuesto a los embates de la naturaleza hasta que muriese, tal como Antonio de la Calancha exhibe en la Coronica Moralizadora.

Podríamos citar tantos ejemplos de su Racionalidad, el Mampuesto cerca a Trujillo, en inmemorable tiempo fue un reservorio de agua del que partían canales que derivaban el agua hacia las zonas agrícolas, agua que venía de la quebrada de San Ildefonso y cuyos canales han sido tapados y puestos en desuso –como el Wichansao- en “razón” de la ampliación de la ciudad actual y con ello disminuyendo la frontera agrícola y al mismo tiempo ocasionando los desastres que ahora vemos.

La red hidráulica denominada ahora Canal Intervalles, nos muestra que en el pasado el agua no sólo era un bien preciado o temido (según sea el caso), sino que era aprovechado, la naturaleza y los seres humanos juntos y en armonía. Esta red de aproximadamente 112 km traía al valle de Moche agua del río Chicama, hecha después de haber estudiado la gradiente, la mecánica de fluidos, de realizar cálculos matemáticos y en fin controlar las variables adecuadas. Cuando uno recorre esta obra portentosa, una se da cuenta la ética de los ingenieros y cuando un trazo era incorrecto se corregía, así tenemos fragmentos del canal que fueron abandonados porque no habrían realizado los cálculos correctamente, o porque hubiese una falla “estructural”, pero no insistían en usarlo para que no afectase el bien común.

Si bien la perfección no existe, la proximidad al equilibrio o tal vez al “paraíso”, radica en hacer bien lo que elegimos por vocación, y aún si fue coyuntural la disciplina que tuvimos que estudiar debemos preocuparnos en hacer bien nuestro trabajo porque de ello dependerá el bienestar de la comunidad que al mismo tiempo es nuestro bienestar.

Ya no existe la sanción que pasaría un ingeniero, un arquitecto, un Oquetupluc (médico), un LLapchillulli (sastre), un Occhocalo (cocinero), un Niñatingue (copero) y tantos otras profesiones y oficios, no tenemos que pasar por el cepo, los nobles guerreros no tendrán ahora que inmolarse, y no creamos que porque pasó el tiempo o porque nadie nos vio cometer un ilícito, no viene tarde o temprano la justicia, ella siempre llega, pero de todo corazón espero que nuestra conciencia sea la rectora de nuestros actos y que ellos sean hechos con toda la ciencia y la conciencia del que seamos capaces para brindar a la comunidad lo mejor que al fin y al cabo es la que heredarán tus hijos y los míos.

Este es el momento –que en medio del desastre- nos permite empezar con pie derecho a través del trabajo interdisciplinario, y poniendo toda nuestra voluntad y todo nuestro conocimiento al servicio del Estado, entendiendo con claridad que ustedes y quien suscribe somos el Estado, así cobrará sentido el lema: DEFENSA CIVIL, TAREA DE TODOS, PARA EL BIENESTAR DE TODOS.

Escribe: Florencia Bracamonte Ganoza (querrotumi@gmail.com)

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