Iconografía Moche: el mar como paso al más allá

Iconografía Prehispánica lo revela: orígenes rituales de la navegación en el Perú.

Las pistas más antiguas para reconstruir la historia de nuestra navegación se encuentran en los ceramios moche, plenos de iconografía ceremonial. Arqueólogo Krystof Makowski arroja luces sobre esta peculiar narrativa.

La iconografía desplegada en los ceramios de las antiguas culturas de la Costa Norte ha demostrado que la tecnología de navegación alcanzó picos enormes de desarrollo. El siguiente texto plantea un novedoso acercamiento al registro iconográfico moche, revelando detalles poco conocidos de las civilizaciones del norte peruano.

iconografia moche caballitos de totoraPoca duda cabe que la subsistencia y el desarrollo cultural en la costa del Perú fueron condicionados en buena parte por la explotación de abundantes recursos alimenticios marinos desde los inicios mismos del poblamiento del área centroandina. Para comprobarlo basta revisar las evidencias arqueológicas disponibles tanto en el norte (vg. Paijanense) como en el extremo sur del litoral. El análisis de los otolitos y de otras partes diagnósticas de esqueleto de peces, los que se conservaron en los contextos domésticos, demuestra, de manera inequívoca, que las técnicas de pesca con anzuelo en altamar, y el marisqueo de especies de moluscos que viven en aguas profundas, avanzan progresivamente desde el Periodo Arcaico. Este avance se da con el ritmo parecido a la domesticación de plantas de los camélidos.

No menos signifi cativa es la llegada de las primeras importaciones de conchas de Spondylus princeps provenientes de las profundidades del mar tropical durante el tercer milenio a.C. En este contexto podría parecer inevitable que a lo largo de milenios de convivencia con el medio marino se forme un pueblo de temerarios navegantes, capaces de competir en cuanto a destreza con los de la Polinesia, o, por lo menos, con los hábiles constructores de balsas de la costa ecuatoriana.

En efecto, varios investigadores postularon la existencia de la navegación a larga distancia en los tiempos prehispánicos. La hipótesis mejor fundamentada y más conocida concierne al curacazgo de Chincha, uno de los señoríos de la costa que tuvo mayor relevancia política en el Tahuantinsuyu, debido a su excepcional riqueza.

iconografia moche fuerza sobrenatural del marEsta hipótesis, respaldada por la autoridad de María Rostworowski, tiene su origen en un breve documento colonial que parece mencionar a los mercaderes navegantes indígenas. Debido a que las excavaciones desarrolladas durante varios años en los centros administrativos chincha no han proporcionado evidencias contundentes que respalden esta interpretación, en la última década se ha desatado una nutrida pero amistosa polémica entre historiadores del siglo XVI.

Susan Ramírez puso en duda la existencia del término ‘mercader’ en la fuente. Marco Curatola sugirió que la riqueza del señorío se debió en realidad a la explotación del guano en las cercanas islas del litoral chinchano. Anne Marie Hocquenghem ha puesto énfasis en las difi cultades técnicas de navegación sobre balsas entre Perú y Ecuador.

Debido a las bien conocidas características de las corrientes marinas, una embarcación debe contar con la vela latina y con una quilla móvil para poder avanzar contracorriente, si pretende no solo llegar a costas ecuatorianas sino también volver a Chincha. Por ende, Hocquenghem sugirió que todo intercambio de conchas tropicales y, posteriormente, de cobre y bronce arsenical se había realizado por el camino de la costa que empalmaba en el alto Piura con otro, cuyo trazo recorría a través de la sierra de Ecuador.

Al margen de esta polémica cabe enfatizar que no se han registrado nunca representaciones ni tampoco vestigios de balsas de altamar en la costa peruana. Hay una razón para ello desde nuestro punto de vista. Las fuentes de la madera balsa estuvieron fuera de los límites políticos de los reinos y señoríos del Perú antes de la expansión inca, y como sabemos, las escasas especies arbóreas que crecen en la desértica costa no sirven para construir botes o balsas de altamar.

Las representaciones de medios de transporte acuático en la iconografía moche y chimú se limitan a frágiles embarcaciones: caballitos de totora y, más raramente, pequeñas balsas unipersonales propulsadas por varios nadadores.

En contados casos, durante el Periodo Moche Tardío (fases IV y V), las imágenes pintadas en línea fi na representaban embarcaciones de totora con cubierta lo sufi cientemente amplia, como para albergar a varias fi las de cautivos, listos para sacrifi cio, y/o de cántaros preparados para llenarlos de sangre, y quizás de chicha. Hay una clara incongruencia entre la capacidad de bodega de las embarcaciones y el hecho que las propulsa solo un remero. Hay que poner en claro que las escenas se desarrollan en la dimensión del mito y no registran, como podría parecer, escenas de la vida diaria.

Los ocupantes sobre la cubierta tienen aspecto sobrenatural.

Hay entre ellos una deidad femenina de la Luna, un dios del Mar rodeado de aves antropomorfas y un felino. Los caballos de totora poseen piernas y cabezas de dragones.

Gracias al carácter narrativo de la iconografía moche se vislumbra la razón de la travesía: los guerreros vencidos en un combate ritual son conducidos en bote para sacrifi carlos en las islas y ofrecer su sangre a los dioses. Los murciélagos, las arañas, los jaguares se encargan del sacrifi cio, mientras que los ocupantes divinos de las embarcaciones levantan a la boca una copa con la sangre, producto del sacrifi cio. Las armas arrebatadas a los vencidos en combate se almacenan en palacios-templos en el litoral. Los dioses satisfechos por la ofrenda permitían pescar y cazar lobos marinos en sus dominios. Lo deducimos de la frecuente asociación entre la escena de travesía ceremonial y la de la pesca o de la caza de lobos marinos. A juzgar por su decoración, que comprende escenas de combate, sacrifi cio, baile de sacerdotes y travesía nocturna del mar, así como imágenes de arañas-sacrifi cadoras, el templo de Cao (El Brujo) se convertía periódicamente, según toda probabilidad, en el escenario de estos ritos.

A pesar de que la leyenda dinástica de Lambayeque narra la llegada del cortejo de Naylamp en grandes balsas, no hay evidencias iconográfi cas ni materiales que prueben la construcción y el uso de tales embarcaciones en el Perú prehispánico.

Como en el caso moche, el mar está presente en la decoración de espacios ceremoniales, de vestidos y de recipientes utilizados en el culto. En los periodos tardíos temas de pesca y paisajes marinos adornan las paredes de palacios convertidos en templos de culto funerario después de la muerte del gobernante. En resumen, las fuentes iconográfi cas de la Costa Norte dejan en claro que el mar fue considerado una fuerza sobrenatural poderosa y llena de riquezas pero hostil, una frontera entre el mundo de los vivos y el más allá.

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2 Comments

  • La señora Anne Marie Hocquenghem no es más que una persona que defiende la corriente eurocentrista, corriente en la que esta prohibido reconocer al Perú como país marítimo por excelencia, ya que eso es muy peligroso para aquellos que hacen hasta lo imposible por negar que el Ahu Vinapu de la Isla de Pascua es de origen Inca, el problema con los debates no radica en las evidencias sino en las ideologías políticas de casa investigador, porque los que saben poco acerca del Perú son los que creen saber más que los propios protagonistas; si la iconografía Moche hubiera aparecido en Europa, seguramente hubieran dicho que si es real y muy cierta, pero como ha aparecido en el Perú, entonces es falsa, sólo fantasías mitológicas porque los antiguos peruanos no pudieron tener navegación porque ese tema los pone nerviosos, que tontería!, hasta arquitectura pre-inca hay en Gympie – Australia.

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    Sobre el señorío de Chincha, este era muy rico como lo reconocen los historiadores y de acuerdo a las crónicas. O una de dos: O estos adquirían las balsas de los tratantes del actual Ecuador (lo cual no sería nada extraordinario), o en Chincha hay o habían disponibles árboles con troncos adecuados para su construcción. Recordemos que el paisaje cambió a lo que es la actualidad no solo por el abandono de centros culturales, sino por el mismo intercambio colombino que afectó profundamente los ecosistemas del continente, particularmente en las áreas más habitadas por los españoles. ¿Qué árboles y qué paisajes habrían donde ahora hay campos de cultivo y arenales y desiertos?

    Rostworowski no encuentra la cita a las balsas y mercaderes solo en un determinado documento, sino en diversas fuentes. En su libro, Historia del Tahuantinsuyu, en el capítulo VIII. “Los Modelos Económicos”, se extiende ampliamente sobre este tema y cita sus respectivas fuentes desde las secciones <> hasta <> , y justamente menciona el que los troncos para las balsas se obtenían del norte, donde actualmente es Guayaquil.

    Otro detalle interesante a considerar es que estas balsas continuaron usándose incluso hasta tiempos recientes. El material de que estaban fabricadas no es tan duradero e incluso de las balsas costeras de hace apenas un siglo y medio no encontramos restos, mas si sus representaciones gráficas. Si no fueron graficadas por los chimúes es muy probable que simplemerte no fueran de importancia ritual ni religiosa para ellos.

    Y en efecto, hubo balsas con velas de algodóny con unas tablas que iban entre los troncos y que sirvieron de quilla, con los cuales las balsas navegaban contracorriente. Términos en quechua para estas partes de las balsas aparecen por ejemplo en el diccionario de Gonzáles Holguín (huampup puri chiqquen ppaccha y guara respectivamente) . Y mención a estas existe en abundancia, en escritos de españoles que las vieron, como por ejemplo Pedro Pizarro.

    Cito a José Antonio del Busto, quien citó a diversos cronistas para describir las balsas en su interesante libro “Túpac Yupanqui, Descubridor de Oceanía”. Estemos de acuerdo con sus hipótesis o no, es un hecho que existieron balsas de mediano y gran tamaño:

    “El gran centro balsero estaba en la región ecuatorial y marcaba desde Manabí, la Puná y el Golfo de Guayaquil en el Ecuador, hasta Tumbes, Piura y Sechura, en el Perú. No hubo otra región en América donde la navegación estuviera tan adelantada. El segundo lugar correspondió a la cultura Chincha, cuyas balsas parecen haber llegado hasta Valdivia, en Ecuador.

    La balsa equinoccial precursora fue encontrada por el piloto Bartolomé Ruiz y era, a lo que se aprecia, de las medianas, porque llevaba <>. Sin embargo, las que describe Agustín de Zárate eran grandes, pues podían transportar media centena de individuos. Descripciones interesantes de estas balsas medianas y mayores hacen los cronistas Oviedo, Estete y Pedro Pizarro; también, aunque tardíamente y sin haberlas visto, Francisco López de Gómara. El único dibujo quinientista de las balsas equinocciales se debe al italiano Gierolamo Benzoni, pero está referido a una embarcación mediana que, contra lo que afirma Zárate, tiene los dos palos travesaños no abajo sino encima de los troncos.

    La mejor descripción de una balsa la trae Agustín de Zárate. Nos dice, hablando de las balsas mayores en general, que <<estas balsas son hechas de unos palos largos y livianos, atados sobre otros dos palos, y siempre los de encima son nones, comúnmente cinco, y algunas veces siete o nueve, y el de en medio es más largo que los otros, como piértego de carreta, donde va sentado el que rema, de manera que la balsa es (de) hechura de la mano tendida, que van menguándose los dedos, y encima hacen unos tablados por no mojarse. Hay balsas en que caben cincuenta hombres… navegan con la vela y con remos, porque los indios son grandes marineros de ellas".

    Todos estos párrafos contienen sus respectivas citas en su libro, algunas de las cuales son:

    Miguel de Estete. "Noticia del Perú. En Biblioteca peruana, t. I. p. 362
    Pedro Pizarro. Relación del descubrimiento y Conquista de los reinos del Perú, cap. VI, pp. 20-21
    Francisco López de Gómara. Historia General de las Indias, t. I, parte I, cap. CXI, pp. 193-194

    Por todo esto, al tratarse de una cuestión tan bien documentada, me sorprenden enormemente las aseveraciones de las Sras. Susan Ramírez Anne Marie Hocquenghem.

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