Hallazgos de Canis familiaris en el santuario de Pachacamac, Lima, Perú

Resumen

canes_pachacamac_fig4El santuario arqueológico de Pachacamac, con una ocupación de más de 1200 años, durante el Horizonte Tardío (1470 – 1533 d.C.) extendió su fama como  el más importante centro ceremonial de la costa peruana al cual acudían peregrinos de diversos lugares. De las intervenciones arqueológicas realizadas en la Segunda Muralla y la Pirámide con Rampa 07 (PCR 07) del santuario, efectuadas por el equipo del Museo de sitio, se han recuperado una serie de hallazgos, entre los que se encuentran los restos de más de una veintena de canes con pelo (Canis familiaris). Gracias al trabajo multidisciplinario realizado (arqueología, medicina veterinaria, artes plásticas), se ha podido determinar la identificación de la especie, la variedad de las características fenotípicas de los canes y proponer una hipótesis sobre la variedad y la presencia de éstos en el santuario.

Palabras claves: Pachacamac, Segunda Muralla, Pirámide con Rampa 07, Canis familiaris.

Abstract

The Pachacamac archaeological sanctuary, with an occupation of more than 1200 years, during the Late Horizon (1470 – 1533 A.D.) extended his reputation as the most important ceremonial center of the Peruvian coast to which there were coming pilgrims of diverse places. Of the archaeological interventions realized in the Second Wall and the Pyramid with ramp 07 (PCR 07) of the sanctuary, effected by the equipment of the Museum of site, have recovered a series of findings, between which they find the remains of more than one score of khans with hair (Canis familiaris). Thanks to the multidisciplinary work (archaeology, veterinary medicine, plastic arts) realized, one could have determined the identification of the species, the variety of the phenotypic characteristics of the khans and to propose a hypothesis on the variety and the presence of these in the sanctuary.

Keywords: Pachacamac, The Second Wall, Pyramid with Ramp 07, Canis familiaris.

Autores:

Isabel Cornejo
icornejo@mcultura.gob.pe

Denise Pozzi-Escot
dpozzi@mcultura.gob.pe

Katiusha Bernuy
kbernuy@mcultura.gob.pe

Enrique Angulo
huamachito@yahoo.com

Luis Miguel Tokuda
yoshitokuda@hotmail.com

Artículo publicado en la Revista Haucaypata Número 5, Dic 2012
https://sites.google.com/site/revistahaucaypata/home/revista-haucaypata-nro-5-2012

 

El santuario arqueológico de Pachacamac

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Figura 1. Mapa de ubicación del santuario de Pachacamac. Perú.

El santuario de Pachacamac se ubica a 31 km. al sur de la ciudad de Lima, en la margen dere- cha del río Lurín, frente a las costas del Océano Pacífico. Su emplazamiento elevado, sobre un afloramiento rocoso recubierto por arena de origen eólico que forma parte del tablazo de Lu- rín, provocó la aridez del sitio a pesar de limitar por el sur con la franja cultivable del río Lurín, y al oeste con un área de lagunas y humedales.

Por el norte limita con la Quebrada de Atocongo y por el este con el valle y las primeras estribaciones andinas. El clima de la zona es característico de la costa central: árido, semicálido y húmedo, con bajo índice de precipitación pluvial (2 milímetros anuales según la Estación Meteorológica – Museo de Sitio de Pachacamac). Todas estas condiciones, han favorecido notablemente la preservación de los restos orgánicos recuperados en las intervenciones arqueológicas (Figura 1).

La ocupación y construcción del santuario fue continua, desde el periodo Intermedio Tem- prano (300 a 700 d.C.) hasta el Horizonte Tar- dío (1470 a 1533 d.C). Fue un centro ceremo- nial que en el Horizonte Tardío llegó a extender su fama como oráculo (Fernández de Oviedo1945: 46-54 [1535: Libro XII, Capitulo XI]; Cie- za 1986: 213 – 214 [1553: Capítulo LXXII, folio
97v]; Villar 1935: 212). Bajo el dominio Inca, acudían al santuario peregrinos de diversos y lejanos lugares del imperio para realizar con- sultas y obtener vaticinios del oráculo.

En la actualidad el área intangible del santua- rio comprende 465 hectáreas, donde se distri- buyen importantes edificaciones construidas en base a adobes y piedra, como el Templo del Sol, el Templo Viejo, el Templo Pintado, el Acllawasi y alrededor de quince PCR1. Estas edificaciones se encuentran distribuidas en sectores delimitados artificialmente por murallas y por un eje de calles internas (Norte-Sur y Este-Oeste) que mantenían conexión con el Gran Camino o Qhapaq Ñan2. Dicha infraestructura habría servido para controlar tanto el flujo de las peregrinaciones (Paredes 1991) como el crecimien- to y ordenamiento interno de sus edificaciones. Desde el año 2010 el equipo del Museo de sitio de Pachacamac viene realizando excavaciones en la Segunda Muralla y en la PCR 07. Como parte de estos trabajos, hemos recuperado una serie de hallazgos de la época Inca, entre ellas los restos de más de una veintena de canes con pelo (Canis familiaris) de distintas edades y en buen estado de conservación. El trabajo multi- isciplinario que conjuga la arqueología, la medicina veterinaria y las artes plasticas, nos permite realizar propuestas basadas en reconstrucciones fenotípicas3, señalar el modo en que fueron utilizados estos animales y formular un planteamiento hipotético sobre su variedad y presencia, relacionada a las peregrinaciones, en el santuario.

Hallazgos de canes en el santuario

Evidencias de canes con pelo, similares a nuestros hallazgos, han sido encontradas en varias edificaciones del santuario: en el Templo del Sol a fines del siglo XIX (Uhle 2003 [1896]); en la PCR 02, al pie del Templo Viejo (Paredes y Fran- co, 1984 y1989); en la PCR 03, 07 y 13 (Eeckhout,1995 y 2008; Pozzi-Escot y Chávez 2009; Pozzi- Escot y Bernuy 2010) y en la PCR 08 (Málaga 2008).

Entre estos restos, se ha podido determinar que solo algunos presentaron evidencias de enfarde- lamiento por los fragmentos o restos de textiles que tenían en el cuerpo o sobre la cabeza. Se resalta el hecho de que los mejores conservados tienen un característico pelaje corto, lacio y de color marrón amarillento y/o marrón oscuro.

El entierro de estos canes como “acompañantes de entierros humanos” para los periodos tardíos (1000 – 1533 d.C) fue recurrente en el santua- rio (Uhle 2003[1896]; Eeckhout 1995; Paredes y Franco 1984). Asimismo, fueron ofrendados en las nuevas construcciones de edificaciones o ele- mentos arquitectónicos del santuario (Eeckhout 2008; Málaga 2008).

El reporte de hallazgos de canes en el santua- rio es bastante frecuente. Sin embargo, en esta oportunidad la participación de especialistas en los análisis biológicos y zoológicos nos ha permi- tido confirmar su identificación a nivel de sexo y especie y otras características que a continuación describiremos y comentaremos.

Otras evidencias de canes en la costa peruana prehispánica

Los diversos hallazgos de canes registrados en el santuario se diferencian de los canes de las re- presentaciones iconográficas Moche y Nazca (Intermedio Temprano) que son de talla pequeña, cola enroscada sobre el lomo, pelo corto y de co- lor blanco con grandes manchas oscuras o negras (ver Donnan y MacClelland 1999: 89, Fig.4.29). También difieren de los canes sin pelo de las representaciones Chancay (Intermedio Tardío) (ver Weiss 1976:41, Lam. III); asimis- mo de los conocidos como “perros pastores” de Chiribaya (Intermedio Tardío) excavados en Ilo por Sonia Guillen y del ejemplar recupera- do por Engel en un cementerio localizado en la península de Paracas, que son de talla menor, orejas semicaídas, patas cortas y pelo largo de color amarillento o blanco en casi todo el cuer- po (ver Engel 1987: 125, Fig. III-19b).

Esta comparación general, pone en evidencia que los canes de Pachacamac no parecen tener relación directa o descienden de ellos, debido a las evidentes diferencias de forma de cuerpo, pelaje y color.

Los hallazgos en la PCR 07 y Segunda Muralla del santuario El conjunto de hallazgos de canes con pelo, identificados como Canis familiaris, provienen de las excavaciones realizadas en la PCR 07 y en la Segunda Muralla que delimita la concen- tración de edificaciones del santuario, principalmente a las PCR (Figura 2).

Los hallazgos en la PCR 07 corresponden a una excavación realizada al pie del acceso que conec taba la Calle Norte-Sur a una de las plazas late- rales de dicha PCR. El hallazgo en su conjunto procede de los últimos niveles de utilización de la plaza durante la época Inca; cinco de los canes se encontraron asociados al entierro del fardo de un niño y un sexto can fue localizado al interior de un pequeña intrusión hecha en uno de los apisonados de la plaza (Pozzi-Escot et al. 2012) (Figura 3).
En la Segunda Muralla, en un tramo colindante con la vía conocida como Calle Este-Oeste, área aprovechada para configurar una plaza rec- tangular, se recuperaron los restos de diversas ofrendas entre los que resaltan objetos de estilo local y foráneos consistentes en dos escultura en madera de estilo Chimú e Ychsma, vasijas cerámicas de estilo Ychsma, Inca y Casma moldeado, así como los restos de una veintena de canes de distintas edades en buen estado de conservación. Por las características estilísticas de las vasijas y esculturas, se ha podido establecer que este con- junto de hallazgos dataría del Horizonte Tardío.

Sin embargo, el contexto fue disturbado por un huaqueo probablemente de la época Colo- nial (Figura 4).
Los restos de los canes recuperados, en su mayoría, se encuentran muy bien conservados (piel, pelos y huesos articulados). El tratamien- to mortuorio es diverso, algunos se encuentran envueltos con textiles de algodón (enfardela- dos), otros no tienen ningún tipo de envolto- rio, otros tienen solo una tela envolviéndoles la cabeza (a la altura de los ojos) y al menos uno tiene las extremidades amarradas con una soguilla de fibra vegetal (Figura 5). Los textiles usados no parecen haber sido elaborados ex- clusivamente para fines mortuorios ya que evi- dencian desgaste, recortes, falta de orillos, todo lo cual indicaría que provienen de otras piezas textiles que tuvieron otro uso previo.

Metodología de estudio
Para el estudio de nuestros recientes hallazgos de canes, hemos realizado exámenes anatómi- cos-forenses para determinar aspectos como sexo y especie, edad, tamaño, patologías óseas y traumas pre o perimortem que podrían aso- ciarse a posibles causas de muerte, etc. Para ello, utilizamos una colección de material óseo comparativo de individuos modernos y fuentes bibliográficas especializadas (Fiennes y Fien- nes 1968; Smith y Jones 1962; Blanco et al.
2009), así como la revisión de información so- bre hallazgos similares en Pachacamac que he- mos desarrollado en la parte inicial del artículo. La edad fue determinada teniendo en cuenta el tamaño y estado de fusión de las epífisis y diáfisis de los huesos largos, en los dientes se observó si éstos eran deciduos4 o permanentes, los cuales terminan de erupcionar alre- dedor de los siete meses, así como el desgaste en dientes incisivos, premolares y molares en los adultos. Con esta información se agrupa- ron a los canes por rangos de edad (Tabla 1). Para el cálculo de la altura de los canes se consideró la sumatoria de las medidas de las falanges, radio-cúbito, húmero y escápula5. Para el largo del cuerpo se consideró la medida en centímetros de la distancia desde el pecho hasta la base de la cola. El peso corporal fue obtenido en base al tamaño aproximado del can mejor conservado (Figura 6) y comparado con un perro vivo de similares características físicas. Todo esto nos dió una aproximación al tamaño que habrían tenido los canes.

Para caracterizar el tipo de cráneo, se empleó la propuesta veterinaria de Dyce et al. (2004), quienes realizaron una tipología basada en la forma y tamaño del cráneo en canes: dolicocefálica, mesocefálica y braquicefálica (ver Dyce et al.
2004: 398, Fig. 11-1).

Las reconstrucciones fenotípicas del conjunto de hallazgos analizados corresponden a ejem- plares que representan la variedad del grupo. Estas se han realizado mediante la observación directa de los restos óseos. El primer paso para la reconstrucción fue la realización de bocetos hechos en base al esqueleto armado de los ejem- plares seleccionados (Figura 7); el boceto considera las medidas de los huesos y la forma de cráneo. El siguiente paso fue la reconstrucción de los planos musculares (miológica). En un tercer paso se agregaron las características corporales como las dimensiones y colores del pelaje mediante el uso de lápices de colores y conside- rando la intensidad y distribución de la pigmentación del pelaje observado en cada uno de los ejemplares; las imágenes fueron digitalizadas y editadas en el programa Adobe Photoshop CS3, donde se trabajaron por capas para retocar cada uno de sus detalles como la intensidad de color, el tamaño de ojos, cola y orejas (Figura 8).

En esta etapa de nuestras investigaciones no hemosconsiderado por el momento el desenfardelamiento de los hallazgos, por lo que la revisión de los restos se ha realizado aprovechando la condición de desgaste y roturas en que se encuentran los envolto- rios. Por ahora, y debido a las dimensiones de los hallazgos, hemos empleado el uso de placas radiográficas en uno de los pequeños fardos para examinar las condiciones del animal al in- terior (Por ej. lesiones, fracturas, etc.) (Figura
9).

Tenemos evidencia de restos de pupas de in- sectos asociadas a cada uno de los hallazgos que indican que estos quedaron expuestos a la intemperie por algún tiempo. A futuro debere- mos ampliar las investigaciones hacia la ento- mología forense, lo que permitirá identificar al tipo de insecto al que pertenecen, los posibles traslados de cuerpo y las características de las zonas de procedencia.

El análisis histopatológico6 se ha incorpora- do recientemente a nuestros estudios. En esta etapa inicial, se ha realizado un examen visual de los ejemplares mejor conservados (momifi- cados) y que no tienen lesiones óseas aparen- tes. El examen ha incluido la toma de muestras correspondientes al hallazgo SM162, éstas corresponden a restos orgánicos oscuros disemina- dos sobre y alrededor de las vertebras cervicales, que por sus características y apariencia podrían tratarse de restos de coágulos de sangre (Figura10), indicio probable de que la causa de muerte fuera por ahorcamiento. Los resultados del aná- lisis nos brindarán información más detallada y abrirá un nuevo campo de evaluación sobre la causa de muerte de los estos animales.

Conclusiones preliminares
Hemos realizado el estudio de los restos de al menos 26 Canis familiaris o perros domésticos. Y en su mayoría se trata de cachorros de 1 sema- na hasta adultos jóvenes de 18 meses de edad.

Comunmente a la idea del perro prehispánico que se tiene y gracias a que las condiciones climáticas de las costa peruana que han permitido la preservación de los restos estudiados, los canes analizados tienen pelaje de tamaño corto o medianamente largo (entre 1 a 2 cm. y 3 a 4.5 cm.), y principalmente en dos colores: marrón ama- rillento y marrón oscuro que se manifiestan de forma individual o en combinación. Eran canes de talla mediana (38 – 42 cm. a la cruz7) y gran- de (45- 52 cm. a la cruz), de orejas cortas, cola larga, con estructura rectangular del cuerpo y miembros y, con un peso corporal entre 12 – 14 kilos para los de talla mediana y entre 18 – 22 kilos para los de talla grande.

El tratamiento mortuorio es variado e indi- ca que el enfardelamiento no fue planificado. Casi todos se encontraron en posición cubito- lateral; los encontrados en las excavaciones de la Segunda Muralla, y que mantuvieron su posición original, nos indican que fueron en- terrados dentro de fosas individuales de poca profundidad.

En al menos tres canes, se ha identificado patologías óseas compatibles a raquitismo y desnutrición (Figura 11). No se encontraron evidencias de cortes o lesiones en los huesos de los ejemplares analizados que nos den certeza sobre la causa de muerte de los animales. Fu- turos análisis toxicológicos (por ejemplo: en- venenamiento) y los resultados de los análisis histopatológicos nos podrán ayudar a deter- minar con seguridad los indicios que tenemos sobre la muerte por ahorcamiento y/o sacrificio. Si bien las causas de muerte de estos animales pueden ser naturales y/o intencionales, solo iden- tificamos su utilización en contextos rituales.
La variabilidad en el pelaje (longitud y den- sidad), la distribución de colores y característi- cas óseas del cráneo indican que estamos ante tres diferentes fenotipos de canes (Figura 12). Y, aunque no hay una correlación entre el tra- tamiento mortuorio y los fenotipos señalados, consideramos que estas características deberían ser estudiadas a futuro para poder determinar si se tratan de indicadores de procedencia. En cuyo caso, sería posible plantear que los canes fueron traídos al santuario por peregrinos provenientes de diversos lugares (locales y foráneos), y fueron dados como acompañantes de entierros huma- nos u ofrendas para el oráculo.
Sobre la utilización de los canes como “acompa- ñantes en la otra vida” existen varias referencias en crónicas y otros documentos, tal como lo su- giere una referencia recogida del Padre Arriaga, extirpador de idolatrías del Perú del siglo XVII, que señala que “los muertos van a la tierra del silencio pasando por un puente de palos y lle-
vados por perros negros, que en algunas par-
tes los crían para ese fin” (Citado por Weiss
1976: 43).
Asimismo, en el incanato los perros habrían formado parte de los cultos relacionados a la petición del agua realizados bajo la presencia de la luna o en el mes lunar cuando escasea el agua. Guaman Poma y Garcilaso de la Vega re- fieren que los incas amarraban y golpeaban a sus llamas y a sus perros en las plazas, mientras que ellos mismos y sus hijos lloraban y hacian ruidos con caracoles, tambores y otros instru- mentos; expresaban dolor, exponiendo sus su- frimientos y los de sus animales para atraer la atencion de la luna, que según Garcilaso “lla- masen la luna, que por cierta fabula que ellos contaban, decían que la luna era aficionada a los perros, por cierto servicio que le habían hecho, y que oyéndolos llorar, habría lastima de ellos” (Garcilaso 1941: 182-183 [1609: Libro Segundo, capítulo XXIII]).
Los canes procedentes de diversas edificacio- nes del santuario (Templo del Sol, Templo Vie- jo, PCR 02, PCR03, PCR 08 y PCR 13) guardan similitudes anatómicas con los tres fenotipos propuestos en base a los recientes hallazgos. Muy por el contrario, este conjunto no parece tener relación directa con los tipos de canes en- contrados en otros sitios de la costa peruana, debido a las diferencias de forma de cuerpo,
pelaje y color, que permitan establecer relaciones de descendencia y/u otros aspectos biológicos y culturales.
La importancia de estas evidencias hace necesa- rio continuar y desarrollar nuestra investigación mediante los análisis propuestos (entomología forense, patología forense, etc.), el estudio de contextos similares de los Andes Centrales, fuen- tes etnohistóricas etc. En un nivel comparativo, lo que podremos obtener es una visión amplia sobre su procedencia, variantes en sus caracte- rísticas fenotípicas y las diversas formas en que fueron utilizados éstos animales por las socie- dades prehispánicas involucradas en el culto a Pachacamac, a través del tiempo y del territorio andino.

Agradecimientos
A Sonia Quiroz Calle; María Luisa Patrón; Dr. Héctor Guzmán Iturbe de la Clínica Veterinaria “Las Garzas”, quien nos apoyó con la radiogra- fía de uno de los fardos; Dr. Ivanoe Vega por su colaboración con los análisis de patología vete- rinaria y a todo el equipo del Museo de Sitio de Pachacamac.

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