Hallan tumba en aguas subterraneas, bajo restos de Sacerdotisa Chornancap, Lambayeque, Peru

Un rico ajuar funerario perteneciente a un personaje de la cultura Lambayaque, desarrollada en al norte del Perú, fue enterrado entre los siglos XII y XIII d.C. en una inédita tumba acuática que ha sido descubierta por los investigadores del complejo arqueológico de Chotuna-Chornancap. Compuesto por un pectoral de perlas, orejeras de oro, conchas de spondylus y joyas de plata y cobre fueron hallados en la tumba de un personaje de élite de la cultura Lambayeque, ubicada bajo los restos del recinto funerario de la Sacerdotisa Chornancap, en el distrito de San José, a 12 Km. al oeste de la ciudad de Chiclayo, Departamento de Lambayeque, Perú

La nueva tumba, presentada por los arqueólogos de la Unidad Ejecutora 005-Naylamp de Lambayeque y del proyecto arqueológico Chotuna-Chornancap, se encontró a 60 centímetros de la cámara de la sacerdotisa y estuvo inundada durante ocho siglos por las aguas subterráneas de la zona.

Según el director del Proyecto Arqueológico Chotuna-Chornancap, Carlos Wester La Torre, se enterró a este personaje —que vivió entre los siglos XII a XIII d.C. y cuyo sexo aún no se conoce— en estas condiciones debido al simbolismo que representaba el agua para esta cultura.

En cuanto al ajuar, las perlas genuinas, así como el oro y las conchas spondylus, son parte del intercambio comercial que se hizo en esa época con culturas ubicadas en países de Centroamérica y Sudamérica, como Ecuador, Colombia y Panamá.

“Hasta el momento se han encontrado unos 70 ornamentos y joyas, que otorgan un alto estatus y elevada condición jerárquica al personaje de unos 800 años de antigüedad”, sostuvo el investigador.

El equipo de arqueólogos presentó hoy junto al Ministerio de Cultura este hallazgo que cobra aún más singularidad al situarse debajo de la tumba de la sacerdotisa de Chornancap, la primera mujer hallada con un rango social tan alto dentro de esta cultura, cuyo máximo exponente es el Señor de Sipán (siglo III d.C.).

Según el director del complejo, Carlos Wester La Torre, la tumba se encuentra tan sólo 60 centímetros por debajo de la cámara de la sacerdotisa y también del nivel freático de esa tierra, lo que provocó que estuviera inundada durante ocho siglos por las aguas subterráneas de la zona.

En su opinión esta es una circunstancia deliberada ya que el cuerpo, cuyo sexo todavía se desconoce, se enterró en esas condiciones atribuibles al simbolismo que el agua tendría para esta cultura, “ya que también excavaban pozos y eran conscientes de la proximidad del agua bajo sus pies”.

Para excavar la tumba los arqueólogos perforaron dos pozos colindantes que drenan el agua acumulada continuamente en la cámara hasta el punto de extraer entre 2.000 y 5.000 litros diarios por esa vía y entre 80 y 90 directamente de la tumba, mediante una bomba.

Al vaciarla de agua constataron que se trataba de “una autoridad religiosa con muchos vínculos políticos y religiosos porque estaba acompañada de tres individuos más, y entre otras ornamentaciones tenía un collar de perlas, una ofrenda exótica para este territorio, ya que quizás proceda de Ecuador o Colombia”.

El director del sitio arqueólogo advirtió que el alto nivel de humedad afecta a la conservación de algunos objetos y en poco tiempo procederán a retirar adornos como vasijas de cerámica y conchas con la colaboración de los agricultores de la zona, que reducirán el riego de sus cultivos.

Sobre la circunstancia de encontrarse bajo la tumba de la sacerdotisa de Chornancap señaló que “es inusual, pero definitivamente hay un vínculo entre la sacerdotisa y este nuevo personaje, pero por ahora es difícil identificar si es familiar, matrimonial o religioso”.

“La periodicidad entre ambos es corta y hay similitudes como el estilo de las orejeras y la lámina de cobre plateado que cubre sus rostros, pero se diferencian en que el personaje femenino se hallaba flexionado en dirección al este, mientras que el nuevo se encuentra extendido como si mirara al mar”, añadió.

Además en este último permanece la cerámica de Lambayeque, “mientras que la sacerdotisa tenía cerámica procedente de Cajamarca” y una orfebrería que a juicio a Wester La Torre “es de gran calidad y demuestra que los orfebres de esta cultura son tan maestros en este arte como sus antepasados de la cultura mochica”.

Ambas tumbas se encuentran dentro de un palacio de la época que para el arqueólogo es la evidencia que estas construcciones “pasaban más tarde a ser mausoleos”.

El viceministro peruano de Cultura, Rafael Varón, anunció que los restos de la sacerdotisa de Chornancap se expondrán desde el viernes en el Museo de la Nación de Lima, en una muestra de 62 piezas halladas en su tumba, incluyendo su cetro ceremonial, orejeras de oro, collares, cerámica y platería.

Así, a pocos kilómetros de la ostentosa tumba del Señor de Sipán, otros descendientes de su cultura continúan sorprendiendo con sus rituales funerarios, sin que todavía se sepa si bajo esa tumba de agua hay otra aún más antigua.

 

 

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