El palacio de la Luna

huaca_del_sol_y_la_lunaCon los años y el paso de las labores de descubrimiento, conservación y de las investigaciones científicas, el complejo de las Huacas del Sol y de la Luna se ha convertido indiscutiblemente en uno de los más importantes atractivos culturales y turísticos del norte del Perú.

Una visita a sus riquezas y a quienes se encargan de su administración nos permite extraer importantes lecciones.

Una incursión por los encantos que encierra la Huaca de la Luna, el gran centro de la civilización Mochica Es el año 500 DC en la costa de lo que después de siglos se conocerá como el norte del Perú.

Desde distintos sectores de una urbe ubicada entre dos majestuosas construcciones, desde talleres de orfebrería, cerámica, metalurgia, cruzando plazuelas, calles y callejones estrechos, una gran multitud –es muy probable que superen las 10,000 personas– se ha acercado al frontispicio del gran centro ceremonial que rige sus vidas.

huaca_del_sol_y_la_lunaReunidos en una amplia plaza que colinda con el lado norte de la huaca, frente a una fachada imponente que llega a medir en ciertos lugares hasta 290 metros de altura, hombres y mujeres miran asustados la visión de enormes criaturas –arañas, dioses milenarios, una divinidad sangrienta que cercena las cabezas de sus víctimas– que guardan el recinto.

Todos están a la espera de que por encima de esas figuras, en lo alto del templo, aparezca el gran sacerdote encargado de ofrendar a los dioses y a la tierra la sangre de los guerreros sacrificados al interior de la Huaca de la Luna en una ceremonia sólo reservada para ciertos privilegiados oficiantes.

huaca_del_sol_y_la_luna“La gente que llegaba ahí debió verse apabullada con esta visión monumental”, dice el arqueólogo Santiago Uceda, director –junto al restaurador Ricardo Morales– del Proyecto Huaca de la Luna, que realiza los trabajos de investigación, conservación y puesta en valor del actual complejo arqueológico: “Esos colores, esos iconos entre monstruosos e irreales eran lo que generaba ese manto de misterio y de horror que era, al final, lo que buscaban crear los arquitectos moches”.

Y no es para menos.

Pararse frente a la entrada de la Huaca de Luna y presenciar, adheridos a sus muros, los motivos de la febril imaginación mochica es un espectáculo estético intenso y sobrecogedor.

Es marzo del año 2005 y estamos justo en el frontis del templo, observando los trabajos de restauración que se realizan en esta parte del complejo tras haber recorrido el interior de la huaca, atravesar sus corredores y observar los muros en los que la figura del “degollador” se repite una y otra vez como reflejado en una sala de espejos.

huaca_del_sol_y_la_lunaNos han acompaña do el arqueólogo Ricardo Tello y el conservador Miguel Asmat, ambos trabajadores residentes en el área, quienes nos han ido explicando con mucha paciencia y generosidad la importancia de los vestigios arqueológicos, los nuevos alcances que aportan las investigaciones realizadas en el sitio y las labores de restauración y conservación que desarrolla el Proyecto para mantener en óptimo estado el monumento.

A lo largo de nuestra visita guiada una característica ha saltado a la luz con notoriedad: el criterio de conservación.

“El Proyecto respeta la condición de “obra de arte en actual estado de ruina” de la Huaca de la Luna”, habíamos leído, antes de nuestro viaje, en la página web www.huacadelaluna.org.pe, “por eso el antiguo templo Moche no ha sido restaurado.

Es decir, allí no se han repuesto los muros que ya habían desaparecido, ni se han retocado los colores que estaban deteriorados”.

huaca_del_sol_y_la_lunaPara ponerlo en palabras de Miguel Asmat, que está a nuestro lado: “La metodología de nuestro trabajo es tratar de recuperar sólo la evidencia que se encuentra; no hay restituciones formales ni estéticas aquí; cabe la posibilidad de hacer una reintegración pero sólo a nivel de estructuras y sólo cuando estamos frente a la amenaza de que algo se puede caer”.

Por ese motivo los enormes forados que han quedado como herencia de la época colonial y de los tiempos de la extirpación de idolatrías han sido dejados tal cual.

REINO DE ESTE MUNDO

Precisamente a través de uno de esos forados coloniales podemos observar las sucesivas fachadas que tuvo este centro religioso a lo largo de su existencia.

huaca_del_sol_y_la_lunaDurante muchos años la Huaca de la Luna creció en dimensiones por la sucesiva construcción de huacas que se fueron superponiendo, monumentos que fueron tapados en un momento con adobes y que resultaron contenidos por otras construcciones nuevas y más grandes, como si se tratase de un grupo de muñecas rusas, unas conteniendo a las otras.

“Las huacas se movían por un calendario ritual de los mochicas, una tradición”, nos explica Ricardo Tello, “cada cierto tiempo ellos tenían que armar nuevos templos”.

Hace un par de horas, apenas llegamos a la Huaca de la Luna –habilitada al turismo desde 1994 con sobresalientes resultados–, el mismo Ricardo nos informó que estábamos en el núcleo de un complejo de cerca de 60 hectáreas que constituye el área de una ciudad en la que moraban cerca de 15,000 habitantes.

Su apogeo, nos dijo, se dio entre los años 400 a 600 DC: “Esta ciudad estuvo formada por la Huaca de la Luna, que es el templo, la Huaca del Sol, que se supone se destinó a funciones administrativas, y las viviendas que están organizadas en bloques y que se articulan a lo largo de caminos o avenidas y callejones”.

Después de la explicación subimos por una entrada abierta del lado opuesto de la fachada principal y nos topamos con la zona interior donde se realizaban los sacrificios humanos: vemos unas formaciones rocosas en las que se hallaron a más de 70 personas ofrecidas a los dioses.

huaca_del_sol_y_la_luna“El ritual empezaba con la selección de los individuos a través de un combate entre guerreros de comunidades de la misma sociedad; los que perdían eran conducidos al templo para ser sacrificados, pero antes eran previamente preparados porque iban a ser el vínculo entre el mundo de los vivos y de los muertos”, nos explicó Ricardo.

EL MURO DE LOS ENCANTAMIENTOS.

Hemos dejado atrás la fachada del templo porque preguntamos por el sonado hallazgo del muro que se ha encontrado intacto el año pasado y que se presentó a la prensa y al mundo en octubre del 2004.

Nuestros anfitriones nos han invitado a observar de cerca los trabajos de restauración en esa pared ubicada al lado izquierdo del frontispicio de la enorme huaca, un privilegio por ahora reservado a los trabajadores del proyecto.

Si desde lejos pudimos advertir una coreografía de elementos turbadora, de cerca seremos testigos de un universo de formas de una complejidad inédita en el arte mochica, una danza de pescadores, serpientes, guerreros, aves.

“El tema del muro es un misterio aún en términos de compresión”, nos ilustrará Santiago Uceda en una entrevista realizada en Lima después de nuestro viaje.

“Nosotros hemos lanzado una hipótesis que es tentativa.

Pensamos que estas imágenes representan una visión cosmogónica del mundo moche, ligada como todas las visiones cosmogónicas del mundo antiguo, a mitos y ritos de creación que explican el porqué de todas las cosas.

El gran desafío es que no tenemos una historia escrita u oral que nos permita comparar ambos relatos”.

Varias personas trabajan a estas horas en el muro nuevo y en otros muros de esta sección.

Sobre diferentes andamios de madera y protegidos por techumbres liberan partes de las paredes, conservan los colores, alejan la humedad de las estructuras.

Miguel Asmat nos ha contado los procedimientos de control que se toman para mantener los muros del interior del templo, los mecanismos de paravientos y el uso de cubiertas que impiden el impacto de la luz ultravioleta, de los cambios de temperatura y de otros agentes contaminantes.

Se trata de mecanismos que se modifican de acuerdo a los cambios de los agentes climáticos según un “monitoreo hidrotérmico”, es decir un control permanente de humedad y temperatura.

Ahora, frente a la belleza de los nuevos muros exteriores, casi al final de nuestro recorrido por la huaca Miguel nos explica que en estas estructuras exteriores los retos de conservación son aun mayores: “Creíamos que la humedad estaba controlada porque los muros habían estado cubiertos por arena pero no fue así; la humedad producto de las lluvias se filtró a través de ésta dañando el muro.

Nuestra labor fue eliminar la humedad contenida en el muro y el relieve mediante una evacuación indirecta, sin intervenir el muro en sí.

Lo que hicimos fue retirar la arena húmeda, colocar adobes y con arena caliente lavada rellenar los espacios durante dos meses, de modo que esta arena absorbiera la humedad.

Y ahí ves los resultados”.

Efectivamente, los muros parecen
haber vuelto a la vida.

No podemos dejar el complejo sin antes
dar un vistazo a los trabajos que se
realizan en la zona urbana, comprendida
entre la Huaca de la Luna y la del Sol:
asoman ahí callejuelas, casas, patios, estructuras
que saldrán a la luz con mayor
precisión cuando se retomen los trabajos
de excavación en este mes de mayo.

Estamos exhaustos.

A nuestro lado ha
estado siempre –además de Edwin Angulo,
fotógrafo estrella del INC La Libertad–
el conservador Rubén Salas.

Salas
es, junto al arqueólogo Jesús Briceño,
el encargado de monitorear a nombre del
INC la labor de los muchachos del proyecto
Huaca de la Luna.

“Las
supervisiones se realizan mediante visitas
semanales en las que se siguen las
especificaciones técnicas que constan en
el mismo proyecto tanto para las intervenciones
como en el mantenimiento del
monumento”, señala satisfecho.

“El personal
que trabaja aquí es de primera y de
gran experiencia; muchos de ellos, incluso,
han laborado antes en el INC, así que
los conocemos muy bien.

Podemos decir
que los trabajos son excelentes”.

Enhorabuena.

(Jeremías Gamboa, desde Gaceta INC)

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