El fin de los mochicas: ¿fue culpa del fenómeno El Niño o la política del Estado Mochica?

Los mochicas de la costa norte del Perú parecen haber colapsado no una, sino dos veces. La primera vez, de la que parecen haberse recuperado con cambios significativos en sus formas de organización, ocurrió hacia el 600 d. C., y la segunda, y definitiva, hacia el 850 d. C. Ambas fechas podrían coincidir con eventos climáticos, como fenómenos de El Niño, aunque es difícil establecer una correlación directa por la frecuencia de estos fenómenos. Sin embargo, una de las hipótesis más difundidas, de moda entre los científicos desde la devastación causada por las lluvias de 1983 y 1998, es que las lluvias y los desbordes de los ríos habían sido la causa del colapso mochica. ¿Es esto cierto?

El primer colapso mochica coincidió con el abandono de la Huaca de la Luna, un cambio drástico en los patrones de ocupación del complejo de las huacas de Moche y el inicio de la construcción de la Huaca del Sol. Las excavaciones de Santiago Uceda y Ricardo Morales indican que no solo se trató de una mudanza de la Huaca de la Luna a la Huaca del Sol (y los nombres no son mochicas ni tienen nada que ver con los astros), sino de un debilitamiento de los sistemas políticos y sociales, es decir del Estado Mochica. Los mochicas parecen haberse recuperado de este desastre haciendo cambios drásticos en sus formas de organización y gestión económica, una suerte de modernización administrativa, que implicó formas más seculares de liderazgo.

Doscientos cincuenta años después, en el 850 d. C., se produjo el segundo y definitivo colapso de las sociedades mochicas. Para ese entonces coexistían en la costa norte una docena de diferentes entidades políticas mochicas, pequeños estados y reinos, cada uno con su propia organización, pero compartiendo un sistema cultural y religioso. Prueba de su existencia son las tumbas reales que se han encontrado en Sipán, Úcupe, San José de Moro, El Brujo, Huaca de la Luna, etc. Algunos de estos incluso parecen haber sido gobernados por sacerdotisas. Cada estado Mochica experimentó entre el 750 y 850 d. C. un proceso de colapso del que no se pudo recuperar. Si bien los fenómenos de El Niño, u otras calamidades como terremotos o sequías prolongadas, pudieron ser los catalizadores de estos colapsos, en realidad fue la incapacidad de sus sistemas administrativos, de los gestores del Estado, de reaccionar ante estos eventos, lo que los hizo desaparecer.

El colapso mochica no implicó la muerte de las poblaciones, o el abandono de los campos de cultivo. Los esqueletos de las personas que vivieron en estos tiempos no revelan más estrés alimentario que en períodos anteriores o posteriores, y en cualquier caso los efectos de las lluvias son menores en el campo que en la ciudad, así como la recuperación es más rápida. Tampoco desaparecieron sus idiomas ni mucho de sus rasgos culturales. Lo que colapsó fue su sistema de gobierno y las tradiciones que estaban relacionadas con esta clase gobernante, como la religión mochica y muchos de los espacios, templos, centros ceremoniales, cementerios que se habían desarrollado alrededor de estas prácticas.

El colapso mochica, entonces, más que un efecto de desastres naturales, parece haber sido un rechazo de las formas de organización por parte de un pueblo que se sintió defraudado por sus líderes. Los rituales que estos habían creado para legitimar su poder, los artefactos y estilos artísticos asociados a ellos desaparecieron y dieron paso a sociedades diferentes, Lambayeque y Chimú, pero que continuaron con la tradición de las sociedades mochicas.

El colapso de los mochicas, hace 1.200 años, nos debe dejar una serie de moralejas. En primer lugar, hay que aprender de los errores, y no repetirlos, puesto que tenemos solo una oportunidad de equivocarnos y a la segunda va la vencida. En segundo lugar, la naturaleza no es la culpable de que las cosas vayan mal. La naturaleza es lo que es, el problema somos nosotros que no aprendemos a hacerle frente, aunque creemos que la tenemos bajo control. Y, en tercer lugar, las sociedades que colapsan son generalmente las que se acostumbran a hacer una cosa, sin tener capacidad de adaptarse a los cambios.

Creer que la naturaleza va a ser siempre igual, que si no ha llovido en años nunca más lloverá, que las quebradas están dormidas para siempre, que los volcanes nunca despertarán, es posiblemente lo que llevó al final de los mochicas. No culpemos al Niño, sino a nosotros mismos. Los Niños seguirán ocurriendo, pero los mochicas ya no están aquí hace 1.200 años.

Escribe: Luis Jaime Castillo B.
Fuente: El Comercio

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