El ensueño de Mórrope

Último pueblo Mochica. Libro documental y gráfico dedicado a la “ciudad viva” de los mochicas.

Roberto Ochoa B.

Uno de los espacios de mayor atracción en el Museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán es aquel en el que unos maniquíes animados representan la corte de este soberano moche que gobernó en los actuales territorios de Lambayeque.

Pocos saben, empero, que los “modelos” fueron identificados por el arqueólogo Walter Alva en el poblado de Mórrope, a solo quince kilómetros del museo, donde aún se conserva inalterable el biotipo moche eternizado en los huaco retratos, y donde podemos comprobar la célebre belleza de las mujeres mochicas: sus hermosos rostros acorazonados que al sonreír se iluminan como en plenilunio y esos ojos almendrados y oscuros afines a sus cabellos de pizarras carboníferas que parecen brillar sobre su fina piel de cobre y arcillas fluviales. Una belleza solo comparable con las tahitianas que conmovieron a Paul Gauguin.

Hace un par de años, el colega Luis “Oso” Miranda nos sorprendió con un reportaje dedicado a Mórrope difundido en ‘Cuarto Poder’. La cosa no quedó ahí, pues el “Oso” había quedado hechizado con este poblado moche escondido entre campos de cultivo y esos médanos que parecen esculpidos por los violentos vientos procedentes del mar.

Miranda reconoce que él mismo se sorprendió con su “hallazgo” que sacó a relucir su vena fotográfica y fue estampando imágenes de personajes y escenarios para demostrar que así como Ollantaytambo es la única “ciudad viva incaica”, así también Mórrope (“iguana”, en moche) mantiene esta cualidad étnica y urbana de haber conservado las tradiciones moches por más de dos mil años. La diferencia es que recién está despertando a fin de proyectarse como epicentro turístico del Circuito Moche.

Por su envergadura, el libro no guarda las características de un “table book”, pero su edición cumple como libro documental y registro gráfico de personajes y el entorno paisajístico y urbano de Mórrope.

Y es el propio Walter Alva, descubridor de las tumbas reales del Señor de Sipán, quien ofrece un testimonio único sobre sus primeras experiencias profesionales en Mórrope. Fue en 1974 cuando cumplía como practicante del peruanista Richard Shaedel. Alva nos describe los cambios en Mórrope en los últimos 50 años y nos ofrece un panorama revelador con un antes y un después marcado por los estragos que dejó el fenómeno de El Niño de 1983.

Murrup, Último Pueblo Mochica nos brinda un testimonio gráfico del esplendor moche que sobrevive en el norte peruano, pese a esa seudomodernidad que brindan los mototaxis y los esperpentos urbanísticos. Mórrope bien merece mantener su estatus de “ciudad viva” de los moches.

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