Cultura Virú

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CULTURA VIRU

Ceramio Virú

Son muy diversos los trabajos de investigación arqueológica realizados en el valle Chicama, relativamente escasos los referentes a definir las modalidad de las practicas mortuorias relacionado a la Cultura Virú. Quien inicio la investigación sobre este tema en el valle, básicamente fue realizada por Rafael Larco, y la denomino como cultura “Cultura Virú” a partir de los hallazgos que ejecuto en el Chicama y otros valles como el Santa, Chao, Virú y Moche (Larco 1944, 1945, 1948:22-27).

Aunque unos años antes Kroeber (1925: 65) retomando lo señalado por Bennett en 1939, difunde el topónimo “Gallinazo” con el argumento de que esta es una manifestación muy particular dentro de las ocupaciones prehispánicas del valle de Virú y la denominación “Cultura Virú” bien podría resultar confusa. Por ello kroeber al referirse a “Gallinazo” dijo “Cuando el registro comparativo sea más adecuado no dudaría en usar un nombre propio” (citado por Barr 2000: 12).

Las primeras referencias efectuadas por Larco, en 1933, quien descubrió en la Pampa de “Los Cocos”, cercana a las huacas del Sol y de la Luna, la primera tumba conteniendo vasos cuya característica principal era la pintura negativa. Precedentemente había sido clasificada como correspondiente a la cultura del Callejón de Huaylas. Consecutivamente con los hallazgos en cementerios del valle de Virú, se determinó dar nombre a la cultura por lo abundantes evidencias que cobijaban en este valle, por lo cual Larco, consideró que se encontraba el centro principal y más importante de cerámica negativa descubierta hasta hoy en el Perú.

Larco, definió que estas tenían características propias que le daban unidad, permitiendo al arqueólogo diferenciarlos de las otras culturas. Se sumo a ello las particularidades observadas en la indumentaria, armas, arte orfebre y culto a los muertos, concluía de que se trataba de un agregado cultural. Reconocía que la cerámica era aparentemente distintas a la del valle Virú, esta última presentaba ornamentación negativa. También se ha extraído en otros lugares del país, encontrándose en tumbas de otras culturas, asociada a la cerámica propia de cada lugar. De ahí que considero que se trataba de una modalidad artística que se propago, y cuyo centro bien pudo ser este sector del norte del Perú. A ello Larco, agregó que era indudable que existía relación muy estrecha entre la cultura del Callejón de Huaylas y la cultura de Virú (Larco 1945:1).

Larco, sostenía que la cultura Virú el cual fue llamado “Gallinazo” por Bennett (1939), es coetánea con Salinar y contribuye con elementos nuevos para el desarrollo de la cultura Mochica en la “época auge” (Larco 1948:22). Su cercanía espacial es reconocida por otros investigadores siendo bastante sugerente cronológicamente (Kaulicke 1992:878).

En lo que respecta a la secuencia planteada por Bennett (1939), esta fue cuestionada por Fogel (1993) y Billman (1996), afirmando que no existe sustento estratigráfico dentro de la evolución arquitectónica sostenida por Bennett, quedando abierta la probabilidad de confusión en la lectura y control durante las excavaciones. Sustentan que la secuencia estilística del Proyecto Valle Virú, refleja valores de frecuencia de tipos, sin el debido sustento estratigráfico, por ello no existe seguridad respecto a la posición de tipos como elementos diagnósticos en la secuencia del estilo. Sin embargo varios autores han reconocido para este momento cronológico, como una etapa cultural que se extiende desde el valle de Rímac hasta Piura, mostrando una distribución bastante amplia y globalizante (Kaulicke, 1991; Makowsky, 1994; Shimada y Maguiña, 1994). Pasaremos analizar las investigaciones en cada valle:

VALLE DE VIRÚ
Los estudios arqueológicos en el valle de Virú, inicialmente permitieron conocer evidencias de cementerios en la parte baja y media del valle y en ambas márgenes del río Virú. Entre los sitios de la derecha se tiene a: Huancaquito, Huancaco, Cerro de Pina, Castillo de Huancaco, Huaca Larga, Saraque, Huacapongo; y para la margen izquierda, aguas arriba: Castillo de Tomabal, El Cerrito, San Idelfonso, Pampa de Pur Pur, Guañape y Huaca del Gallinazo (Larco 1945:3).

Larco, en la necrópolis de Tomabal, encontró dos cráneos que mostraban sobre los arcos superciliares, motivos geométricos incisos enmarcados por dos líneas paralelas dobles. Respecto a la cerámica estableció que se distinguen por la superficie brillante, bruñida y de textura uniforme y estaban bien cocidos en hornos abiertos. Por lo general de color rojo, con cierta tendencia al rosado, contrastó un reducido porcentaje de ceramios negros, pardos, plomos y cremas (Larco 1945: 15).

Con respecto a los sitios de enterramiento pertenecientes a este período cronológico en Virú, son aislados como intrusivos. Los aislados y en menor proporción se hallaron en depósitos aluviales; según Willey reporta los sitio V-131 y V-109; tumbas aparentemente fosas simples (Willey 1953: 114,176) elaboradas como recintos funerarios de piedra o sarcófagos de planta rectangular, algunos con recinto anexo para la colocación de ofrendas, mientras otros tienen cubiertas de lajas de piedra o petates de junco, que Larco encuentra asociados a entierros extendidos y ofrendas correspondientes a cerámicas Virú y Moche (Larco 1945).

En lo que respecta a este tipo de modalidades mortuorias también podría considerarse los montículos funerarios o Burláis Mounds (Bennett 1939), los cuales han sido descritos como acumulaciones irregulares de diversa altura, cuya composición básica es barro compacto (Bennett 1939:56), y tierra de deshechos alcalinizados proveniente de los alrededores de los campos de cultivo (Collier 1955: 90).

La investigación de Bennett (1939: 58), admite que la ubicación de los montículos con respecto a las estructuras arquitectónicas, se encuentran un poco distantes y contienen entierros de diversas Períodos Culturales los cuales cronológicamente van desde Puerto Moorín (Salinar), Gallinazo (Virú) y Huancaco (Moche), aunque sostiene que la mayor cantidad de inhumaciones correspondían a estilo “Gallinazo”, aclarando que estos aparecen como entierros directos, sin aparente preparación de tumbas, es decir en fosas simples de planta circular o alargada, los cuales contenían individuos que se encontraban en posición extendida o raramente flexionados.

Sin embargo Bennett, no documenta estructuras en la mayoría de estos sitios. Por los hallazgos de carbón y algunos tiestos concluyó que se trataba de algún tipo de actividad doméstica en el lugar. Sin embargo la ambigüedad que presentaban la distribución de los entierros adyacentes a los montículo, lo llevaron a desconocer el significado de tal asociación entre los entierros y montículos, concluyendo que durante “Gallinazo” no existió arquitectura funeraria (Bennett, 1950: 108); opinión que trascendió a Strong y Evans, cuando ellos excavan posteriormente otras áreas y revisan el material de Bennett (Strong y Evans 1952:86).

Las excavaciones del sitio denominado como “Grupo Gallinazo”, identificado como el V 163, se encontraba ubicado en dirección Sur, del eje mayor dicho sitio presentando dos de montículos, excavados por Bennett (1936), posteriormente por Strong y Evans (1952), exhumándose 42 entierros en fosas denominadas “simples”. La mayoría de individuos allí enterrados tuvieron una posición extendida, las variantes fueron dos entierros en posición flexionada. Cada uno de ellos mostraba ex profeso haber sido colocado para el viaje póstumo, a modo de ofrenda una placa o disco circular de cobre en la boca, se obtuvieron además 91 vasijas. Con respecto a la arquitectura, se reporta paredes elaboradas con adobes modelados esféricos aunque no observaron estructuras definidas (Bennett 1939:58-59, 1950:57). Otra excavación correlativa ejecutada en el sitio denominado como el V-164, fue un montículo en la que se reportó el hallazgo de 27 entierros, siendo el único lugar del cual Bennett, presenta dibujos de planta y perfil (Bennett 1950: 58).

Los entierros excavados por Bennett, en los sitios V-252 y V-265-A del “Grupo Gallinazo” (Bennett 1950:60-21) y (Collier 1955:59-60), documentan 20 entierros, la mayoría de individuos estuvieron extendidos con la cabeza al Sur, contenían ofrendas, mientras que los pocos entierros flexionados carecían de vasijas obteniéndose algunos fragmentos de textiles. En el V-265, hallaron dos entierros, se trataba de un infante con ofrendas de cobre, fragmentos de cristal y cuentas; y un adulto flexionado sentado, tenia deformación occipital, asociado a una pieza de cobre en la boca y un cuenco. El sitio (V-152 B), Bennett, muy cerca de la superficie encontró entierros saqueados, asociados a restos de textiles, aparentemente estuvieron contenidos en adobes alineados (Bennett 1950:42).

VALLE DE MOCHE
Las iniciales referencias efectuadas por Larco, se remontan a 1933, vinculado a Pampa de “Los Cocos”, cercana a las huacas del Sol y de la Luna, donde se desentierra la primera tumba conteniendo vasos cuya característica principal era la pintura negativa; así como también en Santo Dominguito (Larco 1945:3).

En las investigaciones realizadas en el valle de Moche, se documentaron hallazgos en la Huaca del Sol y La Luna, exprofesamente en la explanada, John Topic (1977), en su tesis doctoral, demuestra un entierro extendido asociado a una vasija de la fase “Gallinazo”, al que correspondería a una ocupación temprana, poco densa y previa a la construcciones monumentales. La posición predominante de los entierros, es extendido, decúbito dorsal, aunque también se reportan algunos entierros flexionados para el valle. Los entierros “Gallinazo” que publican Donnan y Mackey en 1978, proceden de Huanchaco y de Cerro Blanco y corresponden a personajes femeninos extendidos (Donnan y Mackey 1978). En las investigaciones del Proyecto Valle Moche, se realizaron hallazgos en cerro Arena, en un cementerio “Gallinazo” cuyos cadáveres indicaban la presencia de metal en la boca, Michael Moseley (1993) los define como pertenecientes a áreas pequeñas de enterramiento conteniendo de 15 a 25 individuos depositados en fosas simples, que por su forma, asume que los individuos estuvieron en posición extendida. Parte del material óseo disperso en estas áreas presentan manchas verdosas en mandíbulas y extremidades superiores e inferiores, permite suponer que estuvieron en contacto con metal, posiblemente cobre (Moseley et.al. en: Fogel 1993: 205, 231).

En su tesis Brian. Billman, documenta 11 cementerios; cuatro en el valle medio y siete en el valle bajo, reportando entierros tanto en sitios aislados o distantes como intrusivos. Los aislados perteneciendo a agrupaciones de entierros en fosas simples de matriz arenosa (Billman 1996:247).

Según Billman (1996:245), establece que durante esta fase, largas áreas del valle de Moche fueron abandonadas por los grupos costeños, la población agrupada del valle medio inferior y la construcción de fuertes y fortificaciones se incrementaron. Muy pocas estructuras ceremoniales fueron construidas en la fase “Gallinazo”, solo dos centros ceremoniales han sido identificados: Huaca Estrella (MV-515) y Cerro Pesqueda (MV-558) Huaca Estrella está ubicada en el campo arado en el lado sur de el valle interior.

El otro centro ceremonial pequeño (MV-558) ubicado en la cima del Cerro Pesqueda, tiene una plataforma de 50 por 5 por 4 m, construida por adobes marcados con caña, típicos a la fase “Gallinazo”. No ha sido identificado ocupación domestica de la fase Gallinazo en este sitio, como previamente expuesto, los montículos de adobes están presentes en Cerro Oreja y Pampa La Cruz (Billman 1996:246).

Los reportes en Pampa La Cruz o “La Poza” (Barr 2000), Huanchaco donde el uso del sitio como lugar de enterramiento, parece corresponder a intrusiones en un área habitacional con abundantes restos domésticos, evidenciados durante las excavaciones. Allí, la población “Gallinazo” habría coexistido con la Salinar o fue una reocupación inmediata. Representada por entierros que datan para las fases tempranas de la época “Gallinazo”. En los hallazgos se reporta una tumba que contenía dos individuos, uno de sexo masculino y otro de sexo femenino, ambos en posición extendida. La posición de las cabezas orientadas hacia el Sur y ofrendas de vasijas de cerámica que fueron depositadas rotas. Se suma en el área la localización de 7 entierros asociados a fosas simples (Sánchez y Tinta, 1990).

Los datos de estratificación social en la fase “Gallinazo” es limitada. El ejemplo de entierros Fase Gallinazo reportados en el valle de Moche es deficiente para evaluar las diferencias de estatus (Donnan y Mackey 1978).

VALLE SANTA
Los hallazgos de Larco en el valle del Santa, corresponden únicamente, a la margen Izquierda, aguas arriba, y cuyos cementerios han sido identificados en la hacienda Tanguche, huaca Corral, huaca Gallinazo de la hacienda Santa Clara, y Cerro Ramiro (Larco 1945: 3).

En David Wilson (1988), encuentra que los primeros cementerios de la secuencia cultural del valle aparecen con la fases Temprana y Tardía de Gallinazo, definidas como Early y Late Suchimancillo. Los enterramientos se ubican en el valle alto y en la parte alta del valle medio. Determina la presencia de áreas de inhumación aisladas e intrusivas. Los cementerios aislados, son predominantes y están alejados de áreas de habitación o defensivos, emplazados sobre terrazas en la entrada de quebradas o, en extensas llanuras en el borde de los conos de deyección; mientras que, los intrusivos los encuentra en sitios con funciones primarias de habitación y defensa.

Las tumbas documentadas en el valle son en fosas simples (en las que no menciona la posición de los individuos) y en cistas, pequeñas construcciones de piedra de planta pentagonal o hexagonal, de aproximadamente 0.50 m. de diámetro y de 0.50 a 0.70 m. de profundidad, que debieron contener entierros secundarios o cuerpos muy flexionados y atados. Son consideradas como influencia del área serrana adyacente el Callejón de Huaylas, durante Early y Late Suchimancillo (Wilson 1988: 162-170).

Los reportes del Catastro Chavimochic realizados durante 1987 en el valle, señalan la presencia de dos tipos de cistas. La primera, denominada mausoleo, consta de una urna de piedra de forma cuadrangular, de aproximadamente 0.40 a 0.50 m de lado y profundidad variable, delimitada por un muro cuadrangular de unos 4 m de lado, ocupando la parte central y sellada por una laja de piedra. El otro tipo es una urna sobre un espacio plano (Uceda 1988:28). Debe indicarse, sin embargo, que la fragmentería predominante asociada a la superficie, corresponde al estilo Recuay y en menor proporción a Virú y Salinar (Marín 2000: 26).

VALLE DE JEQUETEPEQUE
Las excavaciones de Ubbelohde-Doering (1967 y 1983) en Pacatnamú, permiten identificar cerámica Gallinazo o Virú asociada a Moche III, este fenómeno lo explica como una intrusión Mochica a la población Gallinazo durante los años 450 d.C. sumándose a esto, evidencias de fragmentería de cerámica Gallinazo y construcciones en la región de Tecapa y Jatanca.

Las investigaciones en Huaca Dos Cabezas por Castillo y Donnan (1994), reportan fragmentos de cerámica Gallinazo la cual sugiere que la ocupación incluye tanto el estilo Virú o Gallinazo que normalmente precede al estilo Mochica Temprano.

De los estudios de Verano (1994,1997), en Pacatnamú se documento 84 entierros cuyas posiciones estaban extendidas y orientados con la cabeza en dirección Sur y depositados en fosas simples o comunes los cuales tenían una conformación rectangulares y ovaladas, entre los que destacaban los entierros 35, 37 y 48, los cuales presentaban en su contexto una asociación de materiales Gallinazo y Moche (Donnan 1997:37).

Otro aspecto relevante (Alfredo Narváez 1994), lo da a conocer en Cerro La Mina, margen Sur del Río Jequetepeque, en donde se ubicó un entierro el cual estaba parcialmente saqueado. Se trataba de un personaje de significativa importancia social el cual estaba asociado a finas vasijas del estilo Moche I, al interior de una cámara funeraria que había sido elaborada con adobes paralelepípedos los cuales presentaban marcas de caña, que tienen recurrencia con la tradición Gallinazo (Lámina Nº 6).

VALLE DE LAMBAYEQUE
Shimada y Maguiña (1994:40), reportan en Huaca Soledad un entierro intrusivo en posición extendida asociado a un cántaro Gallinazo. Esta área domestica se reporta como parte de una extensiva ocupación Gallinazo, asociada a montículos monumentales de plataformas el que fue documentado en el valle medio particularmente a lo largo de la margen Sur en los Cerros: Sajino, Huaringa, La Calera, Vichayal, Paredones y Huaca Letrada.

VALLE DE PIURA
En la sierra de Piura, Provincia de Ayabaca, Distrito de Lagunas, Mario Polia en 1997, excavó diversos sitios con recintos funerarios. En Hualcuy, las estructuras mostraban planta ovoidal, mientras en Loma La Huaca y El Tuno, las estructuras tenían planta circular y ovoidal. Una tercera forma se localizó en El Chirimoyo, con planta en doble cámara y acceso localizado en la parte central, semejando una doble bota. Los entierros no tenían la posición flexionada y vasijas de gran parecido al estilo Gallinazo de Virú (Sachún, com. per. 1999 citado en Marín 2000:38).

Los entierros del Intermedio Temprano manifiesta Makowsky (1994), que rara vez se asocian con arquitectura. Los cementerios se distribuyen sobre lomas arenosas estabilizadas y profusamente saqueadas. En la superficie se documenta material cerámico Gallinazo, Moche I y Vicus (Makowsky 1994:111), aunque se considera que la cerámica Gallinazo está mal representada en los cementerios, tiene una notable presencia en áreas ceremoniales y residencias de élite (Op. Cit. p. 236). Aunque se considera que no se conoce mucho de los contextos, formas y cantidad de entierros en dichas áreas, existe la posibilidad de que se trate de cámaras y tumbas de tiro que contienen entierros extendidos (Kaulicke 1991:882).

Durante su exposición en el XIII Congreso Nacional de Estudiantes de Arqueología “Rafael Larco Hoyle”, Makowski (2004), sostuvo que en Piura (100 d.C. – 400 d.C.), el estilo “Gallinazo”, remplaza a la cerámica utilitaria Sechura. Respecto a los entierros (tradición Mochica fase I) identificados en Loma Negra, establece que son comparables con La Mina y Sipán, y los talleres especializados Mochica (Fase I, II, III), los cuales demuestran una posición política dominante; sin embargo reafirma que los talleres Vicús seguían produciendo cerámica ceremonial fina e introdujeron varios elementos iconográficos formales e inspirados en los estilos Virú-Gallinazo y Mochica. Con respecto a la arquitectura tapial y luego de adobe rectangular Gallinazo-Mochica llego a remplazar a la arquitectura de barro embutido de Vicus (Makowski 2004).

VALLE CHICAMA
Larco (1938-1963), realiza excavaciones en la parte media y alta del valle Chicama, describe los hallazgos referente a un cementerio Virú, en las cercanías de Salinar, Barbacoa y Pampas de Jagüey; estableciendo una propuesta cronológica en 1948. Entre sus anotaciones describe entierros de la época Cupisnique, Salinar, Virú de Chicama (Larco 1948: 26). En el valle de Chicama Larco (1945) reporta la frecuencia de sarcófagos rectangulares de piedra, con recinto o sin él, separado para la colocación de la cerámica (con recinto, reporta cuatro en el valle de Virú). Algunas de las tumbas rectangulares estaban cubiertas por lajas de piedra. Respecto a la forma más común establece que es irregular, alargado y de acuerdo con el tamaño del cadáver.

También encuentra Larco (1945), entierros Virú revestidos con cañas de un metro de largo más o menos, semejantes a los ataúdes Mochicas. Aún cuando la confección es burda, dentro de estos sarcófagos encontró pequeños y finísimos vasijas con pintura negativa del Período Auge. Manifiesta que sólo vio un sarcófago de adobes paralelepípedos con vasos de esta cultura, el cual era de forma rectangular, con paredes enlucidas y tenia una cobertura de lajas de piedra. Establece que no obstante haber encontrado fragmentos de tela carbonizada en los recintos funerarios, no podemos asegurar que los cadáveres estaban envueltos en tela; pero sí, muchos aparecen cubiertos con petates de junco (Larco 1945:26)

Con respecto a las construcciones funerarias excavadas, Larco identificó para esta etapa tanto en el valle de Virú y el Chicama, adscritos a las fases “Virú Auge” y “Virú de Chicama”, aparentemente asociados a material Moche (Larco 1945 : 28).

En el Valle Chicama, las ofrendas mortuorias son mencionadas en términos generales por Larco como: “entierros en recintos contienen individuos extendidos y tienen vasijas. Algunos objetos de cobre dorado y restos de maní, maíz, pallares, un tipo de fríjol rojizo de gran tamaño, lagenaria y una semilla negra no identificada y común en las tumbas del Período Decadente, además del ashango, fruto silvestre utilizado hasta hoy por los curanderos” (Larco 1945:4).

En lo que respecta a la Periodificación Larco, sostiene que la cultura Virú o también (llamado “Gallinazo” por Bennett 1939), es coetánea con Salinar y contribuye con elementos nuevos para el desarrollo de la cultura Mochica en la “época auge” (Larco 1948:22).

En lo que respecta a la secuencia planteada por Bennett (1939), esta ha sido cuestionada por Fogel (1993) y Billman (1996), ellos afirman que no existe sustento estratigráfico dentro de la evolución arquitectónica sostenida por Bennett, quedando abierta la probabilidad de confusión en la lectura y control estatrigráfico durante las excavaciones. Sustentan que la secuencia estilística del Proyecto Valle Virú, refleja valores de frecuencia de tipos, sin el debido sustento estratigráfico, por ello no existe seguridad respecto a la posición de tipos como elementos diagnósticos en la secuencia del estilo. Sin embargo varios autores han reconocido este momento cronológicos, como una etapa cultural que se extiende desde el valle de Rímac hasta Piura, mostrando una distribución bastante amplia y globalizante (Kaulicke, 1991; Makowsky, 1994; Shimada y Maguiña, 1994).

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, se ha creído conveniente seguir con la denominación de cultura Virú como lo estableciera Larco (1948) y no como el aspecto despectivo “Gallinazo” que lo denomina Bennett (1939).

Según Donnan (referencia verbal), “Gallinazo” como denominación no existe… es mas bien una etapa o proceso de definición que estaba atravesando Moche. Reconoce que la cerámica es bastante homogénea y que la denominación de “estilo Gallinazo” no existe, sino mas bien es un proceso cuya connotación temporal, interpreta como una etapa de convivencia y búsqueda de estabilización, producto de las relaciones Virú del Chicama con el estilo Moche.

Arquitectura
Existió desde el año 100 aC. abarcandó los valles de Lambayeque, Jequetepeque, Chicama, Moche , Virú, Nepeña y Casma; siendo los valles con mayor evidencias el de Virú y el de Moche. La población que se desarrollo en estos lugares, vivió en un inicio, en la parte baja del valle; luego tienden a desplazarse y ocupar la parte media de los valles.

La arquitectura ha permitido definir cuatro tipos de construcciones identificados a esta cultura:

  1. Los centros urbanos ceremoniales: eran construcciones donde se hicieron pirámides de grandes dimensiones que se relacionaban con el desarrollo de actividades ceremoniales y de culto.
  2. Los castillos fortificados:eran grandes edificaciones ubicadas lugares estratégicos de la parte alta, donde se angosta el valle medio; su función era vigilar, defender y controlar el valle.
  3. Las grandes casas semiasiladas:presentan habitaciones y techo a dos aguas generalmente estaban alejadas y solitarias, en estas debieron de vivir personajes principales o funcionarios que supervisaban las actividades productivas.
  4. Las aldeas eran aglutinadas, allí vivía el pueblo; en sus construcciones utilizaron materiales perecedores como el carrizo la caña y el algarrobo.

Ceramio Virú
La cultura Virú presentó una especialización guerrera, inferida a partir de las construcciones monumentales y estrategicas llamadas o conocidas actualmente como castillos los cuales presentan una arquitectura fortificada estos habrían servido exclusivamente en forma defensiva.

La autoridad política se centralizó en la capital en el valle de Virú; en los otros valles existieron ciudades menores.

Los ceramios Virú se caracterizaron tambien por su aporte estilistico de decoración negativa, cuya presentación nos muestra que tiene como fondo el color natural del cerámio, cercando diseños geométricos, además trabajaron el cobre martillado, el oro y la plata.

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