Complejo Arqueológico Maranga: leyendas del Parque

Por mucho tiempo abandonado, en medio del trazado indiferente de las avenidas Universitaria, Riva Agüero y Venezuela, el Complejo Arqueológico Maranga, con sus más de cincuenta pirámides, empieza a renacer. Tras su reciente nombramiento como Patrimonio Cultural de la Nación por el INC, los trabajos para su puesta en valor avanzan fi rmes gracias a la participación del patronato del Parque de las Leyendas y del Municipio de Lima.

complejo_arqueologico_marangaEste es uno de los pocos casos en que los animales han opacado un conjunto arqueológico. Hay que pasar indiferentes ante ellos para poder apreciar la maravilla arqueológica que encierra el Parque de las Leyendas. El curacazgo Maranga habitó esta parte de Lima y han quedado, gracias a la generosidad del tiempo, muestras de la arquitectura, cerámica, textiles y contextos funerarios.

Si desde un helicóptero mirásemos el complejo se podrían notar dos sectores diferenciados: el amurallado, que encierra la Huaca La Palma y el Palacio Inca; y el sector extramuros, formado por inmuebles administrativos, como las huacas Tres Palos, San Miguel, Cruz Blanca y La Cruz. Esas son algunas de un total de 52 que se distribuyen en las 97 hectáreas del parque. Sin embargo, sólo la Cruz Blanca y un sector de una muralla están habilitados para recibir visitas. Junto a Lucénida Carrión, jefa de la División de Arqueología, recorrimos cinco sitios que fueron habitados por marangas (1100-1476 d.C.), aunque también por sucesivas oleadas de pobladores incas (1450-1532 d.C.).

Troncos que dan la hora “En un día despejado, desde aquí se puede ver el Morro Solar y el entorno de Lima,” dice Lucénida al llegar a la cima de la Huaca Tres Palos. En su cúspide hay 96 agujeros, 48 a cada lado, que serían los rastros de un antiguo reloj solar, según planteamiento de la arqueóloga Josefi na Ramos de Cox. Ella hizo una prueba: colocó en cada poza un tronco, comprobando que la proyección de sus sombras hacía posible el control del tiempo.

complejo_arqueologico_marangaLucénida menciona que aún no se ha determinado el por qué del número de hoyos, pero sobre sus formas ovaladas y rectangulares señala que guardan relación con las constelaciones y el cosmos. Esta estructura se mantuvo mientras fue templo principal maranga, pero al recibir la ocupación inca los agujeros fueron cubiertos, empleándose el lado este de la huaca como depósito de alimentos o tambo. La última ocupación estuvo formada por viviendas de españoles, dispuestas en la parte superior en forma de L. En el Parque de las Leyendas los proyectos arqueológicos se desarrollan a fi nes de los sesenta y son retomados en 1992 por la arqueóloga Inés del Águila, hasta el ingreso de Lucénida Carrión en 1993. El Parque, a pesar de contar con un patronato, es una institución dependiente del Ministerio de la Mujer (y desde este año del Municipio de Lima). Más allá del tema administrativo, nunca se ha contado con un presupuesto procedente de esas entidades para desarrollar el trabajo arqueológico. Más bien, gracias a los ingresos que obtienen del público, sus autoridades consiguen el monto para los proyectos. “Nos hemos presentado en diferentes concursos para tratar de adquirir recursos. Siempre nos califi can con un excelente, pero nunca ganamos. Al parecer, no hemos encontrado algo espectacular para los empresarios”, dice Lucénida. Por ahora trabajan con un grupo de ocho arqueó- logos, además de voluntarios y practicantes de las universida- des, que brindan mano de obra a cambio de experiencia.

frisos_huaca_la_palmaEntierros y cruces Como si se tratara de una obra civil, la Huaca San Miguel tiene maderas y carretillas por todas partes. Los arqueólogos se encuentran en etapa de restauración luego de haber excavado por un año, desde julio del 2003. En su interior encontraron cuartos con muros en color blanco y amarillo ocre, además de corredores y escaleras. La especialista señala que en medio de las múltiples hornacinas incas se halló el contexto funerario de un hombre de 40 años con un tatuaje en una de sus muñecas y otro en una pierna, y también con evidentes signos de osteoartri- tis, enfermedad producida por cargar peso excesivo. El segundo hallazgo narrado por Lucénida corresponde a la Dama de los Batanes: una mujer enterrada sobre dos piedras y dos manos de moler. El tercero es de un infante, cuyo fardo aún no ha sido estudiado. Sobre la arquitectura, la arqueóloga refi ere que se han determinado muros que sirven de base para todo el conjunto.

“Es una estructura que antes no se había visto: representa un indicio de planifi cación en Lima”, señala.

huaca_tres_paloOtra de las huacas encontradas al interior de la muralla se denomina Cruz Blanca. En su ingreso han colocado una representación de Chayavilca, el último curaca del señorío de Maranga. Los visitantes pueden recorrerla y familiarizarse con sus construcciones, excavadas en 1960. Entre los hallazgos hay hornacinas empotradas a lo largo de muros que forman habita- ciones. En el 92 se hizo la primera puesta en valor, un trabajo arduo que culminó en el 2000. Este es un sitio en el que se han colocado plantas nativas y carteles que explican el trueque, la pesca, la función de los tejedores y la alfarería, pues la idea no es que sólo se habiliten las huacas, sino que cuenten con elementos que las integren dentro de una época y sus costumbres.

La cuarta huaca fuera de la muralla es La Cruz. Aquí no se ha realizado investigación, así que nos desviamos para llegar al lado este de una muralla llamada ‘55E’, con 540 metros de largo y cinco de altura. En el 2000 los operarios hicieron los trabajos de conservación y restauración de 117 de esos metros. Aquí se identifi caron estructuras de adobitos de la cultura Lima y, entre ellas, varios individuos enterrados como parte del relleno. “No se encontraron armas, razón por la que se descarta haya sido una muralla defensiva”, asegura Lucénida.

huacas_san_miguelCruzando imaginariamente la muralla, que tiene varios momentos constructivos, llegamos a un lugar que estuvo entre palmeras. De ahí el nombre de Huaca La Palma, colindante con la escuela de chalanes del Parque. Desde aquí se divisan los montículos que aún no han sido excavados pero que ya tienen código o nombre. Una de ellas es la Huaca Ernst Midden- dorf, situada, cronoló- gicamente, en la cultura Lima, y cuyo nombre es un homenaje al médico alemán que, infl uen- ciado por Humboldt, recorrió nuestro país entre 1859 y 1862, además del complejo Maranga en 1886, que logró ver intacto. Al regresar la mirada sobre La Palma, Lucénida destaca frisos en relieve restaurados en el 2000: en la parte inferior, un muro con cruces esca- lonadas o chacanas y en la parte alta, aparecen aves marinas encerra- das en rombos, ambas de la época inca.

huacas_san_miguelRecorrer las huacas del Parque de las Leyendas resulta caótico por las distancias que separan unas de otras, sin embargo conocerlas es esencial para aproxi- marnos a la antigua historia de Lima. Su excavación y habilitación ha exigido un cambio de mentalidad no sólo de parte de los trabajadores del Parque, sino también de las autoridades municipales. No obstante, falta convencer al ciudadano común, que asocia el Perú prehispánico con localidades de provincias. Ahí apunta Lucénida y su proyecto de crear un gran circuito turístico arqueológico dentro del Parque: “Los limeños piensan que Lima no ha tenido historia, pero no saben que aquí han estado los grandes arquitectos de la época prehispánica”. Sobre ello, las construcciones que esconde el zoológico hablan por sí solas.

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