Hallan evidencia de rico comercio inca en Mateo Salado

También fueron hallados restos de niños de esa época dejados en ofrenda.

Recientes descubrimientos en la huaca Mateo Salado permiten conocer más sobre la forma de vida de los antiguos pobladores de la zona. También revelan el rico comercio que pasaba por su zona durante la época inca.

Hace unos años, durante una excavación arqueológica en una de las pirámides del complejo arqueológico limeño de Mateo Salado, se encontraron numerosos contextos funerarios. Ellos datan, de acuerdo a los especialistas, de la cultura Ychma, perteneciente al intermedio tardío.

Pedro Espinoza, arqueólogo encargado de los trabajos en esta huaca, explicó a la agencia de noticias Andina que se decidió estudiar un par de estos fardos. Descubrieron que estos contenían los restos de menores.

Como curiosidad hizo notar que el entierro se había efectuado en una torre hecha por la cultura Lima, antecesora de los Ychma, y que se encontraba en desuso al momento de servir de sitio de entierro.

“Los Lima no se enterraban dentro de construcciones, en cambio los Ychma sí”, explicó.

Ofrendas
Pero este no es el único hallazgo reciente en la huaca Mateo Salado. Una información que buscaba desentrañar el equipo arqueológico de este complejo era saber hasta dónde se prolongaba el muro que se encontraba más al norte.

Este está separado del resto del sitio debido a las pistas hechas por la expansión urbana.

Espinoza comentó que se trazó en línea recta un área que casi colinda con la avenida Bertello. Al excavar allí descubrieron dos cosas. Una, confirmaron sus sospechas respecto a que dicho muro se extendía más allá, incluso debajo de la referida vía.

La evidencia hallada muestra que se prolonga por debajo de dicha pista. Por lo que, mencionó, se recomendará siempre monitorear cualquier construcción que se haga en esa zona.

La otra novedad: entre el relleno utilizado para construir sobre dicho muro estaban dos restos de infantes de menos de un año. Explicó que ambos no presentaban vestimenta y que se puede especular que sirvieron de ofrenda para la construcción.

No obstante, hace hincapié en señalar que no se puede hablar con total seguridad de sacrificios hechos específicamente como ofrenda, pues no se ha dado con ese tipo de prueba.

Ruta de comercio
Espinoza manifestó que en el proyectado museo de sitio de Mateo Salado se exhibirán tanto los restos de los neonatos hallados en el muro norte como los fardos de niños encontrados en la pirámide.

Así se podrá comparar las distintas tradiciones fúnebres que se practicaron en el lugar.

Otra de las peculiaridades que se podrá apreciar, según detalló Espinoza, es que los materiales encontrados en Mateo Salado provienen de variadas locaciones. Incluso hay material de origen ecuatoriano como los famosos spondilus, o del norte de Chile y sur del Perú como el lapislázuli.

Otros productos de lejanas zonas son el mercurio de Huancavelica y ciertas semillas de la Amazonía.

Espinoza revela que, aunque en distintos períodos de ocupación de Mateo Salado se han encontrado piezas de lejanos lugares, es durante la ocupación inca en el que se ve un aumento exponencial de esta variedad de materias primas.

La explicación que ensaya el especialista es que ello se debe a la importancia de Mateo Salado en la red de caminos del Tahuantinsuyo.

Dato
5 pirámides, enumeradas de ‘A’ a ‘E’ integran el complejo Mateo Salado.

(Andina)




Hallan ofrendas de élite de significado ritual y ceremonial en Áspero, Caral

En Áspero, la ciudad pesquera de Caral, situada en el valle de Supe, provincia de Barranca, región Lima, en recientes investigaciones se halló una ofrenda compuesta por siete objetos denominados “Ojos de Dios”, plumas de guacamayo, algodón ,cuentas de spondylus y crisocola.

Así lo informó la directora de la Zona Arqueológica de Caral, Ruth Shady, quien explicó que “Los Ojos de Dios” están conformados por dos ramitas, generalmente de sauce o carricillo en forma de cruz, que servían como estructura de soporte de un tejido con hilos de algodón, de diferentes colores, que plasmaban un diseño romboidal concéntrico.

Añadió que son materiales que han sido hallados en varias partes del edificio de los Ídolos y en otros lugares de Áspero, además de otros asentamientos de Supe.

“En Áspero se han encontrado como 42 objetos en diferentes espacios y uno de los más interesantes son los siete Ojos de Dios, que no estaban aislados sino asociados a plumas de aves de la selva, como del Guacamayo azul y amarillo. Este contacto está basado en un dato arqueológico, no son suposiciones”, puntualizó.

La investigadora destacó el significado social, simbólico que esta representación o ícono ha tenido, y en ese contexto dijo que le llamó mucho la atención que en la actualidad la usara la hija de un jefe shipibo.

Por tanto, prosiguió, es muy relevante cómo se ha conservado este símbolo en una población de la selva, y de acuerdo a las investigaciones realizadas se evidenció que está ampliamente reconocido en su significado ritual y ceremonial, simbólico en otras poblaciones de América que también lo ha usado.

“Entonces, desde la Civilización Caral que es lo más antiguo que se ha encontrado, permaneció con un significado simbólico a través del proceso cultural andino, porque se han hallado en Paracas (Ica), Ayacucho, en el periodo Wari, Inca y hasta el día de hoy en grupos Pano de las cabeceras del Ucayali, como los Cashibo (que los denominan basimeti) y los Shipibo”, detalló Shady.

Fuera del Perú, “Los Ojos de Dios” los utilizan los Cuna del sur de Panamá, los Wixárikas (Huicholes) de la Sierra Madre Occidental de México (que los llaman sikuli) y los Navajo en el suroeste norteamericano.

Shady sostuvo que se desconoce si “Los Ojos de Dios” se hicieron en la selva, costa o en el valle porque no hay suficiente investigación, pero como trabajan periodos antiguos puede decir que data desde hace 4 o 5 mil años y luego aparece en otras partes de América por la interacción que hubo. “Por ello, Caral está siendo reconocida como símbolo de integración americana”.

Por su parte, Pedro Novoa, director de Investigación y Conservación de Materiales Arqueológicos de la Zona Arqueológica de Caral, del Ministerio de Cultura, precisó a la Agencia Andina que “Los Ojos de Dios” no es de uso común; por consiguiente, es muy probable que haya sido un elemento que utilizaban los sectores de la élite, gobernantes, infantes o iniciados.

Los encontramos también sepultados cuando iban a construir un edificio, como un símbolo de base, de fundamento.

“En los años 50 se efectuaron unas expediciones etnográficas y un jefe Cashibo tenía cuatro Ojos de Dios en su corona y cuando le preguntaron al informante que explicara qué podría significar, respondió que las cuatro cruces representan los cuatro puntos cardinales”, anotó.

Novoa agregó que en otras sociedades a “Los Ojos de Dios” lo llaman puertas del cielo, algo así como el lugar donde la tierra se une con el cielo y por donde se puede pasar para acceder al conocimiento, clarividencia y sabiduría.

Los hallazgos en Áspero evidencian la interacción e intercambio que hubo entre los pueblos del litoral, la sierra y la Amazonía, así como aquellos de la costa ecuatorial en condiciones de paz para beneficio compartido.

 




Cuatro de los entierros hallados en Huaca Las Abejas del Complejo Túcume serían de la nobleza Inca

De los 24 entierros humanos hallados en Huaca Las Abejas del complejo arqueológico Túcume, en el distrito del mismo nombre,región Lambayeque, cuatro pertenecerían a la nobleza de la cultura Inca y su corte, es decir 1,400 años para adelante.

Bernarda Delgado Elías, directora del Museo de Sitio Túcume, destacó que una tumba hallada en Huaca Las Abejas tiene las mismas características del gobernante Inca que fue descubierto hace algunos años en Huaca Larga, sector que comprende también el complejo arqueológico de Túcume.

“Eso es lo que hace tan importante el hallazgo, porque si tenemos que comparar las características de las telas de este fardo veremos que son muy similares al último gobernador Inca, por lo tanto, estamos hablando de los mismos niveles, de la misma jerarquía de gente de la nobleza”, sostuvo en diálogo con la Agencia Andina.

“Es una tumba que tiene un orificio casi rectangular y luego se amplía hacia el sur en forma de un óvalo, por eso le llamamos tumba en forma de bota. Es la primera vez que registramos este tipo de tumba acá en el complejo arqueológico de Túcume”, remarcó.

También refirió que han hallado más de 30 ceramios entre los que destacan la técnica piel de ganso que es de la época Chimú; al igual que de la época Lambayeque, entre otras culturas.

Casi todas las tumbas, dijo Delgado Elías, están relacionadas con ceramios muy finos, instrumentos de tejer, objetos de metal asociados, mates, conchas spondylus “y esos materiales siempre están asociados a gente de la nobleza, de la élite Inca”, recalcó.

Mencionó que es la primera vez que se descubre esta cantidad de entierros humanos en este sector del complejo arqueológico de Túcume. “En esta huaca tan pequeña la idea era poder comparar lo que se tiene en Huaca Las Balsas y conocer qué había en los monumentos de alrededor, ese era nuestro objetivo principal, ver la conexión existente entre las huacas de este sector tan importante”.

La investigadora lambayecana manifestó, asimismo, que si los incas eligieron este espacio para enterrarse, quiere decir que tenían ya una importancia desde la época Lambayeque.

Delgado recordó que Los Lambayeque, que es la cultura primigenia en esta zona, fueron conquistados por los Chimú que se quedaron poco menos de 100 años y luego por los incas “pero los incas siempre utilizaban espacios de mayor importancia para las culturas locales, es decir si aquí habitaban unos Señores, los incas relevaban la importancia de que esta persona estuviera allí y se enterraban en la misma zona. Elegían los lugares más importantes de las culturas que ellos habían conquistado”, explicó.

Delgado Elías sostuvo que los entierros humanos que han sido encontrados con instrumentos de tejer son de sexo femenino, porque en la costa solo tejen mujeres y están asociados con conchas de spondylus en las manos.

“Hay alguno (de los entierros) que tienen dos conchas de spondylus y el personaje luce anillos en sus manos. Evidentemente no es gente del pueblo, pues no usaba ese tipo de objetos. Los entierros de la gente del pueblo eran muy sencillos y con telas muy simples, pero acá podemos hablar de un grupo humano de élite Inca”, anotó.}

Se desconoce- agregó- el material de los anillos, pero podrían ser de cobre plateado. “La mayor cantidad de objetos de metal encontrados en diferentes sectores del complejo de Túcume son de plata”, advirtió.

Mencionó que este hallazgo les brinda una amplia información sobre el momento Inca. “Este es uno de los pocos sitios en la región que tiene un contexto Inca tan importante. Primero en Huaca Larga al noreste, con un contexto funerario también del último gobernador Inca más dos acompañantes de sexo masculino y 19 mujeres tejedoras; y ahora al suroeste, este contexto funerario frente a Huaca Las Balsas, que es un espacio ceremonial tan importante. Esto nos dará mucha información de lo que pensaban los Incas, de cómo utilizaban los espacios y la importancia de Túcume para ellos”, argumentó.

La investigadora recordó que en Túcume han sido encontradas cinco estatuillas incas, las que fueron colocadas sólo en sitios de mayor jerarquía e importancia del Tahuantinsuyo. “Túcume fue una provincia muy importante de los Incas”, afirmó.

Por su parte, José Escudero Villalta, director del proyecto de Inversión Conservación y Puesta en Valor y Desarrollo Comunitario del sector suroeste del complejo arqueológico de Túcume, precisó que el patrón de enterramiento en forma de bota hallado en Huaca Las Abejas es nuevo en este sitio arqueológico.

“Otro patrón que nos llama mucho la atención es el tapiado o sellado de las tumbas que normalmente se esperaba que estén cubiertas de tierra como solían estar todos los entierros, pero estas han estado selladas al vacío y se ha registrado toda una preparación del sello”, expresó.

Incluso- añadió- hay una característica del mismo patrón de los enlucidos de Huaca Las Balsas. El color verdoso de los relieves está apareciendo en los revoques de las tumbas. “Es responsabilidad de nosotros poder saber cuál es la función de Huaca Las Abejas para que estas personas que son importantes hayan querido o tenido el honor de enterrarse en esta zona”, acotó.

Hasta la fecha- continuó- -se han descubierto 24 entierros y se cuenta con marcadores de 10 entierros más, algunos como los hallados o simples.

“Tenemos cuatro entierros en fardos de los cuales dos están en pésimo estado de conservación e incluso el entierro 14 que es el mejor conservado, después lo extraeremos porque debajo de este entierro, atípicamente se encuentra una cama donde hasta la fecha se han registrado más de cinco ceramios. Es atípico porque un entierro normalmente tiene las ofrendas a un costado, pero este las tiene abajo y al interior del fardo”, detalló.

En Huaca Larga cuando se encontró al gobernante Inca al interior del fardo también estaba su ropa. “El personaje hallado no sabemos que tenga, por eso su importancia”, acotó.

Adelantó que tendrán que realizarse estudios de ADN para poder definir si todos los entierros corresponden a la misma época. “Se hará un fechado de radiocarbono en el extranjero para determinar si pertenecen a la misma época. Venimos recogiendo muestras y esperamos que al cierre del proyecto, cuya duración es de dos años, podamos enviar esos análisis y seis meses después tener los resultados.

Destinan S/ 8 millones para investigación

Por su parte, el viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales del Ministerio de Cultura, Luis Villacorta, resaltó que este descubrimiento evidencia la importancia que tuvo Túcume para el imperio del Tahuantinsuyo.

“Se han programado ocho millones de soles para proyectos de investigación, conservación y restauración en este complejo arqueológico, de los cuales desde el 2017 a la fecha se han invertido dos millones de soles. Estos recursos, sumados a la calidad de los especialistas que laboran en el sitio, han permitido estos descubrimientos”, destacó.

“Posteriormente al hallazgo, la labor de investigación continuará en los laboratorios, donde los conservadores textiles y los científicos especialistas iniciarán el trabajo de interpretación de datos”, refirió el viceministro, quien llegó a Lambayeque para hacer el anuncio.

Villacorta precisó que la inversión total que el Ministerio de Cultura destina al Complejo Arqueológico Túcume, la cual se terminará de ejecutar en el año 2022, aportará no solo nuevos conocimientos para el fortalecimiento de la identidad cultural de la población en la región, sino que, además, contribuye al proceso de reconstrucción tras el Fenómeno de El Niño. Por el momento, el proyecto ha permitido dar empleo temporal a 166 familias de la zona.

(Andina)




Iniciarán investigación en huacas Chotuna y Bandera

Con una inversión de aproximadamente 800 mil soles a fines de este mes se iniciarán los trabajos de investigación arqueológica en las huacas Chotuna y Bandera, en la región Lambayeque, informó el director de la Unidad Ejecutora N°005 Naylamp-Lambayeque, Jaime Valladolid Cienfuegos.

“Estos proyectos ya están aprobados y se está haciendo unos pequeños ajustes para empezar a trabajar en ambas huacas, donde se invertirá en cada una alrededor de 400 mil soles”, refirió Valladolid a la Agencia Andina.

También continuarán, dijo, las excavaciones arqueológicas en Huaca Las Abejas del complejo arqueológico de Túcume, con una inversión de un millón de soles.

Para este año –continuó- la Unidad Ejecutora tiene un presupuesto aprobado de 5.5 millones de soles que se destinarán para investigaciones e infraestructura en algunos sitios arqueológicos, como la construcción de paradores turísticos y almacenes que permitan cobijar los importantes objetos hallados en diferentes intervenciones arqueológicas ejecutadas en esta parte del país. “Todos los objetos deben ser llevados a lugares apropiados para su conservación”, manifestó.

Aunque reconoció que es insuficiente ese monto para el tema de investigación, Vallaolid expresó que esta labor no puede parar. “El patrimonio cultural en Lambayeque es inmenso, existen más de 500 sitios arqueológicos; sin embargo, el Estado pasa por un tema de prioridades y no sólo es la investigación sino la protección y defensa del patrimonio donde se tiene que evitar que sea destruido producto del huaqueo o las invasiones que pasa por ejecutar trabajos de delimitación, así como el saneamiento físico legal de los sitios, proceso muy lento”, anotó.

Complejo Ventarrón

Por otro lado, el director de la Unidad Ejecutora N°005 Naylamp-Lambayeque precisó que se avanzan los trabajos para en septiembre próximo reabrir al público el complejo arqueológico Ventarrón, que fue afectado a finales del año pasado por un incendio que dañó este monumento.

“Estamos a un 25% de avance en los trabajos de acuerdo a la programación. Estamos centrados en la ubicación exacta de los dados de concreto que tiene todo un proceso por ejecutarse por parte de los conservadores; es lo más complicado, pero después de que se tenga todo (..) se acelerarán los trabajos. Tenemos cinco frentes trabajando en este sitio”, acotó.

De igual modo, remarcó que se trata de la colocación de los dados y los parantes que soportarán la cobertura temporal de calaminas con estructuras de madera.

Respecto a la pintura mural que existe en este complejo, sostuvo que su conservación se hará posteriormente.

(Andina)




Reinician estudio arqueológico en el complejo Túcume

Con una inversión de un millón de soles, la Unidad Ejecutora 005 Naylamp Lambayeque, inicio el proyecto de Investigación Arqueológica “Recuperación de Huaca Los Gavilanes, cementerio Los Gavilanes, Huaca Las Abejas y Huaca Facho del sector suroeste del complejo arqueológico de Túcume”.

Así lo dio a conocer su director ejecutivo, Jaime Valladolid Cienfuegos, quien indicó que el reinicio de la investigación arqueológica en el complejo arqueológico de Túcume comprende actividades de conservación, restauración, difusión, sensibilización y fortalecimiento cultural, que estará a cargo de 81 personas.

“La inversión para el proyecto es de un millón de soles, se va a intervenir en la recuperación de Huaca Los Gavilanes, Huaca las Abejas y Huaca Facho, a cargo de un equipo multidisciplinario compuesto por 81 personas, entre profesionales, técnicos, estudiantes y obreros, de los cuales más del 60 por ciento son pobladores de la zona de influencia del complejo arqueológico de Túcume”, afirmó.

Detalló, asimismo, que las actividades se proyectan para ejecutarse en 4 meses, y comprende trabajos técnicos arqueológicos en campo y en gabinete, acciones de conservación y consolidación del área de intervención y el fortalecimiento de los valores culturales e identificación de la población con su patrimonio cultural.

El proyecto está dirigido primero a la investigación y conservación del subsector suroeste del complejo arqueológico de Túcume, entendido como una unidad integrada por Huaca las Balsas, Huaca Facho, Huaca las Abejas, Huaca Los Gavilanes y el cementerio norte de Huaca los Gavilanes.

Este conjunto escapa al patrón de concentración de edificaciones monumentales en el sector norte, razón por la cual es necesario ampliar las investigaciones para aclarar aspectos funcionales entre los edificios y su relación temporal en el complejo arqueológico Túcume.




Inician nueva investigación arqueológica en sitio Las Llamas, lugar de hallazgo de niños sacrificados

Hoy se inicia una nueva etapa en el trabajo de investigación arqueológica que se desarrolla en el sector Huanchaquito-Las Llamas, ubicado en la provincia de Trujillo, región La Libertad, donde se hallaron los restos de 140 niños, sacrificados hace 550 años.

Así lo informó el arqueólogo, investigador y catedrático de la Universidad Nacional de Trujillo, Gabriel Prieto, quien encabeza los trabajos en Huanchaquito-Las Llamas. Agregó que las labores se extenderán por cuatro meses.

En declaraciones a la Agencia Andina, Gabriel Prieto resaltó que la prestigiosa revista National Geographic financiará este periodo de excavación e investigación arqueológica en el sector Huanchaquito–Las Llamas.

En dicha zona se hallaron los restos de 140 niños sacrificados en la época del Reino Chimú. El descubrimiento es considerado el mayor sacrificio de niños registrado en América y probablemente de la historia mundial.

Prieto indicó que serán tres los investigadores, entre ellos posiblemente también participe el arqueólogo de la Universidad de Tulane, John Verano, quienes trabajarán en las excavaciones, con el apoyo de 16 auxiliares de campo para remover y retirar de la tierra.

“Este hallazgo ha puesto en los ojos del mundo a Huanchaquito y Trujillo, porque pese a que el lugar urbanísticamente no es muy atractivo, esconde una gran riqueza histórica, la cual queremos resaltar mediante estos trabajos de investigación, y agradecemos la beca que nos ha dado National Geographic”, indicó.

El arqueólogo nativo de Huanchaco adelantó que cuando se esté en la última etapa de los trabajos, un equipo de reporteros, investigadores y técnicos de National Geographic llegarán al lugar para hacer un documental del sitio.

“Hemos demostrado que, sin ser Machu Picchu, o sin tener los millones que tiene (el complejo arqueológico) Chan Chan, que es nuestro punto de referencia más próximo, hemos sabido resaltar la importancia del sitio e impactar al mundo con la arqueología peruana”, aseveró.

En otros frentes

Gabriel Prieto indicó que aún continúan los trabajos de rescate de restos arqueológicos en el sector Pampa La Cruz, impulsado por la Municipalidad Distrital de Huanchaco, a partir de un proyecto de agua y alcantarillado que se pondrá en la zona.

“Lo que se busca es preservar parte de la historia arqueológica y por eso se está trabajando en varios frentes, que nos permitirán tener una lectura mucho más amplia del sitio y su contexto”, concluyó.

 

 

 

Fuente: Andina




“En honor a Santiago Uceda”

Santiago Uceda (camisa blanca) junto a Ricardo Morales (camisa azul) en la Huaca de la Luna en la ciudad de Trujillo. [Foto: Dante Piaggio]
A semanas del fallecimiento del arqueólogo Santiago Uceda , un homenaje del Director del Proyecto Huacas del Sol y de la Luna, Ricardo Morales.

El notable avance de la ciencia arqueológica en la costa norte del país es producto de la dinámica que arqueólogos y conservadores han generado en estos últimos 30 años, organizando programas de investigación y conservación de sitios abandonados y saqueados, y estableciendo un exitoso corredor turístico que cubre la faja costera de Lambayeque y La Libertad.

Autor: Ricardo Morales Gamarra
Fuente: El Comercio
Fecha: 28.01.2018 / 09:00 am

Es decir, la transformación de un paisaje desértico en un polo de desarrollo socioeconómico y cultural como las huacas de Moche fue posible gracias al denodado esfuerzo y compromiso de profesionales, poseedores de una sólida formación académica, mística y visión de futuro. En este punto, destacó Santiago Uceda Castillo, arqueólogo y profesor principal de la Universidad Nacional de Trujillo, quien brilló con luz propia como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y director del Proyecto Arqueológico Huacas de Moche.

Precisamente gracias a su aguda inteligencia, indesmayable capacidad de trabajo, sinceridad para expresar sus pensamientos en forma directa; a esa dinámica tan singular que lo caracterizó y lo llevó a formar en las aulas y en el campo a una generación de jóvenes arqueólogos que han retornado del extranjero con el grado de doctores, como hizo él mismo en la Universidad de Burdeos, en Francia.

En este incansable trajín ha dejado un patrón de investigación que se aprecia en su intensa labor editorial, rigurosa e innovadora, como la cuantiosa producción de artículos científicos en revistas y libros como la serie de “Investigaciones en Huaca de la Luna” y recientemente, Huaca de la Luna, templo y dioses moches, las más firmes expresiones de su madurez científica, que compartió con Elías Mujica y con quien escribe estas líneas.

Sin duda, el Proyecto Arqueológico Huacas de Moche es su obra emblemática, un modelo de gestión en el Perú, que hizo posible rescatar dichos espacios del saqueo y el desinterés colectivo.




Las sacerdotisas de San José de Moro

Tumba de élite de la Octava Sacerdotisa de San José de Moro

Desde 1991 el Proyecto Arqueológico San José de Moro ha venido investigando el desarrollo, colapso y reconstitución de las sociedades complejas en la parte norte del valle de Jequetepeque (Figuras 1, 2 y 3); es decir, la larga y detallada sucesión de procesos culturales por los que atravesó el sitio y la región a lo largo de las sucesivas ocupaciones Mochica, Transicional, Lambayeque y Chimú (Figura 4). En los dieciséis años de trabajo del proyecto, las investigaciones han enfatizado las excavaciones estratigráficas conducidas en San José de Moro, a través de las cuales se han estudiado múltiples aspectos de su historia ocupacional, en particular las prácticas rituales y funerarias. A partir del año 2000 se ampliaron las investigaciones a otros sitios arqueológicos en la región, principalmente aquellos que fueron contemporáneos con las ocupaciones registradas en San José de Moro y que tuvieron funciones análogas o complementarias. Este esfuerzo, sumado a los de otros investigadores, ha permitido examinar aspectos insospechados de las sociedades precolombinas que se desarrollaron en el valle de Jequetepeque y estudiar los complejos procesos culturales que configuraron la región.

Figura 1. Mapa de la Costa Norte del Perú con la ubicación de los principales sitios arqueológicos Mochicas, en la región Mochica Sur y en las tres áreas de desarrollo de la región Mochica Norte.

San José de Moro (SJM), ciertamente, es un sitio arqueológico singular tanto por la riqueza de los artefactos y contextos que encontramos allí, como por su disposición estratigráfica. En él abunda evidencia de su importancia como centro ceremonial regional al que acudían personas de todo el valle de Jequetepeque para celebrar rituales muy elaborados, particularmente entierros de miembros de la élite y rituales de culto a los ancestros (Castillo 2000a, 2004). Relacionados con la evidencia funeraria, hemos encontrado artefactos y contextos que indican que existió una producción masiva de chicha y de alimentos que habrían servido para darle sustento a las poblaciones que asistían y participaban en los rituales. Coincidiendo con el colapso Mochica en Jequetepeque (aproximadamente en el año 850 d.C.) se multiplican las evidencias de que SJM fue parte de una red de interacción e intercambio que cubría prácticamente todos los andes centrales, lo que ex-plica la alta frecuencia, en las tumbas y otros contextos ceremoniales, de artefactos provenientes de Cajamarca, Chachapoyas, Ayacucho y la Costa Central y Sur. Los ritos que se celebraban, que incluía una versión de la «Ceremonia del Sacrificio» (Donnan 1975), seguramente fueron escenificados alrededor de la Huaca La Capilla, la estructura más grande del sitio, que data de la ocupación Mochica (Figura 3). El presupuesto carácter regional de los rituales que se celebraban en SJM nos llevó, a partir del año 2000, a una ampliación de la escala y ámbito de investigación, no sólo con excavaciones de gran dimensión en el sitio (Figura 3), sino con investigaciones de sitios contemporáneos en el resto del valle y de otros correspondientes con el periodo Mochica Tardío (Figura 2).

San José de Moro es una extensa colina de aproximadamente 150 hectáreas de extensión formada entre dos brazos del río Chamán, 5 km al norte de la ciudad de Chepén, en el departamento de La Libertad (Figuras 2 y 3). Su superficie se eleva aproximadamente siete metros sobre los terrenos de cultivo que la circundan y, sobre ella, se encuentran numerosos montículos de diferente configuración que fueron producidos por actividades domésticas, durante las ocupaciones Chimú y Lambayeque, y ceremoniales, durante las ocupaciones Mochica y Transicional (Figuras 3 y 4). Tanto los montículos como las áreas que los rodean presentan una densa estratigrafía que en algunos casos alcanza los ocho metros de capas superpuestas correspondientes a casi 1000 años de ocupación continua.

Figura 2. Mapa del Valle de Jequetepeque con la ubicación de los principales sitios ocupados durante los Periodos Mochica, Transicional, Lambayeque y Chimú

El valle medio y bajo del Jequetepeque es una de las regiones más estudiadas del Perú, tanto en su arqueología, como en su historia y geografía. Durante el período virreinal se estableció allí una serie de poblados sobre las bases de antiguos asentamientos prehispánicos. San Pedro, Pacasmayo, Jequetepeque, Guadalupe y Chepén son mencionados en censos y visitas coloniales, así como por los primeros exploradores y viajeros. Más aún, poblados más pequeños como Pueblo Nuevo, Pacanga y Chérrepe también figuran en los documentos (Cock 1986; Martínez de Compañón [1782] 1978; Ramírez 2002; Figura 2). De esta época destaca el trabajo del padre agustino Antonio de la Calancha, quien vivió en el monasterio de Guadalupe y reportó una serie de aspectos importantes acerca de la naturaleza, historia y tradiciones del valle (Calancha [1638] 1974).

Las investigaciones arqueológicas en el valle de Jequetepeque se iniciaron en la década de los años treinta, con los trabajos de Heinrich Ubbelohde-Doering (1983) y sus discípulos Hans Disselhoff (1958) y Wolfgang y Gisella Hecker (1990). En 1965 Paul Kosok incluyó vistas aéreas de los sitios arqueológicos más importantes del valle de Jequetepeque en su estudio sobre la vida, la tierra y el agua en elPerú. Don Óscar Lostanau y don Óscar Rodríguez Razetto, el primero por sus observaciones y trabajos de preservación, el segundo por su colección y ambos por el apoyo a los investigadores, contribuyeron al desarrollo de la arqueología jequetepecana. En la década del setenta, a raíz de la construcción de la represa Gallito Ciego, Rogger Ravines (1982) hizo un catastro de los sitios arqueológicos que iban a ser afectados y se realizaron excavaciones en algunos de ellos, como Monte Grande (Tellenbach 1986). En la misma época, David Chodoff condujo las primeras excavaciones estratigráficas en área en SJM (Chodoff 1979). Una aproximación complementaria, en la que se evaluó la relación entre los recursos y los sitios arqueológicos, fue el estudio de los sistemas de irrigación precolombinos hecho por Herbert Eling (1987), quien situó el origen de los sistemas complejos de irrigación en época Mochica, anticipando la complejidad organizativa del valle. Varios estudios de los patrones de asentamiento se han llevado a cabo, entre los que destacan el de los esposos Hecker (1990) y el que Tom Dillehay y Alan Kolata (Dillehay 2001) han realizado últimamente para todo el valle. Los trabajos de Christopher Donnan han sido los más extensos y sostenidos en el valle, con excavaciones en Pacatnamú, La Mina, San José de Moro, Dos Cabezas y Mazanca (Donnan y Cock 1986, 1997; Narváez 1994; Donnan y Castillo 1992; Donnan 2001, 2006). En los últimos años, las investigaciones se han incrementado. Merecen destacarse los trabajos de Carlos Elera en Puémape (1998), Carol Mackey en el Algarrobal de Moro (1997) y Farfán (2005), William Sapp en Cabur (2002), Edward Swenson en San Ildefonso y otros sitios (2004), Marco Rosas en Cerro Chepén (2005), Ilana Johnson en Portachuelo de Charcape (Johnson, en prensa), Scott Kremkau en Talambo, entre otros (Figura 2).

Figura 3. Plano de San José de Moro con indicación de los montículos y las áreas excavadas entre 1991 y 2007.

En el contexto de estas investigaciones, el Proyecto Arqueológico San José de Moro se ha distinguido por ser un esfuerzo sostenido, abocado al estudio de uno de los pocos sitios que combinan las funciones de cementerio y de centro ceremonial y que aún preservan amplios sectores intactos. Las excavaciones en esta área han producido, hasta la fecha, datos novedosos respecto a las prácticas rituales y funerarias de las sociedades Mochica, Transicional y Lambayeque. La estratigrafía del sitio es singular no sólo por su densidad, sino porque contiene artefactos que permiten construir una secuencia cronológica compleja y detallada de más de mil años. Asimismo, desde el PASJM se han propiciado investigaciones en otros sitios del valle, incluyendo excavaciones en Portachuelo de Charcape (Johnson, en prensa; Mauricio 2006), prospecciones intensivas en la parte norte del valle de Jequetepeque (Ruiz 2004) y exploraciones para ubicar fuentes de arcillas y calcitas (Rohfritsch 2006).

La investigación arqueológica del valle de Jequetepeque ha abordado todos los periodos de ocupación y problemas tan diversos como las prácticas funerarias de individuos de diferente rango social (Castillo y Donnan 1994a; Donley 2004), los patrones de asentamiento (Dillehay 2001), la arquitectura monumental (Donnan 2001), el desarrollo de la tecnología cerámica (Rohfritsch 2006) o la identidad de los metalurgistas (Fraresso 2007, en prensa). A diferencia de lo que ha ocurrido en otros valles de la costa norte del Perú, en Jequetepeque las investigaciones arqueológicas han sido realizadas por varios grupos de investigación y, por lo tanto, desde diversas aproximaciones, metodologías y perspectivas.

Figura 4. Secuencia cronológica del Valle de Jequetepeque con ejemplares cerámicos representativos de los periodos y fases de la secuencia ocupacional de San José de Moro.

En los años que han trascurrido desde que se iniciaron las investigaciones en San José de Moro muchas cosas han cambiado en el entorno social en el que se realiza el proyecto, en el contexto de otras investigaciones sobre la cultura Mochica y en nuestros propios intereses de investigación. La arqueología de la costa norte del Perú ha tenido, a partir del hallazgo y excavación de las tumbas de Sipán en 1987, un desarrollo sorprendente. Decenas de excavaciones de diferente magnitud, duración y énfasis se han multiplicado en toda la región (Figura 1). Se han estudiado, por ejemplo, los patrones de ocupación a través de prospecciones intensivas prácticamente en todos los valles de la costa norte; se ha triplicado el número de contextos funerarios registrados arqueológicamente; se han documentado miles de metros cuadrados de estructuras y espacios habitacionales; y se han expuesto más pinturas murales y relieves polícromos que todos los que existían antes del inicio de este desarrollo. Como consecuencia de esto, las publicaciones de artículos, libros y tesis han aumentado en número y calidad. Nuestro conocimiento acerca de las sociedades antiguas de la costa norte se ha multiplicado hasta tal punto que podemos abordar con cierta seguridad temas como las evoluciones regionales de los estados Mochicas o el papel de su ideología en la construcción de estrategias de poder, las formaciones políticas y las estrategias de control y legitimación. Si bien una gran mayoría de estos trabajos se ha centrado en el estudio de esta sociedad y el mayor énfasis ha sido dado a lo espectacular y monumental, es decir, a los grandes templos decorados con pinturas murales (Uceda 2001; Franco et al. 2003) y a las ricas tumbas de élite (Alva 2004; Donnan 2001; Donnan y Castillo 1992; Narváez 1994; Tello et al. 2003; Williams 2006), también se han multiplicado los estudios de comunidades rurales (Billman 1996; Billman et al. 1999; Gummerman y Briceño 2003), de la dieta (Gumerman 1991), de la tecnología y producción (Uceda y Armas 1997; Fraresso, en prensa; Carcedo 1998; Rengifo y Rojas, en prensa; Uceda y Rengifo 2006; Rohfritsch 2006), de los contextos domésticos (Uceda, en prensa), de la cerámica utilitaria (Gamarra y Gayoso, en prensa) y de la demografía (Chapdelaine 2003).

Muchas de las preguntas y objetivos que Christopher Donnan y Luis Jaime Castillo se plantearon hace 16 años, al iniciarse el Proyecto Arqueológico San José de Moro (PASJM), como, por ejemplo, el contexto de la cerámica de línea fina o las modalidades funerarias de bota y cámara en el Periodo Mochica Tardío, se absolvieron y resolvieron a medida que progresó la investigación (Castillo y Donnan 1994a) o fueron abordados y desarrollados cabalmente por otros proyectos, por ejemplo, a través de los trabajos de Swenson (2004) y Rosas (2005). Pero casi inevitablemente las respuestas a las preguntas y las soluciones a los problemas generaron nuevas preguntas y nuevos problemas. Hay que señalar, finalmente, que este proyecto no se ha realizado al margen de otros programas de investigación abocados en la comprensión de la evolución de las sociedades de la costa norte del Perú. En común con muchos de estos esfuerzos está el interés por contribuir a la construcción de la identidad regional y nacional y con el desarrollo sostenible de las comunidades con las que trabajamos. Esta comunidad de intereses científicos es particularmente más intensa con el Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, con el que hemos compartido experiencias, intereses, recursos y alumnos. Formar a los estudiantes peruanos y extranjeros en un ambiente internacional de cooperación, así como a los jóvenes investigadores, ha sido parte de la razón de ser de este proyecto desde que se inició y continuará siendo uno de sus principales fines.

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Fuente: Proyecto Arqueológico San José de Moro
Extracto del artículo: “Ideología y Poder en la Consolidación, Colapso y Reconstitución del Estado Mochica del Jequetepeque El Proyecto Arqueológico San José de Moro (1991 – 2006)”
Autores: Luis Jaime Castillo B., Julio Rucabado Y.1, Martín del Carpio P., Katiusha Bernuy Q., Karim Ruiz R.2, Carlos Rengifo Ch., Gabriel Prieto B. y Carole Fraresso3
Publicado en: Ñawpa Pacha 29. Berkeley, Institute of Andean Studies, 2009.




Machu Picchu no es la única ciudadela de Perú ni los incas lo hicieron todo

En coincidencia de eventos y opiniones vertidas recientemente acerca de las culturas precolombinas y su importancia en la cultura peruana, como por ejemplo las expresadas por el ilustre y recientemente fallecido arqueólogo peruano Santiago Uceda Castillo en la exposición “Perú antes de los incas” del Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac, en París, Francia, que tiene la ambición de cambiar nuestra visión del Perú –la muestra estará hasta el 1ro de abril del 2018–, la versión digital del diario El País de España, ha publicado un artículo titulado “Los otros Machu Picchu “, el cual, y al igual que Uceda, describe la importancia de las culturas precolombinas en la formación y auge de la cultura Inca y ofrece alternativas interesantes e importantes de lugares arqueológicos que merecen la atención de los turistas e investigadores.

Los otros Machu Picchu

Ni Machu Picchu es la única ciudadela de Perú ni los incas lo hicieron todo. El país andino pone en valor otras construcciones grandiosas para diversificar el turismo. Aquí van tres de las mejores

Choquequirao
Hay dos errores recurrentes entre los viajeros a Perú. Creer que Machu Picchu es único. Y confundir la historia precolombina de Perú con la de los incas. El Imperio inca duró 100 años, desde 1438 hasta 1532, cuando Pizarro hizo preso a Atahualpa en Cajamarca. Imposible en tan corto periodo de tiempo aprender y desarrollar semejantes técnicas constructivas, agrícolas y de organización territorial como de las que hicieron gala los quechuas. En realidad los incas solo fueron la punta de un iceberg de más de 5.000 años de historia en los que sucesivos pueblos, desde los paracas a los huari, pasando por los mochicas, los chancas o los chimu fueron acumulando conocimientos y sabiduría para domesticar un territorio tan vasto. Los incas heredaron esos conocimientos y los mejoraron, pero digamos que el copyright no es completamente suyo. Por eso hay muchos machupicchus en Perú y no todos hechos por los incas. Estos son tres yacimientos arqueológicos de suma importancia que también deberías conocer:

Muralla de la ciudadela de Kuelap.
En marzo del año pasado el presidente Pedro Pablo Kuczynski inauguró el primer telecabina del país. La infraestructura -de 26 góndolas- permite a los visitantes acceder en 20 minutos a la ciudadela de Kuelap, ahorrando un viaje de 32 kilómetros por pistas de tierra que demoraba 90 minutos. Kuelap es la mayor ciudad conocida de la cultura chachapoyas, un pueblo que floreció en la ceja de selva en lo que hoy es el departamento de Amazonas, entre el siglo VIII y el XVI. Es decir, muchos antes de que aparecieran los incas. Fueron unos grandes maestros de la piedra y levantaron en un cerro de forma alargada a 3.000 metros de altitud, en el valle del río Utcubamba, afluente del Amazonas, la increíble ciudad-fortaleza de Kuelap. Nada más llegar impresiona la muralla de sillar de piedra caliza que rodea todo el conjunto. Tiene 20 metros de alta y se encuentra en buen estado de conservación. Tres estrechos pasadizos, por los que un hipotético ejército atacante hubiera tenido que pasar de uno en uno, dan acceso al interior.

Allí se despliegan las evidencias de más de 500 viviendas circulares, además de torreones, observatorios astronómicos, restos de viviendas de sacerdotes y nobles y el templo Mayor, en forma de cono truncado e invertido. Kuelap estuvo comida por la selva hasta 1843, cuando un funcionario enviado desde Lima se percató que aquella montaña de piedras era una construcción hecha por el ser humano.

Choquequirao en quechua significa “cuna de oro”.
Le llaman la hermana de Machu Picchu, y de hecho no está muy lejos de esta. Es de origen inca y se eleva en otra montaña selvática del departamento de Cusco, a 169 kilómetros de la capital. Choquequirao, que en quechua significa “cuna de oro”, fue un centro cultural y religioso. Probablemente más importante que Machu Picchu, solo que esta última está ahora excavada, accesible y puesta en valor, mientras que muchos secretos de Choquequirao están aún bajo la maleza. Y más importante aún: no hay carretera para llegar a ella; la única manera es a pie o en mula, salvando 63 kilómetros (entre ida y vuelta) desde la aldea de Cachora, un pueblito colonial de casas de adobe en la cuenca del río Apurimac. Esa inaccesibilidad ha mantenido a Choquequirao al margen del frenesí del turismo y hace de su visita una verdadera aventura, solo para viajeros con ganas de salir de rutas trilladas. Funcionó como una especie de puesto avanzado entre la selva amazónica y la capital del imperio, Cusco.

Se le considera también uno de los últimos bastiones de resistencia de los fieles a Manco Inca cuando los españoles sitiaron y tomaron Cusco en 1535. Quedan evidencias de lugares de culto, del complejo sistema de riego, de viviendas para sus casi 10.000 habitantes y, como en Machu Picchu, de los andenes que servía para cultivar y como soporte de las edificaciones.

Templo Mayor de Chavín de Huantar
Mil doscientos años antes de Cristo —contemporáneo por tanto de la Babilonia asiria y el Egipto faraónico—, creció en los Andes peruanos una civilización considerada la madre de todas las demás: Chavín. Su poder se extendía desde Lambayeque al norte, hasta Ayacucho e Ica, al sur (un territorio de más de 1.500 kilómetros de longitud).

El Lanzón, ídolo tallado en piedra en el interior de Chavín.
Las ruinas de lo que fue su capital pueden visitar aún en las cercanías de Chavín de Huantar, un pueblito encantador de la provincia de Huari, departamento de Áncash, en la vertiente este de la cordillera Blanca de los Andes, a 86 kilómetros de Huaraz. Para llegar hay que salvar el paso de Ka­huish, el segundo túnel de montaña más alto del mundo, situado a 4.516 metros de altitud. El yacimiento arqueológico no es tan espectacular como Kuelap o Choquequirao, pero lo que impresiona es su edad y la calidad de las estructuras. Se aprecia muy bien la gran plaza principal del conjunto y buena parte del templo Mayor, además de otras edificaciones menores.

Al excavar el templo Mayor apareció un ídolo de cinco metros de altura tallado en piedra – el Lanzón- que una vez acabados los trabajos se dejó en el mismo lugar en el que sus constructores lo colocaron hace ya más de 3.200 años. Chavín de Huantar no está construido en un valle de suelos fértiles por lo que se cree que tuvo una función de centro ceremonial y de peregrinación. Otra visita inexcusable a ese otro Perú arqueológico que va más allá de Machu Picchu y los incas.

Fuente: El Pais – Blog de Viajes por Paco Nada
https://elpais.com/elpais/2018/02/15/paco_nadal/1518714483_305254.html




En Perú, no solo hubo Incas

Doctor Santiago Uceda Castillo, Coordinador de la exposición “Perú antes de los incas” en Paris, Francia.

El Musée du Quai-Branly-Jacques-Chirac de Francia dedica una exposición a las culturas altamente estructuradas que precedieron a los Incas en este país de los Andes y del que nuestro hoy extinto y admirado Santiago Uceda Castillo fuera el coordinador, siendo ésta su ultima actividad cultural. La muestra estará hasta el 1ro de abril del 2018 y el objetivo es mostrar a la comunidad europea la importancia de las culturas pre-incas.

Perú antes de los incas

Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac

En el imaginario colectivo, Perú se resume con demasiada frecuencia en Machu-Pichu. Porque esta antigua ciudad encaramada, desde el siglo XV, en un promontorio rocoso en la vertiente oriental de los Andes centrales simboliza la civilización inca (contemporánea del Renacimiento en Francia) que los codiciosos conquistadores españoles encontraron -y destruyeron- después de su llegada Cusco. En realidad, desde el siglo octavo antes de Cristo hasta la llegada de los incas en la costa norte del país, en 1470 DC, Perú ha albergado otras culturas, muy estructuradas.

Al exponerlos, a través de casi 300 objetos de una gran calidad estética, provenientes de 6 museos peruanos, la exposición “Perú antes de los incas” del Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac, en París, Francia tiene la ambición de ” cambiar nuestra visión del Perú, insiste su comisionado, el profesor Santiago Uceda Castillo.

El más antiguo es la sociedad cupisnique. El de los Mochicas (aún llamados Moches) siguió, luego, la sociedad Lambayeque; finalmente, justo antes de los Incas, la sociedad Chimú se vio particularmente ilustrada por las mejoras genéticas en las plantas para aumentar la producción agrícola.

Bella pieza moche encontrada en Huaca de la Luna, Trujillo, Perú

Exhumando cerámicas, esculturas, joyas, en oro, plata y cobre, emblemas, muebles funerarios, adornos personales encontrados en palacios, residencias de la clase dominante, tumbas reales, excavaciones arqueológicas a gran escala llevadas a cabo durante treinta años, especialmente en los sitios de Las Huacas, cerca de Trujillo y Lambayeque, hizo posible comprender mejor cómo operaban estas culturas. Gracias a una red de canales de riego, pudieron regar los valles bastante secos y desérticos donde vivían.

A veces decorados con bajorrelieves y frescos de impresionantes dimensiones, los templos, especialmente el de Huaca de la Luna, también revelaron las ceremonias y rituales que se practicaban allí, incluidos los sacrificios humanos relacionados con el culto de la fertilidad agrícola y social. En ese momento se honraba a todo tipo de deidades, representadas como felinos, ciervos, arañas, búhos, etc., en botellas de barro con agarradera para el cuello. Más tarde, las deidades marinas, la luna, las estrellas, los pájaros predominarán, incluso con un dios mitad hombre, mitad pájaro: Naylamp. Por otro lado, los huacos retratos, en cerámica, son los de grandes dignatarios mochicas.

“En el Perú antiguo, los grandes señores tenían poder político y social” , insiste el profesor Uceda. Los jefes, pero también los guerreros y los sacerdotes tenían la capacidad de gobernar, dictar normas, llevar a cabo un trabajo importante, organizar y controlar la “fuerza de trabajo” de las grandes comunidades. Las mujeres disfrutaron de un gran poder, tanto religioso como político, como lo demuestran los hallazgos encontrados recientemente en San José de Moro o en la tumba de Huaca Cao Viejo. A pesar de la falta de escritura, todos estos rastros de estas culturas, muestran un retrato mucho más sofisticado de lo que se pensaba hasta hace poco.

Gracias a los logros de las culturas preincas es que los Incas pudieron lograr la magnitud del imperio que fueron, asevera el prominente investigador, quien informa que poner esta exposición llevo desde su concepción, cuatro años.

A continuación las entrevistas brindadas en Paris, Francia, del renombrado, hoy extinto, arqueólogo Santiago Uceda Castillo: