“En honor a Santiago Uceda”

Santiago Uceda (camisa blanca) junto a Ricardo Morales (camisa azul) en la Huaca de la Luna en la ciudad de Trujillo. [Foto: Dante Piaggio]
A semanas del fallecimiento del arqueólogo Santiago Uceda , un homenaje del Director del Proyecto Huacas del Sol y de la Luna, Ricardo Morales.

El notable avance de la ciencia arqueológica en la costa norte del país es producto de la dinámica que arqueólogos y conservadores han generado en estos últimos 30 años, organizando programas de investigación y conservación de sitios abandonados y saqueados, y estableciendo un exitoso corredor turístico que cubre la faja costera de Lambayeque y La Libertad.

Autor: Ricardo Morales Gamarra
Fuente: El Comercio
Fecha: 28.01.2018 / 09:00 am

Es decir, la transformación de un paisaje desértico en un polo de desarrollo socioeconómico y cultural como las huacas de Moche fue posible gracias al denodado esfuerzo y compromiso de profesionales, poseedores de una sólida formación académica, mística y visión de futuro. En este punto, destacó Santiago Uceda Castillo, arqueólogo y profesor principal de la Universidad Nacional de Trujillo, quien brilló con luz propia como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y director del Proyecto Arqueológico Huacas de Moche.

Precisamente gracias a su aguda inteligencia, indesmayable capacidad de trabajo, sinceridad para expresar sus pensamientos en forma directa; a esa dinámica tan singular que lo caracterizó y lo llevó a formar en las aulas y en el campo a una generación de jóvenes arqueólogos que han retornado del extranjero con el grado de doctores, como hizo él mismo en la Universidad de Burdeos, en Francia.

En este incansable trajín ha dejado un patrón de investigación que se aprecia en su intensa labor editorial, rigurosa e innovadora, como la cuantiosa producción de artículos científicos en revistas y libros como la serie de “Investigaciones en Huaca de la Luna” y recientemente, Huaca de la Luna, templo y dioses moches, las más firmes expresiones de su madurez científica, que compartió con Elías Mujica y con quien escribe estas líneas.

Sin duda, el Proyecto Arqueológico Huacas de Moche es su obra emblemática, un modelo de gestión en el Perú, que hizo posible rescatar dichos espacios del saqueo y el desinterés colectivo.




Las sacerdotisas de San José de Moro

Tumba de élite de la Octava Sacerdotisa de San José de Moro

Desde 1991 el Proyecto Arqueológico San José de Moro ha venido investigando el desarrollo, colapso y reconstitución de las sociedades complejas en la parte norte del valle de Jequetepeque (Figuras 1, 2 y 3); es decir, la larga y detallada sucesión de procesos culturales por los que atravesó el sitio y la región a lo largo de las sucesivas ocupaciones Mochica, Transicional, Lambayeque y Chimú (Figura 4). En los dieciséis años de trabajo del proyecto, las investigaciones han enfatizado las excavaciones estratigráficas conducidas en San José de Moro, a través de las cuales se han estudiado múltiples aspectos de su historia ocupacional, en particular las prácticas rituales y funerarias. A partir del año 2000 se ampliaron las investigaciones a otros sitios arqueológicos en la región, principalmente aquellos que fueron contemporáneos con las ocupaciones registradas en San José de Moro y que tuvieron funciones análogas o complementarias. Este esfuerzo, sumado a los de otros investigadores, ha permitido examinar aspectos insospechados de las sociedades precolombinas que se desarrollaron en el valle de Jequetepeque y estudiar los complejos procesos culturales que configuraron la región.

Figura 1. Mapa de la Costa Norte del Perú con la ubicación de los principales sitios arqueológicos Mochicas, en la región Mochica Sur y en las tres áreas de desarrollo de la región Mochica Norte.

San José de Moro (SJM), ciertamente, es un sitio arqueológico singular tanto por la riqueza de los artefactos y contextos que encontramos allí, como por su disposición estratigráfica. En él abunda evidencia de su importancia como centro ceremonial regional al que acudían personas de todo el valle de Jequetepeque para celebrar rituales muy elaborados, particularmente entierros de miembros de la élite y rituales de culto a los ancestros (Castillo 2000a, 2004). Relacionados con la evidencia funeraria, hemos encontrado artefactos y contextos que indican que existió una producción masiva de chicha y de alimentos que habrían servido para darle sustento a las poblaciones que asistían y participaban en los rituales. Coincidiendo con el colapso Mochica en Jequetepeque (aproximadamente en el año 850 d.C.) se multiplican las evidencias de que SJM fue parte de una red de interacción e intercambio que cubría prácticamente todos los andes centrales, lo que ex-plica la alta frecuencia, en las tumbas y otros contextos ceremoniales, de artefactos provenientes de Cajamarca, Chachapoyas, Ayacucho y la Costa Central y Sur. Los ritos que se celebraban, que incluía una versión de la «Ceremonia del Sacrificio» (Donnan 1975), seguramente fueron escenificados alrededor de la Huaca La Capilla, la estructura más grande del sitio, que data de la ocupación Mochica (Figura 3). El presupuesto carácter regional de los rituales que se celebraban en SJM nos llevó, a partir del año 2000, a una ampliación de la escala y ámbito de investigación, no sólo con excavaciones de gran dimensión en el sitio (Figura 3), sino con investigaciones de sitios contemporáneos en el resto del valle y de otros correspondientes con el periodo Mochica Tardío (Figura 2).

San José de Moro es una extensa colina de aproximadamente 150 hectáreas de extensión formada entre dos brazos del río Chamán, 5 km al norte de la ciudad de Chepén, en el departamento de La Libertad (Figuras 2 y 3). Su superficie se eleva aproximadamente siete metros sobre los terrenos de cultivo que la circundan y, sobre ella, se encuentran numerosos montículos de diferente configuración que fueron producidos por actividades domésticas, durante las ocupaciones Chimú y Lambayeque, y ceremoniales, durante las ocupaciones Mochica y Transicional (Figuras 3 y 4). Tanto los montículos como las áreas que los rodean presentan una densa estratigrafía que en algunos casos alcanza los ocho metros de capas superpuestas correspondientes a casi 1000 años de ocupación continua.

Figura 2. Mapa del Valle de Jequetepeque con la ubicación de los principales sitios ocupados durante los Periodos Mochica, Transicional, Lambayeque y Chimú

El valle medio y bajo del Jequetepeque es una de las regiones más estudiadas del Perú, tanto en su arqueología, como en su historia y geografía. Durante el período virreinal se estableció allí una serie de poblados sobre las bases de antiguos asentamientos prehispánicos. San Pedro, Pacasmayo, Jequetepeque, Guadalupe y Chepén son mencionados en censos y visitas coloniales, así como por los primeros exploradores y viajeros. Más aún, poblados más pequeños como Pueblo Nuevo, Pacanga y Chérrepe también figuran en los documentos (Cock 1986; Martínez de Compañón [1782] 1978; Ramírez 2002; Figura 2). De esta época destaca el trabajo del padre agustino Antonio de la Calancha, quien vivió en el monasterio de Guadalupe y reportó una serie de aspectos importantes acerca de la naturaleza, historia y tradiciones del valle (Calancha [1638] 1974).

Las investigaciones arqueológicas en el valle de Jequetepeque se iniciaron en la década de los años treinta, con los trabajos de Heinrich Ubbelohde-Doering (1983) y sus discípulos Hans Disselhoff (1958) y Wolfgang y Gisella Hecker (1990). En 1965 Paul Kosok incluyó vistas aéreas de los sitios arqueológicos más importantes del valle de Jequetepeque en su estudio sobre la vida, la tierra y el agua en elPerú. Don Óscar Lostanau y don Óscar Rodríguez Razetto, el primero por sus observaciones y trabajos de preservación, el segundo por su colección y ambos por el apoyo a los investigadores, contribuyeron al desarrollo de la arqueología jequetepecana. En la década del setenta, a raíz de la construcción de la represa Gallito Ciego, Rogger Ravines (1982) hizo un catastro de los sitios arqueológicos que iban a ser afectados y se realizaron excavaciones en algunos de ellos, como Monte Grande (Tellenbach 1986). En la misma época, David Chodoff condujo las primeras excavaciones estratigráficas en área en SJM (Chodoff 1979). Una aproximación complementaria, en la que se evaluó la relación entre los recursos y los sitios arqueológicos, fue el estudio de los sistemas de irrigación precolombinos hecho por Herbert Eling (1987), quien situó el origen de los sistemas complejos de irrigación en época Mochica, anticipando la complejidad organizativa del valle. Varios estudios de los patrones de asentamiento se han llevado a cabo, entre los que destacan el de los esposos Hecker (1990) y el que Tom Dillehay y Alan Kolata (Dillehay 2001) han realizado últimamente para todo el valle. Los trabajos de Christopher Donnan han sido los más extensos y sostenidos en el valle, con excavaciones en Pacatnamú, La Mina, San José de Moro, Dos Cabezas y Mazanca (Donnan y Cock 1986, 1997; Narváez 1994; Donnan y Castillo 1992; Donnan 2001, 2006). En los últimos años, las investigaciones se han incrementado. Merecen destacarse los trabajos de Carlos Elera en Puémape (1998), Carol Mackey en el Algarrobal de Moro (1997) y Farfán (2005), William Sapp en Cabur (2002), Edward Swenson en San Ildefonso y otros sitios (2004), Marco Rosas en Cerro Chepén (2005), Ilana Johnson en Portachuelo de Charcape (Johnson, en prensa), Scott Kremkau en Talambo, entre otros (Figura 2).

Figura 3. Plano de San José de Moro con indicación de los montículos y las áreas excavadas entre 1991 y 2007.

En el contexto de estas investigaciones, el Proyecto Arqueológico San José de Moro se ha distinguido por ser un esfuerzo sostenido, abocado al estudio de uno de los pocos sitios que combinan las funciones de cementerio y de centro ceremonial y que aún preservan amplios sectores intactos. Las excavaciones en esta área han producido, hasta la fecha, datos novedosos respecto a las prácticas rituales y funerarias de las sociedades Mochica, Transicional y Lambayeque. La estratigrafía del sitio es singular no sólo por su densidad, sino porque contiene artefactos que permiten construir una secuencia cronológica compleja y detallada de más de mil años. Asimismo, desde el PASJM se han propiciado investigaciones en otros sitios del valle, incluyendo excavaciones en Portachuelo de Charcape (Johnson, en prensa; Mauricio 2006), prospecciones intensivas en la parte norte del valle de Jequetepeque (Ruiz 2004) y exploraciones para ubicar fuentes de arcillas y calcitas (Rohfritsch 2006).

La investigación arqueológica del valle de Jequetepeque ha abordado todos los periodos de ocupación y problemas tan diversos como las prácticas funerarias de individuos de diferente rango social (Castillo y Donnan 1994a; Donley 2004), los patrones de asentamiento (Dillehay 2001), la arquitectura monumental (Donnan 2001), el desarrollo de la tecnología cerámica (Rohfritsch 2006) o la identidad de los metalurgistas (Fraresso 2007, en prensa). A diferencia de lo que ha ocurrido en otros valles de la costa norte del Perú, en Jequetepeque las investigaciones arqueológicas han sido realizadas por varios grupos de investigación y, por lo tanto, desde diversas aproximaciones, metodologías y perspectivas.

Figura 4. Secuencia cronológica del Valle de Jequetepeque con ejemplares cerámicos representativos de los periodos y fases de la secuencia ocupacional de San José de Moro.

En los años que han trascurrido desde que se iniciaron las investigaciones en San José de Moro muchas cosas han cambiado en el entorno social en el que se realiza el proyecto, en el contexto de otras investigaciones sobre la cultura Mochica y en nuestros propios intereses de investigación. La arqueología de la costa norte del Perú ha tenido, a partir del hallazgo y excavación de las tumbas de Sipán en 1987, un desarrollo sorprendente. Decenas de excavaciones de diferente magnitud, duración y énfasis se han multiplicado en toda la región (Figura 1). Se han estudiado, por ejemplo, los patrones de ocupación a través de prospecciones intensivas prácticamente en todos los valles de la costa norte; se ha triplicado el número de contextos funerarios registrados arqueológicamente; se han documentado miles de metros cuadrados de estructuras y espacios habitacionales; y se han expuesto más pinturas murales y relieves polícromos que todos los que existían antes del inicio de este desarrollo. Como consecuencia de esto, las publicaciones de artículos, libros y tesis han aumentado en número y calidad. Nuestro conocimiento acerca de las sociedades antiguas de la costa norte se ha multiplicado hasta tal punto que podemos abordar con cierta seguridad temas como las evoluciones regionales de los estados Mochicas o el papel de su ideología en la construcción de estrategias de poder, las formaciones políticas y las estrategias de control y legitimación. Si bien una gran mayoría de estos trabajos se ha centrado en el estudio de esta sociedad y el mayor énfasis ha sido dado a lo espectacular y monumental, es decir, a los grandes templos decorados con pinturas murales (Uceda 2001; Franco et al. 2003) y a las ricas tumbas de élite (Alva 2004; Donnan 2001; Donnan y Castillo 1992; Narváez 1994; Tello et al. 2003; Williams 2006), también se han multiplicado los estudios de comunidades rurales (Billman 1996; Billman et al. 1999; Gummerman y Briceño 2003), de la dieta (Gumerman 1991), de la tecnología y producción (Uceda y Armas 1997; Fraresso, en prensa; Carcedo 1998; Rengifo y Rojas, en prensa; Uceda y Rengifo 2006; Rohfritsch 2006), de los contextos domésticos (Uceda, en prensa), de la cerámica utilitaria (Gamarra y Gayoso, en prensa) y de la demografía (Chapdelaine 2003).

Muchas de las preguntas y objetivos que Christopher Donnan y Luis Jaime Castillo se plantearon hace 16 años, al iniciarse el Proyecto Arqueológico San José de Moro (PASJM), como, por ejemplo, el contexto de la cerámica de línea fina o las modalidades funerarias de bota y cámara en el Periodo Mochica Tardío, se absolvieron y resolvieron a medida que progresó la investigación (Castillo y Donnan 1994a) o fueron abordados y desarrollados cabalmente por otros proyectos, por ejemplo, a través de los trabajos de Swenson (2004) y Rosas (2005). Pero casi inevitablemente las respuestas a las preguntas y las soluciones a los problemas generaron nuevas preguntas y nuevos problemas. Hay que señalar, finalmente, que este proyecto no se ha realizado al margen de otros programas de investigación abocados en la comprensión de la evolución de las sociedades de la costa norte del Perú. En común con muchos de estos esfuerzos está el interés por contribuir a la construcción de la identidad regional y nacional y con el desarrollo sostenible de las comunidades con las que trabajamos. Esta comunidad de intereses científicos es particularmente más intensa con el Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, con el que hemos compartido experiencias, intereses, recursos y alumnos. Formar a los estudiantes peruanos y extranjeros en un ambiente internacional de cooperación, así como a los jóvenes investigadores, ha sido parte de la razón de ser de este proyecto desde que se inició y continuará siendo uno de sus principales fines.

________________
Fuente: Proyecto Arqueológico San José de Moro
Extracto del artículo: “Ideología y Poder en la Consolidación, Colapso y Reconstitución del Estado Mochica del Jequetepeque El Proyecto Arqueológico San José de Moro (1991 – 2006)”
Autores: Luis Jaime Castillo B., Julio Rucabado Y.1, Martín del Carpio P., Katiusha Bernuy Q., Karim Ruiz R.2, Carlos Rengifo Ch., Gabriel Prieto B. y Carole Fraresso3
Publicado en: Ñawpa Pacha 29. Berkeley, Institute of Andean Studies, 2009.




Machu Picchu no es la única ciudadela de Perú ni los incas lo hicieron todo

En coincidencia de eventos y opiniones vertidas recientemente acerca de las culturas precolombinas y su importancia en la cultura peruana, como por ejemplo las expresadas por el ilustre y recientemente fallecido arqueólogo peruano Santiago Uceda Castillo en la exposición “Perú antes de los incas” del Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac, en París, Francia, que tiene la ambición de cambiar nuestra visión del Perú –la muestra estará hasta el 1ro de abril del 2018–, la versión digital del diario El País de España, ha publicado un artículo titulado “Los otros Machu Picchu “, el cual, y al igual que Uceda, describe la importancia de las culturas precolombinas en la formación y auge de la cultura Inca y ofrece alternativas interesantes e importantes de lugares arqueológicos que merecen la atención de los turistas e investigadores.

Los otros Machu Picchu

Ni Machu Picchu es la única ciudadela de Perú ni los incas lo hicieron todo. El país andino pone en valor otras construcciones grandiosas para diversificar el turismo. Aquí van tres de las mejores

Choquequirao
Hay dos errores recurrentes entre los viajeros a Perú. Creer que Machu Picchu es único. Y confundir la historia precolombina de Perú con la de los incas. El Imperio inca duró 100 años, desde 1438 hasta 1532, cuando Pizarro hizo preso a Atahualpa en Cajamarca. Imposible en tan corto periodo de tiempo aprender y desarrollar semejantes técnicas constructivas, agrícolas y de organización territorial como de las que hicieron gala los quechuas. En realidad los incas solo fueron la punta de un iceberg de más de 5.000 años de historia en los que sucesivos pueblos, desde los paracas a los huari, pasando por los mochicas, los chancas o los chimu fueron acumulando conocimientos y sabiduría para domesticar un territorio tan vasto. Los incas heredaron esos conocimientos y los mejoraron, pero digamos que el copyright no es completamente suyo. Por eso hay muchos machupicchus en Perú y no todos hechos por los incas. Estos son tres yacimientos arqueológicos de suma importancia que también deberías conocer:

Muralla de la ciudadela de Kuelap.
En marzo del año pasado el presidente Pedro Pablo Kuczynski inauguró el primer telecabina del país. La infraestructura -de 26 góndolas- permite a los visitantes acceder en 20 minutos a la ciudadela de Kuelap, ahorrando un viaje de 32 kilómetros por pistas de tierra que demoraba 90 minutos. Kuelap es la mayor ciudad conocida de la cultura chachapoyas, un pueblo que floreció en la ceja de selva en lo que hoy es el departamento de Amazonas, entre el siglo VIII y el XVI. Es decir, muchos antes de que aparecieran los incas. Fueron unos grandes maestros de la piedra y levantaron en un cerro de forma alargada a 3.000 metros de altitud, en el valle del río Utcubamba, afluente del Amazonas, la increíble ciudad-fortaleza de Kuelap. Nada más llegar impresiona la muralla de sillar de piedra caliza que rodea todo el conjunto. Tiene 20 metros de alta y se encuentra en buen estado de conservación. Tres estrechos pasadizos, por los que un hipotético ejército atacante hubiera tenido que pasar de uno en uno, dan acceso al interior.

Allí se despliegan las evidencias de más de 500 viviendas circulares, además de torreones, observatorios astronómicos, restos de viviendas de sacerdotes y nobles y el templo Mayor, en forma de cono truncado e invertido. Kuelap estuvo comida por la selva hasta 1843, cuando un funcionario enviado desde Lima se percató que aquella montaña de piedras era una construcción hecha por el ser humano.

Choquequirao en quechua significa “cuna de oro”.
Le llaman la hermana de Machu Picchu, y de hecho no está muy lejos de esta. Es de origen inca y se eleva en otra montaña selvática del departamento de Cusco, a 169 kilómetros de la capital. Choquequirao, que en quechua significa “cuna de oro”, fue un centro cultural y religioso. Probablemente más importante que Machu Picchu, solo que esta última está ahora excavada, accesible y puesta en valor, mientras que muchos secretos de Choquequirao están aún bajo la maleza. Y más importante aún: no hay carretera para llegar a ella; la única manera es a pie o en mula, salvando 63 kilómetros (entre ida y vuelta) desde la aldea de Cachora, un pueblito colonial de casas de adobe en la cuenca del río Apurimac. Esa inaccesibilidad ha mantenido a Choquequirao al margen del frenesí del turismo y hace de su visita una verdadera aventura, solo para viajeros con ganas de salir de rutas trilladas. Funcionó como una especie de puesto avanzado entre la selva amazónica y la capital del imperio, Cusco.

Se le considera también uno de los últimos bastiones de resistencia de los fieles a Manco Inca cuando los españoles sitiaron y tomaron Cusco en 1535. Quedan evidencias de lugares de culto, del complejo sistema de riego, de viviendas para sus casi 10.000 habitantes y, como en Machu Picchu, de los andenes que servía para cultivar y como soporte de las edificaciones.

Templo Mayor de Chavín de Huantar
Mil doscientos años antes de Cristo —contemporáneo por tanto de la Babilonia asiria y el Egipto faraónico—, creció en los Andes peruanos una civilización considerada la madre de todas las demás: Chavín. Su poder se extendía desde Lambayeque al norte, hasta Ayacucho e Ica, al sur (un territorio de más de 1.500 kilómetros de longitud).

El Lanzón, ídolo tallado en piedra en el interior de Chavín.
Las ruinas de lo que fue su capital pueden visitar aún en las cercanías de Chavín de Huantar, un pueblito encantador de la provincia de Huari, departamento de Áncash, en la vertiente este de la cordillera Blanca de los Andes, a 86 kilómetros de Huaraz. Para llegar hay que salvar el paso de Ka­huish, el segundo túnel de montaña más alto del mundo, situado a 4.516 metros de altitud. El yacimiento arqueológico no es tan espectacular como Kuelap o Choquequirao, pero lo que impresiona es su edad y la calidad de las estructuras. Se aprecia muy bien la gran plaza principal del conjunto y buena parte del templo Mayor, además de otras edificaciones menores.

Al excavar el templo Mayor apareció un ídolo de cinco metros de altura tallado en piedra – el Lanzón- que una vez acabados los trabajos se dejó en el mismo lugar en el que sus constructores lo colocaron hace ya más de 3.200 años. Chavín de Huantar no está construido en un valle de suelos fértiles por lo que se cree que tuvo una función de centro ceremonial y de peregrinación. Otra visita inexcusable a ese otro Perú arqueológico que va más allá de Machu Picchu y los incas.

Fuente: El Pais – Blog de Viajes por Paco Nada
https://elpais.com/elpais/2018/02/15/paco_nadal/1518714483_305254.html




En Perú, no solo hubo Incas

Doctor Santiago Uceda Castillo, Coordinador de la exposición “Perú antes de los incas” en Paris, Francia.

El Musée du Quai-Branly-Jacques-Chirac de Francia dedica una exposición a las culturas altamente estructuradas que precedieron a los Incas en este país de los Andes y del que nuestro hoy extinto y admirado Santiago Uceda Castillo fuera el coordinador, siendo ésta su ultima actividad cultural. La muestra estará hasta el 1ro de abril del 2018 y el objetivo es mostrar a la comunidad europea la importancia de las culturas pre-incas.

Perú antes de los incas

Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac

En el imaginario colectivo, Perú se resume con demasiada frecuencia en Machu-Pichu. Porque esta antigua ciudad encaramada, desde el siglo XV, en un promontorio rocoso en la vertiente oriental de los Andes centrales simboliza la civilización inca (contemporánea del Renacimiento en Francia) que los codiciosos conquistadores españoles encontraron -y destruyeron- después de su llegada Cusco. En realidad, desde el siglo octavo antes de Cristo hasta la llegada de los incas en la costa norte del país, en 1470 DC, Perú ha albergado otras culturas, muy estructuradas.

Al exponerlos, a través de casi 300 objetos de una gran calidad estética, provenientes de 6 museos peruanos, la exposición “Perú antes de los incas” del Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac, en París, Francia tiene la ambición de ” cambiar nuestra visión del Perú, insiste su comisionado, el profesor Santiago Uceda Castillo.

El más antiguo es la sociedad cupisnique. El de los Mochicas (aún llamados Moches) siguió, luego, la sociedad Lambayeque; finalmente, justo antes de los Incas, la sociedad Chimú se vio particularmente ilustrada por las mejoras genéticas en las plantas para aumentar la producción agrícola.

Bella pieza moche encontrada en Huaca de la Luna, Trujillo, Perú

Exhumando cerámicas, esculturas, joyas, en oro, plata y cobre, emblemas, muebles funerarios, adornos personales encontrados en palacios, residencias de la clase dominante, tumbas reales, excavaciones arqueológicas a gran escala llevadas a cabo durante treinta años, especialmente en los sitios de Las Huacas, cerca de Trujillo y Lambayeque, hizo posible comprender mejor cómo operaban estas culturas. Gracias a una red de canales de riego, pudieron regar los valles bastante secos y desérticos donde vivían.

A veces decorados con bajorrelieves y frescos de impresionantes dimensiones, los templos, especialmente el de Huaca de la Luna, también revelaron las ceremonias y rituales que se practicaban allí, incluidos los sacrificios humanos relacionados con el culto de la fertilidad agrícola y social. En ese momento se honraba a todo tipo de deidades, representadas como felinos, ciervos, arañas, búhos, etc., en botellas de barro con agarradera para el cuello. Más tarde, las deidades marinas, la luna, las estrellas, los pájaros predominarán, incluso con un dios mitad hombre, mitad pájaro: Naylamp. Por otro lado, los huacos retratos, en cerámica, son los de grandes dignatarios mochicas.

“En el Perú antiguo, los grandes señores tenían poder político y social” , insiste el profesor Uceda. Los jefes, pero también los guerreros y los sacerdotes tenían la capacidad de gobernar, dictar normas, llevar a cabo un trabajo importante, organizar y controlar la “fuerza de trabajo” de las grandes comunidades. Las mujeres disfrutaron de un gran poder, tanto religioso como político, como lo demuestran los hallazgos encontrados recientemente en San José de Moro o en la tumba de Huaca Cao Viejo. A pesar de la falta de escritura, todos estos rastros de estas culturas, muestran un retrato mucho más sofisticado de lo que se pensaba hasta hace poco.

Gracias a los logros de las culturas preincas es que los Incas pudieron lograr la magnitud del imperio que fueron, asevera el prominente investigador, quien informa que poner esta exposición llevo desde su concepción, cuatro años.

A continuación las entrevistas brindadas en Paris, Francia, del renombrado, hoy extinto, arqueólogo Santiago Uceda Castillo:

 

 




Imágenes históricas del hallazgo de Machu Picchu

Erase en los andes peruanos, cerca al mediodía del día 24 de julio de 1911, Hiram Bingham, de 35 años de edad, profesor ayudante de historia latinoamericana en la Universidad Yale y otros acompañantes escalan con pies y manos una ladera despeñada y abrupta. A sus pies, el río Urubamba. He aquí algunas fotografías de ese lugar de ese entonces y otras de esa época de otros lugares del Perú captadas por el mismo Bingham.

Fuente: Universidad de Yale – Hiram Bingham




El soberbio arte mochica, una muestra

___________________________________________________

La exposición Moche y sus vecinos. Reconstruyendo identidades que se realizo en el Museo de Arte de Lima en Perú a mediados del año 2016, mostró la relación que entablaron los mochicas con las comunidades vecinas altoandinas. “Hubo convivencia, pero también disputas en torno al territorio y a los recursos”, tal como lo explicó la conservadora Cecilia Pardo.”Se desarrolló un sistema de enfrentamientos ritualizados que permitió resolver las disputas intergrupales mediante el uso de violencia controlada. Antes que generar una guerra abierta, con una pérdida incalculable de vidas humanas, se optó por organizar duelos entre la élite guerrera de cada comunidad. Los ganadores no sólo podían sacrificar a los perdedores, sino también asegurarse los bienes en disputa”, añade la conservadora.

La muestra que si usted no pudo visitarla, hoy se la mostramos en una breve colección de imagenes, reflejaron las relaciones de convivencia, conflicto y negociación entre los mochicas y sus comunidades vecinas altoandinas. Es el caso de los grupos que migraron desde las regiones de Recuay, Cajamarca o Huamachuco hasta las zonas de clima templado de los valles altos de Moche, Santa y Nepeña a comienzos del período Intermedio Temprano (100-300 d.C.) o aquellos que participaron en ceremonias en el valle de Jequetepeque en épocas posteriores (700-1000 d.C.). La muestra exhibío en total unas ochenta piezas que incluyeron vasijas de cerámica, monolitos y objetos de metal que pertenecen al arte mochica, recuay y cajamarquino. “Destacaría aquellas piezas que nos permiten reconstruir ciertos rituales vinculados a posibles alianzas entre los mochicas y sus vecinos altoandinos. Por ejemplo, un atuendo ritual con forma de felino, un conjunto de platos trípode cajamarquinos y un calero, un contenedor de cobre dorado para almacenar cal, que sirve para activar los alcaloides de la hoja de coca”, detalla Pardo. “En el denominado Ritual de la Coca, el dios Ai-Apaec recibe diversos atuendos y parafernalia por parte de un grupo de oficiantes foráneos, permitiéndole integrarse al chacchado o masticación de la hoja de coca y recibir las primeras lluvias y la aparición de una gran serpiente bicéfala en el cielo”, agrega la conservadora.

Fuente: Resumen del articulo publicado en National Geographic por ALEC FORSSMANN
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/el-museo-de-arte-de-lima-exhibe-el-soberbio-arte-mochica_10182/9




Hallan sala de banquetes protocolares de la cultura mochica en Huaca Limón, Lambayeque

(Foto: Dante Piaggio)

Una sala de banquetes protocolares del mundo mochica de unos 1.500 años de antigüedad, es decir, un espacio de reunión para la élite de esta cultura preincaica, donde se trataban temas de política, negocios o intercambio de productos. El hallazgo ha sido realizado en la Huaca Limón, en la región de Lambayeque, al norte de Perú, por un equipo de arqueólogos peruanos del Museo Tumbas Reales de Sipán, dirigido por Walter Alva, el descubridor de la célebre tumba del Señor de Sipán. La sala de banquetes estaba decorada con bellas pinturas murales e incluía dos tronos escalonados que habrían servido de asientos para personajes de la élite, según informan Walter Alva y su equipo arqueológico a National Geographic. Los arqueólogos han concluido que se trata de una sala de banquetes protocolares tras comparar su reciente hallazgo con los diferentes diseños iconográficos de la cerámica mochica. Y, además, han hallado una maqueta de barro crudo que representa exactamente las estructuras descubiertas, lo que demuestra que los arquitectos mochicas planificaban sus construcciones con modelos a escala.

Los dos tronos escalonados ubicados en el centro de la sala eran ocupados por dos personajes de distinta jerarquía: un gobernante que ofrecía el banquete y otro principal que recibía el homenaje. El espacio de este último, situado en la parte más alta y que consta de siete peldaños, presenta huellas de unos postes que sostenían una cubierta, una estructura típica asociada a los jerarcas para brindar audiencias y recibir ofrendas. En un lado de la sala se han detectado más de cien huellas o concavidades para depositar las vasijas y los platos, es decir, los diferentes alimentos del banquete. Las escenas marinas de las impresionantes pinturas murales han sorprendido a los arqueólogos por su carácter naturalista, diferentes a los murales conocidos de esta cultura, en los que aparecen divinidades o diseños simbólicos y geométricos. La parte superior del mural está incompleta porque fue parcialmente desmontada y cubierta en el momento del abandono. En las imágenes se aprecian peces de diversos tipos, como tollos y rayas, además de una parte de una embarcación con peces capturados con anzuelos. Entre las vívidas imágenes hay lobos marinos comiendo peces.

Por último, los arqueólogos han excavado los restos de otra sala de menores dimensiones, donde destaca un podio circular de dos niveles. Este espacio, vinculado a la sala de banquetes protocolares, habría servido de lugar de reuniones privadas de carácter político y social. En la iconografía mochica aparecen podios semejantes para destacar a los gobernantes. Por alguna razón, todas estas edificaciones de adobe fueron abandonadas y cubiertas intencionadamente, quizá debido a la cercanía del inestable cauce del río Zaña o tras un fenómeno climático conocido como El Niño, que se produce en el océano Pacífico junto a la costa de Perú y Ecuador. Los recientes hallazgos constituyen una importante contribución al conocimiento y reconstrucción de la compleja y jerarquizada sociedad mochica, que se desarrolló en la costa norte de Perú entre los siglos II y VII d.C.

Fuente: National Geographic
ALEC FORSSMANN
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/una-sala-banquetes-protocolares-cultura-mochica-decorada-con-escenas-marinas_12261/1

Fotos:  National Geographic, El Comercio




santiago_uceda_castillo

Falleció el destacado arqueólogo Santiago Uceda Castillo

El arqueólogo, docente e investigador Santiago Uceda Castillo falleció el 14 de enero del 2018 en horas de la noche a los 63 años de edad a causa de una falla cardíaca. La noticia fue confirmada por el Ministerio de Cultura.Trujillo le dice adiós a una de sus figuras más importantes de la cultura y las ciencias sociales.

Santiago Uceda se desempeñó como director del Museo Bruning de 1981 a 1982, del Proyecto Arqueológico Chavimochic de 1987 a 1991, y como co-director del Proyecto Arqueológico Huacas del Sol y la Luna desde 1991 hasta la fecha. Fué uno de los mas prominentes investigadores de la cultura moche, quien con sus estudios y descubrimientos cambio la historia de lo que se conocía de esa importante cultura que se desarrollo en el norte del Perú.

Uceda ocupó hasta el año pasado el cargo de decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo. Amante de las tecnologías de la información, hizo importantes avances en dicha casa de estudios superiores desde tiempos en que la tecnologia recien asomaba en el Perú y él promovio su aplicación en el trabajo diario de los proyectos que manejaba y en las áreas administrativas que dirigió.

Fue uno de los pioneros y promotores de la Internet en el norte del Perú. Hizo importantes convenios con la Red Científica Peruana, siendo en los años 80, el principal promotor del servicio de correo electrónico en esta parte del país y gestiono el primer backbone de INTERNET fuera de Lima.

En el 2013 el Ministerio de Cultura lo reconoció con el título de ‘Personalidad Meritoria de la Cultura’.

Natural de Santiago de Chuco, Uceda Castillo cumplió un papel fundamental en las investigaciones científicas de las culturas pre-incas peruanas. Obtuvo una licenciatura en Arqueología en la Universidad Nacional de Trujillo, y más tarde, una maestría y doctorado en la Université de Bordeaux, con tesis doctorales inéditas sobre las industrias de nuestros ancestros.

Asimismo, fue distinguido en Perú por el Congreso de la República y por la Municipalidad Provincial de Trujillo; en China por el Shangai Archaelogy Forum, y en Francia con las Palmas Académicas en la orden de Caballero.

La cultura peruana pierde un valioso descubridor de la realidad mochica, sus obras son y seguirán siendo libros obligados de consulta de nuevas generaciones y actuales estudiosos de esta rica cultura.

Asi se informa del lamentable deceso:

“Lamentamos informar que esta noche falleció Santiago Uceda, director del proyecto arqueológico Huacas del Sol y de la Luna desde 1991 y Personalidad Meritoria de la Cultura en 2013. Su ardua investigación deja un inigualable aporte a la arqueología peruana”, publicó el Ministerio de Cultura en su cuenta de Twitter.

 

Santiago Uceda Castillo

http://laindustria.pe/noticia/fallece-el-arquelogo-e-investigador-santiago-uceda-16437

http://larepublica.pe/sociedad/1170967-fallecio-el-arqueologo-santiago-uceda-a-los-63-anos

https://diariocorreo.pe/edicion/la-libertad/quien-fue-santiago-uceda-el-arqueologo-cuya-partida-ha-conmocionado-la-comunidad-cultural-797500/

https://elcomercio.pe/peru/la-libertad/trujillo-fallecio-reconocido-arqueologo-santiago-uceda-noticia-489172

http://noticiasresponsables.com/mas-de-32-millones-de-soles-invierte-burgomaestre-santos-rafael-en-distrito-de-simbal/

https://publimetro.pe/actualidad/noticia-fallecio-reconocido-arqueologo-santiago-uceda-trujillo-69715

http://www.satelite.laindustria.pe/noticia/fallece-el-arquelogo-e-investigador-santiago-uceda-16437

http://miquiosco.com/ver/34415-registro-danos-sismo-arequipa-noticia-489185

http://peru.shafaqna.com/ES/PE/903007

http://andina.pe/Agencia/noticia-trujillo-fallece-director-del-proyecto-huacas-del-sol-y-luna-695931.aspx

http://chicameros.blogspot.pe/2018/01/santiago-querido.html

Jefa de gabinete del Perú expresa condolencias

 

 

Fuente: Medios de Prensa




Quipus: Las voces del pasado de los incas

Estudiante de Harvard ayuda a descifrar el misterio del código Inca contenido en los quipus.

Manny Medrano muestra un modelo de nudos de un Khipu, un sistema de información que los Incas usaron para registrar datos. Jon Chase/Harvard Staff Photographer

Durante siglos, Diego no pudo ser escuchado. Un campesino que había vivido en un pueblo remoto en el Imperio Inca, existía solo como un número anónimo registrado en un khipu, un sistema de cuerdas anudadas que se guardaba para el conteo del censo y la contabilidad.

Se conoce y hay evidencia de todos los logros del Imperio Inca, incluyendo un sistema de carreteras masivos, métodos de cultivo sofisticados, sistemas de riego de ingeniería hidraulica avanzada y una arquitectura asombrosa. Y hasta donde se conocía, fue el único estado precolombino que no inventó un sistema de escritura.

Pero un descubrimiento de Manny Medrano, un estudiante universitario de Harvard que vive en Eliot House, Estados Unidos, ha comenzado a revelar los secretos de Diego, el poblador de la época inca, detalles no solo sobre identidad del hombre y de la clase a la que pertenecia en su aldea, sino también su forma de vida.

Los incas, cuya civilización se originó en Perú y creció hasta incluir pueblos y culturas a lo largo de la costa oeste de Sudamérica desde 1400 hasta 1532, dependieron de cuerdas anudadas para codificar información, un sistema tan complejo que los eruditos todavía luchan para darles sentido.

“Les está dando a los incas su propia voz”, dijo Gary Urton , presidente del Departamento de Antropología y profesor de Estudios Precolombinos de Dumbarton Oaks, quien guió a Medrano en su investigación. “Nunca pude entender los significados ocultos en estos dispositivos. Manny los descubrió, centrándose en su color y en su construcción de anverso o reverso (derecho e izquierdo). Este fue el único caso que hemos descubierto hasta ahora en el que coinciden uno o más (en este caso, seis) khipus y un registro del censo”.

Los hallazgos, realizados durante las vacaciones de primavera del primer año de Medrano, lo llevaron a él y a Urton a publicar su investigación en Ethnohistory , una revista antropológica e histórica. En un logro extraordinario para un estudiante universitario, Medrano es el autor principal del artículo, que saldrá a la venta en enero.

“Esto constituye la primera instancia de la ‘lectura’ de información de los nudos del khipu”, afirma el documento, titulado en idioma ingles “Toward the Decipherment of a Set of Mid-Colonial Khipus from the Santa Valley, Coastal Peru.”.

“Es como tener un documento escrito para pasar a la historia, de la misma manera que lo haria un libro, y que podríamos revisar por pares, es algo realmente emocionante”, dijo Medrano, ahora de 21 años.

Urton explicó que el descubrimiento fue “un paso importante” en la comprensión de la vida Inca. Conocida durante mucho tiempo como la única civilización de la Edad de Bronce sin un lenguaje escrito, los incas usaban khipus, que estaban teñidos en una variedad de colores y colgados de un cordón horizontal, como depósitos de información numérica y narrativa. Durante su primer año, Medrano tomó un curso introductorio de Urton, que compiló una base de datos de cientos de khipus de museos de todo el mundo.

“La única historia que tenemos del Imperio Inca es la que escribieron los españoles después de que conquistaron a los Incas”, dijo Urton. “Y estas narraciones tienen todo tipo de problemas con los españoles que escriben desde su propio punto de vista y con sus propios prejuicios. Me pareció que los khipus representaban la propia historia de los incas”, recalco el investigador.

Posteriormente, el profesor contrató a Medrano para ayudarle a organizar citas en su libro recientemente publicado en idioma ingles, “Inka History in Knots: Reading Khipus as Primary Sources.” (Historia inka en nudos: Lectura de khipus como fuentes primarias). Durante un dia de clases, Urton mencionó seis khipus recientemente redescubiertos en un museo en Lima, Perú. Estas cuerdas eran únicas porque su existencia afirmaba un censo escrito que los españoles habían registrado en 1670 acerca de 132 tributarios indios Recuay, y Urton esperaba encontrar ayuda para investigarlos.

Manny Medrano ’19, ala derecha, explica el significado de los Quipus. Jon Chase/Harvard Staff Photographer

“He estado estudiando unas 600 khipus en Norteamérica y Europa, no solo por su color, sino también por la forma en que las cuerdas giran hacia la izquierda o hacia la derecha, y otras características similares. Hay mucha variación estructural “, dijo Urton. “Sabía que tendríamos la mayor posibilidad de descifrar estos en un reto con la colaboración de uno o dos estudiantes, apoyados con un documento en español que registraba la misma información”.

Entonces su discipulo Medrano le dijo: “Tengo vacaciones de primavera y sin nada planificado que hacer”. Medrano se puso a trabajar. Aunque estaba más interesado en estudiar matemáticas y economía, también tenía un gran interés en la arqueología. Estudió los khipus, con la hipótesis de que los nudos anchos o dorsales contenían información significativa sobre la división del pueblo de Recuay en mitades o mitades. Estas mitades no solo dividieron el pueblo geográficamente, sino que también reflejaron el estado social.

“Ahora sabemos no solo que había seis clanes en el valle, sino también qué estatus social tenía cada clan y cada aldeano en la sociedad de Recuay”, dijo Medrano, quien aprovechó su concentración en matemática aplicada y fluidez en español para conectar los khipus con los nombres del censo. “Me encantó la idea de que podría haber números o palabras codificadas en estas cuerdas anudadas”.

“Pensamos en el lenguaje como hablado o escrito”, dice Medrano. “Pero el khipu realmente toma eso y rompe ese límite y hace del lenguaje algo que se puede sentir, algo que se puede tocar y algo que se puede manejar”.

Hizo gráficos y comparó los nudos en el khipu con un antiguo documento del censo español de la región cuando algo hizo clic. “Algo se veía fuera de lo normal en ese momento”, dijo Medrano. “Parecía que había una coincidencia que era demasiado fuerte para ser aleatorio”.

Se dio cuenta de que, como una especie de ábaco textil, el número de colores únicos en las cuerdas casi coincidía con el número de nombres en el censo español.

Por ejemplo, si había ocho “Felipes”, todos estaban indicados por un color, mientras que “Joses” estaba indicado por otro color.

“Había tantas combinaciones diferentes de colores, ya sea colores sólidos o dos colores girados juntos”, dijo Medrano. “Parecía que había suficiente diversidad aquí para codificar un idioma”.

Los khipus eran similares y provenían de un sitio de enterramiento en un valle fluvial en la costa norte de Perú, era la sociedad de Recuay. Urton había descubierto previamente que el documento español hacía referencia a 132 contribuyentes en una aldea.

En total, los seis khipus tenían 132 grupos de seis cuerdas.

Medrano planea continuar su investigación. Ha decidido especializarse en matemáticas aplicadas y especialización en arqueología.

“Hay cientos de khipus que podrían codificar historias y también cientos, si no miles, de documentos españoles del período que también contienen historias transcritas”, dijo Medrano. “Pero, necesitamos un enlace [para conectarlos]”.

El objetivo aquí es “ser capaz de mirar el pasado no solo como Indiana Jones o tratar de descubrir un ídolo dorado en una cueva”, dijo Medrano, “sino para ayudar al proceso de hacer que se cuente la historia desde la perspectiva de las personas que han sido conquistadas”.

Los incas usaban khipus, los coloridos y tridimensionales sistemas de cuerdas, como dispositivos de registro para contar datos de censos, recursos de inventario y las narraciones de historias reales, mitos y canciones.

Medrano, cuya familia es mexicano-estadounidense y que ha agregado un grado en arqueología a sus estudios como resultado de esta investigación, dijo que siente una conexión personal con el trabajo.

“Cuando hablo con mis amigos sobre el trabajo que hago, tienden a tener nociones aisladas de cómo se puede contar la historia, ya sea por escrito o en imágenes. Esta investigación colapsa y combina las nociones de lo que pensamos que es la grabación del pasado. Lo que tomamos de las fuentes españolas es una lectura colonial de la historia. Es importante alejarse de lo que dice la historia europea sobre estas personas y de lo que realmente dicen los indígenas sobre sí mismos “, dijo.

“Cuando mis abuelos vinieron aquí hace un par de generaciones, no pensaron que alguien en su familia escribiría algo que pasaría a la historia. Creo que es importante atraer a gente a estos espacios de investigación”.

 

Fuente: Harvard Gazzete




Cómo Tupa Yupanqui conquistó el valle de Pachacamac y el dios Pachacamac cautivó al Inca

Fig. 1. Templo del Sol al atardecer. Periodo Inca. Siglos XV-XVI. Santuario de Pachacamac.

Cuando don Pedro de la Gasca, presidente de la Audiencia de Lima, visitó hacia fines de la década de 1540 el antiguo centro oracular de Pachacamac,1 ubicado en la desembocadura del río Lurín, a unos 20 km al sur de la Ciudad de los Reyes, este mantenía todavía parte de su antiguo esplendor. A pesar del salvaje pillaje del cual había sido objeto, por un mes entero, de parte de las huestes de Hernando Pizarro a inicios de 1533, y de los sucesivos extensos y repetidos saqueos llevados a cabo por el capitán Rodrigo Orgóñez, Francisco de Godoy2 y otros conquistadores, en busca de las ricas ofrendas funerarias de los señores andinos enterrados en su interior, el santuario aún conservaba un aspecto majestuoso y muchas de sus espectaculares pinturas murales.

En una breve relación dirigida al emperador Carlos V y su entorno, escrita entre 1551 y 1553 a su regreso a Europa, La Gasca cuenta que él mismo pudo observar cómo las paredes de la “cámara muy oscura”, ya en estado de abandono, donde antiguamente los

Fig 2. Vista al atardecer en la calle norte-sur y la pirámide con rampa 1.

sacerdotes consultaban a Pachacamac, estaban enteramente cubiertas con diferentes figuras de animales terrestres y marinos. Y, seguidamente, refiere que los indios del lugar contaban cómo, al momento de las consultas, el dios Pachacamac se manifestaba en forma de algún animal feroz, como un felino o una serpiente, mostrándose a menudo enojado y requiriendo ofrendas y sacrificios humanos y de animales para aplacar su cólera.3

Algo parecido relata el soldado y cronista Pedro Cieza de León, quien posiblemente visitó Pachacamac acompañando precisamente a La Gasca, bajo cuyo patrocinio acopió las informaciones y los materiales para su monumental Crónica del Perú4. En la “Primera Parte” de la obra –la única que publicó en vida, en Sevilla en 1553– el cronista recuerda que las diferentes puertas y las paredes del Templo de Pachacamac, edificado sobre un “pequeño cerro” artificial de adobe y tierra, estaban pintadas con figuras de animales feroces5. Asimismo, sobre la base de testimonios orales recogidos in situ, Cieza cuenta que antiguamente el dios Pachacamac (“El hacedor del mundo”, en su misma glosa de la palabra) contestaba a las preguntas de los fieles en ocasión de las fiestas más solemnes del año, cuyas multitudinarias ceremonias estaban invariablemente acompañadas

Fig. 3. Calle norte-sur, ruta por donde circulaban los peregrinos dirigiéndose a las zonas sagradas del santuario de Pachacamac.

por el sonido de instrumentos musicales y comportaban el sacrificio de hombres y animales para ofrecer su sangre al dios. En dichas ocasiones concurrían en peregrinación al santuario los señores de diferentes señoríos y etnias del país, llevando ricas ofrendas y alojándose en los “numerosos y grandes aposentos” que existían junto al templo. Cieza recalca que estos señores tenían una fe absoluta en las palabras del dios y un enorme respeto para los sacerdotes del lugar. Y que era tanta su devoción por el santuario que cuando morían se hacían enterrar alrededor del templo del dios, un privilegio reservado solo a los individuos de más alto rango6. El genial autor de la Crónica del Perú no solo fue el primero en definir –correctamente– a Pachacamac y a los otros mayores santuarios andinos como “oráculos”7, sino que fue también el primero en hablar de la historia del santuario y de su relación con los incas. En efecto, en la “Primera Parte” de la crónica se menciona, en forma bastante escueta, que cuando los incas en su expansión imperial llegaron a ese valle, se quedaron impresionados por la majestuosidad y antigüedad de sus edificios y por el enorme poder espiritual y ascendiente que sus sacerdotes tenían sobre las poblaciones de la región.

Fig. 4. El Inca adorando a “Ticci Viracocha Pachacamac”. Martín de Murúa, Historia del origen y genealogía real de los reyes ingas del Piru, 1590, Manuscrito Galvin, f. 102v.

Así, no se atrevieron a tocar el oráculo y más bien prefirieron negociar con los señores y sacerdotes locales la creación dentro del recinto del santuario, en una posición que fuera prominente, de un nuevo templo dedicado al dios Sol, que dotaron de ingentes recursos y numerosas mujeres consagradas a su servicio8. En la “Segunda Parte”, titulada El señorío de los incas (ca. 1553) –que Cieza compuso sobre la base de informaciones recogidas, por medio de los “mejores intérpretes”, de boca del príncipe Cayu Tupa, descendiente directo del Inca Huayna Capac, y de otros importantes representantes de la nobleza cusqueña9– se ahonda en el tema y se cuenta que fue Tupa Inca Yupanqui a extender la hegemonía inca sobre la costa central peruana.

Fig. 5. Patio principal del complejo de las Mamacuna o Acllawasi en Pachacamac

De hecho, según todas las fuentes fue este quien, a través de una serie de exitosas campañas de conquista, transformó el bien organizado estado serrano centroandino creado por su padre, el Inca Pachacuti, en el vasto imperio panandino existente a la llegada de los españoles. Según la tradición inca acopiada por Cieza, al momento de enseñorearse del valle de Lurín, Tupa Inca Yupanqui tenía toda la intención de imponer el culto estatal del dios Sol y suprimir el de Pachacamac, pero al darse cuenta de cuánto este último estaba profundamente arraigado entre la población local, “no se atrevió y contentóse” con edificar un gran templo donde se le rindiera el debido culto también al dios Sol. Cieza añade que muchos indios le contaron que el Inca incluso llegó a hablar con el ídolo de Pachacamac, al cual preguntó cuál era la manera más apropiada para tributarle homenaje. El dios, complacido por esta manifestación de devoción, le habría contestado que deseaba se le ofreciera sangre humana y de llamas.

La alianza entre el oráculo y el Inca fue así sancionada por solemnes rituales durante los cuales fueron sacrificados innumerables seres humanos y animales.10 La estrecha relación que existió entre Tupa Inca Yupanqui y el oráculo de Pachacamac es confirmada por un extraordinario relato mítico que Hernando de Santillán, oidor de la Audiencia de Lima, incluyó en un informe (Relación del origen, descendencia, políticas y gobierno de los Incas), por él entregado en 1563 al Consejo de Indias. La relación contiene precisas y singulares informaciones sobre la religión autóctona, sacadas de un manuscrito, todavía no hallado, sobre las huacas11 del Cusco de su contemporáneo Polo Ondegardo, corregidor del Cusco y uno de los más profundos conocedores del mundo inca.12

El mismo Santillán hace referencia explícita a la relación de Ondegardo,13 y de hecho el mito en cuestión es claramente inca-cusqueño, ya que atribuye la introducción del culto a las huacas a la acción de Tupa Inca (Yupanqui). Según este mito, cuando dicho Inca estaba todavía en el vientre de su madre, por arte de magia se oyó su voz que decía que el ser que daba vida a la tierra moraba en las tierras bajas, cerca al mar, en el valle de Ichsma.

Muchos años después, cuando Tupa Yupanqui ya adulto devino gobernante, su madre decidió contarle ese lejano y extraño acaecimiento. El Inca resolvió entonces visitar ese valle costeño, para conocer al misterioso ser que tan asombrosamente se había manifestado a través de su propia boca, cuando era todavía solo un feto. Una vez en ychsma, Tupa Yupanqui pasó mucho tiempo en oración y ayuno, hasta que, a los cuarenta días, la arcana deidad hizo oír su voz desde una piedra, para revelarle que era ella la que daba vida a todo lo que existía en el mundo de abajo, esto es, de la costa, así como el Sol, su hermano, vivificaba al mundo de arriba, de las tierras altas andinas. En seguida, el Inca y su gente, en signo de agradecimiento por la benevolencia que ese poderoso ser les había mostrado al manifestárseles, sacrificaron numerosos camélidos y quemaron grandes cantidades de tejidos en su honor, para seguidamente preguntar que más podían hacer por él. El dios les urgió entonces a que en ese mismo lugar levantaran un santuario dedicado a su culto. Obediente, Tupa Yupanqui mandó edificar un grandioso templo precisamente sobre la colina donde estaba la piedra desde la cual el dios le hablaba. Y fue solo cuando la construcción fue terminada que el dios le reveló por fin su nombre: Pachacamac, “el que anima la tierra”, el mismo con el cual desde ese momento fue llamado también el antiguo valle de Ichsma. Además, Pachacamac pidió que se erigieran otros tantos templos para tres de sus hijos: uno en el valle de Mala, otro en el valle de Chincha y un tercero en Andahuaylas; mientras que un cuarto “hijo” lo ofreció directamente al Inca, para que este lo custodiara y lo consultara todas las veces que fuera necesario. Devotamente, Tupa Yupanqui hizo edificar en los lugares indicados otros tantos santuarios, desde los cuales se fueron paulatinamente multiplicando todas las otras huacas, siguiendo exactamente el mismo procedimiento, esto es, hablando a la gente y solicitando nuevos adoratorios para sus hijos, y así ad infinitum.14 Este mito ha sido considerado por Thomas Patterson15 y María Rostworowski 16 como testimonio de la presencia de “sucursales” (Patterson usa la expresión branch oracles) o “enclaves religiosos” del oráculo de Pachacamac en diferentes partes del territorio peruano. Los dos estudiosos, sobre la base del relato de Santillán, así como de las informaciones de Cristóbal de Albornoz (1584)17 y Diego Dávila Brizeño (1586),18 y de las tradiciones acopiadas en el Manuscrito quechua de Huarochirí (1608),19 han puesto en evidencia cómo los andinos creían que Pachacamac estuviese unido por vínculos de parentesco con otras huacas, consideradas “mujeres, hijos y hermanos” suyos, y cómo esto debió ser expresión de la existencia de precisas relaciones políticas y económicas entre el gran santuario del valle de Lurín y diferentes grupos étnicos. Según Patterson, el establecimiento de “oráculos-sucursales” habría respondido a una precisa política de la casta sacerdotal del oráculo, volcada a extender su influencia sobre otras áreas y asegurarse así un regular abastecimiento de bienes y fuerza de trabajo por parte de sus habitantes.

Fig. 5. Patio principal del complejo de las Mamacuna o Acllawasi en Pachacamac

Aunque sus observaciones son en términos generales certeras, Rostworowski y Patterson no han reparado que el relato acopiado por Polo Ondegardo y reproducido por Santillán no es precisamente un mito de las poblaciones de la costa sobre el poderío local de Pachacamac, sino más bien un mito inca-cusqueño sobre el origen de las huacas, en el cual el dios Pachacamac es presentado como la huaca primigenia, el progenitor y la huaca de todas las huacas. De hecho, toda la fábula tiene como finalidad explicar el gran número de huacas existentes alrededor del Cusco. Lo expresa claramente el mismo Santillán en las palabras con las cuales introduce y concluye la narración del mito. Dice al inicio: “La adoración de las guacas, según la relación que parece más cierta [la de Polo], es que es moderna introducción por Topa Inga, y dicen que el origen de adorar las guacas y tenellas por dios, nació que estando la madre de dicho Topa Inga preñada”. Y finiquita:

“de aquellas guacas [los santuarios construidos por Topa Ynga] fueron multiplicando muchas más, porque el Demonio, que por ella les hablaba, les hacía creer que parían y les hacia hacer nuevas casas, y adoraciones a los que creían que procedían de las dichas guacas, y a todos tenían por sus dioses. […] Lo cual fue en tanta multiplicación, que ya casi para cada cosa tienen su guaca […]; como pocos días ha que por industria y diligencia loable del licenciado Polo, se descubríó en el Cuzco una grand suma destas guacas, a quien adoraban por dioses”20.

Fig. 6. Qero inca de madera utilizado para ceremonias de gran importancia. Procedente del Templo del Sol de Pachacamac. Siglos XV-XVI. Colección Uhle. Museo de la Universidad de Pensilvania.

La estrecha relación que existió entre Pachacamac y Tupa Inca Yupanqui que –según la tradición inca recogida por Polo y transmitida por Santillán– se habría establecido nada menos cuando este último, todavía feto, fue poseído por el dios, es corroborada por otro importante cronista: Miguel Cabello Valboa. Este, luego de varios años de actividad pastoral en Ecuador, fue párroco del pueblo de San Juan Bautista de Ica, donde en 1586 terminó de escribir una muy detallada historia de la dinastía inca que había empezado a redactar unos diez años antes en Quito y a la cual dio el título de Miscelánea antártica. Sus datos provienen de relaciones anteriores plenamente fidedignas, como la perdida Historia de los Incas del padre Cristóbal de Molina y la Historia Índica (1572) de Pedro Sarmiento de Gamboa, pero sobre todo de informaciones que le fueron brindadas por ancianos quipucamayocs (funcionarios incas que hacian anotaciones en quipus)21 y otros informantes indígenas muy calificados, como don Mateo Inca Yupanqui, perteneciente a una noble familia cusqueña muy cercana al Inca Huayna Capac.22 Don Mateo fue uno de los comandantes de Atahualpa en la guerra para la sucesión contra su hermano Huascar y, posteriomente, sirvió en la administración colonial como alguacil mayor de los naturales de la provincia de Quito.23 En una probanza llevada a cabo en 1562 se refiere que era sobrino de Tupa Inca Yupanqui, y por tanto hay que suponer que se trata de un informante particularmente entendido sobre la historia de este soberano. Cabello Balboa relata que cuando el emperador Tupa Yupanqui llegó al valle de Ichsma, atraído por la fama del templo que allí existía, mostró el máximo respeto por dicho lugar de culto. A pesar de que sus sacerdotes no se habían ceñido a los cánones de la religión estatal inca establecidos por su padre Pachacuti que, en un concilio de los mayores sacerdotes andinos convocado en el Cusco, había promovido el culto a Ticci Viracocha Pachacamac (“que quiere decir fundamento de todo lo excelente y hacedor del Mundo”) como divinidad suprema, el Inca no destruyó a ese antiguo santuario, como había hecho en otros casos. Simplemente se limitó a edificar a su costado, en una posición prominente, un “suntuoso templo de Pachacamac con tanta fábrica y magestad que de el recibió aquel valle el nombre que hoy conserva”.24

 

 

Extracto de “Los oráculos de los confines del mundo Pachacamac, Titicaca y el inca Tupa Yupanqui”
Autor: Marco Curatola Petrocchi