Atentado a complejo de petroglifos más grande y rico del mundo: Toro Muerto, Arequipa, Perú

Candelaria es un pequeño y pobre poblado del distrito de Corire, en la provincia arequipeña de Castilla. A espaldas de este asentamiento humano, ubicado a cuatro horas de la ciudad de Arequipa, se encuentra el complejo de petroglifos más grande y rico del mundo, una de las primeras manifestaciones artísticas que dejó el primitivo peruano. El complejo está en una quebrada semiarenosa. Desde el tiempo de la colonia se le bautizó como Toro Muerto.

En Candelaria habita Carmen Meza, una madre que vive de una desabastecida tienda de abarrotes y golosinas. Su vida podría cambiar gracias al turismo que generarían los petroglifos de Toro Muerto, pero el desconocimiento generalizado sobre el valor de este parque histórico lo impide.

“Estoy en Candelaria hace 22 años y nunca visité a Toro Muerto”, confiesa mientras vende un par de gaseosas. La casa de Carmen está a menos de un kilómetro del complejo. “Las piedras no me llaman la atención. Mis hijos fueron porque el colegio los llevó”, sentencia con naturalidad. Este tipo de respuestas ingenuas se repiten entre los pobladores de Candelaria y Corire. Y contribuyen a la destrucción de los más de cuatro mil bloques grabados de Toro Muerto. Candelaria podría ser El Cairo en Arequipa. Los petroglifos de la capital egipcia no solo fueron estudiados, se constituyen en pieza clave de la oferta turística del país africano.

El arqueólogo Manuel Huanquiensaya una interesante teoría sobre la universalidad iconográfica de los petroglifos arequipeños. “Estamos frente a petroglifos con iconografía comparada con las figuras egipcias, el ideograma de China o los grabados de la ciudad árabe de Petra. Estamos frente a la expresión del hombre milenario del Perú y de América. Toro Muerto reúne la mayor cantidad de figuras fitomórficas, zoomórficas y antropomórficas del mundo”, resalta.

DE LA LAVA DEL COROPUNA

El complejo arqueológico se extiende en una quebrada arenosa de 5 kilómetros bautizada como Pampa Blanca. El cerro Salitreras es el apu guardián de los petroglifos. El mayor periodo creativo de estos gráficos fue desarrollado en el año 1,500 antes de Cristo, al abrigo de la cultura Wari.

En su libro Prehistoria de Arequipa, el fallecido arqueólogo e investigador Eloy Linares Málaga sostenía que las piedras donde se grabaron las figuras provienen de una capa sillar formada con la erupción del volcán Coropuna, uno de los macizos más poderosos de la región Arequipa.

En el mismo complejo, el arqueólogo Arnaldo Ramos, de la Dirección Regional del Cultura (DCR) de Arequipa, señala que esta zona podría cambiar la vida de los pobladores de Corire si entendieran su potencialidad. “De una tienda pueden pasar a un restaurante, un hotel o un resort”, expresa mientras camina en la arena, corroborando la erosión del petroglifo codificado con el número 502.

AGRICULTURA AMENAZA

Sin embargo, la ignorancia descomunal del valor de Toro Muerto no es el único problema. Cultura constata que entre los 5 kilómetros de extensión del parque, la asociación de Irrigación Mariano Melgar – Toro Muerto invadió 10 hectáreas del parque arqueológico. Para ocupar esos territorios debían presentar el Certificado de Inexistencia de Restos Arqueológicos (Cira) y notificar del área del uso. No lo hicieron.

La República presenció este acceso descontrolado de cultivos agrícolas en el predio histórico el martes pasado.

La directora regional de Cultura, Julia Barreda, y el arqueólogo de la institución, Arnaldo Ramos, también corroboraron la instalación de postes de energía eléctrica sin permiso, que abastecen con luz a las pequeñas viviendas que colindan con el área agrícola. Hace más de diez años se colocaron hitos para delimitar los cinco kilómetros del complejo.

Al costado de un hito, dos empleados de la Sociedad Eléctrica del Sur Oeste (Seal) trabajan en los postes. Estos eran acompañados de Manuel Luque, propietario de una extensión agrícola cercana a los petroglifos. Barreda y Ramos preguntaron a Luque si poseía Cira para sembrar cultivos e instalar postes de alumbrado dentro del complejo. El propietario que se presentó como notario público, respondió que aquella extensión para agricultura estaba autorizada desde 1997 por el entonces Instituto Nacional de Cultura. No habló sobre el Cira. Según Luque, los terrenos están registrados en la Superintendencia Nacional de los Registros Públicos (Sunarp). “El Estado declaró la existencia de indicios de restos arqueológicos en estos 5 kilómetros desde 1982. Esto era árido y hay un cambio ilegal en el uso del terreno”, le increpó el arqueólogo Arnaldo Ramos. Manuel Luque evidentemente acalorado le respondió que la declaratoria como patrimonio cultural de la nación a Toro Muerto se otorga a partir del 2000. “Hace 30 años que estos terrenos son cultivados. Yo los adquirí en el 2008 y tengo la posesión legal”, indicó. Al preguntársele si saldría de la extensión al comprobarse la existencia de vestigios históricos en su terreno, éste confesó que abandonaría el predio.

“Es muy probable que la actividad agrícola haya destruido y desaparecido lo que quedaba de restos en esa zona”, subraya Julia Barreda en medio del arenal, horas después del encuentro con Mario Luque.

SIGNIFICANCIA REGIONAL

¿Y qué significa Toro Muerto para la historia arequipeña? El arqueólogo Pablo De la Vera, en un texto alusivo a la Declaratoria de Toro Muerto como Patrimonio Cultural de la Nación, anota que la zona “es un nexo sagrado con el pasado (…) donde los sacerdotes de la cultura Wari realizaban rogativas a los dioses sobre sus anhelos y problemas”.

La existencia de Toro Muerto o Hatum Quillcapampa, como se le conoce en quechua, nunca estuvo desligada de la región Arequipa. Pablo De La Vera detalla que los primeros estudios de la zona se originaron a mediados del siglo XIX. El pionero fue el minerólogo arequipeño Manuel De Rivero y Ustariz, después intervino el médico Edmundo Escomel y monseñor Leonidas Bernedo. El descubrimiento científico lo realizó el historiador Eloy Linares Málaga, en 1951.

“Los hombres milenarios accedían a Toro Muerto por dos caminos preíncas. Uno que venía de Viraco a Camaná y el otro de Cotahuasi, Chuquibamba hasta Camaná. Viajaban para intercambiar productos. Cuando llegaban a la zona de Toro Muerto observaban el valle y graficaban lo que habían visto en el camino”, detalla el arqueólogo Arnaldo Ramos. Eso explica la existencia de grabados de felinos, unos frente a otros para luchar, zorros apareándose, llamas corriendo, líneas zigzagueantes que representan la lluvia y los surcos de agua. Hay camarones dibujados que alguna vez fueron confundidos con extraterrestres.

La funcionaria de la DRC remarca la tesis que Toro Muerto fue un templo de festejo. “Hay figuras de hombres bailando con túnica y sombreros ceremoniales. Este lugar es el centro de expresión más grande del planeta”, indica. El arqueólogo refiere que ancestralmente hubo un respeto entre los hombres antiguos por los grabados. “Los incas respetaron los grabados de los Wari. Si ellos querían hacer un gráfico, lo dibujaban al costado”, indica. Argumenta que el periodo de intervención artística se extendió hasta el año 1,500 de nuestra era”. En cambio, la brutalidad del hombre arequipeño contemporáneo, lo lleva a estampar el grosero alfabeto occidental con inscripciones tan banales como descontextualizadas sobre los míticos vestigios: “Te amo Memo” o “Aquí estuvo Ronald”.

Toro Muerto, abandonado e ignorado, es la demostración de la triste idiosincrasia depredadora del peruano sin conciencia.

ENFOQUE

Julia Barreda
Jefa de la Dirección de Cultura.

Se protege más lo colonial que preínca.

El patrimonio existente en Toro Muerto es una pieza viva de la existencia del hombre prehispánico en el sur. Sobre este punto, es válido señalar que la Ciudad Blanca ha protegido más los monumentos coloniales que las zonas preíncas.

Para conservar a Toro Muerto, la Dirección Regional de Cultura de Arequipa ha pedido la contratación de dos motos y cuatro guardianes para controlar la zona. Actualmente hay un vigilante y una bicicleta. También estamos estudiando la posibilidad de instalar cámaras de vigilancia en zonas estratégicas, pues muchas veces se han registrado robos y cortes de las piedras por los petroglifos.

Por otro lado, el departamento de Arqueología baraja la posibilidad de cercar la zona. Hay dos formas. Una podría ser tender una malla metálica que sería camuflada con plantaciones de árboles no mayores a un metro de altura. Otra es la excavación de dos metros en el perímetro. Eso está en estudio.

Al ingreso también se contempla instalar un pequeño museo de sitio para mostrar el área y detallar las zonas a visitar.

Es hora que recuperemos esto importante espacio patrimonial. Toro Muerto es la conexión con los hombres milenarios que transitaron por la costa y vivieron los valles interandinos de América Latina.

 

Fuente: La Republica

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