Arte Rupestre en La Libertad

La Región de La Libertad forma parte de un escenario sugestivo de naturaleza y paisaje, donde existen evidencias rupestres cuyas connotaciones singulares no pueden pasar inadvertidas, constituyéndose en testimonios arqueológicos aún desconocidos en nuestro medio, a la cual no se le a dado la debida importancia, así lo dejaba entrever el periodista Gustavo Álvarez Sánchez por los años de 1974, quien pregonaba la necesidad de tomar conciencia y la importancia de inventariar o tener un mapa de arte rupestre para la región, entendía que el de cristalizarse constituiría por si ya en un importante aporte para ubicar con exactitud la existencia de pinturas rupestres, petroglifos y geoglifos, los que ubicarían a La Libertad en el primer lugar en el norte del país.

El Dr. Jorge Zevallos Quiñones, teniendo en cuenta esta situación, hizo una deferencia en lo significativo de esta formidable documentación prehistórica que alberga nuestra región; reconocía que era sumamente desconocida y apenas estaba iniciada. Sin embargo como investigador de trayectoria, preveía, que esta representaba por sí ya una necesidad imperante de estudio, básico en extremo para la problemática de la arqueología Nor Peruana.

Los estudios arqueológicos hasta hoy reportados permiten tener una visión global de toda una composición evolutiva del hombre, encontrándose vestigios de ocupaciones que datan desde los 10 000 a.C. (Paijanense), en cuyo avance cronológico el hombre fue modificando espacios, intercambiando experiencias y asimilando nuevas modalidades, significativas para explicar que entre sus elementos integrativos, escogieron lugares temporalmente consagrados dentro de un orden especial, tanto para rituales de índole individual como comunitario, supuestamente movidos en respuestas a algún acontecimiento o fenómeno natural de trascendencia, estas concepciones fueron consolidándose en sociedades que tenían actividades estacionarias.

Diversos testimonios arqueológicos distribuidos a lo largo de las vertientes y colectores de los ríos Jequetepeque, Chicama, Moche Virú y Santa, en su mayoría entre las laderas, donde la premisa del cerro estaría asociado a los elementos hídricos, muchos de estos vestigios manifiestan temporalmente actividad con las alteraciones hidroclimáticas. Estas producciones rupestres entendidas como testimonios materiales propias del resultado y la continua concepción e interacción del hombre con su medio, fueron sedimentando esquemas que posteriormente se constituirían en corpus ideológico en sociedades más avanzadas que las sucedieron. Sin embargo su aparente disociación en cuanto a las representaciones gráficas cubren de dificultad para fecharlo, siendo vistas a grosso modo como una vieja tradición que perduró paralelamente a lo largo de los diversos momentos cronológicos. Se desconoce los cambios dialécticos y singularidades, que como elemento sacro permitió comulgar con las actitudes reverénciales hacia el ancestro y deidades que tenían que mediar con la naturaleza, se puede afirmar que estas convergían en un continuo y renovado conjunto de concepciones adheridas a mitos y leyendas de las cuales hoy solo quedan inmutables rocas que se resisten al silencio de los años y a la enorme distancia que nos separa con sus artífices.

Las representaciones ideográficas por la cual el hombre perennizó sus creencias, ponen de manifiesto la interrogante a solucionarse sobre la función de estas rocas, cuyas superficies evidencian grabados aún difíciles de descifrar debido a que estas compenetraron y convivieron paralelamente con la mitología y el rito, dejando entrever que estas estaban dirigidas a reverenciar a sus principales deidades cosmogónicas.

Entre las referencias y descripciones sobre las creencias en el antiguo Perú, tenemos las mencionadas por los cronistas, quienes a pesar de su adversa opinión e incomprensión recogieron rezagos de un conjunto de componentes que formaron parte de la cosmovisión de los antiguos pobladores; se puede avizorar por dichas menciones, que estas estaban cimentadas en la devoción múltiple y generalizada de cada pueblo, en la que cada elemento natural era vital dentro de su mundo cosmogónico. Entre la conformación de creencias tenían singularidades y particularidades muy propias; dicho corpus es descrito por el cronista Cieza de León, de esta manera: “Estos indios, no embargante que adoraban al sol, la luna, también adoraban en árboles, en piedras, en la mar, en la tierra, y donde la imaginación les daba” . Si bien es cierto las concepciones eran múltiples, éstas eran conformadas y vistas como elementos con vida, de la cual el hombre podría lograr un benéfico tanto colectivo como particular. Dando a comprender la interrelación funcional que tendrían estas manifestaciones rocosas, describiéndolo así: “Y cuando algún indio o india estuviese malo (enfermo), después de haber hecho sacrificios, iban a hacer oración a la piedra, a la cual afirmaban que hacían servicio de otras piedras”.

El mismo cronista enfatizó en sus descripciones sobre sacrificios como parte del ritual, en cuyas concepciones se rendían ofrendas tanto de animales como de niños, hace mención de figuras presentes sobre la piedra: “los indios naturales de tierra firme hacían sacrificios y mataban muchos corderos, ovejas, algunos niños y ofrecían la sangre de ellos a sus ídolos, en la figura de los cuales tienen en piedras adonde adoraban”.

Según el cronista Arriaga, sobre las concepciones ideológicas que rodeaban a montañas y algunas rocas, menciona: “A cerros altos y algunas piedras muy grandes adoran y mochan y les llaman con nombres particulares y tienen sobre ella mil fábulas de conversiones, metamorfosis y que fueron antes hombres y que se convirtieron en aquellas.

En lo que respecta a la costa norte de Perú, el fraile Antonio de la Calancha, autor de la Crónica Moralizadora de la Orden de San Agustín en 1638, indica específicamente sobre la creencia que tenían los indios de Pacasmayo y Yungas, los cuales adoraban unas piedras de ciertos cerros a las que llamaban “Alepong”.

Desde la aparición del hombre en el universo andino, las rocas han conformado parte de su cosmogonía, estando muy vinculadas e interrelacionadas a aspectos elementalmente sacros, razón por lo cual perduró a través de diversas épocas, teniendo un especial significado que le conducía al ancestro, concepción cimentada en lo inmutable de su naturaleza y vistas como deidades protectoras. Su simbología en la superficie pétrea la reviste de mayor misterio; indudablemente que dichas representaciones connotan imágenes simbólicas difíciles de descifrar, sin embargo cumplieron con una función elemental y sagrada en la convivencia del hombre en diversas etapas de su historia

Entre las referencias de las cuales versan sobre arte rupestre en nuestra región hasta la fecha, se puede hacer un recuento referencial en lo que respecta a reportes e investigaciones, se puede distinguir claramente hasta dos momentos en que se dan a conocer algunos sitios. Así tenemos que entre los noticias iniciales versan a inicios del siglo pasado, entre estos reportes se tiene las apreciaciones de Disselhoff en 1938, Krickeberg en 1949, Ishida en 1955 y Horkheimer en 1965, luego los reportes de Gustavo Álvarez en 1974 y otros

Un segundo momento se inicia con trabajos formales de registro y calcos publicados en el libro de Petroglifos del Perú, editado por Antonio Núñez Jiménez en 1986, en ese mismo año Rogger Ravines hace el primer recuento de sitios; posteriormente Rainer Hosting (2003) hace un segundo inventario nacional de sitios de arte rupestre, en la que se menciona algunos lugares de la región La Libertad. Aún son pocos los aportes de investigadores que en forma regional han venido registrando esporádicamente hasta hoy, siendo la provincia de Ascope, la que presenta un inventario más completo de sus restos arqueológicos.

En estos últimos años el esfuerzo ha dado sus frutos, teniéndose como antecedentes el I Simposio Peruano de Arte Rupestre realizada en la ciudad de Cusco (26 al 28 de noviembre de 2004) la cual reunió a 250 perso¬nas entre investigadores peruanos y de otros países, entre sus principales organizadores se tuvo a la Sociedad de Investigación del Arte Rupestre de Bolivia (SIARB), Universidad Nacional San Antonio de Abad, INC-Cusco y la Muni¬cipalidad Provincial de Cusco. Como era de esperar, la mayor parte de asistentes eran de Cusco, también estuvieron representados los siguientes departamentos: Lima, La Libertad, Arequipa, Puno, Tacna, lca, Cajamarca y Ayacucho. Entre los participantes investigadores extranjeros provenían de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Colom¬bia, Canadá, USA, Austria, Alemania, Polonia y Francia.

Para este año Trujillo será la sede del II Simposio Nacional de Arte Rupestre a realizarse el 27 al 31 de octubre, espera reunir a los estu¬diosos del arte rupestre peruano de las diferentes regiones del país y como también a extranjeros, con el fin de intercambiar co¬nocimientos, experiencias y resultados de investigaciones, así como para homogenizar metodologías y criterios para el tra¬bajo de registro, documentación, preservación, puesta en va¬lor, educación y su adecuada difusión.

Sin embargo la riqueza de este patri¬monio está en contraste con la escasa atención que se le ha venido dando a su estudio por parte de las instancias oficiales, sea a nivel nacional como regional. Contrario a los países vecinos de Chile, Bolivia, Argentina y Brasil, en el Perú no existen entidades especializadas en el estudio de estas expre¬siones culturales de los antiguos peruanos, por lo que su re¬gistro y documentación se restringe a iniciativas eventuales, aisladas y mayormente realizada empíricamente debida a la falta de co¬nocimientos específicos sobre la materia.

La experiencia a lo largo de estas últimas décadas ha demostrado que existe una total incomprensión, sumándose a ello el desconocimiento en lo que respecta a estas evidencias materiales, permitiendo de esta manera su destrucción acelerada e irreversible, el caso ocurrido con el petroglifo de Cerro Chilco (Cupisnique) dinamitado debido a la remoción de materiales para abrir una carretera y dar acceso a la modernidad, albergando hoy una antena repetidora en la cima de este cerro. El atentado en Quebrada de Santo Domingo (Valle de Moche), con desaparición total de geoglifos como es la de una gran serpiente de 40 metros y varias estructuras de la época Guañape, debido a la sistemática extracción de piedra y material de construcción en la zona; a pesar de existir carteles recién pintados por el INCLL prohibiendo el acceso a dicha zona intangible, se ha comprobado que esta destrucción ha venido siendo realizada durante años por el mismo Proyecto Especial Chavimochic, el ultimo atentado salido a luz es el sobrepintado ocasionado a los petroglifos de Alto de la Guitarra. Esto permite tener un diagnostico sobre la necesidad de proteger nuestros testimonios rupestres, teniendo el compromiso real e inexcusable que no solamente debe llegar a las personas interesadas o identificadas con el patrimonio arqueológico, se requiere de la participación conjunta tanto de autoridades, investigadores, estudiantes y profesionales en Arqueología, a fin de asumir una postura colectiva como única vía saludable para la toma de conciencia y así desarrollar proyectos que tengan el objetivo de encaminar una predica vehemente sobre la valoración de estas evidencias arqueológicas, permitiendo en forma pedagógica demostrar su trascendencia a los educandos así como la población en general sobre los aportes que se podrían lograr a través de la preservación y de la ejecución de programas de puesta en valor de sitios con arte Rupestre. De esta manera proyectarnos a crear conciencia en la trascendencia de su valor histórico dentro de las comunidades que se ubican adyacentes a restos con arte rupestre esto permitiría traer cambios en la importancia y valoración de esta densa riqueza arqueológica, a fin de despertar la responsabilidad en los pobladores y autoridades locales, para su preservación, debido al abandono en que actualmente se encuentran por parte del Estado.

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