Armando Villegas, pintor nuestro

Al terminar el año, murió en Bogotá, Colombia, el reconocido artista peruano. Aquí, un amigo suyo bosqueja una sentida semblanza a manera de homenaje.

Carlos Bernasconi
Estábamos al final de la década del cuarenta y la Escuela de Bellas Artes, plena de muchachos ilusos, alegres y apasionados en sus estudios de arte. Lima siempre gris, descolorida, ignoraba las manifestaciones de arte. No había ambiente para estos ingenuos que pensaban sobrevivir de sus garabatos. Los cuadros se adquirían en Europa.
La Escuela albergaba alumnos procedentes de alejadas regiones. Fuera de la capital, escaseaban centros formativos en esta área. Armando Villegas venía de Áncash, cargando con alegría, sus ilusiones de pintor. Humareda nos traía de Puno su hermetismo y sus particulares matices. Ángel Chávez y Delfín provenían del norte. La Escuela cubría el ámbito nacional. Por cierto, en la mayoría del alumnado campeaba la precariedad. La pintura europea la veíamos en blanco y negro. El precio de los escasos libros de arte era inalcanzable; solo al término de la contienda mundial, nuestra reducida economía nos acercó a los Squira.
En el recuerdo, Armando era un muchacho alegre, incansable en el aprendizaje y destacado desde sus inicios. Lo veo con su guardapolvo manchado y la paleta en las manos. Hubo un intercambio con Colombia, vinieron dos estudiantes y acá se eligieron a los destacados alumnos de escultura y pintura: Sánchez y Villegas.
Con el tiempo me enteré que Armando tuvo una excelente acogida en Colombia. Su creciente prestigio en Bogotá alcanzó niveles internacionales. Múltiples exposiciones y viajes, tras su decidida permanencia, fue considerado por la prensa como colombiano, pero él nunca renunció a su apego al Perú. En Lima expuso muchas veces, hasta este año que termina, tuvimos la oportunidad de observar su fecundo trabajo.
el maestro y su obra
La obra de Villegas, luego del dominio del dibujo y color, no se detiene en su estilo realista, donde ya había adquirido una personalidad, continúa la búsqueda de nuevas formas y, en especial de materiales, hasta una no muy prolongada etapa de pura abstracción. Experimenta en el campo de la escultura con metal, madera, textiles, corcho y otros elementos. Pero, vuelve a sus imágenes, que lo distinguen, con mayor colorido y refinamiento, convertido en destacado representante de la pintura colombiana y latinoamericana.
La crítica cultural valora al pintor peruano. Él está vinculado con el meollo intelectual. “Por eso recuerdo con tanta admiración, y tanta gratitud, que hubiera tenido la molestia de permitirme que le inaugurara su primera exposición importante en Bogotá”. Son algunas palabras de Gabriel García Márquez.
En la madurez se acentuó su nostalgia por su país, que se traducía en frecuente comunicación telefónica con sus colegas peruanos. Hablé muchas veces con él y hace solo tres días lo llamé para saludarlo por Año Nuevo. Me respondió su esposa y me informó que se encontraba en la clínica. Su tono no era optimista.
Acabo de informarme de su lamentable deceso. Mi recuerdo viaja por la lejana Escuela, los reencuentros en Lima, el halago de la crítica, los homenajes del gobierno colombiano, fue director de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá. Se le concedió la nacionalidad honorífica. Él manifestó siempre su agradecimiento al país que lo acogió, sin olvidar sus raíces. Nos deja una notable y abundante obra. Adiós, Armando. ❧

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