Apurimac, turismo deslumbrante

apurimac-turismoCuando se habla de regiones multidestino para el turismo, Apurímac merece mención especial: arqueología, patrimonio inmaterial, arquitectura religiosa, naturaleza pródiga, cultura viva y gastronomía generosa son algunos de sus puntos a favor.

Tras el reparador almuerzo, avanzamos hasta una meseta donde se ubica el mirador Capitán Rumi. Se trata de una mole de granito –más de 100 toneladas– que debe su apelativo a que encabeza una legión de rocas de diverso tamaños que simulan un ejército pétreo, disperso entre los pastizales.

Desde este punto estratégico observamos, maravillados, la inmensidad del indómito Cañón de Apurímac. Con más de 3,000 metros de profundidad, es considerado uno de los más abismales de América y del planeta.

El mirador brinda también la oportunidad de contemplar la imponente cordillera de Vilcabamba, consu soberano nevado y apu tutelar Salkantay. Un escenario de belleza sobrecogedora, ideal para el ecoturismo, el deporte de aventura y el avistamiento de cóndores.

Este contacto con la tierra de los chankas, que vio nacer a Micaela Bastidas, José María Arguedas y Chabuca Granda, entre otros ilustres peruanos, nos anunciaba lo que veríamos a lo largo de un corredor turístico de 200 kilómetros que atraviesa las provincias de Abancay, Andahuaylas y Aymaraes. Una nueva veta para todas las modalidades de turismo, promovida por el gobierno regional de Apurímac, con el apoyo de Promperú.

Complejo de Saywite

saywite-maqueta-alto-relieveLos vaticinios de Sdenka seguían concretándose. Todavía en Curahuasi, nos dirigimos al complejo arqueológico de Saywite, a más de 2,400 metros de altitud. Los estudiosos sostienen que Saywite reúne características de un centro ceremonial donde se rendía culto al agua y la naturaleza.

El complejo está formado por seis áreas bien definidas. En una se aprecia la existencia de un ‘ushno’ o plataforma elevada donde se practicaba la observación astronómica. A pocos metros está el célebre monolito de piedra que da nombre al sitio arqueológico, con cuatro metros de diámetro y dos metros y medio de altura. Se trata de una especie de maqueta en alto relieve, labrada en la roca, en la que destacan figuras a escala de andenes, canales de riego y templos, así como pumas, lagartos, anfibios, crustáceos, monos y figuras humanas.

Colosos en Pampachiri

pampachari-bosque-piedras-apurimac-1Al día siguiente, dejamos Curahuasi para enfilar hacia Andahuaylas. Tras cuatro horas de viaje, llegamos a una extensa planicie de 60 hectáreas llamada Pampachiri o pampa fría. Es una impresionante formación natural de colosales piedras de sillar cuyo origen se remonta a más de cuatro millones de años, tras la erupción de los volcanes Qarwarasu y Sotaya, actualmente inactivos.

El bosque precisamente está a una hora del pueblo de Pampachiri, ubicado a tres horas de la ciudad de Andahuaylas.

Las formaciones rocosas tomaron caprichosas formas cónicas y de hongos que superan los ocho metros de altura. En el sector de Páncula hay familias de pastores de ovejas y llamas que han construido sus viviendas debajo de estos obeliscos naturales, aprovechando que brindan protección y calefacción.

En medio de la ladera, camino a Pampachari se divisa lo que parece el bosque piedras, al cual se le conoce como “La casa de los pitufos”, que es una formación rocosa que se asemeja a esas casitas en forma de hongo, pero en realidad este sitio es conocido como Ayamach’ay (La cueva de los muertos).
En medio de la ladera, camino a Pampachari se divisa lo que parece el bosque piedras, al cual se le conoce como “La casa de los pitufos”, que es una formación rocosa que se asemeja a esas casitas en forma de hongo, pero en realidad este sitio es conocido como Ayamach’ay (La cueva de los muertos).

El complejo ha sido señalizado en su acceso gracias al trabajo coordinado de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo (Dircetur) de Apurímac y el gobierno local, con participación de la comunidad. El ingreso es gratuito, pero se necesita buena adaptación a la altura para evitar el soroche.

Al descender de las alturas de Pampachiri y extenuados por el recorrido pedestre en plena puna, no hubo mejor manera de aliviar el agotamiento que con los baños termales de Pincahuacho. Ubicado a unos quince minutos de la ciudad de Chalhuanca, en la provincia de Aymaraes, este los íconos más reconocibles de esta región. conjunto de pozas está abierto las 24 horas del día, todo el año. Sus características químicas las clasifican como aguas con tendencia ligeramente alcalina y sus 32 grados Celsius las convierten en alternativa para aliviar el estrés, el cansancio y dolencias como el reumatismo y la artritis.

Lugar mágico

Apurímac deslumbra. Al cuarto día de visita llegamos al Santuario Nacional de Ampay, creado el 23 de julio de 1987 y ubicado en el distrito de Tamburco, provincia de Abancay.

Amílcar Osorio, jefe de esta área natural, precisa que el objetivo del santuario es asegurar la intangibilidad del árbol intimpa (árbol del sol, en castellano), único en su género. En la actualidad solo quedan 600 hectáreas de intimpas, protegidas de la amenaza de la tala indiscriminada que padeció en el pasado.

La laguna de Angascocha está a 45 minutos de caminata a partir de la entrada al área protegida. El espejo de agua es ideal para que las aves se posen a beber y alimentarse con los pececillos y permite reparar energías a otros animales, como vizcachas, zorritos, pumas, tarukas y venados de cola blanca.

Esta primera visita a Apurímac terminó con un suculento tallarín casero servido con estofado de gallina y kapchi de chuño. Nos despedimos de Sdenka, agradecidos por tanta amabilidad y retornamos felices, primero al Cusco y luego a Lima, ávidos de contar lo vivido en este espectacular recorrido.

Bosque de piedras Pampachiri

 

Fuente:Revista Lo Nuestro – El Peruano

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