Adoratorio de Marcamachay

Sitios Sacros
Cajabamba Prehispánico
ADORATORIO DE MARCAMACHAY

Son númerosas las evidencias hasta ahora desconocidas por la falta de exploración y estudio.

Así lo reconocía por aquel entonces el arqueólogo Dr. Theodore McCown, y al respecto manifestó: “Es la localidad de Marcamachay, este distrito que repetidas veces describó, tiene abundantes restos y sobre el cerro Wakra y Yanaorco en las inmediaciones al norte del pueblo de Sitacocha, por lo que tuve el deseo de investigar dicha región“.

En su libro “Pre-Incaic-Huamachuco Survey and excavations in the Región of Huamachuco and Cajabamba”, publicado en 1942, queda plasmado que existía la necesidad de hacer mayores estudios al interior de Cajabamba y poder entender mejor que es lo que acontecía con las sociedades Pre incas. Cerámica Yanas - Colección Miguel Rodriguez

La presunción del arqueólogo McCown, sobre la zona se debía a la referencias y a las manifestaciones escuchadas de los antiguos propietarios de las ex haciendas: Marcamachay, Jocos, Sitacocha, Wakra, Pana, Cujibamba, Chuquitén, Yanás y diversos lugares sobre el Marañón, donde el campesino se ostentaba de los grandes hacinamientos y concentraciones de restos arqueológicos, fortalezas, andenes, acueductos, necrópolis y osarios.

Algunas de las mencionadas evidencias en “Llautorco” de lugares inaccesibles, tampoco se escaparon a la irremediable furia del saqueo y la falta de preservación; el campesino destruyó, en su afán de curiosear, el tiempo también fue y sigue destruyendo, siendo cada vez lejano el alcance para el estudio científico e interpretativo de lo acontecido en estos diversos lugares.

Es muy común observar que en las cumbres más elevadas, el hombre ha dejado huellas de haber modificado estas elevaciones, cuyas cimas mantienen restos de sus muros, pircas.

En 1939 pasó en Misión de Estudio el Dr. Julio C. Tello con dirección a Chilia (Provincia de Pataz), poniéndose en contacto con el profesor Máximo Barrueto, quien años más tarde ocuparía el cargo Ad-Honoren de Inspector de Monumentos Arqueológicos de Cajabamba. Proporcionó 21 cráneos, los cuales mantenía en la escuela como parte de la colección de un museo escolar.

Cucharas - Colección Miguel Rodriguez

Posteriormente, el Dr. Theodore McCown tuvo al señor Barrueto, por recomendación de Tello, como uno de los mejores guías conduciéndolo a: “Laymina”, Ayangay, Otuto, Pampa de los Quinuales, Cueva del León, Cerro Callanas, Quebrada de Ayanday y la Peña Negra, de allí que su recorrido esté; basado sólo en los alrededores de Cajabamba.

Los acontecimientos de la segunda guerra mundial, lo obligó; a ser breve a McCown en su estudio y retornar a su país natal.

Pero su aporte es trascendental en la Arqueología Peruana dejando estudios como el lugar que visitara en los sepulcros de Ayangay, en las cuales podía observarse tapas funerarias cubiertas con losas de piedra talladas de 4 a 6 metros, superpuestas.

Del Museo Escolar de aquel entonces que acumulara bienes arqueológicos, se conoce la existencia referencial que algunos de los diversos cráneos acumulados, algunos presentaban deformación dolicocéfala fronto occipital, braquicéfalos y otras con persistencia de la sutura medio frontal o metópica.

Cerámica Yanas- Colección Miguel Rodriguez

Los trabajos realizados por el arquitecto José Pineda Quevedo, en su libro “Patrones de Asentamiento Pre hispanicos del Valle del Condebamba” 1989. Nos ayuda a visualizar genéricamente los diversos procesos sociales y su nivel alcanzado en el desarrollo evolutivo, de la misma manera, las filiaciones culturales que predominaron en el valle del Condebamba.

Los estudios de Pineda manifiestan un claro y notable cambio en la población de esta área, la cual comenzó a ocupar poblados en las partes altas de los cerros, sobre los 3,00 m.m.s.n.m., lo que anteriormente no sucedía para el valle del Condebamba, estos poblados dependían de Marcahuamachuco en aquel entonces.

En la mayoría de las partes altas, ocupada por el hombre pre hispánico, al igual que otras partes del Perú ; en la que fue difícil destruir las grandes salientes naturales; optaron por aprovechar con habilidad estos lares, de tal manera que fueron haciendo terraplenes.

Sólo las curvas de nivel nos indican con nitidez de estas variadas terrazas que van escalonando en forma circular y notoria cima, hoy cubierta por vegetación , bajo estos pequeños montes, al ascender, se va asimilando que ésta, cada vez, va ampliándose en las partes que más baja ajustándose al medio natural de la estructura rocosa y que no sólo cumplió una función netamente defensiva y de subsistencia, sino que también, en ellos hay restos de patios rectangulares, tal es el caso de “Llautorco”; estos terrenos ampliados artificialmente en su superficie albergan fragmentos de cerámica de diversas etapas.

Las huellas del hombre en estos lares convergen de un lugar a otro con la manifestación local: puede observarse sitios con una acentuada influencia wari. Cajabamba tiene una marcada influencia Cajamarquina y la relación con Huamachuco identificadas para el período Intermedio tardío (700-800) d.C. siendo ésta la que cubrió toda el área, teniendo también peculiaridad de diversas influencias que estaban presentes, sin obviarse la influencia costeña y las culturas del Marañón debido al intenso intercambio.

Santuario Marcamachay

Dentro de la toponimia quechua tenemos algunos términos que llamaron nuestra atención, como el lugar denominado “Marcamachay” en la cual sus componentes derivan de las palabras “Marca” que significa región, aldea, pueblo y parte alta. El término “Machay”, según Flores Galindo, identificaba en otros partes de Perú como “antiguos cementerios, cuevas, grutas, cavernas”, de acuerdo a las investigaciones arqueológicas se reafirma a dichos términos, estas cavernas que servían de habitación, también se le denominaba a algunos adoratorios o sepulturas. “Machay” era lugar sagrada.

Tal es así, que en la colonia aun persistía la costumbre de trasladar a los muertos del templo católico al “Machay” era un acto que consagraba el reencuentro de los hombres andinos con otra tradicción. Los remitió a sus propios linajes y a través de ellos al mundo de sus divinidades. En el interior del distrito de Sitacocha, se ubica “Marcamachay” y entre el poblado se encuentra un singular promontorio rocoso, el fue labrado en su parte esté teniendo una sobresaliente rectangular en la parte alta, todo hace indicar que allí se realizaban ciertos rituales con orientación al ocultamiento al sol.

Tumba

Es sumamente lamentable que varios de estos lugares distantes hayan sido saqueados, pues la pérdida de la información arqueólogica es irreparable, tal es así que ver los trozos de piedra disturbados de lo que fuera un recinto mortuorio, están común, pues lo poco que nos informan es que, estas habían sido construidos en forma arrinconada o pegada a la roca, en las fallas geológicas tal es así que en algunos de estos lugares afloran restos de osamentas humanas esparcidas.

Las estructuras fueron elaboradas con piedras planas unidas con barro, era observable cierta piedra blanca que por referencia de los lugareños sabemos que la ponen al fuego para posteriormente “Chacchar” la coca, está piedra de origen calcario es escasa por estos lugares.

Algunas de las pequeñas estructuras caídas no queda ni la reducida entrada en algunos en otras es apreciable el dintel de palos de que la sostenía. El recinto funerarío al igual que otros lugares del Perú y América fué , al parecer, una práctica generalizada en algunos pueblos dentro de su desarrollo autóctono. En 1950 Reichlen prueba la existencia de estos en el valle del Utcubamba, Amazonas, siete años después Horkheimer detalla algunos para Junín en la zona de Pachayo. En 1959 Espejo, reporta para Cajamarca en la playa del Coco tambíen Matos 1960. Estrada en 1981 describe para algunos con esta similitud para Huancavelica. Si bien es cierto que son diversos los lugares con estas peculiaridades; estas difieren los unos de los otros en sus elementos arquitectónicos. Los de Yanas son de simple arquitectura, no presentan hornacinas ni enlucidos, tampoco pinturas, aunque sólo responden a la misma modalidad funcional de ser recamaras funerarias.

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