Abancay, destino de aventura

apurimac_aventuraAtarse a una hoja de ruta inamovible,guiados por la consigna de darle check a una lista enorme de lugares, felizmente está cada vez más en desuso,pues –claro está– ningún lugar se agota en una sola visita.Eso nos ocurrió recientemente en Abancay, a donde prometemos volver para descubrir todas sus facetas.

Debo reconocer que esta ciudad fue un descubrimiento para mí, pese a que ya había tenido entre manos –literalmente–uno de sus mayores emblemas: el complejo de Saywite. ¿Cómo? Adornando una de las caras de nuestra moneda nacional que, cadacierto tiempo, renueva su imagen y bien podría convertirse en la más novedosa guía de los atractivos que todo peruano debería conocer.

Abancay nos recibió con un cielo despejado y unas callecitas estrechas, atiborradas de comerciantes de anís, cuyo aroma ya nos tenía cogidos por el cuello. Otros pregonaban las buenas nuevas de la chía, producto milenario que está revolucionando el mundo dela alimentación sana.Dalmiro Pachacamac, nuestro guía, propone comenzara descubrir las maravillas de Apurímac por su más famoso atractivo: Saywite, ubicado en el distrito de Curahuasi,que sorprende a todos por su función aparente: maqueta del antiguo Tawantinsuyo o de las obras que iban a desarrollarse siglos atrás en esa zona.

En alto relieve destacan escaleras y ductos por donde discurría la chicha infaltable en las ceremonias celebradassobre el enorme bloque. Así también, pumas sin cabeza,serpientes y hasta ranas que,según Dalmiro, tenían el poderde convocar a la lluvia. Con sus seis toneladas de peso, y cuatro metros de diámetro,la obra pétrea se encuentra ala altura del kilómetro 45 dela carretera que lleva a Cusco.

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Con historia. El puente Pachachaca une las provincias de Abancay y Andahuaylas.

Los 3,500 metros sobre el nivel del mar, sobre los que se exhibe el complejo ceremonial,te pasan la factura cuando intentas correr para alguna foto o vas tras las once fuentes de agua que encontramos cuesta abajo, y desde donde se tiene una vista maravillosa.Mientras caminamos entre las denominadas “piedras cansadas”, monolitos enormes que se han quedado a medio camino tal vez de una gran construcción, nos topamos con un centro ceremonial que hace volar nuestra imaginación. Dalmiro nos pide hacer un pago a la tierra para que todo el viaje sea de maravillas.

Presencias en la casona

Un recorrido del pasado más antiguo al más reciente parece guiar este viaje, que después nos condujo a la Casa Hacienda Illanya, una de las más representativas de su clase en la región.

Tras indicarnos que la enorme propiedad posee el título de Patrimonio Cultural de la Nación, Gilda Carrera,directora de Cultura de Apurímac,nos da detalles sobre sus diversos dueños, desdesu construcción entre 1860 y 1890. Hace hincapié en la familia Letona, a cuya última descendiente, María, se le dejó vivir en el lugar hasta el final de sus días, pos Reforma Agraria.

No deje de visitar la capilla de la familia, ahora en remodelación, y el pequeño museo que el Ministerio de Cultura ha instalado allí.

Cuy y frutas de estación

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Saywite. En Apurímac, las formas escalonadas, los ductos en miniatura y la simbología religiosa hacen pensar que este monolito cumplía la función de maqueta en tiempos del Tawantinsuyo.

Si después de tanto viaje se le abrió el apetito, vaya ya mismo a Yaca, comunidad campesina a 35 kilómetros de la ciudad, conocida por sus grandes recreos campestres y donde podrá darse un festín para el recuerdo.

A la vera del río Pachachaca,Yaca es punto de encuentro para comensales que atiborran los locales administrados por señoras como Catalina Peralta,Rosario Córdova, RinaHuamán y Lorenza Calle,quienes han catapultado la gastronomía abanquina a la fama, con total derecho.

Ellas son las responsables de que saboreemos fantásticos cuyes rellenos, truchas fritas,chicharrones y los clásicos tallarines con rocoto; platosque se han convertido en una razón propia para viajar hasta la capital de Apurímac.

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En valor. Las construcciones prehispánicas se suman a la variedad gastronómica para acrecentar el atractivo de Abancay

Los fines de semana reciben a no menos de 1,500 personas, quienes matan el tiempo entre comidas, practicando rafting en las aguas siempre traviesas del río cercano.Por cierto, entre el 24 yel 26 de octubre se realizará allí el primer Festival Internacional de Canotaje.

Muy cerca del lugar está el puente colonial de Pachachaca,que separa a las provincias de Andahuaylas y Abancay. Sobre él se libró un enfrentamiento entre pizarristas y almagristas. Tiene 22 metros de alto y una vista de ensueño.

Si el tiempo está de su parte,no deje Abancay sin recorrer el Santuario Nacional del Ampay, ideal para los amantes del trekking, los baños termales Pincahuacho, algunas de sus lagunas de color esmeralda y, por qué no, iniciar el desafiante camino a Choquequirao,que con la construcción del futuro teleférico hará de este mágico destino uno más cercano para todos.

 

Escribe Karina Garay R.
Revista Lo Nuestro- El Peruano

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