Abancay: Adrenalina sobre tierra ancestral

Larepublica.pe conoció la tierra de Micaela Bastidas.

Alfonso Rivadeneyra García (@ALRivadeneyra)
La llegada a Abancay (capital de Apurímac) es como una recompensa tras pasar casi cuatro horas sobre ruedas desde Cusco, un viaje serpenteante solo equiparable al paisaje que quita la respiración. Un paisaje que hace el trecho soportable, que te prepara para lo que viene en la ciudad.

Eso sí, nada podría prepararte para sobrevolarla.
LUJO EFÍMERO
El clima de Abancay durante la visita que LaRepublica.pe realizó por tres días a mediados de septiembre, por invitación de Promperú, mostró un clima que puede ser considerado agradable. Sol todo el día, noche cálida, eventual lluvia a 2378 metros sobre el nivel del mar. El cielo siempre azul es siempre lo primero en observar al interior del país, así como lo último en irse de los recuerdos.
La ciudad, en los últimos años, ha experimentado un crecimiento económico notorio: ladrillos de concreto pelado te observan por toda la periferia en forma de casas y amenazan con desterrar a las viviendas de adobe, aún presentes. Si un día este material se convierte en el único del lugar, nadie se sorprendería.

Una de las edificaciones de antaño aún presentes es Illanya, casa hacienda que perteneció a la familia Letona y que fue una de las más poderosas de la región.

La fortuna Letona, forjada por la caña de azúcar y el algodón, llegó a tal nivel que esta casa contruida a fines del siglo XIX y que a simple vista no es del todo impresionante, llegó a tener su propia moneda válida solo en Abancay; cada unidad equivalente al valor de una arroba de aguardiente.
Así de poderosos eran.
Cada minuto que pasa mientras Gilda Carrera, jefa de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Apurímac, nos cuenta la historia de la casa, más pareciera que nos alejamos de la realidad local, incluso de Perú, para ir a Europa. El lujo era común a inicios de siglo con Illanya, la cual poseía, según su inventario, dos originales de Rubens, un piano de cola, un violín Stradivarius, una colección de esmeraldas, finos tapices en las paredes, el quirófano más moderno del sur del país; una mesa siempre surtida de la mejor comida que el cocinero y repostero europeos podían cocinar.
Esto era el pan de cada día en Illanya, una de las siete primeras haciendas en el territorio considerado “tierras del Sol” en el imperio incaico y que, como símbolo de dominación, el rey de España otorgó a la nobleza.
Todo el lujo se perdió con la mal ejecutada reforma agraria. Adiós cuadros, joyas, vida de lujos y empleados. La última dueña, María Letona, murió en los años 70 vestida de gris por su eterno luto eterno tras la muerte de su marido. La última gracia que le concedió el Gobierno: vivir sus días finales en Illanya.
Poco queda de esa hacienda que haría sonrojar al mismo Calvin Candie de Django Unchained. Una capilla de acabados europeos casi destruida, apenas unos rastros de los tapices, nada de joyas, nada de Rubens. Eso sí, un museo mos muestra tiempos incluso más remotos, de los habitantes originales que también vieron su mundo desaparecer. Todo ha pasado antes, todo pasará de nuevo.

LA ROCA ETERNA
El complejo de Sayhuite, ubicado a una hora de Abancay, no estaba terminado cuando llegaron los españoles. Aquello que hubiese sido un anfiteatro quedó trunco, piedras cansadas aquí y allá como rastros de lo que pudo ser; una zona para sacrificios, un intihuatana. Eso sí, la maqueta del complejo domina el inicio de la visita: La Piedra de Sayhuite.
El ojo entrenado sabe que antes cabezas de pumas se encontraban en sus bordes, destruidas por el conquistador español para establecer su poder en lo figurativo como en lo real. Allí en los trazos sobre la roca se observa incluso las nueve fuentes ceremoniales que están a solo unos minutos de camino.

Caso aparte es el puente Pachachaca, que en épocas preincas estaba hecho solo de agabe americano e ichu. Un puente colgante que pasó a ser uno de piedra en la colonia. Como sea, los vientos de aquel entonces no debieron envidiarle nada a los de ahora, que lo azotan sin clemencia, como si quisieran tumbarlo en una misión imposible. Es lamentable que esté descuidado, la piedra, cal y canto manhados por graffiti.

EL LLAMADO DE LA AVENTURA
Se pueden hacer diversos deportes de riesgo en Abancay: trekking, ciclismo de montaña, downhill; pero en el recorrido que realizamos solo hubo tiempo para una cosa: volar.
Toma aproximadamente media hora subir al apu Quisapata sobre un vehículo. Allí, no en la cima pero sí en una zona muy empinada donde sentarse es un reto, debe esperarse un viento adecuado para salir. Cuando la fuerza del viento es la mínima requerida, el parapentista recomienda correr, siempre contra el viento, siempre cuesta abajo, con todo el equipo de seguridad. Cuando menos lo esperas, ya estás arriba, a un kilómetro sobre Abancay, contemplando una vista que, si ya era excelente desde el cerro, desde el aire lo es mucho más.

Cuando el viento tiene más potencia, correr no es necesario, el parapente hasta se eleva solo. Pero no siempre mucho viento significa un buen vuelo, a veces, y LaRepublica.pe fue testigo de ello, es tan fuerte que aterrizar se vuelve complicado y los quince minutos usuales de vuelo pueden incluso duplicarse. En otras ocasiones aterrizar es doloroso, peligroso. Como dijimos, deporte de riesgo.
Y mientras algunos se divierten en las alturas, la familia Tanbraico -Leonidas y su esposa Teresa- se dedican a su chacra, ubicada en el mismo Quisapata. Su calidad de vida mejoraría si el acceso al agua no fuera tan complicado, pues el recurso llega solo por pocas horas al día, con presión igual de escasa.

Si el parapente no es lo tuyo, siempre puedes aprender canotaje. Y quién sabe, participar en el primer festival internacional de esta disciplina. Las fechas son el sábado 25 y domingo 26 de octubre en el pueblo de Yacca, distrito de Circa. ¿Mencioné que se come muy bien allí?

A solo 30 minutos del centro de Abancay, Yacca combina la aventura con una excelente comida. Sus restaurantes, agrupados en una red gastronómica, demuestran por qué, entre otros potajes, son famosos los tallarines de casa; herencia directa de los colonizadores italianos.

Y eso fue la visita. Tómate tu tiempo en analizar qué quieres obtener del viaje. No olvides el bloqueador solar, el repelente de mosquitos ni una botella con agua. Abancay no se irá.
CONTACTOS ÚTILES
-Yo Vuelo Perú (Parapente)
-Hotel Turistas.
-Tika Ecological (agencia de viajes)

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